lunes, 28 de noviembre de 2011

Tics del pensamiento fugitivo 10


Atendiendo a lo dicho en la presentación de los tics del pensamiento fugitivo, os presento aquí la décima docena.

  • La autoestima no da la felicidad, pero no hay felicidad sin autoestima.
  • Aunque los animales sufran de ansiedad siempre será peor la humana, porque el hombre puede analizarla.
  • Para aliviar su temor, uno acude al adivino, al sacerdote, al abogado o al médico, aguardando que le digan lo que espera.
  • La empanada mental es el batiburrillo de la sesera.
  • El vacío de la flaqueza es lastre que hunde; así que aligerémonos con la entereza que eleva.
  • En el aprendizaje de la discreción se entromete el talante.
  • Debemos respetar siempre a la autoridad democrática, pero nunca doblegarnos sumisamente al poder político.
  • Deja la adulación cobarde y sírvete de la discrepancia amigable.
  • Al médico general podemos parangonarlo con el decatleta, que no se conforma con el limitado dominio de una sola especialidad.
  • Del absoluto desprecio a la admiración sin límite; tal es el oscilante sentir del hombre.
  • No hemos de temer tanto a quienes dirigen nuestra empresa como a los compañeros que quieren mandar en ella.
  • Con miras a la productividad laboral, el trabajo debiera ser goce y no castigo.

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