viernes, 2 de diciembre de 2011

Perplejidades del médico de atención primaria



Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. 
Y no estoy tan seguro de la primera
 Albert Einstein.

En la diaria actividad asistencial el médico de atención primaria –considerado de familia y que quisiera serlo de cabecera– sigue debatiéndose en una carrera de obstáculos que no hace más que complicar cada actuación profesional, impedir la deseada eficacia y aumentar el gasto por repetidas actuaciones condicionadas por la descoordinación y la incomunicación. Puede acabar más cansado que si hubiese corrido una maratón, con una inefable sensación de impotencia y desazón por no poder rechazar crecientes despropósitos e inutilidades…

Continúa la eterna incomunicación entre niveles asistenciales, lejos de considerarse de manera conjunta la atención al usuario de los servicios sanitarios.

Continúa la problemática en la prescripción de fármacos, con mantenimiento de trabas, catálogos mal definidos y penalizaciones que condicionan su utilización sensata.

Continúa la anormalidad en la emisión de partes de incapacidad temporal (baja laboral), desde su engorro a la más que dudosa procedencia de realizar algunos.

Continúa la cruz de los mil y un formularios, diferentes según su origen (municipal, provincial –diputación–, autonómico, nacional) y aun con variantes.

Continúa creciendo la demanda por cuestiones sociales y por búsqueda de subsidios a través de incapacidades.

Continúa aumentando la incidencia de trastornos emocionales y la petición de fármacos por tal motivo, en una sociedad cada vez más psiquiatrizada.

Continúa el desconcierto del médico de familia, sobre quien pivota todo, en un papel de portero del sistema y controlador económico. 

Y cuando pensaba que ya estaba curado de espanto, se encuentra con el mayor de los desconciertos: el médico de familia convertido en especialista hospitalario. Desdibujadas sus funciones, por encima se trastocan. Esto es como el profesor de educación física dando clases de música. No sé si el desconocimiento sanitario de nuestros mandatarios es supino o si estamos viviendo en un manicomio total, pero estoy por creer que lo mejor sería importar políticos sensatos, porque los que sufrimos no hacen más que engendrar crecientes perplejidades.
***
Después de esta meditación, me parece apropiado atemperarla con otra melódica. Y ninguna mejor que la “Méditation” de Thaïs, de Jules Massenet, con su emocionante solo de violín.

4 comentarios:

  1. ¡Cuánta razón tienes, querido José Manuel! ¿Qué nos quedará por ver y padecer? Aquí cualquiera opina, maneja, decide, quita y pone sin tener ni idea de lo que está haciendo y sin pararse a pensar ni importarle las consecuencias; es horrible la temeridad de la ignorancia.
    Moitos y perplejos bicos.

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  2. ¿¿¿Pero ese hombre sabe de qué está hablando???
    ¿¿¿Es hoy 28 de diciembre???
    ¡Dios!

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  3. Ya sabemos el dicho, querida Lola: "de fútbol y medicina, todo el mundo opina".
    Por eso es evidente, querido Francisco, que ni idea de qué va la cosa.

    Después de leer vuestros comentarios, he considerado apropiado añadir la bellísima meditación sonara que podéis comprobar.

    Meditativos saludos a los dos.

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  4. Muy de agradecer la bellísima interpretación de Janine Jansen que nos has dejado, amigo José Manuel. La "meditación" ayuda siempre en momentos como éste.

    ¡Feliz semana!

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