Estamos en tiempo de setas, pero también en tiempo de castañas. La castaña fue un alimento fundamental en otro tiempo, hasta que el descubrimiento de América aportó la patata –que la suplantó en la dieta básica–, consumido como fruto fresco o seco, e incluso molido como harina. Recolectarlas, extrayéndolas de sus espinosos erizos, puede ser muy trabajoso para los industriosos adultos y un disfrute para los desocupados chiquillos. Y el magosto es una fiesta tradicional de Galicia, celebrada entre 1 de noviembre (Todos los Santos) y el 11 de noviembre (San Martín); en la ciudad de Ourense se celebra en esta fecha, coincidiendo con su patrón, San Martiño.
En el magosto hay tres elementos implicados: la hoguera para asar los frutos, las castañas asadas y la reunión en torno a ellas. Lo principal, el fuego, con su carácter mágico; de ahí el probable origen del término: Magnus Ustus (gran fuego) o Magum Ustum (fuego mágico). El ritual es el siguiente: se prepara una lumbre con leña y, al apagarse y quedar las brasas, se coloca sobre ellas un cilindro metálico con agujeros en su base (tambor o tixolo) o una parrilla, donde se van asando las castañas (previamente cortadas en un extremo o “picadas” para que no salten o revienten con el calor), dándoles vueltas con una vara para que alcancen su punto, sin quemarse. Ya asadas, las castañas se pelan y se comen. ¡Ummm!
Tradicionalmente, la fiesta del magosto, en la que no faltaba el vino y otras viandas, se amenizaba con bailes y cantos populares, con juegos y con narraciones de cuentos. La gente del campo disfrutaba antaño con especial intensidad, se tiznaban el rostro con el hollín y brincaban sobre las brasas, ajenos a la tecnología y a la artificialidad hoy imperante. La tradición se mantiene, es cierto, pero encuadrada en otro ámbito de modernidad.
Las castañas tienen variadas aplicaciones gastronómicas. Además de asadas, a la manera tradicional del magosto o en el horno casero, pueden prepararse de otras formas: cocidas, en purés… o como sofisticado marrón glacé. Las he probado cocidas amenizando carne de cerdo; todo un descubrimiento.
Los colores del Otoño están aquí, y el pardo otoñal de las castañas no podía faltar. En las ciudades aún hay castañeras para recordárnoslo, algunas con un bonito horno en forma de antigua locomotora de vapor. Hoy mismo pasé por delante de una de ellas y no pude resistirme a adquirir un cucurucho de sabrosas castañas asadas. Mientras las degustaba, me llegaron lejanos olores de infancia, en medio de un bosque de castaños, vareando sus erizos y abriéndolos en el suelo con el borde de mis sufridos zapatos. ¡Qué ricas estaban…! ¡Y crudas!
Tempo do Magosto
La castanyera (la castañera), canción infantil catalana















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