sábado, 27 de marzo de 2010

Tríptico de Don Quijote

En marzo de 2005, al escribir un tríptico escénico basado en El Quijote (Honor, Aventura y Amor), la música que me sugería el texto era, por muy extraño que parezca, sibeliana. ¿Descabellado? Quizás no tanto, si pensamos que Miguel de Cervantes escribió Los trabajos de Persiles y Segismunda, una historia septentrional: el sur mirando al norte. Por una curiosa relación sinestésica, las escenas concebidas como drama radiofónico me evocaban pasajes de la primera y tercera sinfonías de Jean Sibelius. Es éste un preámbulo necesario para dar comienzo al Tríptico de Don Quijote, en el que los episodios inspirados en la humorística tragedia del Caballero de la Triste Figura, representan sus cualidades de hombre de honor, aventurero de acción y enamorado impenitente, son introducidos sonoramente con movimientos sinfónicos. (Aconsejo activar los pasajes musicales para acompañar la lectura)


I. HONOR (Aguardando el regreso de Don Quijote)

Sinfonía nº 1: temas iniciales del segundo movimiento
(aprox. hasta 3:55)

NARRADOR.- El bachiller Sansón Carrasco, recién llegado de vencer a don Quijote bajo la máscara de Caballero de la Blanca Luna, y el licenciado Pedro Pérez, el cura de su lugar, conversan en un verde prado. Aguardan al ausente, hombre de honor a quien el bachiller impuso, a cambio de la vida, el retorno como castigo. ¿Quién lo iba a decir?: dejará las armas y se hará pastor.

SANSÓN CARRASCO.- ¡Si vuesa merced pudiese ver sus ojos derrotados! Ahora comprendo la grandeza de ese buen hombre. Nos hemos reído de su locura sin saber que era nobleza, ansia de libertad, búsqueda de justicia y sueño de amor imposible. Créame, señor Pedro, que me arrepiento de mi indigno proceder.

EL CURA.- No Sansón, no debes hablar de esa guisa. Has obrado como lo hubiese hecho cualquier amigo verdadero. Como yo mismo si no vistiese esta sotana. Nuestro don Quijote era bien distinto del pacífico hidalgo Quijano que todos habíamos conocido; un batallador caballero de lastimera figura que mantenía su vida en jaque, y la de cuantos se cruzasen en su camino.

SANSÓN CARRASCO.- Aun así me duelo de ser causa del fin del virtuoso caballero andante, valeroso y honesto, recto y generoso, conversador y comedido, candoroso y recio, de triste figura, sí, pero de alegre espíritu, orgullo de La Mancha y de la Humanidad entera. Mejor fuese emplear mi ignominioso brazo en vengar las afrentas que ha sufrido, junto con las de su fiel escudero.

EL CURA.- Hijo mío, a los ojos de Dios no sirve la venganza de los hombres; no es válida siquiera ante una cristiana conciencia.

(Un aire de tristeza los embarga... y los pájaros cantan alegres en derredor)

II. AVENTURA (El sueño imposible)

Sinfonía nº 3: introducción y tema del primer movimiento
(aprox. hasta 3:00)

NARRADOR.- Dicho esto, Pedro Pérez, ceremonioso, enlaza las manos sobre el pecho y entorna los ojos, meditabundo. Y el bachiller, sumido en su hondo y afligido pensamiento, vislumbra la epopeya del Caballero de La Mancha y de Sancho Panza: cabalgando uno tras otro, por ese orden, como manda la caballería andante, asomándose a una loma desde la que se contempla la interminable llanura y el mundo, en pos de la aventura...

(Relincho de Rocinante)

DON QUIJOTE.- Amigo Sancho, ¡abre bien los ojos! Observa el infinito y adivina los mil lances que nos aguardan. Gigantes y dragones, magos que obran encantamientos, malandrines y villanos se opondrán a nuestros nobles propósitos. Hombres sin libertad, niños y ancianos maltratados o menesterosos, damas ultrajadas y doncellas cautivas agradecerán la firmeza de mi brazo justiciero. No ha de ser fácil la tarea que los cielos me han encomendado. Pero el destino está escrito y no podemos, ni debemos, cambiarlo. Escudero mío, ¡observa el infinito!

(Pausa para la contemplación de la lejanía)

SANCHO.- No las tengo todas conmigo, señor don Quijote. En mi casa comía caliente del puchero, no recibía palos, descansaba al abrigo de los vientos y dormía protegido de las fieras. En cambio aquí… ¿Qué le voy a decir a vuesa merced?

DON QUIJOTE.- No te quejes, que los buenos escuderos siguen a sus amos sin rechistar, asumiendo los mayores riesgos, aun sin esperar favores ni riquezas. Además, tengo la inestimable protección de mi adorada dama, la sin par Dulcinea. Ella es la razón de mis desvelos, la guía de mi corazón y de mis pasos.

SANCHO.- Pues como no se guíe ahora por las estrellas, vamos a perder nuestra senda. La noche que amedrenta se nos echa encima.

DON QUIJOTE.- Este es un buen emplazamiento para el descanso, sereno y resguardado. Un lugar ideal para recomponer los doloridos huesos. Comamos nuestra pitanza y después encomendémonos a Morfeo hasta que Febo nos llame. En otras palabras, fiel Sancho, durmamos sin temor hasta que salga el astro Sol.

III. AMOR (Evocación de Dulcinea)

Sinfonía nº 1: allegro molto, tema principal (desde 3:19)
y coda del cuarto movimiento

(Envuelto en sudor, Don Quijote, sufre la pesadilla de su última batalla… hasta sentir el alivio de la acariciante ilusión)

NARRADOR.- En un ensueño, el Caballero andante se deja arrobar por la etérea imagen de su amada: airoso porte, esbelto cuello, dorada cabellera, rostro dulce y mirada sonriente. Se le aproxima danzando grácil como una sílfide y, ya muy cerca, le ofrece sus pálidas manos y su jugosa boca insinuante. Ella se aleja pero vuelve, una y otra vez, como en un juego tentador y sin malicia. Y él, inflamado de amor caballeresco, henchido de ternura, intenta tocarla suavemente…

DON QUIJOTE.- (Con delicada entonación) ¡Oh, bella Dulcinea! Soy vuestro, mi señora, esclavo de vuestra fermosura y siervo de vuestra voluntad. Por vos he luchado y por vos combato; el acero de mi espada lo soporta vuestra imagen. Por vos he renunciado a goces mundanos y a carnales ofrecimientos. Por vos vivo en esta austeridad y en tal penuria. Por vos he aguantado mil burlas y sufrido lo indecible. Por vos he de vivir y, ante Dios lo juro, moriré si es preciso; porque prendida a vuestra alma va la mía. Por ser digno de vos, por vuestro amor, he renacido. No le temo a la muerte: solo temo perderos, Dulcinea… ¡Oh, Dulcinea!

NARRADOR.- Mientras pronuncia en el mágico silencio, fatigado por las pasadas jornadas e imaginando venideras, la hermosa fantasía se aleja lenta. El enamorado caballero la contempla resignado. Con amante despedida, Dulcinea desaparece tras un peñasco oculto en la arboleda, del mismo modo que llegó, con armonioso movimiento. «¡Hasta siempre!», escucha don Quijote. Se aplaca su delirio, se serena su corazón… y se agiganta el inmortal sueño.

José M. Brea Feijoo
21 de marzo de 2005
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Dedicatoria: A David Revilla Velasco, especialista en Jean Sibelius y creador del maravilloso blog Sibelius en castellano, con quien he mantenido sabrosas conversaciones en torno al gran músico finés.

jueves, 25 de marzo de 2010

Formación, subvenciones y ética profesional


Se pone en cuestión la formación científica de los profesionales de la sanidad pública proporcionada por los laboratorios farmacéuticos, sustitutoria de la que por derecho debiera proporcionar la Administración sanitaria, que tácitamente delega en aquellos para que instruyan a los mismos a quienes impone la obligación de mantener una continua capacitación.

Entonces cabe deducir que los profesionales de la sanidad han de sentirse deudores con la industria farmacéutica que auspicia su formación, cuyo interés primero es lograr beneficios económicos, si bien subsidiariamente son benefactores de la comunidad con las bondades de los frutos de su investigación.

Pero aunque es fácil extraer conclusiones injustamente simplistas, no lo es tanto marcar límites entre intereses y servicio público, por lo que la ética profesional habrá de separar convenientemente lo útil de lo superfluo, diferenciar lo eficaz de lo meramente comercial y sopesar todas sus actuaciones.
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Esta breve reflexión ética ha coincidido temporalmente con un planteamiento homólogo, aunque más amplio, del Dr. Lizardo Cruzado, quizás por una misteriosa explosión de pensamiento concordante.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Diálogos político-sanitarios (2): Incapacidad temporal


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y la Dra. Alerta, inspectora médica.

Dr. Abré.- No debiera ser gestor de la baja laboral de un paciente que no atiendo o no sigo, cuya incapacidad decide otro. Incumbe a quien conoce su situación clínica.

Dra. Alerta.- Las cosas están así y yo no tengo autoridad para cambiarlas. Los especialistas están liberados de esta responsabilidad.

Dr. Abré.- Insisto en que es disparatado gestionar una baja decidida por un tercero. Y es insultante que desde la Unidad de Salud Laboral se me pida información improcedente.

Dra. Alerta.- ¿Te sientes ofendido, Abré, por tener que hacer una gestión que te corresponde?

Dr. Abré.- Estoy ofendido, querida Alerta, por la ineptitud imperante en este sistema único. Hasta por una ausencia de un día envían a un trabajador para que se le dé un justificante.

Dra. Alerta.- Estoy de acuerdo. Con una auto-certificación debería bastar para justificar hasta siete días, como sucede en el Reino Unido. Pero aparte de esto, ¿qué propondrías?

Dr. Abré.- Lo que hacen en ese país y en otros del entorno. Conceder las incapacidades que uno puede valorar y dar únicamente el parte de baja y el de alta, no partes de confirmación.

Dra. Alerta.- En verdad es absurdo reiterar los partes intermedios, tanto manual como informáticamente. Quizás con el tiempo…

Dr. Abré.- Pasan lustros y todo sigue igual. ¡Esto no es serio! Ni tampoco incentivar de manera perversa: menos bajas y altas anticipadas. Ni por supuesto descuidar vuestra tarea inspectora.

Dra. Alerta.- Ahora la ofendida soy yo. Aunque reconozco que no se hace nada o se toman medidas sin objeto; y nada más inútil que ser eficiente en lo que no debe hacerse.

Dr. Abré.- Así nos va de mal, sin eficacia ni eficiencia y con progresivo queme neuronal.

Dra. Alerta.- Creo que estamos hablando demasiado; ahí viene mi jefe…. (Cambio de expresión.) Lo dicho Dr. Abré, envíeme los informes que le pedí. ¡Ah!, y los partes como de costumbre.
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Carece de sentido mantener un sistema obsoleto y poco operativo, porque engendra gasto y no consigue disminuir el absentismo laboral. Ha de imponerse el pragmatismo en la gestión de la incapacidad temporal (IT) a la manera de los británicos, quienes aplican inteligentemente el auto certificado (Absence Self Certification Form). En teoría, por una ausencia de hasta tres días ya no habría que pedir justificación o baja médica, pero las empresas suelen exigir eses requerimientos; envían al interesado a por un “justificante” o un formulario de IT, para que el médico de cabecera pierda el tiempo con el engorroso trámite hispánico.

martes, 23 de marzo de 2010

A vueltas con el gasto farmacéutico


Ya hablamos aquí de la racionalización del gasto farmacéutico, de la medicalización de la vida y de otras cuestiones en torno al consumo de fármacos. Ahora se han levantado tímidas voces de alarma y el Ministerio de Sanidad (y Política Social) ha decidido recortar el gasto en medicamentos, tras un “Pacto de Madrid” previo al “Pacto por la Sanidad”, largamente anunciado y que nunca llega.

Pero en definitiva las medidas se concretan en rebajar por ley el precio de los genéricos y contener los salarios. No se habla de cambios en la financiación sanitaria, de dejar de financiar fármacos innecesarios o de dudosa eficacia (en pleno “despelote de financiación de fármacos”), o de controlar la dispensación sin prescripción, favorecedora de la medicalización. Y hablar de copago (justo y compensado) en Hispania sigue siendo tabú.

Así que, de momento, me temo que permaneceremos alejados de la pretendida racionalidad.

Medidas para controlar el gasto farmacéutico
en ¿uno de los tres mejores sistemas del mundo?

lunes, 22 de marzo de 2010

Torre de Babel


Cuando encontramos barreras de comunicación, podemos ampararnos en frases de extrañeza, de recapitulación o de refresco: “Se me ha comprendido o mal o me estoy explicando fatal... Lo que pretendo decir es simple y llanamente que me niego a admitir esa propuesta… Bueno, todo es relativo y malo será que no confluyamos en un punto de encuentro…”. Aun así, seguiremos presenciando caras de sorpresa, incomprensión y repulsa. Un mismo idioma puede retorcerse, enturbiarse o fragmentarse hasta hacerse incomprensible. Hablando una misma lengua, creemos hallarnos en una torre de Babel cuando no es adecuada la comunicación; aunque no estemos en Babilonia ni pretendamos alcanzar el cielo.

viernes, 19 de marzo de 2010

Tres zarzuelas del mar


He aquí la trilogía marina de la Zarzuela: la eternamente popular Marina, de Emilio Arrieta (1821-1894), que habría de ser convertida en ópera; la melodramática La Tempestad, de Ruperto Chapí (1851-1909); y el romance náutico La tabernera del puerto, de Pablo Sorozábal (1897-1988). De estas tres zarzuelas con sabor a mar, todas en tres actos, había traído un número representativo de cada una de ellas, pero posteriormente fueron eliminadas de la Red dos de las tres piezas elegidas. En consecuencia, los vídeos que ahora figuran en esta entrada son más recientes, con la ventaja de que se trata de grabaciones completas de cada zarzuela. ¡Disfruten de estas hermosas zarzuelas marinas!


Marina, de Arrieta
María Bayo, Alfredo Kraus, Juan Pons, Enrique Baquerizo. Coro de Cámara de Tenerife, Coro del Conservatorio Superior de Música de Tenerife, Rondalla de Tenerife, Orquesta Sinfónica de Tenerife, c. Víctor Pablo Pérez

La Tempestad, de Chapí
Lina Huarte, Dolores Pérez, Alfredo Kraus, Francisco Kraus.
Coros líricos, Gran Orquesta Sinfónica, c. Enrique Estela

La tabernera del puerto, de Sorozábal
María Bayo, Plácido Domingo, Juan Pons, Enrique Baquerizo. Orféon Donostiarra, Orquesta Sinfónica de Galicia, c. Víctor Pablo Pérez

Adenda.- Tampoco hay que olvidar otra zarzuela de ambiente marino: Los sobrinos del capitán Grant, de Fernández Caballero (basada en la novela de Julio Verne Los hijos del capitán Grant), con su célebre "Barcarola".

jueves, 18 de marzo de 2010

Estudios folklóricos, cancioneros y archivos

Los estudios folklóricos se iniciaron en el siglo XIX, con los folkloristas románticos. En España, el movimiento folklorista dio comienzo con el ilustre musicólogo Felipe Pedrell (1841-1922), pilar decisivo en la concienciación de las raíces propias, a quien habrían de seguir Albéniz, Granados, Falla y Turina. En su faceta de recopilador de canciones folklóricas, con la inestimable ayuda de colaboradores, su Cancionero Musical Popular español (1919-1922), editado en cuatro volúmenes, supuso el culmen de sus desvelos.


El de Pedrell es una buena muestra de los cancioneros, colecciones de cantos folklóricos que vienen publicándose especialmente desde el Romanticismo hasta nuestros días (aunque hay buenas muestras de recopilaciones de canciones y villancicos procedentes del Renacimiento: C. de Palacio, C. de la Colombina, C. de Upsala, C. de Medinaceli). Otras colecciones de piezas del folklore hispano fueron editadas aquí y allende nuestras fronteras. De las publicadas en nuestro territorio, basten dos buenos ejemplos: el Cancionero Musical de la Lírica Popular Asturiana (1920), de Eduardo Torner (1888-1955), y el Cancionero Musical de Galicia (1942), de Casto Sampedro (1848-1937).

Desde el comienzo de los estudios folklóricos musicales se realizaron grandes esfuerzos por recoger y grabar cánticos de cada pueblo antes de que se extinguiesen para siempre. En este campo han destacado notablemente los países escandinavos y rusos, además de Alemania, Austria, Bohemia, Hungría, Rumania, Bélgica, Holanda e Inglaterra, creándose archivos folklóricos como los de Upsala, Lund –ambas ciudades de Suecia–, Helsinki, Copenhague, Oslo y Dublín, para el adecuado almacenamiento del legado documental referente a la música tradicional; vendrían a ser equivalentes a los más conocidos archivos históricos. ¿E Hispania?... En este apartado, como en otros, el país con el mayor patrimonio folklórico musical de Europa parece haberse quedado bastante descolgado, a pesar de los esfuerzos en investigación.
La investigación de la música tradicional o etnomusicología (originalmente denominada “musicología comparada”) es a mis ojos una disciplina apasionante. Considero la busca y recuperación de tesoros desaparecidos del folklore musical una labor encomiable, envidiable y benefactora: el esfuerzo placentero de desenterrar, transcribir y divulgar sonoridades del pasado para enriquecer sonoramente el futuro. La diversidad descubierta podrá ser entendida por propios y extraños, siendo el lenguaje musical universalmente asimilable a través de lo sensible.

Por lo tanto, convendrá difundir y compartir los propios tesoros, la particular belleza sonora comúnmente comprensible. Porque aunque cada país considera las canciones folklóricas como patrimonio nacional, parafraseando a Edwin J. Stringham podemos afirmar que la canción popular trasciende las fronteras, tiene la sencillez y universalidad que resume la experiencia humana en unos cuantos rasgos, y va directa al corazón en un lenguaje que todo el mundo puede entender.
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Esta es una parte de un ensayo publicado en Filomúsica (revista electrónica de música culta), al que puedes acceder si te interesa el tema:

miércoles, 17 de marzo de 2010

Adiós al abuelo del Atletismo

(Entrenamiento en O Grove, 30/09/2007)

Julián Bernal 
(1919-2010)
Ayer, 16 de marzo, falleció en Ferrol a los 91 años
y uno de los atletas veteranos más destacados del mundo,
a quien ya rendimos homenaje en esta bitácora,
poniéndolo como ejemplo de vejez saludable.
Cuando para mí era un desconocido,
con asombro vi entrenar por las calles de O Grove al famoso atleta,
el mismo que en su última competición consiguió tres medallas de oro.
Seguro que seguirá corriendo en otra dimensión… Descanse en paz.

El suicidio, un acto impactante

Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado. (Napoleón)

El hecho del suicidio me ha impactado desde mis primeros años de ejercicio de la medicina. En un pequeño núcleo rural, sometido a las inclemencias meteorológicas, envejecido y cerrado, a donde me llevó el primer destino profesional, había una alta prevalencia de suicidios que sucedían invariablemente en individuos de edad avanzada que vivían solos. No se quitaban la vida mediante la ingesta de medicamentos ni por armas de fuego, sino que utilizaban el viejo método del ahorcamiento. Me avisaban, siempre de madrugada, para acudir al lugar de los hechos y hallaba a un hombre o una mujer que habían puesto fin a su existencia con una soga al cuello; sistemáticamente, la ataban a una viga del alpendre y de ella se colgaban, con la soledad como telón de fondo y quién sabe cuántos sinsabores.


La verdad es que había salido de la facultad sin la suficiente preparación para afrontar tales desenlaces. En las circunstancias que yo he vivido, la teórica formación en medicina forense no me sirvió más que para certificar la defunción y comprobar, mediante inspección ocular, el surco de ahorcadura y otros signos de muerte violenta. El secretario del juzgado y el juez de paz tomaban nota, instruían las primeras diligencias y ponían los hechos en conocimiento del juez de distrito, quien procedería al levantamiento del cadáver (¡qué ironía!, tras el descendimiento), preceptivo en una muerte violenta o médico-legal, previo a la definitiva autopsia que realizaría el forense (y, en su defecto, el propio médico rural). Durante la noche aciaga de un día cualquiera de guardia, me limitaba a verificar el cadáver de un desconocido, sin dejar de preguntarme cuáles habrían sido las motivaciones de su drástica decisión.

Aunque la gente inculpaba a los vientos (en particular al Nordés) y, con ello, determinaba la importancia del meteorotropismo (sensibilidad al tiempo), la única explicación aparente era la soledad. Los infelices se habrían abandonado en todos los sentidos, sin acudir siquiera a consulta en busca de ayuda. De otro modo, detectándose la ideación suicida, tal vez hubiese sido posible prevenir algún fatal desenlace. Y aunque no hubiese servido la actuación médica, la hipocrática conciencia estaría más libre de dudas.

En otros destinos posteriores, en plazas menos envejecidas y más desarrolladas, los suicidios –acaso no tan frecuentes– obedecían a causas determinadas o desencadenantes evidentes. Recuerdo el caso de un militar de treinta y tantos años, que sufría fuertes migrañas y que había ido voluntario a Bosnia; las cefaleas y las intensas vivencias estresantes lo tenían sumido en un estado depresivo. Le había comunicado a su médico de cabecera la intención suicida, cuando el dolor de cabeza no le cedía con nada, y acabó disparándose un tiro en la sien con el arma reglamentaria.


La situación de este hombre había llegado al límite y decidió acabar con su sufrimiento; segó su vida de un balazo, pero bien pudo hacerlo tomando una sobredosis de fármacos. Tenía factores de riesgo que pudieron ser detectados. Otros suicidas presentan enfermedades somáticas, invalidantes o terminales, pero en la mayoría se advierten trastornos psiquiátricos. Los estudios epidemiológicos reflejan que los varones son más propensos y que el riesgo aumenta con la edad, aunque con altos índices en la adolescencia, la cuarta década y la ancianidad. Antecedentes familiares y factores sociales (abandono, desarraigo, soledad) también han de ser tenidos en cuenta, sin olvidar el alcohol y las drogas y las situaciones de duelo. Detectar factores de riesgo es esencial para tomar medidas preventivas, proporcionando apoyo psicoterapéutico, administrando fármacos antidepresivos y ansiolíticos, o procediendo al ingreso hospitalario si fuese preciso. Y mejor contando con el apoyo familiar.

Entrar en la significación de la muerte voluntaria (acto reivindicativo, rito, acto de liberación, etc.) implica la valoración de cuestiones socio-políticas y filósofo-religiosas. En los adultos podría comprenderse cualquier variante, fraguada en la rabia, la venganza, la desesperanza o la culpa; pero en niños o adolescentes, sin pasado, la tragedia del suicidio es escalofriante. Los debates jurídicos en torno al suicidio, sobre lo punible de la omisión de socorro en un estado de pérdida de facultades mentales o del impedimento por la disposición plena de las mismas, así como sobre el auxilio a la consumación, competen también a la bioética y transcienden el campo de la medicina.


Quizás no deba verse el suicidio ni como un acto de valentía ni de cobardía. Sea cual fuere el camino a la muerte voluntaria (ahorcamiento, arma de fuego, envenenamiento, ahogamiento, desangramiento, defenestración, fuego a lo bonzo, harakiri, inanición...), yo considero el radical hecho impactante, sagrado, y trato de comprender sus motivaciones. Y por supuesto, procuro detectar factores de riesgo y aplicar las oportunas medidas preventivas.
***
El caso del militar referido me dejó impresionado y me inspiró un lívido réquiem

Se fue
por propia iniciativa
y no por infortunio eventual.
En plena noche negra
un disparo acabó con las ansias.
(¡Descanse!)
Anegado en su sangre
los zozobrantes ojos naufragaron
ahogándose la insufrible inquietud.
Hundida la esperanza
para siempre.
(¡Descanse!)

Amargura.
Ya corren turbias aguas de incerteza...
Sin nada
y te llevaste tu verdad
o tu mentira enmascarada.
(¡Descansa!)
¿A dónde pretendías ir? Quizás
quisieras evadirte de ti mismo
en un viaje sin retorno.
¿Por qué lo hiciste? No hay respuesta
y todos hablan sin razón desatinados.
(¡Descansa!)

Reglas y condicionamientos dañan
cualquier honor hipersensible
y si el tiempo no cura sus heridas
recoge los desesperados gritos.
A todas esas voluntades naufragadas...
(¡Descansen!)

Enlaces:
Suicidio y riesgo de suicidio, por E. García de Jalón y V. Peralta
Los mitos sobre el suicidio, por Sergio A. Pérez Barrero
No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio, por Lizardo Cruzado
Suicidas célebres, en Diccionario del suicidio de Carlos Janín
Levantamiento del cadáver, por Bernardo Epstein y José Maiuri

Bibliografía
Giner Ubago J, Sanmartín Roche A, Franco Fernández D. Suicidio en Atención Primaria. Psiquiatría y Atención Primaria. 2000. Pag. 22-27.
Fortes Alvarez J.L.; Ramos Fuentes M.I. El suicidio y sus circunstancias. Jano 1999; 1296: 51-57.

lunes, 15 de marzo de 2010

Salud laboral en el entorno sanitario

Salud laboral.- Consecución del bienestar físico, psíquico y social –siguiendo la definición de la Organización Mundial de la Salud– en el medio laboral. Se logra mediante la creación de un ambiente de trabajo adecuado, procurando unas condiciones laborales justas y dignas. Paradójicamente, nuestro medio sanitario no suele ser el más idóneo, por la perseverante desatención de la salud de los trabajadores de los servicios de salud. ¿Alguien lo entiende?


He comenzado con la definición recogida en el léxico de la atención primaria. Desconozco el nivel en el que estamos en medicina del trabajo, pero me temo que Hispania no es paradigma, ni mucho menos, en materia de salud laboral –a pesar de grandes teóricos–, como no lo parece ser en nada bueno (asustan las más de 2.400.000 entradas que aparecen en Google indicando “España a la cola de Europa”).

No queriendo ser derrotista, a tenor de múltiples comentarios de trabajadores que nos demandan bajas por lesiones producidas en el medio laboral, que se rechazan como tales y que evidencian graves carencias en seguridad –que las cifras oficiales, ya de por sí lamentables, no reflejan–, y de nuestra propia experiencia, en la que los servicios de salud laboral miran para otro lado cuando se les comunican deficiencias estructurales y problemas de ergonomía en el medio sanitario en el que nos desenvolvemos, acabo por asumir que este país no tiene remedio, que no quiere avanzar o si quiere no puede.

En cambio, la legislación no es mala. Como muestra, la Ley de salud de mi comunidad (Ley 8/2008, de 10 de julio, de salud de Galicia) dice en su Artículo 119 (salud laboral):

“La Administración sanitaria, en el marco de la legislación general en materia de salud laboral y prevención de riesgos laborales, adoptará las medidas oportunas para la protección de la salud de los trabajadores y (las) trabajadoras del sector sanitario público a través de órganos dedicados en exclusiva a esta función.”

“Se establecerán medidas de coordinación que obliguen a participar a las unidades de los centros y órganos cuando en razón a la materia tenga relevancia su cooperación en la protección de la salud laboral y la prevención de riesgos laborales en el sector.”

Muy bonita la letra, pero a la hora de la verdad aquí todo queda en buenas intenciones, porque la teoría no se aplica. Como dato demoledor, las ondas hertzianas me han recordado que seguimos a la cabeza de Europa en siniestralidad laboral. No coments…

domingo, 14 de marzo de 2010

Félix Rodríguez de la Fuente: A 30 años de su muerte



30º aniversario de la muerte y del nacimiento de “El amigo de los animales”
La casualidad quiso que Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980) muriese el mismo día de su cumpleaños, un 14 de marzo (nació el mismo mes, y un día después, que un servidor). 
Sus programas sobre Naturaleza -que yo miraba embelesado- dejaron huella en nuestro país, por su apasionada defensa de los animales, su comunicativo estilo y su peculiar forma de decir. El naturalista y divulgador vivió y se fue haciendo lo que le gustaba. Y dejó sembrado en muchos de sus conciudadanos el amor por el medio natural que los rodea.

Cabecera y fragmento de un capítulo de su serie “El Hombre y la Tierra”.





sábado, 13 de marzo de 2010

Otro invierno que se va


Nada parece verdad… La tibieza del sol enmascara negras nubes borrascosas, consigue enternecer el alma y robarle un beso dulce. Nada parece real. Los rompientes dicen de un tiempo intemporal, acariciador y mágico. Nada parece terreno. Las gaviotas anuncian una luz arcana, rediviva, inextinguible. Nada parece verídico. La brisa trae acordes imposibles, sobrenaturales, de pura delicia. Nada parece mortal. El gran astro, las olas, las aves marinas y el aire encienden mis sentidos, avivan mi sangre, encienden indescifrables recuerdos… del futuro.

Todo es calma... El atmosférico tiempo se dilata en sus bondades. El viento sopla con monotonía. La lluvia, tímida, no deja ver su rostro gris y hueco. Todo es placidez inusitada. Todo es horizontal sonrisa. Todo, excepto los muchos inviernos deshojados, fugaces y plomizos, estúpidos y desconsiderados, descendentes. Un puñetazo en la mandíbula, una bofetada en el orgullo, una puñalada en plena alma. Solo para reír. Solo para pensar. Solo para sentir. Solo en compañía de las almas cálidas. Solo para llorar la soledad que se me enreda. Solo en otro fin de invierno para el recuerdo… y para el olvido.

Otro invierno que se va. Otro invierno que se me va…

“Invierno”, de Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi.

jueves, 11 de marzo de 2010

Sarah Vaughan, la voz divina


Sarah Vaughan (1924-1990) forma parte del trío de ases de las voces femeninas del jazz, junto a Ella Fitzgerald, la primera dama del jazz, y Billie Holiday, la lady de inconfundible voz. Forma parte de una historia musical que alcanzó unas cotas de calidad interpretativa jamás superadas; es una representante suprema del jazz vocal. A esta cantante norteamericana la apodaron Sassy y, con razón, la llamaron “La Divina”. Tanto acompañada por un pianista, por un pequeño grupo o una gran orquesta, su voz poderosa y flexible, imponente y acariciadora, no podría ser mejor calificada que de divina. Su virtuosismo vocal y su exquisito gusto llegan a estremecer cuando se ponen al servicio de una gran pieza musical.


Reconozco mi debilidad por la voz de esta mujer, de tan enorme versatilidad que conseguía pasar sin esfuerzo del registro grave al de soprano. Lo sorprendente no es sólo eso, sino también su excelente técnica, con extraordinario control del vibrato, capacidad de fraseo del bebop (imitando con las cuerdas vocales, mediante el scat, el saxo de Charlie Parker y la trompeta de Dizzy Gillespie) y dominio del arte jazzístico, evidenciando un inmenso talento para la inventiva armónica y la improvisación

En su vida, aunque no tan azarosa como la de otros grandes personajes del jazz, estuvieron presentes el alcohol y las drogas. Falleció a los 66 años por un cáncer de pulmón, probablemente engendrado en su hábito de fumadora. Pero hemos de recordarla por su extraordinaria voz, recogida en numerosos registros fonográficos.

Entre otras grabaciones de Sarah Vaughan, son imprescindibles: Swingin' Easy (1954), Sarah Vaughan with Clifford Brown (1954), In the Land of Hi-Fi (1955), Sarah Vaughan and Billie Eckstine: The Irving Berlin Song Book (1957), At Mister Kelly's (1957), After Hours (1961), Sassy Swings the Tivoli (1963), How Long Has This Been Going On? (1978), The Duke Ellington Songbook, Vol. 1-2 (1963), Crazy and Mixed Up (1982).

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Enlaces de interés:

Traigo aquí dos interpretaciones de Sarah Vaughan: Don't Blame Me y I'm Glad There Is You, ésta con el extraordinario trompetista Clifford Brown y perteneciente al tal vez mejor álbum vocal de la historia del jazz.


miércoles, 10 de marzo de 2010

La Gran Vía: el gran éxito del género chico

La zarzuela en un solo acto La Gran Vía, de Federico Chueca (1846-1908) y Joaquín Valverde (1846-1910), tuvo su origen en la construcción de esa calle en Madrid (proyecto ultimado en 1888 y no realizado hasta 1910) y en su momento alcanzó un éxito inusitado fuera de las fronteras hispanas. Un triunfo rotundo, desde la polka inicial confiada al coro “Somos las calles, somos las plazas y callejones de Madrid”, pasando por la romanza de barítono “Caballero de Gracia me llaman” con ritmo de vals, el tango de soprano “Pobres chicas las que tienen que servir”, la Jota de los ratas “Soy el rata primero, y yo el segundo y yo el tercero” , la pieza para coro femenino “Somos los marineritos que venimos a Madrid” y el chotis de mezzosoprano “Yo soy el Eliseo”.


De esta inmortal obra, genial en su sencillez, singular y cautivadora, traigo cuatro números interpretados por representantes del Jarvis Conservatory (Valle de Napa, California, USA), con información argumental y traducción al inglés de los textos; las grabaciones son excelentes. Podrán ponerse objeciones respecto a estilo interpretativo, lenguaje o sabor castizo, pero no en lo musical –aun con una orquesta reducida–. No dejo de maravillarme por el interés ajeno en lo nuestro (tan a menudo aquí despreciado) y por el innegable entusiasmo de los intérpretes. Pienso que su labor contribuye a mantener viva la chama y ayuda a internacionalizar la Zarzuela. ¡Que les cubra de alegría tanto como a mí!

Polka de las calles (Escena 1, nº 1)


Jota de las ratas (Escena 2, nº 6)


Mazurka de los marineritos (Escena 3, nº 8)


Chotis del Eliseo madrileño (Escena 4, nº 10)

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En la página web del Jarvis Conservatory se puede comprobar la existencia de otras grabaciones de Zarzuela.

martes, 9 de marzo de 2010

Desastres naturales


Continuamente la Natura nos avisa de nuestra pequeñez, y seguimos empeñados en demostrar vana grandeza. ¡Miseria de los hombres versus superioridad del Hombre! Ante la fuerza destructora de terremotos, inundaciones, huracanes o erupciones volcánicas, poco pueden hacer los mortales, salvo prevenirse de los desastres naturales. Las consecuencias las sufren los pobres, indefensos por su condición; los ricos raramente llegan a percibir el alcance de las calamidades. Mayormente, tienen las de perder los indigentes de los países opulentos, porque los doblemente afortunados habitan en sólidas casas, están asegurados y tienen recursos para salir adelante. Con todo, frente a ella nada son los hombres, ni pudientes ni menesterosos. Entonces, sólo cabe respetar a la Natura y precaverse de su ira.

lunes, 8 de marzo de 2010

Diálogos político-sanitarios (1): Transporte domiciliario


Diálogo entre el Dr. Abré, médico de familia, y el diputado Vivales:

Dr. Abré.- No entiendo porqué tengo que poner mis medios para realizar un servicio domiciliario público.

Sr. Vivales.- Es que le va en el sueldo.

Dr. Abré.- Creo que el complemento de dispersión geográfica trata de compensar la penosidad del desplazamiento, en ocasiones fuera de la jornada, no la gasolina.

Sr. Vivales.- Es posible…

Dr. Abré.- ¿No está claro?

Sr. Vivales.- Aquí casi nada lo está.

Dr. Abré.- Cuando estudié la carrera nadie me dijo que para ejercer como médico necesitaba tener un vehículo, ni siquiera carnet de conducir.

Sr. Vivales.- Bueno, hoy en día todo el mundo…

Dr. Abré.- Además, ese complemento se imputa en la declaración de la renta; en cambio usted no tiene que declarar sus dietas y primas por kilometraje.

Sr. Vivales.- Es la ventaja de ser político.

Dr. Abré.- Entonces… me equivoqué de carrera.

Sr. Vivales.- (Silencio y sonrisa cínica.) C’est la vie!
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Este diálogo, con el que doy comienzo a una nueva sección, ha sido inspirado por dos noticias (recientes) sobre las dietas por kilometraje de los diputados: “Los diputados cierran filas en la defensa de las dietas de kilometraje” (en esto no hay color político) y “El Parlamento de Galicia reformará las dietas a diputados” (cada diputado gallego tiene un coste medio de 218.726 euros, al parecer menos que en otras CCAA). Y oportunamente ha llevado a otra (de hace unos años) sobre la larga reivindicación de vehículos para la asistencia domiciliaria, en busca de una solución para el transporte domiciliario: “Negativa de trabajadores sanitarios a realizar las visitas domiciliarias con sus propios vehículos”.

sábado, 6 de marzo de 2010

Los límites de la Atención Primaria


El médico general sabe poco sobre muchas cosas; a medida que progresa en su arte sabe cada vez menos sobre cada vez más cosas; al final de su carrera termina por no saber nada sobre todo. El médico especialista, por lo contrario, sabe mucho sobre pocas cosas; a medida que progresa en su arte, sabe cada vez más sobre cada vez menos cosas; al final de su carrera, termina por saberlo todo sobre nada. (R. Tzanck).

Leo un artículo de prensa sobre la enfermedad de Parkinson: un neurólogo afirma que habrá especialistas en esta patología. Se confirma cada vez más el opuesto discurrir del nivel primario y del especializado. Mientras las diversas ramas de la medicina se fragmentan, se crean Unidades en cada Servicio (Unidad de Lípidos, Unidad del Sueño, Unidad de Arritmias...), en suma los especialistas se ultraespecializan, los profesionales no formados en una rama específica del saber médico, los médicos generales, de cabecera o de familia –la denominación es lo menos trascendente– cada vez han de tener más conocimientos de todo. Los cursos de formación han ido in crescendo, no sólo en lo concerniente al área científica sino también a la gestión, debiendo demostrar a la sociedad, y a sí mismos, una capacitación sin límites. De modo que el médico de familia debe ser un experto en la utilización del espirómetro y del electrocardiógrafo, dominar las técnicas de imagen –manejo del ecógrafo, interpretación de una TAC y una RMN– tanto como la cirugía menor y la medicina de urgencia –acercándose a la intensivista–, demostrar además ser avezado psiquiatra, promotor de salud e higienista, y estar al día en sistemas de información y gestión de recursos. ¿Quién da más? Y lo que en un principio fue ilusión, empeño y buena disposición de ánimo, finalmente aboca en cansancio intelectual y desconcierto moral.

Los tiempos en que el médico de cabecera había de enfrentarse solo, principalmente en el medio rural, a todas las patologías, por fortuna se van perdiendo en el recuerdo. Ha cesado –o casi– el tradicional aislamiento, la dura condena de verse un individuo con la carga de la responsabilidad suprema, de tener que decidir sin apoyo, sin el consejo de otros colegas, valiéndose más de la intuición que de la metodología científica. Y hora es de desdeñar el dicho de que “Un médico cura, dos dudan y tres muerte segura”. Los diversos conocimientos se complementan; se aprende de los demás y lo que nosotros sabemos puede ser útil a otros. Sin embargo, y por desgracia, también va formando parte de la historia la figura del médico valorado y respetado por sus pacientes, venerado, a pesar de las limitaciones en que se desenvolvía su trabajo. ¿Añoranza? En parte. Desde luego se ha mejorado, es indudable, en casi todos los aspectos; en la relación médico-paciente, al menos, y en general, no. Se podría argüir que antaño más que relación de confianza y respeto mutuo fuese de sumisión, por parte del paciente, claro; no obstante, considero que en la mayoría de casos había más de “familiaridad” que de distanciamiento entre rangos diferentes, al menos en el medio rural, según puede deducirse de muchos testimonios.

Hoy, después de una evolución a todas luces improvisada y extraña, el susodicho médico de cabecera se ha transformado en médico de Atención Primaria, revestido con el rimbombante ornato de “Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria”, como si la extensión implicase per se la cualificación (a pesar de todo, siempre hubo, hay y habrá profesionales buenos y menos buenos), y que ya no atiende a pacientes sino a “usuarios”. Ahora se ve rodeado de un sinnúmero de papeles, fichas, datos y estadísticas que calientan su ánimo y enfrían el humano trato. Y envuelto en la exasperante irracionalidad debe mantener el equilibrio. Antes cabía el error inintencionado, propio del mortal limitado en su capacitación y en sus medios; en la actualidad no hay lugar para el desliz, debe ser perfecto y omnisciente. Así, se da por supuesta su capacidad para el uso de un desfibrilador eléctrico, para reducir una fractura, practicar la ablación de un quiste, controlar una gestación, como experto epidemiológico, para tratar al drogodependiente, al depresivo... y llevar la gestión de una empresa a la que ve como opresora, fiscalizadora y burlona.


Desengañémonos. No podemos abarcar todos los conocimientos alcanzados por el gran desarrollo de la medicina, sobre todo en las últimas décadas. En nuestros días se tiende al dominio de parcelas concretas. Como médicos de familia, generales o de cabecera, debemos tener conocimiento de todas las áreas médicas, sin profundizar en demasía, salvo querencia particular –que todos la tenemos– por alguna concreta. Seguro que tendríamos plena satisfacción con nuestro cometido en la primera línea –la más importante–, entregados a una educación sanitaria realista y eficaz, a una medicina preventiva –primaria– que limitase la afluencia al sector hospitalario; realizando un estudio integral del individuo dentro de un marco de confianza y relajación –sin excesiva presión asistencial–; dedicándonos a una atención adecuada al primer escalón asistencial e incluso a tareas de investigación. Evidentemente, con el sistema actual no es posible. Es comprensible que todos los estudios que trasladamos a nuestro medio y damos por válidos, nos vienen del exterior, sobre todo del mundo anglosajón; si los profesionales de esos países tuvieran que soportar nuestra carga “burrocrática”, seguro que no realizaban tantos estudios de campo. ¡Cómo los envidio! Nuestro caminar parece incierto... Y pese a todo, aún confío en el menos común de los sentidos.
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Este artículo, escrito el 25 de abril de 1998 y publicado un año después en la revista Jano (Cartas al editor), con el título de “El menos común de los sentidos”, lo suscribo ahora, al leer sobre los riesgos de una súper-especialización en el primer nivel asistencial que iría en contra de su razón de ser. No debiendo caer en este error, hemos de valorar la medicina de familia en su justa medida y asumir los límites de la Atención Primaria de Salud.

Fuente:
Brea Feijoo JM. El menos común de los sentidos. Jano 1999; 56 (1299): 34.

viernes, 5 de marzo de 2010

Informe de alta hospitalaria: único, ordenado y comprensible

Como sistema de información o herramienta de comunicación, el informe de alta hospitalaria (IAH) es fundamental para el paciente y para el médico de cabecera. Evidentemente, el paciente necesita comprender las instrucciones o recomendaciones que se le dan, tanto farmacológicas como higiénico-dietéticas, sin olvidar advertencias sobre signos de alerta. Se dice que la información clara al paciente evitaría un tercio de reingresos, lo que me hace recordar que hace tiempo también se estimaba que un tercio de las urgencias hospitalarias se debían a efectos adversos de los medicamentos. Y para el médico de familia es conveniente la claridad de cara a la continuidad asistencial.


Siempre me ha chocado que existieran diferentes modelos de IAH, no sólo entre comunidades autónomas y provincias, sino también entre hospitales de una misma localidad. Y me sorprende que se haya mantenido la heterogeneidad informativa hasta hoy, en que, por fin, de manera consensuada entre diferentes sociedades médicas, se solicita un modelo de IAH único, claro y conciso, bien planificado y comprensible.

No cuesta adivinar el coste sanitario generado por los errores de una mala interpretación de las prescripciones. Reingresos hospitalarios, nuevas pruebas, nuevos fármacos, todo se suma para incrementar una factura sanitaria. Es injustificable la carencia de explicaciones y, sobre todo, son preocupantes las deficientes instrucciones referentes a la medicación, muchas veces desordenada y confusa. Es algo que me desconcierta y me enoja.

En mi opinión, además de especificarse correctamente la posología y concretarse la duración del tratamiento farmacológico, sería deseable la “agrupación farmacológica” u ordenación de medicamentos (cardiológicos, neumológicos, gastroenterológicos…), evitando que los de primera línea vayan precedidos de otros menores o de complacencia. Pienso también que sería bueno indicar el principio activo junto al nombre comercial, para evitar confusiones y sortear fallos de memoria.

En definitiva, el modelo único de IAH debe contribuir a la mejora de la calidad asistencial, lo mismo que una historia clínica para todo el Sistema Nacional de Salud (SNS), de momento utópica. Se hace cada vez más necesario evitar el maremágnum e ir en busca de la claridad, con el objetivo de mejorar la efectividad y la eficiencia, dos grandes componentes de la calidad. Los pacientes habrán de estar más satisfechos y los profesionales más contentos.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Tics del pensamiento fugitivo


Al hacer la presentación de los aforismos médicos, y con ello de los aforismos en general, como concreción de las paremias (dichos, sentencias, aforismos, máximas, apotegmas, refranes, adagios, proverbios…), ya os adelanté que a los de mi cosecha los denomino “Tics del pensamiento fugitivo”. Por una correlación de los movimientos musculares espontáneos (tics) con las chispas del intelecto, más o menos originales y encorsetadas, que surgieron espontáneas de este loco magín y que logré atrapar, antes de que se desvaneciesen sin dejar rastro. He vuelto a ellos después de mucho tiempo y he seleccionado los que me parecían mínimamente interesantes. Así que os presento la primera docena.

  • Un hombre animoso expande su corazón a los demás, un cobarde lo oculta en sombra huraña.
  • La arbitrariedad que vemos en derredor hace dudar de la propia sombra.
  • Me arredran ciertos hombres y me arroban ciertos logros humanos.
  • Me amedrentan más los hombres que las fieras, más las incisivas palabras que los afilados dientes y las grandes fauces.
  • En donde no se piensa hay un artero y del leal a menudo se recela.
  • No es bueno el albedrío si esgrime la injusta espada del capricho.
  • Dios nos libre de un hombre que anatemiza a otro y obra como si fuese un dios.
  • Debemos abrogar cuanto esclaviza y dejar que la mente alce su vuelo, libre en el espacio de los sueños.
  • Nos atrae lo arcano, aquello no visible, igual que nos atrae lo prohibido.
  • Un hombre adusto es poco grato, mas el desenfadado da empalago.
  • Un bigardo acomodado es indignante, pero un vago humilde es repugnante.
  • Ni radical ni carpetovetónico, que es mejor seguir el sabio consejo de no caminar por los extremos.

martes, 2 de marzo de 2010

Instrumentos musicales


Si dejamos a parte la voz humana, nuestro instrumento natural, el primer instrumento musical (“objeto compuesto por la combinación de uno o más sistemas resonantes y los medios para su vibración”, Wikipedia) propiamente considerado habrá sido alguno de percusión, quizás una clave primitiva, y el segundo una flauta, cuya presencia se ha podido constatar en todas las civilizaciones en alguna de sus variantes. Desde los primeros tiempos hasta nuestros días, multitud de instrumentos nos han llegado con mayor o menor éxito en su difusión o adopción por instrumentistas y grupos instrumentales.

Los instrumentos musicales constan al menos de un oscilador o vibrador y muchos de ellos también de un resonador. En la guitarra, las cuerdas son el elemento oscilador y la caja de resonancia el resonador; en ella el oscilador es activado por el dedo o por una púa (en el violín por un arco y en el piano por un martillo). Las castañuelas, por otro lado, sólo constan de elemento oscilador, generando sonido por sí mismas mediante el entrechoque.

¿Cómo se clasifican los instrumentos musicales? Simplemente, en tres grupos: a) de viento, b) de cuerda y c) de percusión. O atendiendo a sus propiedades físicas, en cinco categorías: 1) idiófonos, que vibran por sí mismos, como la campana, las claves o el xilófono; 2) membranófonos, de sonido generado por la vibración de una membrana, como el timbal, el tambor o el piano (éste de cuerda percutida); 3) aerófonos o instrumentos de viento, como la flauta, el clarinete o la trompeta; 4) cordófonos o instrumentos de cuerda, como la guitarra, el arpa o el violín; 5) electrófonos, de sonido generado por medios electrónicos, como el sintetizador.
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Enlaces interesantes:
Un vídeo ilustrativo de instrumentos musicales de cuerda, de viento y de percusión:

lunes, 1 de marzo de 2010

Federico Chopin: Bicentenario



Poseedor de una técnica revolucionaria y de un extraordinario refinamiento, Federico Chopin (1810-1849) llevó el lenguaje pianístico por caminos hasta entonces inexplorados, destacando en las pequeñas formas, con las que alcanzó una imperecedera grandeza. Con un diferente carácter da expresión, que va desde el sentimiento patriótico de las Polonesas hasta la etérea poesía de las Baladas, pasando por el "miniaturismo" delicioso de los Preludios, el lirismo soñador de los Nocturnos y la complejidad de los Estudios, Chopin dotaba de poesía todas las formas que construía.

Mas nunca la belleza de la idea musical debe impedirnos ver en su música una estrecha vinculación con el folklore polaco, como determinante del “polonismo” que rezuma toda la obra del inmenso compositor, quien, por otra parte, es de los que rebasan las simples etiquetas.

Nacido el 1 de marzo de 1810, hoy se celebra el bicentenario de su nacimiento, y para celebrarlo traigo una pieza que me llega de manera especial: el Scherzo nº 2, en una interpretación del joven pianista chino Yundi Li, el ganador más joven del Concurso Internacional de Piano Frédéric Chopin, con sólo 18 años (año 2000).