lunes, 17 de septiembre de 2012

De la ciencia médica a lo inexplicable


Durante mi ya largo ejercicio de la medicina, he tenido muchos momentos en los que he dudado si estaba desarrollando una práctica de ciencia-arte médica o, por el contrario, algo sobrenatural rayano con lo mágico. Circunstancias o situaciones en las que uno no se explica lo que pasa o por qué sucede algo; acontecimientos que van más allá de lo terreno, sorprendentes o que algunos podrían estimar de índole extraordinaria o mágica. En lo personal, podría traer ejemplos difíciles de concretar en pocas líneas, envueltos en un inefable halo misterioso. Ahora me conformaré con varios ejemplos menos escabrosos y más sencillos de exponer.


Un paciente lejano me aseguraba que la Aspirina (ácido acetilsalicílico) le aliviaba muy poco, pero en cambio el Calmante Vitaminado® (ácido acetilsalicílico, cafeína y Vitamina B1) lo dejaba en la gloria; sería por la cafeína, pensaba yo, lo mismo que tomar Aspirina con un cafelito.

Más recientemente sucede algo parecido con una marca de Arginato de ibuprofeno, es decir Ibuprofeno (antiinflamatorio de uso frecuente) con Arginina (aminoácido), una formulación teóricamente más rápida y potente que el antiinflamatorio solo, que muchos dicen que les va mejor que la misma de otros laboratorios; siendo bioquivalentes, me digo que pasaría si en el envase mágico introdujésemos el contenido de otro similar, por aquello del efecto de la sugestión.  

Antes de la época de la disfunción eréctil, cuando sin eufemismos se hablaba de impotencia, vino un septuagenario demandando ayuda, en un momento en el que sólo tenía conocimiento de un fármaco con nombre comercial inequívoco: Potenciator® en ampollas bebibles, marca que en la actualidad contiene Arginina, curiosamente, pero que entonces creo que llevaba Carnitina (amina cuaternaria); sea como fuere, el caso es que el hombre volvió a los pocos días a por más, muy contento por su efecto vigorizante.  

También hace mucho, trabajando en el medio rural, me hallaba en el domicilio de un paciente aquejado de fuerte dolor lumbar, y mientras le inyectaba por vía intramuscular una ampolla de una conocidísima marca de Metamizol (pirazolona conocida antes como Dipirona), me decía que ya le estaba aliviando; al ir presionando el émbolo de la jeringa para vaciar su contenido en el glúteo del doliente y asegurar éste que la lumbalgia desaparecía, mucho antes del tiempo esperado en razón de la farmacocinética, comprendí el “poder terapéutico” de la palabra.

De un tiempo más reciente, podría recordar el caso de una religiosa que logró levantarse de la cama y caminar, tras un largo periodo de encamamiento, a una delicada orden que salió de mis labios de galeno; interpreté el hecho como un efecto psitoterápico fulminante, más drástico que el anterior, pero la verdad es que no tengo elementos para refutar lo milagroso.

Lo cierto es que a veces se funde la magia con la ciencia, lo sobrenatural con lo terrenal, como si la química y la física se misturasen con la alquimia y la brujería…

El aprendiz de brujo
música de Paul Dukas, película Fantasía de Walt Disney


2 comentarios:

  1. Impresionantes vivencias, amigo mío, y es que el trato interpersonal con nuestros pacientes lo hemos descuidado mucho, pero tu práctica te permite no sólo esta cercanía sino que tu perspicacia te facilita que captes estos sucesos sin perder la capacidad de asombro ante la riqueza de lo humano. Gracias por compartir esta entrada. Un abrazo.

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    1. Ya sabes, querido Lizardo, que hay vivencias que se anclan con firmeza en los fondos de la memoria. Así que no hay más que sacarlas a la superficie, contemplarlas de nuevo con estupor y, en la distancia, esbozar una sonrisa de indulgencia.
      Un mágico abrazo.

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