sábado, 30 de mayo de 2009

Con cada puñalada


En ocasiones extraigo –o creo que me sale– una buena dosis de humanidad, encerrada por este modo de vivir de espaldas a lo innegable. Permanecía estoico y descubrí que dentro duelen los humores, que hierve el hielo. Se enfría el incandescente río rojo que pasa y muere sin sentir. Un soplo, dicen. Un abrir y cerrar de ojos, un visto y no visto. Cuatro días. Una efímera burla. Un sinsentido. El destino nos engaña y aun lloramos sin lágrimas; de poco valen proyectos. Ya dijo Jorge Manrique en sus celebérrimas Coplas: “vez de cuan poco valor son las cosas tras que andamos y corremos…”.

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos:
de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.

(Jorge Manrique. Coplas por la muerte de su padre, I, III, V y VIII)

viernes, 29 de mayo de 2009

Grandes compositores y desequilibrio emocional (6): Postromanticismo descentrado

Vamos a considerar a dos centroeuropeos hipersensibles y enamorados de la voz humana, que mueven sus ansias desde la desnudez a la monumentalidad expresiva: Wolf y Mahler.

El austríaco Hugo Wolf (1860-1903), otro gran compositor de lieder, aprendió de su padre –un músico aficionado– las primeras nociones musicales. Desde muy joven mostró un carácter inestable, llegando a ser expulsado de varios colegios; en su época de colegial, su mediocridad escolar parecía contrastar con su gran talento para la música. Estudió en el Conservatorio de Viena, pero debido a su conducta turbulenta también de aquí lo expulsaron. Su inestabilidad mental le llevó a perder trabajos y amigos, y además a dificultarle la composición. En 1897 intentó ahogarse –como Schumann– y al no lograr su propósito fue recluido en un sanatorio mental. Recuperado, volvió a su actividad, pero al cabo de un año recayó, por lo que fue hospitalizado nuevamente.

Wolf era un individuo extremadamente nervioso, sobreexcitado y exaltado, lo que no impedía que tuviese períodos de abatimiento; a una fase de euforia le seguía otra de postración, volviendo después a la anterior y así sucesivamente, en una alternancia maníaco-depresiva definidora de un trastorno bipolar. Sin embargo, su desequilibrio no impidió que compusiese cerca de 300 canciones –influido por la figura de Wagner y movido por su inclinación poética–, de una sencillez comparable a Schubert y de una intensidad semejante a la de Schumann.

Gustav Mahler (1860-1911), de origen bohemio y nacido el mismo año, representa otro caso de desequilibrio, aunque no tan extremado. Estamos ante el hombre y el artista hipersensible, nervioso y atormentado, introvertido y ascético, casi fanático, atraído por las maravillas de la Naturaleza (bosques, montañas, canto de los pájaros) y angustiado en extremo por los profundos combates del espíritu. Como judío, tenía conciencia de pertenecer a una raza errante y sin raíces, lo que quizás contribuyó a agriar su carácter. Era muy sensible a los ruidos, muy crítico con los compositores vanguardistas, intolerante con su entorno, difícil de tratar y lleno de manías. Y a pesar de su brusquedad, rigidez, intolerancia y vehemencia, despertó gran fascinación entre el público de Viena, rendido a su papel de director de su gran orquesta filarmónica; en definitiva, muy popular pero probablemente no amado. En su música encontramos la confesión de sus tormentos y anhelos espirituales –hacia Dios, la Naturaleza, la belleza, la pureza–, la tragedia humana en suma, expresada por medio de inmensas sinfonías que en palabras suyas “debían abarcar el mundo”. Su obra es el resignado adiós del hombre moderno al bello sueño del Romanticismo.

En el último año de su vida hizo una visita al creador del Psicoanálisis; acudió a Sigmund Freud por un terrible miedo a perder a su mujer, Alma, veinte años más joven (los celos de Mahler le hicieron quedarse casi sin amigos), y éste le dijo, según confesó la propia esposa: “Usted busca en cada mujer a su madre, a pesar de que fue una mujer enferma y atormentada...”. También, según ella, cuando lo conoció –el músico ya tenía cuarenta años– “era un solterón con miedo a las mujeres; su miedo era infinito, tenía miedo a la vida, o sea a lo femenino”. ¿Un complejo de Edipo no superado? Hay que reseñar que su padre, al parecer un hombre violento, había maltratado a su esposa siendo Gustav un niño, y eso habría de quedar grabado en su subconsciente.

Tras su muerte, no debida a un abatimiento psíquico (aunque sintió profundamente la muerte de su hija María, por difteria) sino a una doble lesión valvular cardiaca congénita (en sus antecedentes constaban amigdalitis de repetición y fiebre reumática, y un primer aviso de angina de pecho cinco años antes dirigiendo un ensayo), Alma Mahler escribiría: “Gustav se me ha ido... Una vida agitada. Alegrías enormes. Hoy es la primera noche que voy a dormir sola en un nuevo domicilio... Acabo de hallar en la caja fuerte su despedida: son los esbozos de la Décima sinfonía. Estas palabras desde el más allá son como una aparición”.

Sin duda, fue Mahler un hombre intrincado, inseguro y desvalido, que no halló la paz deseada en la tierra; un artista singular y soñador a quien su mujer había comprendido y, seguramente, amado.
***
Este artículo es una parte de otro publicado en Filomúsica (revista de música culta):

miércoles, 27 de mayo de 2009

Música y naturaleza (5): Las melodías fluviales


Los ríos también son elementos de la geografía física que han dado pie a la creación de espléndidas páginas musicales; la sabia que nutre la tierra y que no detiene su curso hasta fundirse con la marina inmensidad, favoreciendo la vida vegetal y animal y, en consecuencia, el asentamiento humano en sus orillas, es algo que los compositores no podían ignorar. Se escuchan voces solistas y cánticos corales alternando en el curso de la armoniosa y, en ocasiones, disonante corriente. Sin detenerse, suenan, indómitos y mansamente, hasta ser abrazados por el mar, otro gran ejecutante. En un estuario sinfónico o en un delta concertante, los ríos afinan del mismo modo, fundidos en lúbrica coda terminal.

Por su difusión y excelencia sonora, dos obras musicales dedicadas a ríos toman un lugar de privilegio: El bello Danubio azul (An der schönen blauen Donau), uno de los más famosos valses de Johann Strauss, que reiterado cada nuevo año ya forma parte del acervo musical común, y El Moldava (Vltava), de Bedrich Smetana, una fascinante descripción sinfónica del río que atraviesa las tierras de Bohemia y Moravia, en la República checa, sonoramente pintado desde su nacimiento en las montañas hasta su majestuosa llegada a Praga.

A parte de estas dos obras decimonónicas, en el siglo XX varios compositores americanos hicieron su ofrenda musical a las corrientes naturales de agua dulce. Ferde Grofé compuso la suite Mississippi, río que enseguida relacionamos con el escritor Mark Twain y sus inmortales personajes, y la Suite del Gran Cañón (Grand Canyon Suite), inspirada en la escarpada garganta excavada por el río Colorado. En Sudamérica, Heitor Villalobos concibió la partitura orquestal Amazonas, embebida del exuberante colorido de la selva brasileña. Y Alberto Ginastera creó el ballet Panambí, su primera obra numerada, que comienza con el Claro de luna sobre el Paraná, río que al recibir las aguas del Iguazú –el de las maravillosas cataratas– marca el límite entre Argentina y Paraguay.

Otras músicas desarrolladas al margen de la música culta occidental también han dado frutos sonoros inspirados en los ríos. Pensemos en culturas lejanas y en la importancia de áreas geográficas que abruman por la inmensidad de sus territorios, como India o China; tienen sus ríos y, por supuesto, sus reverentes. Adentrarse en otros ámbitos obligaría a salirse de los límites de este escrito. Por lo tanto, hemos de conformarnos con el reconocimiento de su existencia.
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“Las melodías fluviales” forma parte de un ensayo publicado en Filomúsica (revista de música culta) sobre las obras musicales inspiradas en la naturaleza: 

Nada mejor que El Moldava (Vltava), de Smetana, como melódico ejemplo del fluir de un río.

lunes, 25 de mayo de 2009

Gestión buena


¿Qué debe perseguir la buena gestión? Unos objetivos mediante la rentabilidad, no a su costa; el buen gestor se vale de la efectividad sin menoscabo de la calidad y al menor coste posible, con eficiencia. Por supuesto, objetivos útiles y realistas, evitando el buen gestor la experimentación baldía y la mera persecución de la proyección propia. Y desde luego el buen servicio al cliente, sin descuidar la satisfacción del subordinado, el trabajador que lo presta.

¿Cómo debe realizarse la buena gestión? Con claridad y transparencia; la claridad de ideas no admite titubeos o inseguridad. Acercándose a la realidad, palpándola; desde las atalayas la visión se difumina, de cerca la impresión es bien distinta: lo aparentemente hermoso puede volverse aborrecible. En definitiva, adecuando el rumbo, no navegando a la deriva aguardando que el azar depare la arribada a buen puerto; la improvisación, uno de nuestros grandes males, explica los frecuentes naufragios.

¿Qué entraña la buena gestión sanitaria? Idealmente lo mismo que la gestión en general: 1) persigue un fin con efectividad; 2) adecua los recursos en busca de la eficiencia, sin cicatería; 3) pretende objetivos útiles y realistas, no experimentación baldía y proyección personal; 4) intenta prestar un buen servicio al usuario sin descuidar la satisfacción del trabajador; 5) es clara y transparente, se impregna de firmeza y objetividad; 6) se acerca a la realidad y la palpa; 7) procura la mejora continua de la calidad... ¡Una bella entelequia!

viernes, 22 de mayo de 2009

Quo vadis, galeno?


Ya se confunden los límites… Inconfesables pensamientos toman los altos territorios, degradándolos a lo más ínfimo. ¡Todo parece cíclico! Lo que fue bienvenida transigencia, tras la inmensa intolerancia, desea retornar rabiosamente a lo lejano indeseable. Mala cosa. Preguntaréis porqué, quienes estáis al margen de sanitarios despropósitos. Sencillamente, porque con los lustros no ha llegado la respuesta esperada. O peor si me apuráis: el bienestar teórico devino en malestar real, en desazón creciente, en crisis de la medicina general.

El desagradecimiento surgió de las cesiones. El insulto de las buenas maneras. El desprecio de la gratuidad mal entendida. En general, poco o nada satisface si apenas cuesta; de siempre lo sabemos. Y no es que personalmente aguarde recompensas, ni besos o palmadas cariñosas, ni mucho menos monumentos como antaño, ni tan siquiera una modesta y simpática caricatura. Sólo aguardo el radical cambio sanitario hacia la salvación de lo que queda, la toma de otro rumbo, para no tener que lamentarnos durante otros muchos lustros.

Y no penséis que el pesimismo me derrota, el análisis me roba la sonrisa. La población ignora, desconoce los arraigados errores; la información es tendenciosa, desinformación por tanto. En el paraíso que le pintan no abundan los árboles alegres; impaciencia, descontento, irritación, tristeza en suma, subyacen bajo un sol bien desvaído. Los mensajes son perniciosos, perversos, equívocos. “¡Consuma!... ¡Déjese llevar!... ¡No piense!... ¡Consulte al…! (el que busca su propio provecho)… ¡Si le pica, vaya a que le rasque…! (quien se quema)”. Aquí nos idiotizan.

Según un aforismo, a buen entendedor pocas palabras bastan. Así que no entraré en detalles, que la inteligencia mínima vale para rellenar carencias. Lejos de educar, los televisivos y radiofónicos mensajes llegan a ser un cúmulo de disparates, o de verdades a medias. Para que los individuos se desasosieguen, busquen ávidamente, no encuentren o descubran fantasmas y, finalmente, se desesperen. Que de la mayor excitación a la depresión más profunda se pasa sin sentir. Por eso, son necesarios otros derroteros hacia la sanitaria sensatez.

Que unos siempre ganan nadie lo discute. Pero la mayoría sufre las consecuencias de los malos planteamientos. Y los que están en medio van perdiendo la salud que, por norma, en otros procuran. Son profesionales de la salud venidos a menos, otrora admirados por su entrega y hondo sacrificio. Sobrantes –¡conveniente esta vulgaridad!– no hace tanto y ahora cada vez más escasos, por razones obvias. No obstante, eternamente necesarios, añorados (¡quién lo diría!) cuando las campanas repican en el desierto de ideas.

Hartos estamos, y harto estoy, de improvisación y vanos lamentos. Hay que afrontar la realidad con valentía, sin ver oros donde pintan bastos. De un sistema particular como el nuestro, que no prevé, que no planifica, que improvisa a cada paso mal dado, poco se puede esperar. Sus responsables, hombres y mujeres, ¿son ineptos, se dejan engañar o es que están ciegos? Me inquieta el futuro del médico de cabecera. En la Hispania de inútiles extremos, acomplejada u ombligo del mundo, me pregunto como parte sin certeza: Quo vadis, galeno?
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Es significativo el hecho de que los nuevos licenciados no hallen atractivo en el ejercicio de la medicina general: ¿Por qué no eligen Medicina de Familia?

miércoles, 20 de mayo de 2009

Disonancias sanitarias


De fondo una música vanguardista… Sonoridades que se me escapan, disonantes, agresivas, furibundas; desde la visión partidaria de lo melodioso, sin belleza. Las notas percutidas golpean mis tímpanos y retumban en mi cerebro como mazas asesinas. Anárquico ruido. No es la música que me embriaga, que sutilmente me eleva. Y en medio de este caos otra cuestión muy poco harmónica, molesta, perturbadora, dañina: la problemática sanitaria derivada de una organización ineficaz, caótica en cierto modo, para nada musical.

El escalón primario en el inicio de una confusión aún no resuelta… En Hispania, años de teóricos planteamientos, de planificaciones de despacho, ciegos a la realidad y a la razón sordos, pasando sin historia. Viejos ambulatorios dejando paso a modernos centros de salud; revestimiento de modernidad externa y aparente mejora en la esencia. Los clásicos médicos de cabecera, dedicados a la generalidad de la ciencia médica, limitados en su saber, intuitivos de ojo clínico y recetadores compulsivos, cediendo inmediatamente a la vanguardia de formación hospitalaria, a los sabios omniscientes y arrogantes, encumbrados como especialistas en medicina familiar y comunitaria, investigadores y docentes, capaces de enfrentarse a las dificultades más diversas, de resolver rompecabezas sindrómicos, de encauzar comportamientos y reinsertar socialmente ovejas descarriadas.

Por encima de todo, los médicos de familia… Clínicos, cirujanos, traumatólogos, tocólogos, ginecólogos, dermatólogos, otorrinolaringólogos, oftalmólogos, psiquiatras, dietistas, higienistas, radiólogos, sociólogos, gestores, predicadores, misioneros… todopoderosos semidioses de la atención primaria. No como los primitivos médicos no especialistas, vulgares mortales, combatientes de síntomas, tanteadores terapéuticos, limitados en conocimiento, carentes de habilidades, desconocedores de técnicas… simples generalistas sin futuro, predestinados a desaparecer de modo fulminante, como los dinosaurios antediluvianos. Y sin haberse completado la mudanza, los semidioses cayendo de su pedestal de artificio y desmoronándose como ídolos de barro, conscientes de la entelequia. Cercenadas sus aspiraciones por un sistema sanitario público economicista, que los condena a trabajar contrarreloj, asidos a una cadena interminable de usuarios con conflictos, sumergidos en un río de tinta inacabable. Cansados de las disonancias y acaso envidiando a los viejos dinosaurios, en cierto modo más libres.

¡Escuchemos atentamente las enormes disonancias!... Casi todo ha sido parchear o rellenar oquedades. Ninguna reforma inteligentemente homogénea, en el respeto a la idiosincrasia territorial. Experimentos cutres por aquí, centros piloto por allá, para continuar igual o para alcanzar una situación de mayor complejidad burocrática. Chapuza e improvisación. No es tremendismo, son disonancias… Sabemos que un sistema de calidad precisa un presupuesto suficiente, no el racaneo habitual que no concuerda con lo que políticamente se trata de vender. Peor aún: malgastar por el apremio surgido de la incompetencia o en la procura de ganancia en las urnas. Nefasta la gestión que se acoge a la sinrazón. Disonancias por doquier… El médico del sistema público hispánico resistiendo en solitario la embestida diaria, despachando a todo el que entra por la puerta, con o sin cita, obligado por el perverso objetivo de “demora cero”; aguantando con los propio, cargando con la ajeno y con disponibilidad plena, en la procura de absurdos objetivos. Pero, ¡ay!, pasándose en poco tiempo del excedente de facultativos a la carencia alarmante, porque el aguante llegó a su límite. ¿No escucháis la tremenda disonancia?... A mí me hiere y me desangra. Por eso intento consolarme con mi música.
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Este escrito de 2004, modificado e inspirado a su vez en otro de 1992 (“Un cierto caos”), concuerda con el dicho: todo cambia para que todo siga igual. Espero que algún día todo cambie para que todo vaya mejor. Mientras tanto, agradezco comentarios y críticas constructivas.

martes, 19 de mayo de 2009

Celebración blogosférica


Agradezco de corazón que los responsables de la revista e-RAS hayan incluido este modesto blog –con el subtítulo– en su blogosfera sanitaria. Aunque sea algo coyuntural, pues como ellos mismo dicen “unos suben, otros bajan, unos entran y otros salen”. Y teniendo en cuenta que se priman los contenidos de administración y gestión sanitaria, que no son la esencia de Medicina y Melodía, mayor es mi satisfacción. Expresé mis intenciones en la presentación y mi deseo de evitar los destellos de orgullo con el poema para conjurar la vanidad. Posteriormente me detuve en una consideración médico-melódica. Creo que no me he desviado del camino marcado y que he eludido el envanecimiento. Pero ahora puedo permitirme un exceso festivo:

¡YABA DABA DU!

lunes, 18 de mayo de 2009

Eutanasia


¿La vida como valor absoluto? Cuando se plantea, llegado el caso, la posibilidad de soportar un inútil sufrimiento manteniendo una vida meramente vegetativa, se cuestiona la posibilidad de la palabra que encierra una doble significación antagonista, desprecio y compasión, dureza y dulzura, crueldad y misericordia: eutanasia. Rechazada o aceptada, según se vea o no la vida como valor absoluto. Referida a la muerte dulce y tranquila, a la muerte serena, sin grandes sufrimientos, sería la muerte deseada por todos.

De la muerte dulce a la abreviación de la vida… Desde que se introdujo el espíritu analítico y se comenzó a distinguir diferentes clases de eutanasia, el debate estuvo servido. Con las clasificaciones surgieron confusiones y, desgraciadamente, fuimos víctimas del lenguaje equívoco. Del significado de “dulcificación de la muerte” se pasó al de “abreviación de la vida”, y fue éste el que se impuso. Prevaleció la idea de abreviar las vidas de los enfermos desahuciados en el manifiesto de los que luchaban por el derecho a morir con dignidad.

Los diferentes tipos de eutanasia… Dentro de los que la abracen, unos sólo admitirán la eutanasia lenitiva (alivio del dolor por diferentes medios, que indirectamente pueden inducir a la muerte), otros también la pasiva (dejar de utilizar los medios que prolongan la vida artificialmente) y el resto, seguramente los menos, incluso la activa (actuar directamente para acortar la vida provocando la muerte). En el primer caso hablaríamos de eutanasia indirecta y en los otros dos de eutanasia directa.

En cada planteamiento entran consideraciones éticas, derivadas de la propia singularidad, de la educación y del medio en que uno se desenvuelva, a parte de que es muy diferente decidir sobre nuestra propia vida que sobre otras vidas. Si tuvieseis que suplir la voluntad de un familiar que está en estado de coma y carece, por tanto, de albedrío, ¿sabríais cuál sería la voz de vuestra conciencia? No dudaríais si supieseis dirimir sobre la mejor de las muertes, la muerte más digna.

¿Pero qué es morir dignamente? La visión de muerte decorosa difiere de las diferentes posturas; lo que para unos equivale a privación de una vida indigna, soportada vegetal o dolorosamente, para otros esa privación provocada no es más que un claro homicidio. En serena postura reflexiva, podríamos concluir que todos tienen parte de razón. Uno debiera tener derecho a decidir por su vida, si está en posesión de sus facultades intelectuales, claro; pero ¿los demás tienen derecho a decidir por uno o, mejor, a ejercer de verdugos de nuestro inalienable destino?

El médico no debe poner fin a una vida de manera activa; no está, moral ni socialmente, autorizado para ello. Pero abstenerse de medidas desproporcionadas parece admitirse por la mayoría. Si no a las claras, se vislumbra una tácita manifestación mayoritaria de eutanasia pasiva, amparada en las buenas intenciones, en no prolongar innecesariamente el sufrimiento del enfermo ni el de su humano ámbito. Condicionado por la deontología, se halla el médico en el centro del dilema.

¡Difícil conocer dónde está el límite de lo correcto! ¿Acaso proporcionar unas medidas para mantener la vida y no tomar otras no supone, a fin de cuentas, ayudar a morir? ¿Y qué es más cruel: poner fin a vidas vegetativas, de seres que sufren y desean acabar con sus padecimientos, o perpetuar el sufrimiento en contra del deseo de la familia? Que la religión –o la Iglesia– mediatiza es indudable; no es igual la ética de un católico que la de un mahometano, un budista o un ateo. De la justicia podemos decir otro tanto, dependerá de los códigos de cada comunidad. Entran también en juego la ideología y la deontología. ¡Ay!, no es fácil establecer el límite de lo correcto, ni ayudar a bien morir.


Secuencia de la desasosegante película antibelicista Johnny cogió su fusil

sábado, 16 de mayo de 2009

El son cubano: creatividad infinita


Detengámonos en algunas consideraciones de Alejo Carpentier respecto al son cubano y hagamos por nuestra parte alguna reflexión.

El son es uno de los más ricos frutos del folklore musical que puedan imaginarse, consistiendo el prodigio de esta música en ser esencialmente polirrítmica. Aun con un discurso melódico rudimentario, los múltiples acentos combinados lo convierten en una sinfonía elemental. La acariciadora guajira, el bolero o la clave pueden dar sensación de monotonía, por su uniformidad, pero los contenidos multirítmicos de las danzas populares, con el son a la cabeza, no fatigan, no aburren, sino que mantienen despierta la atención de quien los recibe.

Tiene el son los mismos elementos que el danzón o contradanza, pero mientras éste es baile de salón aquél es popular, y mientras la contradanza se ejecutaba con orquesta el son era canto ejecutado con percusión. Mediante la danza cubana por excelencia, la percusión afrocubana puso de manifiesto sus extraordinarios recursos expresivos, toda su fuerza arrolladora. Como dijo Émile Vuillermoz, la “batería” cubana está llena de matices, de zumbidos embrujadores y caricias de seda.

El son, así como la rumba (las diversas rumbas cubanas son danzas calientes cuyos ritmos acompañan coreografías que remozan viejos ritos sexuales) ofrecen un discurso que se presta a ser ampliamente desarrollado. No hay que olvidar que del son nace la rumba, como de la habanera el tango argentino. Podríamos entrar en la cuestión de si es mejor dejar la música en su pura desnudez inicial o llevarla a complejas estructuras armónicas y contrapuntísticas por musical mano cultivada, pero siendo condescendientes deberemos admitir que cada forma tiene su momento y su lugar. Verdaderamente el son deja libertar para la invención rítmica y, por tanto, para la fantasía, para la creatividad infinita.

Nacido en la región oriental (probablemente en Baracoa –Santiago de Cuba– y Guantánamo) a principios del siglo XIX, no tuvo sin embargo amplia difusión hasta que se dio a conocer en La Habana, por mediación del Sexteto Habanero, enfrentándose a la fuerte ofensiva del jazz. Y Carpentier, corriendo el año 1925, ya vislumbraba sinfonías, suites y poemas sinfónicos cubanos basados en las propias raíces. No olvidemos que el norteamericano George Gershwin creó en 1932 su Obertura Cubana basándose en ritmos del país caribeño.


Consideraba el eminente musicólogo que Cuba le debía mucho a sus músicos populares, en cuanto a la afirmación de valores propios ante el mundo, y que la única fuerza sonora equiparable al jazz en el siglo XX era la música popular cubana, hecho que para él rebasaba el campo sonoro y alcanzaba el de la sociología (Bohemia, La Habana, 1º de octubre de l971). A su modo de ver, una música en constante transformación, por tanto viva y no muerta como otras. Esencialmente polirrítmica, como ya se apuntó, y con el son como elemento fundamental.

Sin embargo, para el autor de El siglo de las luces no se trata de folklore sino de música popular urbana en permanente evolución, hecho significativo teniendo en cuenta que el son proviene de áreas eminentemente campesinas, de montes, de ahí el primitivo son montuno; al pasar por la capital se haría urbano. Por otro lado, no parecen inquietarle las influencias foráneas, pues llegarían a cubanizarse; el mismo danzón, o contradanza clásica, dejaría su instrumentación de cuerda adoptando saxofones, trombones, trompetas –metal en suma- y percusión, adaptándose al sentir cubano.

Después de que el son llegara a La Habana, procedente de Oriente, y se popularizara en los años veinte, en los cuarenta surgiría el mambo, cobrando en manos de Pérez-Prado un valor extraordinario. Apunta nuestro musicólogo que, como novedad, trajo un factor percusivo llevado a los instrumentos de metal, así como una subdivisión de los compases. Indudablemente, significaba una nueva explosión evolutiva.
***
Hasta aquí un escrito que forma parte del ensayo publicado en Filomúsica (revista de música culta) con el título de Alejo Carpentier, musicólogo. Para el ilustre escritor, la historia de la música cubana demuestra que impera en ella la fuerza de la “cubanía”, por la vitalidad del propio acento y de los intérpretes de la gran isla caribeña. La misma fuerza que impregna su obra literaria.

El son cubano es el género musical de Cuba por excelencia, reconocido en los aspectos de baile y de canto; la danza y la poesía se entrelazan en él de modo peculiar. De manera simplificada, podemos decir que es hijo del danzón y padre del mambo. Entrando en detalles, diríamos que es el fruto del encuentro musical de elementos hispanos, europeos, africanos y caribeños.

Además del referido Sexteto Habanero (clásico sexteto tradicional cubano: guitarra, tres, bongó, claves, maracas y contrabajo; + trompeta = septeto), no hay que olvidar a otros grandes intérpretes de son, a otros “soneros”, ya grupos instrumentales o individualidades, como los compositores Ignacio Piñeiro y Arsenio Rodríguez o el mítico cantante Benny Moré.

Y para profundizar en el conocimiento del arte musical de la gran isla caribeña, dejo los siguientes enlaces de interés sobre música cubana:

La música cubana (géneros musicales e intérpretes de la música cubana)
Cubamusic.com (grabaciones de música cubana)

Sólo resta dejar aquí alguna interpretación sonera, por lo que traigo una pequeña muestra del inconfundible sabor del son a cargo del mítico Sexteto/Septeto Habanero.

jueves, 14 de mayo de 2009

La tradición del Jazz


Se ha hablado mucho sobre los orígenes del Jazz, música surgida en el siglo XX en Estados Unidos, como resultado de la asimilación de los elementos esenciales de la música clásica europea a la que se le añadió un idioma rítmico derivado del africano. Martin Williams en su libro La tradición del Jazz se acerca a las figuras del Jazz que considera decisivas (*). Me quedo con las ideas generales de este autor sobre la originalidad del Jazz, y a continuación las expongo con algunas variaciones.

  • En el Jazz lo fundamental es el ritmo. En todo caso, la relación entre ritmo, melodía y armonía es completamente nueva, original, no existente antes en la música europea ni en la africana.
  • En el lenguaje musical afro-americano por excelencia la improvisación es un elemento fundamental.
  • En cuanto a valoraciones de su estética, es decisiva la influencia ejercida por Louis Armstrong, el gran trompetista y vocalista. Tras este monstruo sagrado, se cita la importancia de Duke Ellington, el compositor por excelencia, y a Charlie Parker, el revolucionario del saxo.
  • Antes del gran Louis Armstrong, la figura de Jelly Roll Morton supone una síntesis de experimentaciones previas concretadas en un nuevo lenguaje sonoro.
  • La capacidad de evolución rítmica, con sus diferentes complejidades, es la base del desarrollo estilístico del Jazz. Cada instrumentista desarrolla su capacidad rítmica según su propio estilo, diferenciándose de otros.
  • No se puede formular una teoría absoluta sobre la evolución del Jazz, sólo son válidas las aproximaciones.
  • El Jazz es una música desarrollada por negros de EEUU y, en general, sus mejores intérpretes son negros.
  • El Jazz no sabe de absolutos: no existe la mejor manera de interpretar un tema.
  • Ninguna música depende tanto de lo individual como el Jazz.
  • El Jazz contiene una profunda paradoja: es capaz de equilibrar la alegría y el dolor, de ser a la vez banal –incluso grotesco– y grandioso (la esencia del arte de Armstrong).
(*) King Oliver, Jelly Roll Morton, Sidney Bechet, Louis Armstrong, Bix Beiderbecke, Coleman Hawkins, Billie Holiday, Art Tatum, Duke Ellington, Count Basie, Lester Young, Charlie Parker, Thelonious Monk, John Lewis y Modern Jazz Quartet, Sonny Rollins, Horace Silver, Miles Davis, Sarah Vaughan, Charlie Mingus, John Coltrane, Ornette Coleman.
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Bibliografía:
Martin Williams. La tradición del Jazz. Taurus, 1990.

Enlace a una biblioteca de Jazz:

martes, 12 de mayo de 2009

Vigo en el corazón


Vigo, mi ciudad amada… Imponente bahía circundada de verdor ondulante, custodiada por atrayentes islas protectoras; fabuloso puerto natural, ondas amorosas cantadas por su poeta, aguas que atestiguan la batalla de su famoso estrecho. Os aseguro que su cielo es muy particular: ni mediterráneo azul, vivo y radiante, ni finisterre gris, lánguido y melancólico; más bien una mezcla agridulce, donde las nubes lloran a placer para enseguida dejar paso al arco iris y al fogoso astro sonriente. Vigo en los adentros, aunque me lamente de “la ciudad que se perdió” -o, mejor dicho, que los irresponsables echaron a perder-, armoniosa en su concepción. Me basta su bendición, la presencia de una naturaleza generosa infamemente profanada; en cierto modo, extinta en sus esencias. Una tarde de ensueño, como ninguna, sentí Vigo en el corazón...


Tarde amorosa...
Urbanos paisajes y recuerdos
recónditos secretos púdicamente desvelados
íntimo misterio de las piedras recelosas
oscuridad del sol–luz de sombras.

Tarde señera...
Vetustas calles habladoras
caricia de lejanos aires regresados
alegrías–suspiros por doquier
susurrando consuelos y chillando verdades.

Tarde luciente...
Lánguido puerto mancillado
–¿Ausencia de cariño? ¿Dejadez extrema?–
bello a los ojos del amante silente
a lo execrable ciego
estólido de fiel.

Tarde entrañable...
Rúa de artesanos cesteiros atávica
del marqués esplendente y principal del príncipe melódica
y tantas no nombradas para aliviar el paso
(todas con peculiar fragancia indescriptible).

Tarde profunda...
Concatedral que alberga el Cristo
recogiendo
vislumbrando procesional rito de espíritus fieles
alzándose la mente al cielo imaginario.

Tarde sonora...
Armónicos compases sepultando ruido ingrato
protagonismo de la danza excusando andares torpes
bajo el cobijo cálido del teatro fascinante.
Ya en el crepúsculo melodiosa y rítmica
Vital.
***
Lugares aludidos de la ciudad de Vigo:
Calle de los cesteiros, Calle del Príncipe, Calle Marqués de Valladares, Iglesia de Santa María o concatedral (colegiata), Teatro García Barbón.

Aquí tenéis una serie fotográfica de mi ciudad:

lunes, 11 de mayo de 2009

Puntos clave de la Atención Primaria de Salud


Después de analizar detenidamente diferentes opiniones sobre la problemática de la Atención Primaria de Salud (APS) en España, en 2006 elaboré a modo de síntesis una relación de sus principales rémoras –considerándolas como puntos clave–, y dándole vueltas a cada una de ellas me atreví a plantear una propuesta de soluciones. Sin más preámbulo, expongo a continuación mi visión esquemática, revisada, que seguramente coincidirá con la de muchos compañeros de fatigas.
Puntos clave de la APS

1. Escasez de médicos, consecuencia de unas malas condiciones laborales que provocaron un éxodo masivo de facultativos (“fuga” a otros países). La gravedad de la situación llevó a proponer en 2005 en Galicia un polémico paliativo:
  • “Intersustitución” (sustitución dentro del equipo de médicos ausentes)
2. Excesiva cartera de servicios, con programas que no se pueden asumir, como se puede deducir del primer punto.

3. Aumento progresivo de la presión asistencial, consecuencia de factores que se escapan a nuestro control (envejecimiento, inmigración, etc.) y de fallos que pueden ser corregidos:
  • Agendas mal definidas (utopía de los 10 minutos)
  • Burocracia creciente
  • Desinformación
  • Insuficiente educación sanitaria
  • Gratuidad (“barra libre”)
  • Insolidaridad
  • Inexistencia de correctivos
4. Demanda ilimitada, por la carencia de una reglamentación para el “buen uso de los servicios”, que acarrea resultados negativos:
  • Deterioro asistencial (escasa calidad, poca eficacia)
  • Medicalización
  • Incremento del gasto sanitario público (farmacia, pruebas complementarias, bajas laborales…)
  • Aumento de reclamaciones y agresiones a personal sanitario
  • Riesgo legal por mala praxis que conduce a una medicina defensiva
5. Deficiencias en planificación y falta de previsión, con habitual improvisación que conlleva:
  • Descontento profesional (imposibilidad de realización personal)
  • Estrés laboral que conduce al cansancio emocional (desgaste profesional o síndrome de burnout)
  • Incremento de listas de espera
  • Peligro de colapso del sistema (insostenibilidad)
6. Deficiencias en organización interna, no existiendo un patrón definido, sino inconveniente heterogeneidad.

7. Deficiente apoyo logístico para la atención urgente.

8. Escasa o nula coordinación con el segundo nivel (especializado).

9. Problemas de convivencia Viejo Modelo - Nuevo Modelo.

10. Prepotencia de gestores sanitarios, en un marco peculiar:
  • Cultura gerencial (“gerencialismo”) frente a la visión clínica del médico

Propuesta de soluciones para la APS

1. Replanteamiento del papel del primer nivel asistencial, volviéndolo atractivo a los ojos de los profesionales y haciendo especial hincapié en:
  • Delimitación de funciones
  • Desburocratización (eliminación de barreras administrativas)
  • Cambio del modelo de receta individual a múltiple (europea)
  • Apoyo auxiliar en consulta (auxiliares de enfermería)
  • Revalorización del acto médico (dignificación)
  • Cuestionamiento de objetivos meramente económicos
2. Planificación adecuada, en función del pasado y de la oportuna previsión, a fin de evitar el desbordamiento y la degradación asistencial:
  • Plan de Recursos Humanos (solución déficit de plantillas)
  • Planes de contingencia (de choque)
  • Agenda de calidad
  • Jornada semanal de 35 horas
3. Racionalización del sistema sanitario (procura de su uso racional), mediante:
  • Información
  • Educación sanitaria
  • Medidas correctivas
  • Co-pago
4. Aplicación del postulado de la Plataforma 10 minutos, en espera de conseguir las cinco grandes dimensiones de la calidad asistencial (imposible objetivo sin tiempo) y la dignificación profesional:
  • Eficacia
  • Eficiencia
  • Competencia científico-técnica (estímulo del profesional)
  • Accesibilidad del usuario (en condiciones óptimas)
  • Satisfacción del usuario
  • Seguridad laboral (trabajo sin agobio)
  • Recuperación del prestigio social y de la credibilidad del primer nivel asistencial

5. Mayor dotación presupuestaria, con control del gasto y del fraude.

6. Cambio organizativo general, con diferentes posibilidades:
  • Establecimiento real de relación entre niveles asistenciales (integración asistencial, ¿figura de enlace-consultor?)
  • Definición de cartera de servicios (única para todo el SNS)
  • Adecuación de recursos
  • Consultas en grupo
  • Informatización con sensatez
  • Revisión de tareas y responsabilidades (organización de equipos)
  • Autogestión
7. Pacto de Estado para la Sanidad, imprescindible en un estado con diecisiete autonomías.
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Este esquema personal quedó perfilado el 21 de septiembre de 2006 con estas palabras clave: sobrecarga, deterioro, descontento, desorganización, improvisación, incomunicación, queme profesional, conflictos, desburocratización, planificación, racionalización, recursos, dignificación, financiación, reorganización, cambio. A pesar de que le he dado muchas vueltas, posiblemente haya carencias e imprecisiones. Por ello animo a que cada cual aporte las ideas que considere de interés o exprese sus discrepancias. Cualquier aportación será bienvenida.

viernes, 8 de mayo de 2009

Inmigración y salud


Según el sumario “Asistencia a inmigrantes: entre el mito y la realidad”, hay pocos informes en España que aborden la repercusión de la inmigración en el gasto sanitario. En el mismo se señala que los gastos derivados de la población inmigrante son semejantes a los de la autóctona; dependen de la situación sanitaria de cada persona, y los inmigrantes que llegan a España son jóvenes, están sanos y su estado de salud de base es aceptable.

El estudio “Enfermedades importadas en inmigrantes africanos: estudio de 1.321 pacientes”, de la Universidad de la Medicina de la Inmigración y Tropical del Hospital de Mataró (Barcelona), en los inmigrantes que hace menos de tres años que viven en España se detecta un mayor número de enfermedades importadas de sus países de origen, lo que supone un riesgo de transmisión, aunque poco probable, a la población. Surge entonces el tópico que asocia inmigración y riesgo sanitario.

Esta afirmación es rebatida por expertos epidemiólogos, quienes aseguran que la irrupción de enfermedades importadas en España no se puede atribuir al crecimiento de la población inmigrante, sino más bien a los viajes turísticos que los españoles hacen al extranjero. Asimismo en el estudio “La atención al inmigrante: del aluvión a la solución razonable”, de la Sociedad española de medicina familiar y comunitaria (Semfyc), se concluye que el estado de salud de los inmigrantes no supone una amenaza por la posible introducción de enfermedades importadas.

Las enfermedades infecciosas importadas representan un pequeño porcentaje de los problemas de salud que aquejan a la población inmigrante y en nuestro país no se dan las condiciones para que se transmitan estas patologías. La mayor parte de los problemas de salud que aquejan a los inmigrantes suelen adquirirse en nuestro medio y muchas veces como consecuencia de las precarias condiciones en las que viven o trabajan. Son frecuentes los trastornos psiquiátricos, como ansiedad, depresión o afecciones psicosomáticas, como reacción al estrés derivado de una nueva situación, del desarraigo, de la inadaptación a otra cultura y a otro idioma. Los accidentes laborales suelen ser también motivos de asistencia en inmigrantes.

El documento de la Semfyc recomienda la “carpeta del inmigrante” que en Andalucía se entrega a los extranjeros que acuden a los centros de salud; recoge abundante información en cinco idiomas (español, francés, inglés, árabe y ruso) sobre el funcionamiento del Sistema Nacional de Salud (SNS) e informa acerca de dónde hay que acudir para solucionar otros problemas de índole no sanitaria. Particularmente, me parece modélica la página del británico National Health Service (NHS), en lo referente a la información general sobre los servicios sanitarios, Acerca de los servicios del NHS, y en concreto sobre los Visitantes al Reino Unido.

Por otra parte, en el sumario referido al comienzo se hace referencia a los viajes sanitarios y a un la nueva figura del “inmigrante-turista”. Al parecer, algunas agencias de viajes traen turistas europeos para determinadas intervenciones quirúrgicas, que en su sistema de salud tendrían que pagar, al menos en parte, y en el español no les cuestan un céntimo. Un “tragadero” que, de ser así, repercutiría indudablemente en nuestro gasto sanitario, sin contraprestaciones. La información que no encuentro en la página del Ministerio de Sanidad la hallo en el enlace ya indicado del previsible NHS, lo que me inclina a posicionarme con sus métodos. ¿Estaré errado con esta impresión favorable?

miércoles, 6 de mayo de 2009

Necesidad de escribir


Encarnados impulsos me arrebatan, como a otros, a dejar en el papel o en la memoria cibernética las ideas que la mente moldea con mayor o menor dificultad. Son muchas veces vaguedades o resuellos de impotencia por el desconocimiento; es sabido que lo que no se sabe expresar es que no se conoce. En contadas ocasiones alcanzan el acierto, acaso de chiripa. La rabia inicial puede endulzarse y la suavidad encabritarse, según el decurso neuronal. Escribir es necesario para atrapar la inquebrantable fugacidad.

¿Por qué escribir? En el blog Literature, Arts and Medicine Blog, ligado al NYU School of Medicine Medical Humanities Web Site, se muestran siete razones por las que los médicos escriben: Terapia, Exploración, Compartir, Diversión, Honra, Expiación y Notoriedad. Siete, un número mágico. Siete razones por las que puede escribir cualquiera, sea médico o no.

Repasando mis notas, hallé otra recopilación de motivos de escritura, coincidentes en parte: por un incontrolable impulso interior; para liberarse (catarsis del poeta); para recordarse; para transgredir un mundo absurdo; para crear utopías porque la realidad resulta insoportable; para conseguir el respeto y la dignidad que la vida niega al hombre; para plasmar la pena desde la noche oscura del alma; para vivir muchas vidas; para salvar la insignificancia de lo vivido; para llegar a mucha gente (ser escuchados); para huir de la soledad; para acercarse a la divinidad; por un compromiso social...

Reconocido el impulso interior, mi espíritu ansía la liberación (terapia), la exploración, la comunicación (compartir) y la diversión; es fascinante el juego de las palabras. Supongo que también la elevación y el abrigo de otras almas.
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 Además de ensayos médicos y melódicos, he escrito alrededor de una veintena de cuentos, más de dos centenares de poemas, una novela de aventuras marinas (Singladuras ardientes), en la que la infancia del héroe se hace protagonista, y una extensa novela-ensayo sobre el tiempo, la vejez y la muerte (El viejo Saladino o Hacia la noche decisiva); el amor empapa ambas narraciones largas, la naturaleza se cuela, la medicina despunta y la música se adentra. En los escritos de ficción, todavía inéditos, he pretendido que estuviese presente el humor cervantino.

martes, 5 de mayo de 2009

Grandes compositores y desequilibrio emocional (5): Melancolía rusa

Volvamos la mirada al oriente europeo y detengámonos en la extensa Rusia: descubriremos las dos caras de una misma moneda. Por un lado músicos con un rostro amable, plenos de optimismo y sentido práctico; en el otro, perdedores o portadores de un sentido trágico de la existencia (alguien dijo que unos vienen al mundo a sufrir y otros a divertirse). Entre los primeros, tenemos a Nikolai Rimsky-Korsakov (1844-1908), que hace cantar a Fevronia, la protagonista de su ópera “Kitege”, de este modo: “Dios no bendice las lágrimas de la tristeza, Dios bendice las lágrimas de la alegría celestial”, lo que parece resumir su filosofía. Ciertamente, los temas de sus óperas –como del resto de composiciones– no son dramas psicológicos o históricos, conflictos de pasiones, sino cuentos o leyendas populares. Y también a Igor Stravinsky (1882-1971), hombre de sentido práctico y con los pies en tierra, que supo sacar partido de su talento (no como Bella Bartok, por ejemplo, un contemporáneo que sufrió gran penuria económica). En la otra cara aparecen Mussorgsky, Tchaikovsky y Rachmaninov.

Modesto Mussorgsky (1839-1881) fue compositor intuitivo, original y penetrante, cuya existencia de pequeño funcionario y su poco éxito como músico agriaron su carácter. Un músico verdaderamente innovador, creador de un nuevo lenguaje, lleno de audacias armónico-melódicas, a veces de expresión primitiva y ruda, siempre auténtico, que no fue comprendido y por ello –quizás también por otros motivos– se entregó a la bebida. Acabó siendo un alcohólico precoz, en suma, un individuo desequilibrado, aunque para algún biógrafo ciertos comportamientos que se le atribuyeron fueron debidos a la epilepsia que seguramente padecía. Siguiendo la senda de muchos artistas de antaño, murió pobre y solo en un hospital militar, en donde había sido admitido merced a la caridad.

Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893) es otro músico que merece nuestra atención. Se le reprocha a menudo ser un posromántico demasiado sentimental que se desahoga a gusto con su música. Porque se presenta abiertamente como un fatalista: el schumaniano “fatum” constituye el gran tema de toda su obra, hasta el punto de que su música acaba por convertirse en una narración de la propia lucha con el destino y, pese a todo, extraordinaria en sus mejores momentos.

Piotr Illich era sensible y muy nervioso, inseguro y temeroso de las tormentas, como parte de su miedo a la vida. Por otro lado, se le atribuye una inclinación homosexual que le torturaría, al no poder manifestarla públicamente. Sin embargo, en 1877 se entregó a un matrimonio precipitado con Antonina Miliukova, una alumna del conservatorio de 28 años, que amenazaba con suicidarse si no accedía a sus deseos; se duda de que sintiese por el maestro una inclinación sincera y se la acusa de ser una intrigante ninfómana que escribía cartas de amor a hombres famosos. Aquello no podía funcionar y la separación llegó enseguida (aunque nunca se divorció de ella y la cuidó hasta su final, en una casa de alienados); fue entonces el propio compositor quien intentó el suicidio, adentrándose en las heladas aguas del río Moscova con el propósito de agarrar una pulmonía, pero afortunadamente se recuperó. Tras su muerte, a poco de estrenar su Sexta sinfonía, Patética, se dijo que bebió intencionadamente un vaso de agua del río Neva, sin hervir, durante una epidemia de cólera en San Petersburgo, con lo que, de ser cierto, a la postre habría consumado su intención. Tenía cincuenta y tres años. Curiosamente, treinta y nueve años antes, su madre –con quien se sentía muy vinculado– falleció a causa de esa enfermedad infecciosa.

Un hecho relevante en su existencia fue la relación mantenida con la señora Nadeshda von Meck, una viuda rica que irrumpió en su vida en 1876, haciéndose su mecenas, y a la que al parecer nunca trató personalmente (tal vez ella mantuvo la distancia conociendo la inclinación del músico), sino a través de una inmensa correspondencia en la que el músico dejó escrito: “Esta noche estoy triste y vierto lágrimas, porque esta mañana, errando por los bosques, no he podido encontrar ni una sola violeta. ¡Qué llorón!...”. Y también: “El fatum... una fuerza suspendida sobre nuestras cabezas como la espada de Damocles, y que destila inexorablemente un veneno lento. Hay que someterse, abandonarse a una desesperación sin límites”. La ilustre dama, interrumpió la increíble relación epistolar después de 13 años, en 1890, con una carta que finalizaba así: “No me olvide y piense en mí de vez en cuando”. Y en su lecho de muerte, Tchaikovsky expiró con el nombre de Nadeshda en sus labios.

En sus cambios de parecer, en su volubilidad, parece que alguien ha visto un trastorno bipolar (denominación actual de la otrora conocida como psicosis maníaco-depresiva). Lo cierto es que Tchaikovsky fue un hombre atormentado y solitario, privado por el destino del disfrute de la mujer, aunque estuviese atraído en un sentido fáustico por lo femenino. Su vida tuvo mucho de patética, como su última y extraordinaria sinfonía, y su figura pervive como sinónimo de “sonora emoción”.

Admirador y seguidor en sus inicios de la obra de Tchaikovsky, Sergei Rachmaninov (1873-1943) se derrumbó moralmente por el fracaso de su Primera sinfonía. Quedó momentáneamente paralizado para la creación musical, postrado por una profunda depresión, y buscó ayuda en el doctor Nicolás Dahl, que había curado a varios enfermos por hipnotismo. Éste le ayudó a recuperar la confianza en sí mismo y le animó a escribir mediante estimulantes palabras: “Tienes que empezar a escribir tu concierto... trabajarás con gran facilidad... el concierto será de calidad excelente...”. Rachmaninov reconoció la eficacia de esta positiva psicoterapia de sugestión, y en prueba de agradecimiento le dedicó a Dahl su famosísimo Concierto para piano nº 2. En adelante, este gran músico acusado a menudo de romántico trasnochado (prefirió ser epígono de Tchaikovsky en lugar de creador original, como Mussorgsky), parece que logró eludir recaídas dignas de mención, teniendo en cuenta su irremediable temperamento melancólico.
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Este artículo es una parte de otro publicado en Filomúsica (revista de música culta):

domingo, 3 de mayo de 2009

Música y naturaleza (4): Acordes de los bosques y de los grandes espacios


La solemnidad de los espacios abiertos y de las umbrías vegetales se respira en la música de algunos maestros, con diferenciación de ecos y rumores. Hay un ritmo propio en las entrañas de los nórdicos bosques bretemosos y otro diferente en las refulgentes selvas tropicales. Revelan las montañas blancas su genuina voz y otra distinta, que no menor, las llanuras infinitas. Y cada particular visión de esos paisajes sonoros recrea el entorno natural que la ha imbuido de su peculiar fragancia.

La frialdad de las enormes soledades y la oscura belleza de las densas masas arbóreas palpitan en muchas composiciones sinfónicas del ya citado Jean Sibelius, tal vez de modo más sublime –descartando sus sinfonías por supuesta música pura o absoluta– en los poemas sinfónicos Tapiola y Cabalgata nocturna y amanecer; entre compases tenebrosos y resplandecientes, se entrevén las nórdicas brumas, los misteriosos bosques y la mortecina luz de Finlandia. En otro sentido, Richard Wagner ya había elaborado una mágica escena de Naturaleza en los Murmullos del bosque, de la ópera Sigfrido, y, a su manera, Anton Dvorak trató de plasmar la armonía del hombre con su entorno natural, quizás el de Bohemia, en una obertura de título explícito: En la Naturaleza.

A gran escala, Gustav Mahler quiso mostrar en su Tercera Sinfonía los prados, las flores, los animales, el anochecer y el amanecer, como frutos de la creación divina o dones del Amor supremo. También Richard Strauss construyó un aparatoso cuadro sonoro con los colores de la alta montaña que le era familiar: Sinfonía Alpina (Eine Alpensinfonie), mientras que Aaron Copland hizo su particular ofrenda a las montañas Apalaches con el ballet Primavera Apalache (Appalachian Spring).

Ni que decir tiene que la música escénica, para el cine y el teatro, está nutrida de abundantes creaciones destinadas a remarcar escenarios naturales, en ocasiones empleando instrumentos genuinos o modulaciones armónicas propias de la cultura musical de la región geográfica en cuestión. Las sabanas y selvas africanas son probablemente los enclaves preferidos a lo largo de la historia de la cinematografía; pero tampoco son infrecuentes los bosques holárticos o las áreas polares como ámbitos de narraciones cinematográficas aderezadas con convenientes armonías, que nos ponen en situación aun privados de la visión de los fotogramas. No acabaríamos de referir películas enmarcadas en escenarios naturales de los cuatro puntos cardinales del globo.

En lo referente a la música original compuesta para series televisivas dedicadas a la Naturaleza, no podríamos proporcionar una relación significativa sin consultar fuentes específicas. No obstante, permanece viva en nuestra memoria la serie documental El Hombre y la Tierra, dirigida y presentada por Félix Rodríguez de la Fuente, que contó con el compositor Antón García Abril para crear su popular sintonía.
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“Acordes de los bosques y de los grandes espacios” forma parte de un ensayo  publicado en Filomúsica (revista de música culta) sobre las obras musicales inspiradas en la naturaleza: 


Un documental de la BBC –publicado en DVD–, presentado por el gran naturalista y divulgador David Attenborough, nos acerca de manera magistral la música de la Naturaleza, a través de los sonidos producidos por diferentes especies animales, en busca del origen de la música humana:
El canto de la tierra (The Song of the Earth). BBC Worldwide Ltd 2000.

Finalicemos ilustrando este capítulo con un pasaje de Tapiola, de Sibelius; apenas un soplo de un documental en el que escuchamos al narrador.

viernes, 1 de mayo de 2009

Primero de mayo


Día internacional del trabajo en la mayoría de países, Día de la Ley (Law Day) en Estados Unidos y Canadá, para rememorar el inicio de la reivindicaciones laborales –con reducción de jornada a ocho horas– en aquél primero de mayo de 1886 en Chicago: Primero de mayo: el recuerdo de los mártires de Chicago.

Con mayor o menos interés, se sigue celebrando este día señalado, en un año de crisis económica que se ha cebado con los trabajadores. El número de parados se ha disparado de manera alarmante en 2009 y se hace difícil celebrar lo que parece un sueño roto.