miércoles, 18 de mayo de 2011

Programa electoral


Sabemos que sobran promesas electorales para no cumplir. Bastaría un programa que se resumiera en un firme propósito para acabar con los males de una Hispania diferente:

Nos esforzaremos en combatir la chapuza, la improvisación y la picaresca

Esto incluiría el rechazo al latrocinio, al nepotismo y a los privilegios. Y supondría seriedad, transparencia y rigor (disciplina). Aunque quizás convendría declarar explícitamente:

Procuraremos el bien común, el reconocimiento del esfuerzo y el progreso general

Sobrados de envidia, de aristofobia (odio a los mejores) y de andar a la greña entre partidos de diferente signo, tampoco estaría mal un anexo que recogiera:

Y habrá de movernos la honradez, la sinceridad y la cortesía

Quién sabe si el buen ejemplo de los políticos mejoraría la conciencia ciudadana, rebelándose contra el fraude, el absentismo laboral y el incivismo. Pero, ¡ay!, cuesta creer que desaparezcan de la noche a la mañana todos los humanos vicios socio-político-económicos: las prerrogativas de políticos y banqueros, la anulación sindical, la injusta justicia, la penalización del trabajo legítimo, la desigualdad de oportunidades, la negación de la libertad mientras se vocea la igualdad (¡ah, Cambalache!), la corrupción y la cultura del pelotazo. ¿Será posible cambiar el rumbo de la historia?

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