sábado, 13 de marzo de 2010

Otro invierno que se va


Nada parece verdad… La tibieza del sol enmascara negras nubes borrascosas, consigue enternecer el alma y robarle un beso dulce. Nada parece real. Los rompientes dicen de un tiempo intemporal, acariciador y mágico. Nada parece terreno. Las gaviotas anuncian una luz arcana, rediviva, inextinguible. Nada parece verídico. La brisa trae acordes imposibles, sobrenaturales, de pura delicia. Nada parece mortal. El gran astro, las olas, las aves marinas y el aire encienden mis sentidos, avivan mi sangre, encienden indescifrables recuerdos… del futuro.

Todo es calma... El atmosférico tiempo se dilata en sus bondades. El viento sopla con monotonía. La lluvia, tímida, no deja ver su rostro gris y hueco. Todo es placidez inusitada. Todo es horizontal sonrisa. Todo, excepto los muchos inviernos deshojados, fugaces y plomizos, estúpidos y desconsiderados, descendentes. Un puñetazo en la mandíbula, una bofetada en el orgullo, una puñalada en plena alma. Solo para reír. Solo para pensar. Solo para sentir. Solo en compañía de las almas cálidas. Solo para llorar la soledad que se me enreda. Solo en otro fin de invierno para el recuerdo… y para el olvido.

Otro invierno que se va. Otro invierno que se me va…

“Invierno”, de Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi.

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