domingo, 20 de diciembre de 2009

La danza


Inseparable del hombre –y de algunos animales–, nacida del pulso vital, de los latidos cardíacos, del fluir sanguíneo y de los movimientos respiratorios, para agradecer la vida y consolarse en la muerte, para rogar a los dioses por la fecundidad y el alimento, para iniciarse y poner punto final a una trayectoria, para la paz y la guerra, para la sensualidad y la destrucción, para reír dichosos y llorar ante la pérdida, para ensalzar el amor y consolarse en soledad. Desde la más primitiva a la de reciente actualidad, es el arte en movimiento. Es la vida viva, al ritmo de la música. Es la danza.
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El Adagio del ballet "Spartacus", de Aram Khachaturian, es una buena muestra de la danza como expresión del amor y de la libertad.

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