miércoles, 30 de noviembre de 2011

Del dicho al hecho sanitario


Una noticia triunfalista de junio de 2009 decía: Receta electrónica: España a la cabeza de Europa. Se recogían las alabanzas del director general de la Agencia de Calidad del SNS a la receta y a la historia clínica digital, quien entre otras cosas anunciaba:
“En cada comunidad se están aplicando sistemas para permitir que la información esté disponible en todo el territorio autonómico. Por otro lado, se está trabajando en un proyecto común para todo el Sistema Nacional de Salud, de manera que la información pueda circular en todo el país. La idea es poder hacer el despliegue definitivo en el año 2010”.
Dos años y medio después de la nueva, y pasado un año de la fecha tope prometida, continúan sin comunicarse los datos entre las 17 Comunidades Autónomas. Cada territorio sigue yendo por libre. Y es que ya lo decía mi abuelo: del dicho al hecho…

Fuente: fotolog

lunes, 28 de noviembre de 2011

Tics del pensamiento fugitivo 10


Atendiendo a lo dicho en la presentación de los tics del pensamiento fugitivo, os presento aquí la décima docena.

  • La autoestima no da la felicidad, pero no hay felicidad sin autoestima.
  • Aunque los animales sufran de ansiedad siempre será peor la humana, porque el hombre puede analizarla.
  • Para aliviar su temor, uno acude al adivino, al sacerdote, al abogado o al médico, aguardando que le digan lo que espera.
  • La empanada mental es el batiburrillo de la sesera.
  • El vacío de la flaqueza es lastre que hunde; así que aligerémonos con la entereza que eleva.
  • En el aprendizaje de la discreción se entromete el talante.
  • Debemos respetar siempre a la autoridad democrática, pero nunca doblegarnos sumisamente al poder político.
  • Deja la adulación cobarde y sírvete de la discrepancia amigable.
  • Al médico general podemos parangonarlo con el decatleta, que no se conforma con el limitado dominio de una sola especialidad.
  • Del absoluto desprecio a la admiración sin límite; tal es el oscilante sentir del hombre.
  • No hemos de temer tanto a quienes dirigen nuestra empresa como a los compañeros que quieren mandar en ella.
  • Con miras a la productividad laboral, el trabajo debiera ser goce y no castigo.

domingo, 27 de noviembre de 2011

El Mesías de Haendel, una obra indispensable


No hace mucho referimos aquí las obras escogidas por una parte de la crítica como “lo mejor de la música clásica”. Y de modo imperdonable, no aparecía ninguna de las muchas obras maestras del genial Georg Friedrich Haendel (1685-1759), primer compositor moderno en crear música para satisfacción del público en general, no sólo de nobles y mecenas. Entre ellas figura su maravilloso oratorio El Mesías, su composición más conocida, una pieza única, grandiosa, sublime, que trata del nacimiento, de la vida y la pasión de Jesús, así como de las secuelas tras la muerte de El Salvador. Es ciertamente una obra indispensable.

Dejemos que la música de Haendel, y en este caso la de su Mesías, hable por sí sola, con tres hermosos coros y en otras tantas concepciones interpretativas. Dejémonos arrobar por tan excelsas sonoridades.

For unto us a child is born

Hallelujah

Worthy is the Lamb

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Música y Literatura

Music and Literature, de William M. Harnett, 1878.

Si consideramos el binomio Música-Literatura, podemos comprobar la relación íntima y la influencia recíproca entre el arte literario y el arte sonoro. Hallamos un nexo claro entre la música y la poesía lírica, uno de los géneros literarios. Y aquí me apoyo en el texto de un artículo sobre el lied. En la Edad Media aparecieron las canciones trovadorescas, piezas monódicas de los poetas-músicos itinerantes, cuyas composiciones marcan el comienzo de la “canción culta”; pensemos en las canciones provenzales, baladas y otras piezas acompañadas del laúd, cuyos textos eran compuestos para ser cantados. Pero la canción culta, elaborada a partir de la popular o tradicional, no adquirió respetabilidad hasta el siglo XIX, cuando los grandes compositores románticos del ámbito germánico consiguieron situarla en paridad artística con el “aria” de la ópera y de la cantata religiosa, haciéndola pasar del menosprecio inicial al ensalzamiento definitivo. Era el nacimiento del lied, término alemán que significa canción y con el que, propiamente, nos referimos a la canción culta o de concierto; los compositores encuentran inspiración musical en textos poéticos ajenos que revisten melódicamente, aunque en ocasiones ostentan la autoría de letra y música. Por otra parte, cantores populares de nuestro tiempo también hallan el estro melódico en las letras poéticas.

Las novelas y los dramas han inspirado óperas e incluso composiciones sinfónicas (poemas sinfónicos y sinfonías). En relación inversa, la música ha sido fuente de inspiración para la creación literaria, especialmente de novelas. Si nos centramos en la narrativa, hay ejemplos de novelas y relatos en los que la música adquiere protagonismo. Son buenos ejemplos algunas obras de Thomas Mann (1875-1955), quien como melómano y buen conocedor de los músicos clásicos enriquece sus narraciones con referencias musicales, desde Los Buddenbrook, su primera novela, en la que el autor describe vivamente improvisadas composiciones al pianoforte, hasta su obras cumbre, La montaña mágica y Doctor Fautus, pasando por el cuento Sangre de Welsas, que hace referencia al “Anillo de los Nibelungos” de Richard Wagner (inspirado por su parte en fuentes literarias: “El cantar de los nibelungos” y sagas islandesas). Como ejemplo de las letras hispanas tenemos el relato El Perseguidor, de Julio Cortázar (1914-1984), basado en la vida de un músico de jazz, el saxofonista Charlie Parker.

No hablemos ya de ensayos musicales, en los que cualquier faceta relacionada con la música puede ser pretexto para construir ríos de palabras. Es lo que nosotros mismos hacemos -o al menos intentamos- al abrazar lo melódico, tratando de emular en lo posible el buen hacer de lúcidos musicólogos y musicógrafos.
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Como ejemplo sonoro, traigo la obertura de El sueño de una noche de verano (A Midsummer Night's Dream), de Felix Mendelssohn (1809-1847), que forma parte de la suite de música incidental inspirada en la obra homónima del dramaturgo William Shakespeare (1564-1616), la cual incluye la famosa "Marcha nupcial" de todos conocida. ¡Disfruten de lo musical y de lo literario!

Mendelssohn - Overture to Midsummer Night's Dream, with Adelaide Symphony Orchestra, 2009 from Sarah-Grace Williams on Vimeo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Una mala conciencia

En esta bendita tierra acostumbramos a descuidar o destruir la herencia natural y arquitectónica; arruinamos el ecosistema y derribamos vetustas edificaciones, a lo loco, sin pensar. Después, un arrepentimiento tardío nos hace sentir pecadores, tener una mala conciencia; y para redimirnos, en medio del pandemónium que hemos creado, nos inventamos símbolos conmemorativos. Aquí un monolito en recuerdo de una playa, allí una placa que evoca la antigua presencia de una construcción magistral. Despertar esta memoria histórica parece un acto de masoquismo.
 Pinocho y Pepito Grillo (su conciencia), por Walt Disney

El remordimiento devorador, histórico y común, me lleva a exponer algunos aforismos sobre la conciencia
  • Una buena conciencia no teme a ningún testigo. (L. Anneo Séneca)
  • Espantosa cosa es enseñar el mudo, guiar el ciego, saltar el contrahecho, pero más lo es decir buenas palabras y hacer malas obras. (D. Juan Manuel)
  • Dentro de mí hay otro hombre que está contra mí. (T. Browne)
  • La conciencia es, a la vez, testigo, fiscal y juez. (Refrán)
  • Haz tú lo que bien digo y no lo que mal hago. (F. de Rojas)
  • Vivir en contradicción con la razón propia es el estado moral más intolerable. (L. Tolstoi)
  • La conciencia es el mejor libro moral que tenemos. (B. Pascal)
  • El arrepentimiento es el remordimiento aceptado. (Mme. Swetchine)
  • Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a uno malo, examínate a ti mismo. (Confucio)
  • Más vale vergüenza en cara que mancilla en corazón. (Cervantes)
  • Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma. (Rabelais)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Reclamaciones en centros de salud


En las últimas semanas he comprobado un brote de reclamaciones en mi centro de salud que me ha llevado a examinar el por qué del descontento poblacional. Y en general compruebo que la mayoría de las quejas se deben a retrasos en la atención, no consecución de informes/certificados improcedentes, no obtención de bajas laborales injustificadas o insatisfacción por la atención o las explicaciones dadas (a veces entendida como “trato inadecuado”).

Indagando sobre estos últimos supuestos, llego a la conclusión de que mayormente son malas interpretaciones o excesiva susceptibilidad. Por otro lado, a nadie se le escapa que se han perdido las formas, que hay una deficiente educación cívica. Puede que influya el cambio estacional, la crispación social o la cultura de la queja (derechos sin deberes). Las reclamaciones son un derecho y su teórico objetivo es la consecución de mejoras asistenciales y organizativas, pero deberían estar bien fundadas, no efectuadas por caprichos o impulsos emocionales repentinos.

Cualquier miembro del centro de salud que es objeto de reclamación (personal médico, de enfermería, auxiliar o administrativo), se ve obligado a dar respuesta, sin que luego reciba la correspondiente resolución. Creo que la institución sanitaria no pone el necesario celo en este sentido; los servicios de atención al paciente actúan como oficinas de reclamaciones, las encauzan y supuestamente resuelven, pero sin comunicarle nada al trabajador reclamado –tenga o no la razón de su parte–, ni siquiera para reconocer que existe un problema organizativo externo o de planificación sanitaria del cual no es responsable. En esta situación, ¿quién no ha de sentirse ninguneado?


En una reflexión anterior sobre la violencia en los centros sanitarios escribí: “Ahora no se puede estar tranquilo con la más absoluta sumisión, ni con la más extrema complacencia. Por la mínima le ponen a uno una reclamación o una denuncia (se tienen dado reclamaciones por non acceder a informes improcedentes y rechazar la falsedad documental), por mucha profesionalidad y buena disposición para una relación cordial médico-usuario. De modo que finalizada la jornada, muchos marchan para casa con una carga emocional añadida, con un “trabajo extra” y desmoralizados. O de otro modo, quemados.”. Este pensamiento sigue afianzado en mí.

Evidentemente en pequeños centros de salud, que asisten a pequeñas poblaciones y con cupos cerrados, se minimizan riesgos y se reducen las manifestaciones de disconformidad; pero en grandes centros de ciudades, con cupos grandes y fluctuantes, con multiplicidad de actuaciones y frecuente asunción de usuarios de otros cupos (por ausencia de los titulares), es muy difícil librarse de quejas por escrito, sin que se dejen de tragar impertinencias verbales de muy diversa naturaleza. Hasta se imparten cursos con la finalidad de aprender estrategias para disminuir las reclamaciones.

Repito que reclamar es un derecho. Pero cuando veo la protesta se convierte en norma, siento la necesidad de proclamar el deseo de que impere la cordura. Pensemos que la sanidad es un servicio básico, no un bien de consumo. Y en el medio sanitario se entablan relaciones humanas (con todo lo que ellas entrañan: afectos, discrepancias, agradecimientos, reproches, conformidades, tensiones…), no se establecen diálogos entre máquinas insensibles.
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jueves, 17 de noviembre de 2011

Sobre las infecciones respiratorias altas

Fuente: Sociedad Canaria de Pediatría Extrahospitalaria


Sabido es que el motivo más frecuente de consulta en los centros de salud son las infecciones respiratorias altas, o de vías altas. Razón suficiente para enlazar un artículo que a su vez contiene enlaces con claves importantes: "¿Cual es el mejor tratamiento para la consulta más frecuente en A. Primaria?"  Y de paso, ahora que nos aproximamos a la época catarral, reproducir las recomendaciones del folleto informativo que en su momento edité como patrón. Los catarros precisan tiempo para su curación, por lo que nadie debiera desesperarse en el ínterin.



(pinchar para ampliar imagen)

Nota. La vacunación antigripal, siendo para la OMS la mejor medida preventiva, es en cambio desaconsejada -con argumentos- por algunos.
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Artículo académico de interés y Consejo anticatarral
Infecciones respiratorias
Cuidados del catarro

martes, 15 de noviembre de 2011

Paradoja gubernamental


Dos personas trabajadoras conversan:

¿Sabes, Juan, que el gobierno me da tres mil euros para comprar un coche?

Pues vaya injusticia, Camila.

¿Por qué lo dices?

Pues porque a mí por arreglar la dentadura no me dan nada... ¡Ah!, y ni siquiera me permiten desgravar por este necesario gasto de salud.

Y es que la disparatada Hispania nos va matando...


lunes, 14 de noviembre de 2011

Absolutización del poder

Fuente: Lumaxart en Flickr
En plena democracia hispana se ha tratado de “absolutizar” el poder; triste herencia del período franquista. Sería un poder absoluto disimulado, pues ya decía Maquiavelo que el poder es tal en cuanto pasa desapercibido. No hay separación de poderes y los ciudadanos no pueden elegir a sus representantes –gobernantes– en las Cortes, sólo ratificar por medio del voto a quienes los partidos políticos designan. Dijo alguien que aquí no hay democracia y que si no cambiamos el sistema constitucional nos hundiremos.

La evolución histórica de Hispania ha sido cíclica. Fases de centralismo dieron paso a explosiones nacionalistas centrífugas: represión centralista----fase centrífuga nacionalista-separatista----centralismo, y así sucesivamente. Ya el Califato de Córdoba dio paso a los Reinos de Taifas. Y Franco pudo mantener su dictadura centralista por cuatro cuestiones fundamentales: hábil manejo de los militares, hábil control de la Iglesia, hábil control de la prensa y por saber dar a entender que sin la dictadura sólo cabía como alternativa el comunismo.

Tras la última represión centralista, se ha efectuado un cambio sin ruptura, sin dejar fuera los vicios de la estructura previa. Parece que los partidos tratan de adoptar ciertas “habilidades” antidemocráticas, en especial el control de los medios de comunicación. Porque la propaganda política es el mejor medio para mantener el poder omnímodo. ¡Una desgracia! Habría que superar esta inconveniencia para sentir orgullo de pertenecer a una comunidad y no caer en una crónica desmoralización.

Veo correr tras el poder y me digo: ¡Urge democratizar el poder!


(Reflexión de noviembre de 1997)

viernes, 11 de noviembre de 2011

Los sonidos del viento


El sonido del viento al pasar entre las montañas es algo estremecedor. Hace que uno se sienta empequeñecido y frágil ante el poder de la Naturaleza que simboliza Eolo. No es el sonido que hace vibrar las ramas y las hojas de los árboles, como el de la flauta o el violín. Es como la voz grave del aire soplado en una inmensa vasija de barro. Música de otra dimensión, una sinfonía interpretada por gigantescos instrumentos, por descomunales contrabajos y tubas. A nivel humano, los instrumentos de viento (aerófonos) producen sonidos por la vibración de la columna de aire que el instrumentista inyecta soplando en su interior. Estos instrumentos artificiales producen sonidos, artísticos. Los naturales son impredecibles, incontrolables y sorprendentes. Y entre los sonidos naturales sobresale la música del viento.

Veamos por qué el viento provoca sonidos: AQUÍ.

Escuchemos los sonidos del viento: AQUÍ.

Disfrutemos con el espectáculo de los sonidos del viento (espectáculo): AQUÍ.

Y escuchemos al músico Paul Winter, compositor e instrumentista de saxofón, que en sus grabaciones incluye música de la Naturaleza o la imita. En este vídeo emula el aullido del lobo, que a mí me evoca el sonido del viento.

martes, 8 de noviembre de 2011

Alexander Borodin, representante médico-melódico


El compositor ruso Alexander Borodin (1833-1887) es en verdad un genuino representante médico-melódico, a quien mi admirado y querido Dr. Francisco Doña ya le dedicó un deleitoso artículo. Y como nos recordó en su momento el añorado elcuervolopez en una reseña sinfónica, este hijo ilegítimo de un príncipe georgiano, que recibió el apellido de un criado y una esmerada educación, nunca asumió su propio talento musical, pese a comenzar su relación con el arte de los sonidos a muy corta edad. Fue en definitiva un científico oficial –químico y médico– entregado y un compositor ocasional, aunque talentoso, que determinó formar el famoso “Grupo de los Cinco” (liderado por Mili Balákirev y completado con César Cui, Modest Músorgski y Nikolái Rimski-Kórsakov), cuyos miembros se propusieron la creación de una música auténticamente rusa, inspirada en el folklore propio y pionera en la adopción de un credo musical nacionalista.

De modo que Borodin hubo de compaginar la profesión de químico con la de músico, lo que explica su escasa producción melódica; podríamos denominarlo como compositor “de domingos”, por disponer solamente de fines de semana y vacaciones para este cometido. Pero también hay otra razón añadida: su afán perfeccionista. Al parecer era un hombre paciente, tranquilo, afable, modesto y generoso, además de un trabajador infatigable y un docente con miras de futuro, impulsor de una Escuela de Medicina para mujeres. Su estancia en Heildenberg, Alemania, tras acabar su formación médico-quirúrgica en San Petersburgo, es una muestra de su espíritu de hombre de ciencia. Fue un científico profesional relevante y un compositor magnífico, todavía recordado en Rusia tanto por su faceta de investigación química y médica como por la musical.

Sus admiradores, como el crítico Lucien Rebatet, se lamentan de que su filantropía y su vida bohemia no le permitieran una mayor explotación de sus facultades compositivas. Aún así se resalta su atracción por la música "pura", más que sus compañeros de grupo propensos a la música descriptiva. Es asombrosa su capacidad melódica, con la creación de pasajes de sublime belleza, y admirable su dominio técnico. La combinación de maestría y de una sonoridad “oriental”, exótica, aprendida de la música folklórica da Rusia asiática que tanto admiraba, le proporciona a sus composiciones un peculiar encanto. ¡Lástima que muriese a edad temprana! Le quedaba mucho por decir en los campos de la ciencia y de la música.
En su escasa producción, la obra capital es El príncipe Igor, ópera en la que se incluyen las famosísimas “Danzas polovtsianas”, página de extraordinario colorismo y fuerza. Trata de un episodio anterior a la formación del imperio ruso pero tiene un notable carácter patriótico. Borodin la dejó inconclusa (al igual que la Tercera Sinfonía), y fueron Rimsky-Korsakov y Alexander Glazunov quienes la completaron. No me resisto a dejar fuera de mi particular espacio estas energéticas y coloristas danzas, ni la vivificante Segunda sinfonía (apreciada por Franz Liszt –con quien tuvo relación y de quien este año celebramos el bicentenario de su nacimiento– y favorita sinfonía rusa de Claude Debussy), ni el poema sinfónico En las Estepas del Asia Central, ni el Cuarteto Nº 2 (una de las obras musicales que me llevaría a una isla desierta; no sólo el famosísimo “Nocturno” de su tercer movimiento). Las borodinianas sonoridades son sinónimo de magia melódica.

En las estepas del Asia Central


Sinfonía Nº 2, I Mov


“Nocturno” del Cuarteto Nº 2


“Danzas polovtsianas” de El Príncipe Igor

sábado, 5 de noviembre de 2011

La enseñanza deseable


Dice una docente que las voces de los padres son silenciadas, no silenciosas. Y que si de verdad existiese una participación de las familias en los centros, entendida como toma de decisiones conjunta con el profesorado, se mejoraría la enseñanza. Porque se reconoce que el nivel que alcanzan los alumnos es bajo y el de su fracaso alto. ¿Motivos? El profesor ha perdido autoridad, quizás también capacidad. El alumno no obedece, no se entrega, está desorientado. Es el reflejo de una sociedad sin norte… La dificultad educativa no es un problema de ahora mismo, viene de atrás. Ya hace mucho, dijo el escritor y profesor Gonzalo Torrente Ballester: la enseñanza se ha puesto muy complicada, y uno ya no sabía ni qué enseñar, ni cómo enseñar, ni a quién enseñar.


Ya hemos hecho en este espacio una reflexión sobre la reforma educativa. También hemos realizado una insólita comparativa entre enseñanza y atención sanitaria. Pero no soy quien para dictaminar soluciones educativas; me detengo en lo obvio: necesidad de buenas condiciones y buenos maestros. Y si bien no comulgo con el riguroso refrán de la ilustración de arriba (prefiero la amorosa visión de Marañón: "solo se aprende de verdad lo que se enseña con amor"), permitidme recordar unos dichos estupendos sobre la educación y la enseñanza.
  • El más importante y principal negocio público es la buena educación de la juventud. (Platón)
  • Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres. (Pitágoras)
  • El verdadero huérfano es el que no ha recibido educación. (Prov. turco)
  • Si quieres que tus hijos lleven una vida tranquila y segura, edúcalos con un poco de hambre y un poco de frío. (Prov. chino)
  • Para enseñar a los demás, primero has de enderezarte a ti mismo. (Buda)
  • No maltratéis a los jóvenes; enseñadles con ejemplos complacientes. (D. Juan Manuel)
  • Procuremos agradar e instruir, nunca asombrar. (Ramón y Cajal)
  • Enseñar es aprender dos veces. (J. Joubert)
  • Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más. (Prov. hindú)
  • La educación es algo admirable, sin embargo, es bueno recordar, que nada que valga la pena se puede enseñar. (O. Wilde)
  • La tarea del educador moderno no es podar las selvas, sino regar los desiertos. (C. Staples Lewis)
  • Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender. (A. Graf)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Un sanitario clamor

Pegado a la pantalla del ordenador, el médico general (de familia, si lo preferís), que en otro tiempo lo fue de cabecera, harto de que su consulta siga siendo una carrera de obstáculos, repite una y otra vez una plegaria, deseoso de cambiar una actividad que más y más lo martiriza, no como lamento, sino como protesta bien fundada, esperanzado en lograr una respuesta sensata a su continua súplica…

El grito, de Edvard Munch

Por qué he de perder todo este tiempo en estúpidas tareas de oficina. Por qué ningún dirigente sanitario se da cuenta de que es absurdo tenerme atado a una silla, escribiendo y tecleando como una máquina sin cerebro. Informes, formularios, certificados, partes desquiciantes (los judiciales actuales no hay por dónde cogerlos). Un día tras otro, un año tras otro, la misma rigidez carcelaria. ¡Pudiendo comunicar de la mejor manera, realizar exploraciones físicas correctas, practicar exploraciones complementarias, aplicar técnicas quirúrgicas ambulatorias! Esto es repugnante, desmoralizador y deprimente.

Por qué todas las cuestiones no médicas me llegan a mí, como si fuese mi misión resolver los problemas sociales, laborales, familiares, municipales, de tránsito, de inmigración, estéticos, religiosos, morales… hasta el infinito. Por qué se mantiene un sistema tan poco eficaz, consumido en actuaciones repetidas y generador de conflictos. Hay que estar ciego para no advertir sus rémoras; o quizás los responsables no las quieran ver por mantenerse en la cómoda indiferencia. A mí me duele el inmovilismo sanitario, la inoperancia política y el desinterés por la mejora organizativa.

Por qué he de seguir sufriendo este castigo neuronal, flagelado por la estulticia y herido por la incompetencia. A menudo siento sudores, contracciones musculares, punzadas en las sienes… y el pensamiento se me acaba yendo. Me olvido hasta de los rudimentos de la medicina, confuso en este burocrático, desordenado e hiperfrecuentado manigual; cada vez son más frecuentes mis bloqueos y tengo la seguridad de que esta tortura institucionalizada favorece la demencia precoz. Alguien tiene que poner orden aquí; no se puede perpetuar esta situación disparatada.

Por qué recibo órdenes de todas partes. Me dicen que debo hacer esto, y lo otro, y lo de más allá, sin contar nunca con mi opinión. Soy un licenciado, tengo la suficiente inteligencia y capacidad crítica para rechazar lo improcedente, pero me tratan como un idiota. Y lo peor es que llego a creer que lo soy, cuando los compañeros me espetan miradas de reprobación. “Estás equivocado, la organización es perfecta, los mandos son ideales...”, parecen escuchar mis asombrados oídos. Ya no sé qué pensar; supongo que soy un inadaptado, incapaz de ir con los tiempos de la prisa, de la ansiedad y del desconcierto (bueno, siempre se ha premiado al obediente y castigado al disidente).

Por qué no cesan las malas nuevas. Ahora me penalizan económicamente por prescribir fármacos autorizados y financiados. Es absurdo. Me recortarán los ingresos aunque no sea yo quien prescriba, por el mero hecho de introducir en el programa informático lo que decide cualquier especialista. Bueno, yo también lo soy; de atención primaria, claro. O quiero creer que lo soy, porque dudo tanto, tanto, que me veo degradado a lo más ínfimo en un medio donde se propugna la igualdad. ¿Igualdad? Me da la risa. Si soy un soldado raso, mandado por cabos administrativos, por sargentos auxiliares, por la capitanía informática, por la comandancia gerencial y por el generalato central.

¡Oh!, pero esto es sólo una confesión íntima, no debe ir más allá, no debe ser escuchada por oídos censores; podría ser víctima de represalias… ¿Qué estoy diciendo? Si poseo un espíritu valiente. ¡Alguien tiene que poner orden! Lo vuelvo a decir… y, a mi pesar, acabo resignado, dolorosamente resignado.

Y a pesar de todo, el galeno desencantado reconoce que hay otras cosas que compensan, que la vida es bella y que para alegrarse nada mejor que el son…

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