miércoles, 3 de octubre de 2012

Las limitaciones de la Medicina


La vida es un aprendizaje de renunciamiento progresivo, de continua limitación de nuestras pretensiones, de nuestras esperanzas, de nuestra fuerza, de nuestra libertad. Henry F. Amiel

Desde las prácticas curativas primitivas basadas en el empirismo, la posterior entrada a la ciencia médica y todo el desarrollo del conocimiento médico hasta nuestros días (“A través de la Historia de la Medicina”: 1, 2), se han producido nuevos descubrimientos que, a pesar de los logros diagnósticos y terapéuticos, nos llevan a admitir la sentencia de Goethe: “con el conocimiento se acrecientan las dudas”. Mucho sabemos… y poco sabemos.

Por supuesto que ha habido grandísimos avances, aciertos en el alivio del sufrimiento humano, pero también más y más retos a los que enfrentarse, un número creciente de falsas expectativas (interesadamente fomentadas), especialmente en el caso de enfermedades degenerativas, y más decepciones. Las investigaciones llevan al diagnóstico de nuevos síndromes y nuevas enfermedades, muchas encuadradas en las denominadas “enfermedades raras”, que se etiquetan sin atinar con tratamientos curativos.


Entonces se impone una reflexión general sobre las limitaciones de la Medicina, apoyándonos en las reiteradas “4H” de Osler: humildad, honestidad, humanidad y humor.

Humildad, por diversos motivos. Primero, porque somos mortales y hemos de acatar nuestra condición perecedera. Segundo, porque los médicos no somos infalibles, ni mucho menos todopoderosos; somos defectuosamente humanos. Tercero, porque los pacientes son individuos únicos, que padecen y sienten de manera diferente (“no hay enfermedades, sino enfermos”), y considerar sus partes orgánicas de manera separada es algo erróneo. Cuarto, porque no hay verdades absolutas y puede haber alternativas a la ciencia médica oficial.

Honestidad, porque nuestros preceptos éticos nos obligan a ser honestos, a obrar en conciencia, con rectitud, con justicia, procurando no dañar, actuando en beneficio del paciente y evitando discriminar por cualquier motivo. No es honesto infundir temores que convierten sanos en enfermos. Ni que decir tiene que la Medicina establecida como negocio es totalmente deshonesta.

Humanidad, por respeto a los seres humanos que padecen, que sufren los efectos de la enfermedad, mostrando sensibilidad, compasión y bondad. Consideremos los fines de la Medicina: en ocasiones curar, a menudo aliviar y siempre consolar. Por lo tanto, esta virtud se convierte en obligación.

Humor, porque forma parte de la terapia médica y es bueno también para el propio terapeuta. Contribuye a la mejora de la relación médico-paciente, quitando tensiones, relajando el ambiente, descargando negatividades, afianzando la conexión de las conciencias. Contribuye asimismo al cumplimiento terapéutico al aumentar la confianza del doliente.

Sí, amigos, la Medicina tiene sus limitaciones, pero muchas veces somos nosotros los que imponemos más de las que vienen condicionadas por la incapacidad humana. Por ello conviene apelar a la modestia, adoptar una actitud sincera, mostrar una disposición compresiva y procurar un talante favorable, con el fin de romper las barreras que dificultan la comunicación. Así que...

So What

2 comentarios:

  1. Y es que la medicina sólo "cura" algunas infecciones y algunas patologías quirúrgicas hasta ahora, como nos encargamos de recordar a los estudiantes cotidianamente, amigo José Manuel, pero el relumbrón de chafalonía aturde usualmente y se sobrevalora la tecnología médica en desmedro de la misma Medicina. Grandes esas cuatro H de Osler, gracias por recordárnoslo. Un abrazo.

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    1. Una atinada concreción, amigo mío. Esperemos que el relumbrón no nos ciegue y que sigamos siendo conscientes de nuestra humana limitación.
      Saludos cordiales.

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