domingo, 27 de diciembre de 2009

Las melodías gallegas (1ª parte)

La canción popular elevada a la categoría de arte musical, como lied alemán o mélodie francesa, emergió con singularidad en Galicia. En esta tierra poseedora de una rica tradición de cantigas líricas, se concretó la melodía gallega, de la mano de músicos decimonónicos que tras alcanzar cierto renombre pasaron al injusto olvido. Un cuarteto de compositores acaparan el protagonismo: Marcial del Adalid, por ser punto de partida; Juan Montes, por su entrañable aportación; José Castro “Chané” y José Baldomir, por representar ambos su pleno desarrollo. La música envuelve textos poéticos que brotan de un sentir popular antiguo y a la vez intemporal, aunque el tiempo se empeñe en desvanecer la propia identidad.

Del Lied a la Melodía gallega

Grandes compositores, comenzando por los excelsos Franz Schubert (1797-1828) y Robert Schumann (1810-1856), supieron extraer la música dormida en poemas de Heine, Goethe y otros poetas, llevando el género del lied (pl. lieder) a su máximo esplendor. Pero también los “pequeños” maestros gallegos de la música, principiando por el mentado Adalid, manifestaron su propio sentir melódico inspirado en textos poéticos, creando una variante del lied alemán y por ende de la mélodie francesa: la melodía gallega. Si bien Juan Montes denominó baladas a sus cantigas líricas, consideramos bajo la denominación acordada toda pieza gallega para canto y piano, integrante peculiar de la canción culta o artística, llevada a su cénit por José Castro “Chané” y José Baldomir. Adalid musicó especialmente poemas de su mujer, Fanny Garrido, y los otros compositores gallegos destacados repararon sobre todo en dos poetas esenciales de la lírica galaica: Rosalía de Castro y Curros Enríquez.

Ni que decir tiene que el patrimonio gallego de canciones de concierto no es tan abundante, ni mucho menos, como, pongamos por caso, el alemán o el francés, cuyos acervos no alcanza ni el conjunto de la producción hispana. Y sin embargo, en la escasa producción de cantigas, melodías o baladas gallegas, contamos con piezas que pueden rivalizar con las de los grandes compositores de canciones, llámense Johannes Brahms, Eduard Grieg, Gabriel Fauré o Hugo Wolf. El impacto que algunas melodías suscitaron en su momento lo refleja Alejandro Pérez Lugín en su novela La casa de la Troya, al referirlas reiteradamente, y el interés despertado en grandes cantantes líricas como Conchita Supervía o Ángeles Ottein, que las tuvieron en su repertorio.

Cantares viejos y nuevos: Marcial del Adalid


Marcial del Adalid (A Coruña, 1826-1881), reconocido pianista y primer compositor gallego importante de música profana culta, escribió a lo largo de su vida piezas para voz y piano, probablemente influido en sus inicios por las mélodies del músico francés Charles Gounod (1818-1893), inspirándose en textos latinos, italianos, alemanes y castellanos. Adalid poseía un gusto literario exquisito y conocía bien la prosodia de todas las lenguas que empleaba. Pero aquí nos interesan sus veintiséis composiciones sobre textos gallegos, escritas en los últimos años de la década de l870 y agrupadas –a excepción de una– bajo el título de Cantares viejos y nuevos de Galicia. En estos cantares, alternan un “viejo”, tomado y adaptado del repertorio popular –folclórico– y un “nuevo”, totalmente original. Al componer estos “Cantares”, Adalid fue el verdadero creador del género de la melodía gallega, que habrían de continuar Chané y Baldomir, y esto supuso una aportación musical básica al “Rexurdimento” (Resurgimiento) de Galicia. Su esposa, Fanny Garrido, novelista que adoptó el pseudónimo de Eulalia de Lians, traductora de Goethe y de Heine, y supuestamente conocedora de los lieder románticos, es autora de muchos poemas a los que Adalid puso música. Entre las melodías de este compositor, merecen señalarse estas cuatro: Soidades (Soledades), Afrixida (Afligida), Mondariz y Non te quero por bonita (No te quiero por bonita), las tres primeras sobre poemas de Fanny Garrido y la cuarta popular.


Baladas gallegas: Juan Montes


Juan Montes Capón (Lugo, 1840-1899) tuvo una honda vinculación con la música sacra como consecuencia de su formación religiosa –in extremis, no llegó a ordenarse sacerdote–, pero la transcendencia de su obra proviene fundamentalmente de la producción profana. Son precisamente sus seis melodías o baladas gallegas –como el autor denominó a sus cantigas líricas– las que le dieron fama imperecedera. Negra sombra, Lonxe da terriña (Lejos de la tierrita) y Unha noite na eira do trigo (Una noche en la era del trigo) forman el trío más popular, con respectivas letras de Rosalía de Castro, Curros Enríquez y Aureliano Pereira. Las otras tres baladas, para nada despreciables, llevan títulos sugerentes: As lixeiras anduriñas (Las ligeras golondrinas), con letra de Salvador Golpe, Doce sono (Dulce sueño), con texto rosaliano, y O pensar do labrego (El pensar del labriego), con letra de Aureliano Pereira. Los textos poéticos se fundieron de tal modo con el trazo melódico de Montes que ya no se conciben separadamente. En su forma original o en arreglos para coro, banda u orquesta sinfónica, llámense melodías o baladas, permanecen integradas en el alma gallega.
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Hasta aquí una reducción de la primera parte del escrito publicado OpusMusica (revista electrónica de música clásica):

Como ilustración sonora traigo la balada de Montes Negra sombra, la más fuertemente arraigada en la memoria colectiva, un verdadero himno que para siempre asombra. En versión para coro, por la Coral Polifónica de Pontevedra (1958), al no hallar en la red la de canto y piano. La música envuelve el poema de Rosalía de Castro, perteneciente al libro Follas novas (Hojas nuevas), proporcionándole mayor esplendor.

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Continuación:
Las melodías gallegas (2ª parte)

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