viernes, 17 de agosto de 2012

Sin ilusión, no hay producción


Un músico,  ya sea instrumentista, cantante o director de orquesta, no ilusionado con lo que hace, no habrá de llegar al público que escucha. Podrá ejecutar movimientos técnicos muy precisos, alcanzar las notas exactas o mover los brazos con destreza para que sus órdenes sean ejecutadas, pero faltará ese pulso capaz de atraer y emocionar.

Del mismo modo, un profesional de la Medicina que ha perdido la ilusión por su trabajo no habrá de ser eficaz ni eficiente. Podrá seguir protocolos al pie de la letra, alcanzar diagnósticos correctos o aplicar tratamientos aceptables, pero faltará la calidez necesaria para persuadir y satisfacer a los usuarios, y además el tino preciso para evitar el despilfarro. Se resentirá la calidad.

En el día a día, compruebo grandes carencias en la comunicación, repeticiones analíticas vanas e indicaciones de exploraciones complementarias improcedentes que, más que por actitud connatural o excesivo celo, tengo casi la certeza de que se deben a la desmotivación, a la desgana, a la frustración profesional, a la pérdida de la ilusión. Esto induce a errores, provoca daños y genera gasto innecesario.

No estamos en el mejor momento, son malos tiempos para muchas cosas y, sin duda, también para el ejercicio de la Medicina. Hay recortes presupuestarios, sí, recortes salariales y de derechos laborales. Pero lo peor es el gigantesco recorte espiritual que nos está llevando al hundimiento moral. Los (malos) dirigentes se empeñan, conminando y degradando, en seguir favoreciendo el progresivo desgaste de sus recursos humanos.

La ética profesional obliga a mantener el tipo y a cumplir con el deber. Se han de acatar los principios de la ética médica, desde el primum non nocere al de igualdad, pasando por los de beneficencia y autonomía. Se ha de respetar el juramento hipocrático y las demás normas del código deontológico. Pero no se le pueden pedir peras al olmo. Penalizando por trabajar e imponiendo criterios disparatados, no se pueden exigir actitudes heroicas.

Una vida de héroe (Ein Heldenleben), de Richard Strauss
Parte 4: El campo de batalla del héroe (Des Helden Walstatt)

6 comentarios:

  1. Tranquilo, Pepe, que, al paso que vamos, nuestros dirigentes llevan camino de conseguir una gran proeza: convertir al país en una enorme orquesta de autómatas desilusionados. Dentro de diez mil años, cuando nos desentierren, vamos a causar la misma sensación que los guerreros de Shaanxi, pero elevada a la décima.

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    1. Ya han logrado en gran parte automatizar al personal, lo cual supone un gran logro para el caciquismo manipulador. Estando todos idiotizados, convertidos en marionetas, no hay impedimento para manejarnos absolutamente.La cacicocracia se impone, Pablo, y ésta es su finalidad.

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  2. Parece que ahora vivimos tiempos de supervivencia, lo malo es que los médicos hace tiempo que estamos siendo carne de cañón de los politicos.
    Desde luego a veces, dadas las circunstancias profesionales que nos toca lidiar, no es facil mantener la motivación profesional, aunque esto tiene y debe cambiar.
    Este otoño tal vez se puedan ver cambios "activos" esperanzadores.

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    1. Yo creo, amigo Juan, que vivimos tiempos de resignación y de indiferencia. En cierto modo, estamos establecidos en un conformismo que, positivamente, nos ampara del sufrimiento, pero que nos impide pugnar por la mejora profesional. A ver si, como dices, este otoño, con la caída de las hojas, se obra algún milagro.

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  3. Sí, la palabra ilusión ha devenido en el adjetivo "iluso", poseedor de connotación peyorativa, e igual con "idealista", que se emplea con ribetes de franco sarcasmo. Tiempos los nuestros, amigo José Manuel. Un abrazo.

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    1. Así es, querido Lizardo. Mas necesitamos mantenernos ilusionados, o al menos despegar en algún momento los pies de la tierra, para no desfallecer y abatirnos ante la agria realidad, aun a riesgo de que nos tilden de tondos o ingenuos.
      Un ilusionado abrazo.

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