viernes, 31 de diciembre de 2010

Medicina y Melodía… y fuegos artificiales


Cualquiera que haya entrado en este blog habrá podido comprobar que trata fundamentalmente de Medicina y Música –o de Música y Medicina, que tanto monta–, y de ahí su título de “Medicina y Melodía”. Pues a propósito de la conjugación de ambas disciplinas, dejo el enlace a una curiosa página de canciones relacionadas con la ciencia médica, la clínica en sus distintas especialidades y los estudiantes de Medicina.


Dice su autora, Deirdre Bonnycastle, que le gusta la idea de usar canciones al comienzo y final de sus clases. A mí esta página me evoca el artículo de José Garzón sobre “la música del cuerpo”. Y para el final de año (a pesar de un 2010 de crisis para olvidar) no puedo imaginar más que el alborozo del cuerpo todo, por las doce campanadas, las uvas, el champán –o el cava– y los deslumbrantes fuegos artificiales, reales y no tanto…

Georg Friedrich Handel - Music for the Royal Fireworks

¡SALUDABLE Y MELODIOSO 2011!

lunes, 27 de diciembre de 2010

Reflexión médica de fin de año


Durante este 2010 que va tocando a su fin, hemos tratado aquí diferentes aspectos de la Medicina, siempre desde una óptica humanística. Y es nuestro deseo seguir en esta misma línea, mientras el ánimo no nos abandone, en tanto no se queme lo que queda del inicial entusiasmo y haya algún lector interesado.

Podría pensarse que el ejercicio médico se limita a dar un servicio al paciente, tratándolo o aconsejándolo, sin más. Pero la singularidad del acto médico debe ir más allá, considerando los beneficios de la comunicación efectiva y teniendo en cuenta los aspectos psicológicos de cada individuo. Máxime en el caso de la atención primaria, en la que el médico general/de familia/de cabecera ha de enfrentarse a todo tipo de patologías médicas y problemas sociales. Pero además la complejidad de la estructura sanitaria actual condiciona las actuaciones de los profesionales y se opone muchas veces a la satisfacción de los usuarios del sistema público de salud.

Un compañero médico reflexionaba hace poco sobre las dificultades del día a día, quejándose de la actividad presurosa y demandando "una medicina menos loca". Si un cocinero ha de tomarse sus cosas con calma para conseguir platos ricos y con fundamento, que diría Karlos Arguiñano, qué menos que un médico pueda tomarse las suyas para poder satisfacer debidamente las necesidades de sus pacientes. Imaginemos a un gran chef que espera que le lleguen veinte comensales y de repente le aparecen cincuenta; por muy bueno que sea, por muy diligente y capaz, seguro que los platos no le saldrán en su punto, o se le quemarán, o incluso podrá intoxicar –involuntariamente, claro– a sus clientes, por el pernicioso efecto del agobio. Pues llevando este ejemplo al campo de la Medicina no cuesta imaginar las posibles consecuencias indeseables.

Aunque desde fuera no se aprecie, son demasiadas las presiones a las que se ve sometido un médico de familia, entendidas como excesivo requerimiento asistencial (ordinario y urgente al mismo tiempo) y aplastante burocracia, en su sentido de papeleo, rigidez y formalidades superfluas. Ciertamente los obstáculos o los impedimentos para una asistencia de calidad han de ser resueltas por los responsables de la organización sanitaria, dependientes -dicho sea de paso- del poder político. No será por falta de propuestas emanadas desde el primer nivel asistencial, plasmadas por escrito en un sinnúmero de documentos suscritos por una mayoría de facultativos bienintencionados y amantes de su profesión, aunque disconformes con un deficiente diseño organizativo.

Es mi deseo que el futuro traiga la sensatez a esta tierra, demasiado sobrada de improvisaciones y chapuzas. Quisiera poder seguir entonando las virtudes que dignifican a la profesión médica y que otro compañero resume en un compromiso ético: dedicación, respeto, proximidad, lealtad, prudencia, equidad, honradez. Solo añadiría las otras “h” de Osler: humildad, humanidad, humor. ¿Qué mayor aspiración que la de un médico íntegro?

(Imagen: Vincent Van Gogh. Retrato del doctor Gachet, 2ª vers, 1890)

domingo, 26 de diciembre de 2010

Amor pleno


No hay nadie más feliz en el mundo
que un hombre que comparte sus sueños
que ríe cuando ríen los otros
que llora cuando hay que llorar.

La vida gira en torno a nosotros
mostrando sus diversos colores
y brota la ternura en los ojos
que antes no sabían mirar.

Yo nunca supe ver en el alma
lo bueno como parte de mí
y ahora que el vacío me abruma
no puedo sin amor ya vivir.

Difícil el descanso en la tierra
es para los comunes mortales
que luchan entre sí inútilmente
e ignoran el mensaje de paz.

Consuelo han de tener los que creen
que todo al final no se acaba
y aguardan el reencuentro algún día
con seres que han querido y no están.

Yo nunca supe ver en el alma
lo bueno como parte de mí
y ahora que el vacío me abruma
no puedo sin amor ya vivir.

(Canción. Febrero de 1998)

viernes, 24 de diciembre de 2010

Himno de la Navidad


El clásico “Adeste fideles” (Venid fieles todos) no es un villancico, sino un himno usado desde el siglo XVIII en la bendición durante la Navidad. Su discutida autoría se atribuye mayormente al rey Juan IV de Portugal (1604-1656), conocido como “El rey músico”.

Les propongo una grandiosa interpretación de este famosísimo himno, con mis mejores deseos. ¡Que lo disfruten!

Adeste Fideles (Arr. David Willcocks)
Alfredo García (barítono), Lola Casariego (soprano)
Orquesta y Coro de RTVE, Coro niños Comunidad de Madrid (dir.Oscar Gershensohn)
Adrian Leaper (director)


Bo Nadal
Feliz Navidad
Merry Christmas
Joyeux Noël
Froehliche Weihnachten
Buon Natale
Boas Festas

jueves, 23 de diciembre de 2010

Tiempo de villancicos


El villancico es una forma musical tradicional, una singular canción profana que surge en el siglo XV español –periodo del Renacimiento–, cantada por los villanos o habitantes de las villas, de ahí su nombre. Villancicos de los primeros tiempos están recogidos en cancioneros, como el Cancionero de Palacio –con Juan del Enzina como principal compositor–, el Cancionero de la Colombina o el Cancionero de Medinacelli.

Del siglo XVI destaca el Cancionero del Duque de Calabria o de Venecia, más conocido como Cancionero de Upsala, porque la única copia que se conserva se halla en la biblioteca universitaria de esta ciudad sueca. En él se incluye la conocida pieza No la devemos dormir (La noche Santa).

Durante los siglos XVII y XVIII continuó en España el desarrollo de esta forma musical y en el decayó por influencia de la música italiana. El paso del siglo XVII al XVIII representa el apogeo barroco español, con compositores como Sebastián Durón, Antonio Literes, fray José Vaquedano, Miguel Ambiela, Antonio de Yanguas, Jerónimo de Carrión, Juan Manuel de la Puente y otros.

En el siglo XIX se inició su decadencia, por influencia de la música italiana, pero la Navidad siguió inspirando en la península ibérica un subgénero de canción popular conocida igualmente como villancico, con variantes como la panxoliña en Galicia. Y aunque el villancico más famoso es "Noche de Paz" (Stille Nacht), una composición austriaca de 1818, con letra de sacerdote Joseph Morh y música de Franz Xaver Gruber, tenemos buenos ejemplos por toda la geografía hispana cuya escucha propongo (orden abc):

Ator, ator” (País Vasco)

Campana sobre campana” (Madrid?)

Chiquirriquitín” (Andalucía)

Dime niño” (Murcia)

En Belén tocan a fuego” (Castilla y León)

Falade ben baixo” (Galicia)

Fum, fum, fum” (Cataluña)

Hacia Belén va una burra” (Castilla-La Mancha)

Ya viene la vieja” (Extremadura)

Ya vienen los reyes” (Aragón)
***
Enlaces:
Orígenes de villancico español
Villancico, por Claudia en blog DO-MI-SOL

lunes, 20 de diciembre de 2010

Gregorio Marañón, la hondura de lo humano (2ª parte)


Tras la revisión biográfica de don Gregorio Marañón, haremos ahora una exploración de lo que dejó escrito, una consideración de su pensamiento y un examen de su personalidad. Un pertinente complemento a su trayectoria vital.

El Marañón escritor

El irrepetible médico humanista dejó tras de sí una imborrable huella. Su vastísima obra, traducida a los principales idiomas, comprende un total de 125 libros, alrededor de 1.800 artículos, 146 discursos, 336 conferencias y más de 230 prólogos. Su obra médica se cifra en 1.056 artículos de investigación y 32 monografías. Su labor docente estuvo marcada, según Pedro Laín Entralgo y Juan Rof Carballo, por la creación de la especialidad de la endocrinología y la antropologización de la medicina. Sus descubrimientos y trabajos sobre las glándulas de secreción interna, las enfermedades infecciosas, la emoción, la diabetes, la obesidad y la biología sexual, le otorgaron fama mundial. Su talante de hombre íntegro, trabajador y sensible, lo hace trascender el tiempo y ser punto de referencia para los seguidores hispanos de la ciencia hipocrática.

Como escritor, Gregorio Marañón sobresalió en el campo del ensayo, la biografía y la historiografía. Pedro Laín Entralgo, su más señalado biógrafo, destacó tres facetas de su figura: la de médico, la de historiador y la de moralista. A la suma de varias de ellas se deben obras como Las ideas biológicas del padre Feijoo (1934), Vocación y ética (1935) o El médico y su ejercicio profesional en nuestro tiempo (1952). El primero se tiene por su mejor estudio, y aunque haya sobrevalorado el papel de Feijoo (1676 -1764) y sus contemporáneos como renovadores científicos consiguió llamar la atención sobre la indudable vitalidad de la ciencia española de la Ilustración. En las otras dos obras se ocupó de la preparación integral del médico, de su conducta y sus deberes con la comunidad. Por otra parte, en Raíz y Decoro de España (1933), reflexionó sobre la circunstancia del hombre contemporáneo; ante la crisis de las democracias liberales europeas y el auge de las dictaduras totalitarias, vio la defunción del liberalismo político, sin dejar de reivindicar los principios liberales.

Pero en su obra literaria merecen especial mención las biografías, en las que caracteriza a diferentes personajes históricos convirtiéndolos en emblemas de una época y en prototipos de un carácter. Entre ellas cabe citar: Enrique IV de Castilla y su tiempo (1930); Amiel. Un estudio sobre la timidez (1932); El Conde-duque de Olivares (la pasión de mandar) (1936); Tiberio. Historia de un resentimiento (1939); Luis Vives (Un español fuera de España) (1942); Antonio Pérez (El hombre, el drama, la época) (1947); Cajal: su tiempo y el nuestro (1950); El Greco y Toledo (1956); y la póstuma Juan Maragall y su tiempo (1963). A estos ensayos se suele unir un personaje mítico: Don Juan. Ensayos sobre el origen de su leyenda (1940). En estos estudios analizó diferentes aspectos del comportamiento humano, como la timidez, la pasión de mandar, la impotencia o el resentimiento, abordando aspectos éticos y filosóficos.

Marañón diseccionó sus personajes como si se tratase de casos clínicos, analizándolos desde un punto de vista médico y desde una óptica de anormalidad. El ejemplo más singular y polémico es el del mito de don Juan, personaje que consideró escasamente viril, en contra de la idea popular que lo considera símbolo de masculinidad. Su estilo muestra una gran capacidad y claridad expositiva, a medio camino entre la prosa científica y la expresión literaria. Por ello se le tiene por uno de los principales ensayistas científicos de nuestro tiempo.

Como gran conocedor de la psicología humana, las consideraciones de Marañón sobre los procesos psicológicos y psicopatológicos resultaron fundamentales al tratar las edades, los sueños, el resentimiento, el hambre, la timidez, etc. Al ser recogidas sus aportaciones en la literatura internacional se convirtió en uno de los nombres hispanos más citados en los libros de psicología de todo el mundo. Sus ensayos literarios y sus estudios históricos también alcanzaron amplia difusión nacional e internacional.

Retrato de Marañón

Gregorio Marañón es clave en la historia de la medicina y en el humanismo médico, como un faro orientador, especialmente para quienes ignoran o desdeñan el pasado y se pierden en las complejidades del presente. Es una de las mentes más brillantes del siglo XX, un espíritu humanístico singular, una referencia indiscutible e inalcanzable. En su honor lleva su nombre el mayor hospital de Madrid, su ciudad natal, mas su figura debiera trascender las meras referencias onomásticas. No es fácil en estos tiempos desmemoriados y frívolos continuar por la senda del humanismo que dejó abierta el gran médico y pensador:
“El humanismo se manifiesta en la comprensión, la generosidad y la tolerancia que caracteriza en todo tiempo a los hombres impulsores de la civilización.” 
“Hay que clamar para ensalzar al humanismo, pedir y desear que la juventud sea humanista, o al menos una parte de ella, que bastaría para que se salve el mundo.”
G. Marañón junto busto de Cajal

Mi amigo el Dr. Francisco Doña, gran admirador de Gregorio Marañón, lo ha traído repetidamente al maravilloso blog del que es autor: Tiempo para la memoria. Y en esta bitácora ha manifestado su debilidad por “el trapero del tiempo” y su predilección por dos textos marañonianos que dan fe de una proverbial laboriosidad y una filosofía de vida:
"No desperdiciar ningún resto del tiempo. Ser trapero del tiempo. Éste es el secreto del trabajo." 
"Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir."
En esta época de agobio, de creencia ciega en la tecnología y de menosprecio a la comunicación médico-paciente, cabe recordar lo que decía refiriéndose a la importancia del interrogatorio y a la conveniencia del tiempo de dedicación:
“El mejor instrumento de exploración con el que cuenta el médico es la silla.” 
“La rapidez, que es una virtud, engendra un vicio, que es la prisa.”
El interrogatorio clínico simbolizado en la silla: para que el enfermo se siente a hablar y el médico a escuchar. No hemos de olvidar la frase lapidaria en la que resume su visión del paciente como persona individual:
“No hay enfermedades, sino enfermos.”
Expresó claramente la conveniencia de que todo médico, aun en su especialización, tenga una formación médica general, un conocimiento integral:
“La evolución de la Medicina revela y acentúa el hecho paradójico de que a medida que la necesidad de la especialización se hace más notoria y eficaz, hácese asimismo más profunda la necesidad de que todo médico y todo especialista tengan una base de orientación ecléctica general que alcance a todas las ramas de nuestro arte, aun a las más alejadas de la actividad habitual de cada uno.”
 G. Marañón en Toledo

Habló de la importancia del ejercicio de la medicina, pero contemplándola como una ciencia insuficiente e inexacta:
“La Medicina es como profesión excelsa, pero como ciencia humildísima, y hay que aceptar esta insuficiencia y esta humildad en gracia a esta excelsitud... Pedir cuentas al médico de su fracaso con un criterio científico, como se le pide a un ingeniero que ha calculado mal la resistencia de un puente, es disparate fundamental y es principio inaceptable.”
Incidió en el valor ético del compañerismo profesional:
“Hablar mal de otro médico es, por muchas razones que tengamos para ello, hablar mal de la Medicina, y por lo tanto, hablar mal de nosotros mismos. La Medicina vive de su indudable eficacia, cada día mayor; pero vive también y actúa beneficiosamente gracias a su prestigio, al mito de su eficacia, que es parte del honor profesional (…) Cuidar ese prestigio es obligación primordial de los médicos, sin más limitaciones que las que impone la salud del enfermo y la propia conciencia. Desautorizar la actuación de un colega puede convenir a la vanidad o al interés inmediatamente del que critica; pero pronto la piedra, de rebote, caerá sobre su propia cabeza y sobre la cabeza de la Medicina.”
Se pronunció respecto al derecho y deber del paciente:
“Hay siempre muchos médicos entre los que elegir. Cada enfermo debe elegir el suyo. La socialización de la Medicina facilita hoy esta elección. Pero, una vez elegido, no debe discutírsele, y esto sí que lo ha empeorado la socialización de la Medicina.” 
“Obedecer es siempre empezar a curarse. Un medico modesto al que se sigue con fe es mucho más útil que un gran profesor al que se discute.”
Expresó su parecer sobre la mejor manera de dar información al paciente:
“Debemos declarar heroicamente que el médico no sólo puede, sino que a veces, debe mentir. Y no solo por caridad, sino con el más riguroso criterio científico.”
“Mucho tiempo antes del auge de la Medicina psicosomática sabíamos todos que una piadosa e inteligente inexactitud deliberadamente imbuida en la mente de un enfermo puede beneficiarle más que todas las drogas de la farmacopea.”
Y mostró la necesidad de entrega y humildad para ser buen médico:
“Generosidad absoluta, esto es lo que hace respetable la actitud del médico.”
“Ser, en verdad, un gran médico es el amor invariable al que sufre y la generosidad en la prestación de la ciencia... con la idea clavada en el corazón de que trabajamos con instrumentos imperfectos y con medios de utilidad insegura, pero con la conciencia cierta de que hasta donde no puede llegar el saber, llega siempre el amor.”
G. Marañón y Pío Baroja

Al Dr. Doña me remito nuevamente para indagar el pensamiento marañoniano extraído de su “Cuaderno de apuntes” (escrito entre 1937 y 1942, durante su exilio en París):
“La humanidad se divide en hombres buenos (los que son buenos a pesar de todo), que son muy pocos; hombres malos (los que son malos a pesar de todo), que son muy pocos también; y hombres que son buenos o malos según las circunstancias, y son los más.”

“Las guerras las ganan unos, las pierden otros. A la larga, las pierden todos. Las revoluciones se pierden siempre. Y a la larga son siempre ganancia.”
Al hilo, añadiría otras tres frases en la que dejó plasmada su firme creencia en el poder de la razón frente al fanatismo:
“La multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás.” 
“Es más fácil morir por una idea, y aun añadiría que menos heroico, que tratar de comprender las ideas de los demás.”
“El hombre que no duda es un peligro para los demás.
Finalizo con una sentencia en la que refleja el amor a la humanidad, del médico y del hombre:
“El médico, en la guerra, es el único que no quiere matar, el único para quien no existe el enemigo, porque no hay enemigo capaz de esconderse dentro de un hermano.”
Para hacerse idea de su figura, enorme y humana, basta con remitirse al retrato elegíaco de Luis Rosales: “Elegía a Gregorio Marañón”. El poeta lo retrata como un hombre jovial, tranquilo, entusiasta, compasivo, entrañable… inolvidable en “la hondura de lo humano.

G. Marañón y Madame Herriot (esposa de Édouard Herriot, político francés), en Toledo

Nota sentimental: Visita de Marañón a Galicia

Sobre la visita de Gregorio Marañón a Galicia, recurro a un artículo del Dr. David Simón en su blog Diario de un médico de guardia: “Marañón y Ourense”.
Anduvo Marañón por Ourense en 1936 impartiendo una conferencia en el Ateneo de Ourense, institución cultural que estaba presidida por Otero Pedrayo. Llegó el 3 de mayo de ese año (unos meses antes de la Guerra Civil) para impartir una conferencia sobre el Padre Feijoo, ourensano ilustrado y monje benedictino, una de las personalidades más relevantes de la intelectualidad española del siglo XVIII. Marañón había publicado un par de años antes su obra “Las ideas biológicas del Padre Feijoo” (1934). Tras su visita a Ourense, el Ayuntamiento colocó (6 de junio de 1936) una placa en homenaje a Marañón en la base de la estatua del Padre Feijoo, situada en los jardinillos que llevan su nombre en pleno centro de la ciudad.
Concuerdo con un comentario al mentado artículo en que algunos textos marañonianos debieran ser de obligatoria lectura en nuestras caducas Facultades de Medicina. Respecto a sus aparentes contradicciones, porque su perfil liberal y republicano se atenuó después de su regreso a España en 1942, y a su posicionamiento bioético clásico y conservador, como defensor de un paternalismo contrario a la información a los pacientes –que consideraba "moda perniciosa proveniente de Estados Unidos"– y a su defensa de la mentira –¿piadosa?– ante el enfermo, tengo mis reservas. Además, algunas posturas bioéticas mudan con los tiempos para, muchas veces, retornar afianzadas tras comprobar el error de nuevos postulados.

Enlace de interés:
Marañón en cuatro pinceladas, por el Dr. Juan V. Fernández de la Gala

***
Apéndice marañoniano

Obras principales (Fuente: Fundación Gregorio Marañón) (Ordenamiento cronológico)

Obras Completas, Madrid, Espasa-Calpe, 1966-1977.

Medicina
  • Lecciones de Patología Quirúrgica tomadas en la cátedra del Dr. Alejandro San Martín, curso 1907-1908, Madrid, Vidal, 1907.
  • La quimioterapia moderna según Ehrlich. Tratamiento de la sífilis por el 606, Madrid, Vidal, 1910.
  • La sangre en los estados tiroideos, Madrid, 1910 (Tesis Doctoral, inéd.).
  • Las glándulas de secreción interna y las enfermedades de la nutrición, Madrid, Ruiz, 1914.
  • La doctrina de las secreciones internas. Su significación biológica y sus aplicaciones a la clínica, Madrid, Corona, 1915.
  • (con Teófilo Hernando) Manual de Medicina Interna, Madrid, Ruiz, 1916.
  • Sobre el diagnóstico y el tratamiento del bocio exoftálmico y de los estados hipertiroideos, Madrid, Valentín Tordesillas, 1917.
  • La Edad Crítica, Madrid, Sociedad Española de Publicaciones Médicas, 1919.
  • Nuevas orientaciones sobre la patogenia y tratamiento de la diabetes insípida, Madrid, Calleja, 1920.
  • Problemas actuales de la doctrina de las secreciones internas, Madrid, Ruiz, 1922.
  • La acción como carácter sexual, Madrid, Caro Raggio, 1925.
  • Tres Ensayos sobre la vida sexual, Madrid, Biblioteca Nueva, 1926.
  • Gordos y Flacos. Cinco ensayos breves sobre el estado actual del problema de la patología del peso humano, Madrid, Cuadernos de Ciencia y Cultura, 1926.
  • El bocio y el cretinismo. Estudio sobre la epidemiología española y la patogenia de esta enfermedad, Madrid, Páez, 1927.
  • Sobre los accidentes graves en la enfermedad de Addison y su probable patogenia, Madrid, Morata, 1929.
  • Manual de las enfermedades del tiroides, Barcelona, Marín, 1929.
  • La evolución de la sexualidad y los estados intersexuales, Madrid, Morata, 1930.
  • Estudios de fisiopatología sexual, Barcelona, Marín, 1931;
  • Lecciones explicadas durante el curso de Endocrinología, 1931-1932, Madrid, Librería Médica R. Cheno y Compañía, 1933.
  • Once lecciones sobre reumatismo, Madrid, Espasa-Calpe, 1933.
  • Ginecología endocrina, Madrid, Espasa-Calpe, 1935.
  • Climaterio de la mujer y del hombre, Madrid, Espasa-Calpe, 1937.
  • Problemas clínicos de los casos fáciles, Madrid, Espasa-Calpe, 1937.
  • Estudios de Endocrinología, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1938.
  • Manual de las enfermedades endocrinas y del metabolismo, Buenos Aires, Hachette, 1939.
  • (con Charles Richet) Estudios de fisiopatología hipofisaria, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1940.
  • Diagnóstico precoz de las Endocrinopatías, Lima, Revista Terapéutica Peruana, 1940.
  • Nuevos problemas clínicos de las secreciones internas, Madrid, Afrodisio Aguado, 1940.
  • (con Charles Richet) Alimentación y regímenes alimentarios, Madrid, Espasa-Calpe, 1942.
  • Manual de diagnóstico etiológico, Madrid, Espasa-Calpe, 1943.
  • (con Jesús Fernández Noguera) La enfermedad de Addison (estudio de 400 casos), Madrid, Espasa-Calpe, 1949.
  • Crítica de la medicina dogmática, Madrid, Espasa-Calpe, 1950.
  • (con Justo Gimena y Miguel Merchán) Diecisiete lecciones sobre el reumatismo, Madrid, Espasa-Calpe, 1951.
  • El crecimiento y sus trastornos, Madrid, Espasa-Calpe, 1953.
  • La medicina y nuestro tiempo, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1954.
  • Fisiopatología y clínica endocrinas, México, Patria, 1955.
  • La medicina y los médicos, Madrid, Espasa-Calpe, 1962.
Ensayos:
  • Amor, conveniencia y Eugenesia, Madrid, Historia Nueva, 1929.
  • Raíz y decoro de España, Madrid, Espasa-Calpe, 1933.
  • Meditaciones, Santiago de Chile, Nueva Época, 1933.
  • Vocación y ética y otros ensayos, Madrid, Espasa-Calpe, 1936.
  • Vida e historia, Buenos Aires, Sur, 1937.
  • Crónica y gesto de la libertad, Buenos Aires, Hachette, 1938.
  • Tiempo viejo y tiempo nuevo, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1940.
  • Don Juan, Madrid, Espasa-Calpe, 1940.
  • Elogio y nostalgia de Toledo, Madrid, Espasa-Calpe, 1941.
  • Ensayos liberales, Madrid, Espasa-Calpe, 1947.
  • Españoles fuera de España, Espasa-Calpe, Madrid, 1947.
  • Cajal, su tiempo y el nuestro, Santander, Viento Sur, 1950.
  • Efemérides y comentarios, Madrid, Espasa-Calpe, 1955.
  • El Greco y Toledo, Madrid, Espasa-Calpe, 1956.
Historia:
  • El Empecinado visto por un inglés, Madrid, Ruiz, 1926.
  • Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, Madrid, Espasa-Calpe, 1930.
  • Amiel. Un estudio sobre la timidez, Madrid, Espasa-Calpe, 1932.
  • Las ideas biológicas del padre Feijoo, Madrid, Espasa-Calpe, 1934.
  • El Conde-Duque de Olivares. La pasión de mandar, Madrid, Espasa-Calpe, 1936.
  • Tiberio. Historia de un resentimiento, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1939.
  • Don Juan. Ensayos sobre el origen de su leyenda, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1940.
  • Luis Vives (Un español fuera de España), Madrid, Espasa-Calpe, 1942.
  • Antonio Pérez (el hombre, el drama, la época), Madrid, Espasa-Calpe, 1947.
  • Los tres Vélez (Una historia de todos los tiempos), Madrid, Espasa-Calpe, 1962.
  • Expulsión y diáspora de los moriscos españoles, Madrid, Taurus, 2004.
Poesía: Poemas, Madrid, Espasa-Calpe, 1964.

Bibliografía (Fuente: Fundación Gregorio Marañón) (Ordenamiento abc)
  • F. J. Almodóvar y E. Warleta, Marañón o una vida fecunda, Madrid, Espasa-Calpe, 1952.
  • J. Álvarez Sierra, El Hipócrates de la Medicina española. Biografía del Dr. Marañón, Madrid, UBI, Distribuidora de Ediciones Nacionales y Extranjeras, 1960.
  • E. Barco Teruel, Elogio y nostalgia de Marañón, Barcelona, Editorial Barna, 1961.
  • J. Botella Llusiá, Gregorio Marañón. El hombre, la vida, la obra, Toledo, Publicaciones del Centro Universitario de Toledo, 1972.
  • J. Botella Llusiá y A. Fernández de Molina (eds.), La Evolución de la Sexualidad y los Estados Intersexuales, Madrid, Fundación Gregorio Marañón - Díaz de Santos, 1997.
  • E. Cornide Ferrant, Apasionante biografía de Gregorio Marañón: Un hombre para la historia, Maxan, 1999.
  • Fernández de Molina (ed.), Antonio Pérez, Madrid-Zaragoza, Fundación Gregorio Marañón-Institución «Fernando el Católico» - Excma. Diputación de Zaragoza, 1999.
  • A. Ferrándiz (ed.), Marañón. Madrid, Ministerio de Cultura, 1988.
  • V. I. Franco, Gregorio Marañón, el gran médico humanista, Asunción, 1973.
  • S. Girón de Segura, Marañón escritor, Palma de Mallorca, Mossén Alcover, 1962.
  • M. Gómez-Santos, Gregorio Marañón cuenta su vida, Madrid, Aguilar, 1961.
  • M. Gómez-Santos. Españoles sin fronteras, Barcelona, Planeta, 1983.
  • M. Gómez-Santos. Marañón y Toledo, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Universidad de Castilla-La Mancha, 1997.
  • M. Gómez-Santos. Gregorio Marañón, Barcelona, Plaza & Janés, 2001.
  • M. Gómez-Santos. Vida de Gregorio Marañón, Madrid, Taurus, 1971.
  • M. Izquierdo Hernández, Gregorio Marañón, médico, escritor e historiador, Madrid, Cid, 1965.
  • G. D. Keller, The significance and impact of Gregorio Marañón, New York, Bilingual Press, 1977.
  • P. Laín Entralgo, Gregorio Marañón. Vida, obra y persona, Madrid, Espasa-Calpe, 1969.
  • A. López Vega, Marañón, académico. Los paisajes del saber, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005.
  • C. Malpique, Perfil humanístico de Gregorio Marañón, Lisboa, Sociedade de Expansao Cultural, 1970.
  • J. A. Martínez Gómez-Gordo, Marañón en mis recuerdos, Sigüenza, Colección «Momentos», 1977.
  • M. Olaya Restrepo, Gregorio Marañón, Bucaramanga (Colombia), Editorial Salesiana, 1962.
  • V. Ouimette, Los intelectuales españoles y el naufragio del Liberalismo (1923-1936), Vol. II, Valencia, Pretextos, 1998, pp. 289-444.
  • F. Pérez Gutiérrez, La juventud de Marañón, Madrid, Trotta, 1997;
  • V. Pozuelo Escudero, Marañón y su obra en la medicina. Visión de un discípulo directo y personal, Madrid, Biblioteca Nueva, 1999. 
  • E. Ramos Meza, Gregorio Marañón, gran médico y humanista, Guadalajara, Folia Universitaria, 1961.
  • J. Rof Carballo, “Gregorio Marañón y la patología psicosomática”, en Revista de Occidente, num. 84 (mayo 1988).
  • L. Sánchez Granjel, Gregorio Marañón. Su vida y su obra, Madrid, Guadarrama, 1960.
  • I. Urzainqui (ed.), Feijoo, hoy, Asturias, Fundación Gregorio Marañón - Instituto Feijoo de Estudios del siglo XVIII.
  • VV. AA., Veinticinco años de labor. Historia y bibliografía del Profesor G. Marañón y del Instituto de Patología Médica del Hospital de Madrid, Madrid, Espasa-Calpe, 1935.
  • VV.AA., Homenaje a Gregorio Marañón, Madrid, Prensa Española, 1960.
  • VV. AA., Homenagem à memória do Prof. Gregorio Marañón, Oporto, Imprensa portuguesa, 1960.
  • VV.AA., Hommage à Gregorio Marañón, Madrid, Institut Français en Espagne, 1962.
  • VV.AA., Cataluña al Doctor Marañón. In Memoriam, Barcelona, Publicaciones de la Sección de Prensa, 1964.
  • VV.AA., “Medicina y Humanismo: Homenaje a Gregorio Marañón”,en Revista de Occidente, nº 47, abril 1985.
  • VV.AA., “Elogio y recuerdo en el centenario del nacimiento de Don Gregorio Marañón, Homenaje a Gregorio Marañón. En el centenario de su nacimiento”, en Anales de la Real Academia Nacional de Medicina, tomo CIV, 1987, Madrid, pp.395-423.
  • VV.AA., “Recuerdo de Gregorio Marañón”,en Revista de Occidente, nº 84, mayo 1988.
  • VV. AA., Marañón, actualidad anticipada. Homenaje ofrecido por la Universidad Complutense con motivo del primer centenario de su nacimiento, Madrid, Eudema, 1988.
  • VV. AA., Marañón en Toledo (Sobre Elogio y nostalgia de Toledo), Cuenca, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 1999.
  • VV. AA., Enrique IV de Castilla y su tiempo, Valladolid, Fundación Gregorio Marañón - Cortes de Castilla y León - Universidad de Valladolid, 2000.
  • VV.AA., Revisión de la Obra Médica de Gregorio Marañón, Ciudad Real, FGM-Ediciones Puertollano, 2003.

martes, 14 de diciembre de 2010

Gregorio Marañón, la hondura de lo humano (1ª parte)

…de nuevo junto a él, como adentrándonos / de nuevo en su mirar, donde un día vimos / la hondura de lo humano.
Luis Rosales. Elegía a don Gregorio Marañón.

Sobre el incomparable Gregorio Marañón (19 de mayo de 1887 - 27 de marzo de 1960), médico y pensador, historiador y ensayista, humanista y liberal, docente y académico, parece estar todo dicho, por lo que no haremos aquí más que recordar, a los cincuenta años de su muerte, lo que de él se ha escrito. Estudiante ejemplar e investigador precoz, fue premiado por la Real Academia de Medicina antes de acabar la carrera, recibió el Premio Extraordinario de Licenciatura, obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado por su tesis sobre La sangre en los estados tiroideos y mereció ser pensionado por el Ministerio de Instrucción Pública para investigar en Alemania. Ganó por oposición, con el número uno, plaza de médico de la Beneficencia Provincial y eligió el Servicio de enfermedades infecciosas del Hospital General de Madrid, entregándose a una labor clínica e investigadora que habría de extender especialmente hacia la endocrinología. Publicó artículos científicos y libros clínicos de gran relevancia. Pero su inquietud lo llevó a rebasar el campo estrictamente médico, comprometido con los problemas sociales y políticos de su tiempo, a la par que desarrolló una gran actividad historiográfica y como escritor de ensayos literarios. Perteneció a varias Reales Academias: Española de la Lengua, de Medicina, de Historia, de Ciencias Exactas Físicas y Naturales y de Bellas Artes de San Fernando. Hombre ilustrado, polifacético, de extraordinario carisma y muy popular en vida, es el representante hispano por excelencia del humanismo médico, de la práctica de una medicina científica –técnicamente rigurosa– y, al mismo tiempo, humana. Y quienes admiramos su ejemplo, pretendemos estar siempre con Marañón en la mente.


Orígenes, estudios y primeras investigaciones

Gregorio Marañón nació en Madrid el 19 de mayo de 1887, en el seno de una familia burguesa e ilustrada. Hijo de Manuel Marañón y Gómez Acebo, natural de Santander, abogado en el Madrid de la Restauración, consejero del Banco de España, diputado por Madrid y miembro de la Real Academia de Jurisprudencia, y de Carmen Posadillo Vernacci, natural de El Puerto de Santa María, en Cádiz, y de origen cántabro, que falleció cuando Gregorio tenía tres años. Era el cuarto de siete hermanos, uno de ellos gemelo suyo que murió al nacer. Durante su infancia y juventud tuvo relación con insignes amigos de su padre que habrían de influir en su trayectoria vital, entre ellos José María de Pereda, Marcelino Menéndez Pelayo y Benito Pérez Galdós; de la mano de éste conocería la ciudad de Toledo, que tanto le marcaría en su vida.

En el curso 1902-1903, inició sus estudios universitarios en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de la capital hispana. Insignes profesores contribuyeron a su formación, entre ellos el de anatomía Federico Olóriz, el de histología Santiago Ramón y Cajal, el de patología quirúrgica Alejandro San Martín y los de medicina interna Juan Madinaveitia y Manuel Alonso Sañudo. Antes de finalizar la carrera comenzó a publicar sus primeros artículos médicos en la Revista Clínica de Madrid (entre 1909 y 1915 publicaría en ella numerosos artículos clínicos y experimentales), obteniendo de manera sorprendente en 1909, antes de su licenciatura, el Premio Martínez Molina de la Real Academia de Medicina por el trabajo Investigaciones anatómicas sobre el aparato paratiroideo del hombre.

Una puntualización. Si ahora es él referencia intelectual y moral para muchos galenos, la suya fue precisamente uno de esos maestros, el histólogo y anatomopatólogo Ramón y Cajal (Premio Nobel en 1906), sobre todo desde que leyó sus reglas y consejos sobre la investigación científica. En 1947 habría de pronunciar un discurso en su honor, con motivo de su ingreso en la Academia de Ciencias, y dos años después publicaría un libro titulado Cajal, su tiempo y el nuestro.

Se licenció en 1909 y se doctoró en 1910. Obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura y fue pensionado por el Ministerio de Instrucción Pública para viajar a Alemania y realizar estudios de postgrado con el bacteriólogo alemán Paul Ehrlich, que estaba investigando en su laboratorio de Frankfurt el compuesto 606 o salvarsán. A su regreso publicó La quimioterapia moderna según Ehrlich. Tratamiento de la sífilis por el 606 y sus primeros trabajos sobre la enfermedad de Addison.

En 1911 recibió el Premio Extraordinario de Doctorado por su tesis doctoral La sangre en los estados tiroideos. Ganó por oposición, con el número uno, plaza de médico de la Beneficencia Provincial y eligió el Servicio de enfermedades infecciosas del Hospital General de Madrid, entregándose a una intensa labor clínica e investigadora. En julio de ese año se casó con Dolores Moya Gastón de Iriarte, hija del influyente periodista Miguel Moya, director de El Liberal y fundador-presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, senador y Académico de la Real Academia de Jurisprudencia. Fruto del matrimonio nacerán cuatro hijos, un varón y tres mujeres.

Un joven Marañón estudiando junto a una calavera, 1908
(Imagen de LA RAZON.es)

Iniciación a la Endocrinología y al estudio del envejecimiento

Su iniciación a la Endocrinología, disciplina que en su tiempo estaba en pañales, le vino de la mano de sus profesores Madinaveitia y Alonso Sañudo, introduciéndose en los síndromes tiroideos y pluriglandulares.

Marañón se dio cuenta de que la endocrinología había nacido como disciplina autónoma y consideró paradigmática la obra Innere Sekretion (1910), de Artur Biedl, una demostración del papel de las secreciones internas en fisiología. Y él mismo, tras un curso desarrollado en el Ateneo de Madrid en 1915, publicaría La doctrina de las secreciones internas (1915). Por otra parte, Marañón codirigió con Teófilo Hernando el Manual de Medicina Interna (1916), primer tratado de este tipo realizado por autores hispanos.

En la siguiente década desarrollaría su versión de la teoría endocrinológica, fundamentalmente en su libro sobre el climaterio La edad crítica (1919) y en su discurso de recepción en la Real Academia de Medicina, Problemas actuales de la doctrina de las secreciones internas (1922), en el que señaló la falta de tradición científica y de investigación hispana. Sus investigaciones sobre la adrenalina se concretaron en artículos como La emoción (1920) y Contribución al estudio de la acción emotiva de la adrenalina (1922). También publicaría La diabetes insípida (1929) y la definitiva revisión de La edad crítica: Climaterio de la mujer y del hombre (1937).

Marañón vio una relación entre el envejecimiento y el declive de las funciones sexuales. Precisamente por su interés en el estudio del envejecimiento se le considera uno de los fundadores de la gerontología hispana. Fue además un intérprete del psicoanálisis y de las teorías psicosexuales de Sigmund Freud, a quien conoció en la casa de Marie Bonaparte. Esta psicoanalista francesa reconoció la obra de Marañón, citando su trabajo La evolución de la sexualidad y de los estados intersexuales (1930), en el cual el autor defendía que cada ser humano estaba dotado con características de ambos sexos y que éstos están más diferenciados a medida que se avanza en la escala filogenética.

A finales de la década de 1920 ya publicó una serie de trabajos científicos que obtuvieron un notable éxito. Sus Tres Ensayos sobre la vida sexual (1926), en los que trata los conceptos de diferenciación sexual e intersexualidad, provocaron una convulsión social en la pacata sociedad de la época. En Gordos y flacos (1926), se centró en el tratamiento endocrino de la obesidad, y en la relación entre peso –constitución morfológica– y psicología. En Amor, conveniencia y eugenesia (1929), desarrolló una discutible teoría acerca de la constitución familiar y los deberes sociales en función de edad y sexo, con especial atención a la juventud y su protagonismo; en su prólogo criticaba con extrema dureza la Dictadura de Primo de Rivera (en otro próximo que escribió al libro de Marcelino Domingo ¿A dónde va España?, mostró su aproximación al socialismo).

Marañón llamaba "hambre sexual" a la “libido” freudiana, y en su opinión ese impulso primario se producía por un fenómeno químico, por la irrupción en la sangre de las secreciones internas de las gónadas. Consideró también que el psicoanálisis y la endocrinología disciplinas complementarias, y que la mayor contribución de Freud a la medicina había sido restaurar una perspectiva humanística. Pero el interés de Marañón no se limitaba al campo de la sexualidad. Realizó investigaciones sobre la pituitaria, las suprarrenales (enfermedad de Addison), las paratiroides y, fundamentalmente, sobre el tiroides, glándula a la que dedicó más de cuarenta trabajos.

En 1931 fundó el Instituto de Patología Médica y un año después fue nombrado sin oposición catedrático de Endocrinología. Era la primera vez que se dotaba a esa disciplina de entidad propia en la universidad española–. En el Instituto de Patología Médica desarrolló una intensa labor científica, formando colaboradores y dirigiendo diferentes investigaciones.

Por la relevancia científica y cultural alcanzada en estos años, fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de La Sorbona (1932) y elegido numerario dos academias: Academia Española de la Lengua (1934) y Academia de la Historia (1936).

Actividad social y política

Las inquietudes sociales y políticas de Marañón le llevaron a publicar desde 1917 artículos al respecto de estas cuestiones, mostrándose como un médico comprometido con la sociedad de su tiempo. Realizó largos viajes por España, junto a amigos, artistas e intelectuales de su generación, y fue retratado por Sorolla, Zuloaga y otros pintores. A su consulta en el Hospital añadió el ejercicio de la medicina privada, y a su consulta acudieron algunas de las personalidades más relevantes de su tiempo, nacionales y foráneas. Accedió a cargos políticos, siendo nombrado consejero de Sanidad en 1919 y consejero de Instrucción Pública en 1920, con Gobiernos liberales. En 1921 adquirió y restauró el Cigarral de Menores, en Toledo, lugar trascendental donde escribiría una parte fundamental de su obra; y en esa casa toledana recibió a personalidades españolas y extranjeras de su tiempo.

En 1918 fue comisionado por el Gobierno español, junto a los doctores Pittaluga y Ruiz Falcó, para ir a Francia, con el fin de estudiar la etiología de la epidemia gripal que asolaba España (la famosa "gripe española") y buscar soluciones y para combatirla. Allí conoció a otras grandes personalidades de la medicina: Edward Babinski, Almroth Wright, Alexander Fleming y Harvey Cushing. Con tan sólo diez años de ejercicio profesional, ya gozaba de importante prestigio internacional por sus aportaciones a la ciencia médica.

En 1922, con 35 años, ingresó como académico de número en la Real Academia de Medicina. Y en el verano de ese mismo año protagonizó un histórico viaje a Las Hurdes junto al rey Alfonso XIII, en una comisión integrada por otros dos médicos, los doctores José Goyanes Capdevila (1876-1964) y  Bardají (no he hallado datos). Aquella expedición a esa comarca extremeña, envuelta en una "leyenda negra",  por entonces una de las zonas más aisladas y deprimidas de la península ibérica, permitió poner en marcha acciones terapéuticas que paliaron el hipotiroidismo congénito y endémico de su población. La carencia del aporte de yodo en la alimentación provocaba bocio endémico, con consecuencias de retraso mental y enanismo. Ante este grave problema, Alfonso XIII le preguntó a Marañón qué se podía hacer para solucionar el problema, y su lógica respuesta fue entonces sorprendente: “¡Carreteras, Majestad, carreteras!”; de este modo, manifestaba don Gregorio la necesidad de romper el aislamiento y con ello la cadena epidemiológica de la enfermedad. Este viaje marcó un hito en la vida del doctor Marañón, plasmando su compromiso, como intelectual y como español, con el devenir de su país.

En 1924 fue elegido presidente del Ateneo de Madrid.

Marañón fue miembro destacado de la conocida como “generación del 14” (Junto a José Ortega y Gasset, Eugenio d'Ors, Salvador de Madariaga, Claudio Sánchez Albornoz, Américo Castro, Ramón Pérez de Ayala, Wenceslao Fernández Flórez, Ramón Gómez de la Serna y otros). Su biografía intelectual estuvo marcada por la defensa de los principios liberales, de respeto y tolerancia hacia las ideas ajenas, de comprensión como pauta de actuación y de defensa de la libertad como valor humano esencial. La interrupción del sistema político de la Restauración por la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (septiembre de 1923), determinó su implicación en la vida política de española, y desde diferentes ámbitos científicos y culturales, incluida la presidencia del Ateneo de Madrid, enarboló la bandera del liberalismo. Marañón definía al liberal como la negación del fanático, y entendía el liberalismo como la mejor manera de resistir la intransigencia generadora de violencia.

Antonio Machado, G. Marañón, José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala

Su proximidad intelectual y personal con Miguel de Unamuno hizo que el cese de éste en sus cargos universitarios y su destierro ahondasen el enfrentamiento de Marañón con la Dictadura. En 1925, su desacuerdo con la política sanitaria de Severiano Martínez Anido (1862-1938), ministro de la Gobernación, le llevó a dimitir de su cargo de director del Hospital del Rey. En 1926 se produjo la conspiración cívico-militar conocida como La Sanjuanada, un proyecto de golpe de Estado, por el que se le acusó a Marañón de haber participado en ella; se le impuso una multa de 100.000 pesetas y sufrió prisión en la Cárcel Modelo de Madrid durante un mes. En ese período de privación de libertad, tradujo del inglés la obra que sobre Juan Martín Díez “El Empecinado”, héroe de la guerra de la Independencia, escribiera Friedrich Hardman.

En enero de 1930, al terminar la Dictadura Dictadura de Primo de Rivera, Marañón era uno de los principales referentes intelectuales del momento. Respetado por la inmensa mayoría de los protagonistas de la caída de ese régimen político, se convirtió en adalid del movimiento republicano. En 1931 firmó el manifiesto "Agrupación al Servicio de la República", plataforma que auspició la llegada del régimen repubilicano, junto a José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala, y al que más tarde se uniría Antonio Machado. En tal coyuntura fue decisiva la reunión que se celebró en su despacho el 14 de abril, en la que el conde de Romanones y Niceto Alcalá-Zamora pactaron la transición de la Monarquía a la República y la salida de de España del rey Alfonso XIII.

La ascensión social y política de Marañón hizo que figurase entre los candidatos a la presidencia de la II República. Sería elegido diputado a las Cortes Constituyentes que elaboraron la Constitución promulgada en diciembre de 1931, pero renunció a ofrecimientos ministeriales y para formar Gobierno. En 1933 fue cofundador con otros intelectuales de la “Asociación de Amigos de la Unión Soviética”, en una época condenatoria del socialismo en la URSS. En mayo de ese mismo año, la radicalización e intransigencia política republicana le hizo renunciar a su escaño parlamentario.

Guerra civil, emigración y viajes

La radicalización política y el aumento de la violencia a la que Marañón asistía desde finales de 1934, lo impulsó en los meses finales de la II República a hacer llamamientos a la responsabilidad, a la normalidad democrática y a la concordia civil. En los meses previos a la guerra civil española (1936-1939) todavía confiaba en el futuro republicano, creyendo que los avatares sociopolíticos se debían a la inmadurez pasajera del régimen de 1931. Cuando el 18 de julio de 1936 se produjo la sublevación militar contra la República, Marañón se encontraba en Portugal visitando a un enfermo y regresó urgentemente a Madrid, en apoyo del poder establecido y legitimado por las urnas. Pero los acontecimientos revolucionarios vividos en Madrid en los meses de agosto y septiembre y los asesinatos, entre otros, de Calvo Sotelo, Melquíades Álvarez, Manuel Rico Avello y Fernando Primo de Rivera –hijo del dictador y colaborador suyo en el Instituto de Patología Médica–, así como su propio paso por las checas y las presiones que sufrió para que firmase algunos manifiestos, le distanciaron del régimen republicano.

Viendo peligrar su vida, a mediados de diciembre de 1936 partió hacia París. Desde allí apoyó al bando “nacional” con artículos como Liberalismo y comunismo (1937), percibiendo la guerra civil como una lucha entre el comunismo y el anticomunismo, lo foráneo y lo español. Marañón consideraba que la República liberal había fenecido y que se estaba librando uno guerra entre dos bandos antidemocráticos, uno encaminado a instaurar un régimen comunista y el otro una dictadura que contemplaba como transitoria hacia una nueva era liberal depurada de errores pasados. Se percató del peligro de “bolchevización o sovietización” del Gobierno de Madrid, pero minimizó el peligro fascista. Desde los meses finales de la contienda civil, insistió en la necesidad de reconciliación nacional. Un deseo imposible.

En los años de permanencia en París, ejerció la medicina en hospitales franceses y en su consulta privada. Además realizó una intensa investigación en los Archivos Nacionales, en busca de documentación con la intención de elaborar una historia de la emigración política española. Dicha historia nunca se materializó como tal, pero los hallazgos de Marañón están reflejados algunas obras históricas, como Luis Vives. Un español fuera de España (1942) o Españoles fuera de España (1947).

En ese tiempo de emigración, otros de sus ensayos tuvieron como trasfondo la melancolía de España y el tiempo perdido por causa de la guerra civil: Tiempo viejo y tiempo nuevo (1940) y Elogio y nostalgia de Toledo (1941). También viajó a países iberoamericanos en 1937 y 1939 (Cuba, Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Perú, Bolivia), donde dictó conferencias y recibió honores académicos como, como el doctorado honoris causa por la peruana Universidad de San Antonio de Cuzco y su incorporación a la Academia Nacional de Medicina de Perú.

Permaneció en París hasta 1942, año en que regresó a Madrid.

Regreso a España y últimos años

Gregorio Marañón regresó a España en el otoño de 1942. Su reaparición pública tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad, donde pronunció una conferencia.

En 1944, se reincorporó al puesto de médico de la Beneficencia Provincial de Madrid y, dos años más tarde, en 1946, retomó su cátedra de Endocrinología (desde entonces, y hasta su fallecimiento, continuó entretejiendo los mimbres de esta disciplina en nuestro país), al tiempo que promovió la aparición del Boletín del Instituto de Patología Médica. Este mismo año fue nombrado vocal del Pleno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, organismo del nuevo régimen instaurado al finalizar la guerra, en representación del Patronato "Santiago Ramón y Cajal".

De ese tiempo data su Manual de diagnostico etiológico (1946), uno de los libros de medicina más difundido en todo el mundo por su novedoso enfoque en el estudio de las enfermedades. En 1948 se creó a petición suya el Instituto de Endocrinología Experimental, posteriormente, integrado en el Centro de Investigaciones Biológicas. En sus tratados médicos, Marañón se fijó en cuestiones de deontología profesional. En línea con su visión humanista de la ciencia, manifestó su preocupación por su creciente y excesiva tecnificación en obras como el referido Manual de diagnóstico etiológico o La Medicina y nuestro tiempo (1954).

Se sucedieron los nombramientos y honores académicos. En 1947, ingresó en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En su discurso –dedicado a su predecesor y admirado Santiago Ramón y Cajal–, expuso, de modo sintético, las principales pautas de su pensamiento científico y universitario. En años posteriores se le siguió reconociendo con distinciones científicas y culturales. Su elección en 1953 como numerario de la Academia de Bellas Artes de San Fernando supuso el reconocimiento a toda una vida dedicada al cultivo de las ciencias, las artes y las letras. En 1956, ingresó en la corporación con el discurso “El Toledo del Greco” –tema al que dedicó un ensayo–. En 1958, fue nombrado primer presidente del Centro de Investigaciones Biológicas. Le siguieron otros honores académicos internacionales, como el de doctor honoris causa por la Facultad de Medicina de Oporto (1946), sus elecciones por la Academia de Ciencias Morales y Políticas de París y la Academia de Ciencias de Nueva York (ambas en 1956), o su investidura honoris causa por la Universidad de Coimbra (1959).

La Dictadura franquista utilizó su figura, como la de otros intelectuales, para mejorar su imagen exterior. Pero Marañón asumió la tarea de recuperar la tradición liberal, procedente del período ilustrado, que el régimen de Franco trató de erradicar. Según Miguel Artola, “la mayor aportación política de Marañón fue sin duda haber levantado la bandera del liberalismo, de la libertad, en una época en que pocos o ninguno podían hacerlo”. Desde su defensa del liberalismo ético, encabezó los primeros manifiestos que denunciaban desde el interior la situación política y solicitaban el regreso de los exiliados. Mantuvo su amistad con algunos de los más relevantes exiliados, entre ellos Francesc Cambó, Luis Araquistaín, Salvador de Madariaga e Indalecio Prieto quien, en 1956, le escribía: “Es la de usted la única voz que me llega desde España para reconfortarme y consolarme”.

Con algunas excepciones, como la de ciertos sectores del falangismo, el franquismo respetó su figura, lo que le permitió amparar a otros españoles y difundir su pensamiento y conducta liberal influyendo, decisivamente, en ámbitos intelectuales y universitarios.

Desde su posicionamiento ideológico publicó algunas de sus mejores obras. Entre otras, Ensayos liberales (1947), en la que insiste en la pervivencia del liberalismo como pauta de conducta. Desde el punto de vista historiográfico, mientras las corrientes en boga exaltaban el pasado católico e imperial de España, Marañón se ocupó de su desmitificación –sobre todo de Felipe II–. Se fijó en temas como las Comunidades de Castilla, la expulsión de los moriscos, el siglo XVIII o el liberalismo decimonónico. Su obra Antonio Pérez (el hombre, el drama, la época), de 1947, es junto a la biografía sobre El conde-duque de Olivares su gran aportación a la historiografía contemporánea española.

El doctor Gregorio Marañón falleció en Madrid el 27 de marzo de 1960, a los 72 años. Su cortejo fúnebre estuvo acompañado por una impresionante multitud que representaba el reconocimiento de la comunidad su vida ya su obra.


Tras su muerte, el filósofo J. L. López Aranguren se expresó de esta manera:
“La lección moral de Marañón fue no sólo personal y profesional vocacional, sino también política. Su ética severa estuvo penetrada de humana comprensión, y de esta comprensión brotó su profundo liberalismo, que le llevó a ser, hasta su muerte, el más alto poder moderador que en el orden social hubo en España, el último gran liberal dieciochesco”. 
Y el ilustre médico lucense Juan Rof Carballo (1905-1994), el padre de la medicina psicosomática, escribía:
“¿Por qué todo el mundo se ha quedado en España después de la muerte de Marañón como abandonado, como si hubiera perdido parte de su ser, en una palabra, como si se hubiera quedado sin padre?”.
“Nadie más muerto que el olvidado”, había dicho el insigne hombre aquí recordado. Y ésta es sólo una pequeña contribución para que nunca muera.
***
Fuentes bibliográficas y enlaces externos:

Gregorio Marañón, a cincuenta años de su muerte

Gregorio Marañón. Médico, humanista y liberal

Enlace a la segunda parte:
Gregorio Marañón, la hondura de lo humano (2ª parte)

viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Puedo tomar este medicamento, doctor?


–¿Puedo tomar este medicamento con el Sintrom, doctor Abré? –le pregunta doña Juana a su médico de cabecera.

–¿Quién se lo ha recetado? –indaga el médico contemplando un envase de Tanakene® (Ginkgo biloba), un fármaco vasodilatador de eficacia controvertida, que la paciente ya ha recogido en la farmacia.

–Pues el neurólogo –responde la paciente.

–Y usted, Juana, ¿no se lo preguntó a él?

–Sí, doctor Abré, pero me dijo que se lo consultase a usted.

El doctor Abré, desconcertado, revisa la posible incompatibilidad y verifica que el “Ginkgo biloba” puede potenciar el efecto anticoagulante del Sintrom® (Acenocumarol). Así se lo hace saber a doña Juana. Y ésta, que confía en su médico, decide no tomarlo.
***
Conclusiones: falta de ética profesional del prescriptor, deficiente comunicación, inadecuada prescripción, gasto farmacéutico superfluo.

Enlace de interés: