sábado, 15 de diciembre de 2012

Sobre la Economía de la Salud

Fuente

Podemos definir la economía de la salud como la rama de la economía aplicada a los procesos de salud-enfermedad, entendiendo la economía (del gr. Oikos, casa, y nemo, administrar: “administración de la casa”) como la ciencia social que estudia los procedimientos productivos y de intercambio, y que analiza el consumo de bienes (productos) y servicios. Es la definición más sucinta y clara que he encontrado. De otro modo, es la ciencia económica que tiene por objeto el uso óptimo de los recursos para la atención de la enfermedad y la promoción de la salud. Su cometido es estimar la eficiencia de los servicios de salud y sugerir formas de mejorar su organización.

La economía de la salud, que  englobamos en las Humanidades Médicas, aplica la teoría económica a los fenómenos y problemas asociados con la salud. Describe los estados de salud y enfermedad en el marco económico, usando las herramientas propias de la economía, y teniendo en cuenta las consecuencias económicas que se pueden derivar. Hemos de significar que no sólo las enfermedades tienen un coste, sino también las medidas empleadas para la promoción de la salud. Como con la economía en general, se hace diferenciación entre macroeconomía y microeconomía de la salud.

Mediante la economía de la salud se puede estimar la eficiencia organizativa de los servicios de salud y sugerir mejoras. Esta ciencia humanística maneja conceptos económicos, como productividad o coste-efectividad, y analiza diferentes situaciones, como la demanda asistencial, los seguros, la financiación, la remuneración del personal o la equidad, dentro de planteamientos particulares y del sistema de salud (gestión económica de hospitales privados y de centros sanitarios públicos), sin excluir análisis comparativos de los diferentes sistemas.

Un importante apartado de la economía de la salud es la farmacoeconomía. La economía aplicada al consumo de fármacos tiene una indudable relevancia. Dicho consumo deriva de la prescripción médica y conlleva el lógico gasto farmacéutico. Una preocupación en los últimos tiempos para políticos y gestores de la sanidad, que ha llevado a varios recortes en la financiación de medicamentos, a través de tres planteamientos clave: 1) ¿qué enfermedades se tratan?, 2) ¿cómo se tratan?, y 3) ¿cuál es la mejor forma de tratamiento?

Pero en economía de la salud, los resultados económicos no pueden desligarse de los clínicos y humanísticos. Es comprensible el objetivo de tratamiento al menor coste posible (efectividad), limitando el número de intervenciones (pruebas diagnósticas y aplicaciones terapéuticas) y el consumo de recursos materiales, estableciendo prioridades. Sin embargo, ha de procurarse también el mejor resultado (eficacia). La consecución de eficiencia y eficacia sería entonces el ideal. Finalmente, los resultados humanísticos obligan a diferenciar cada paciente (“no hay enfermedades, sino enfermos”), considerando su esfera psíquica y tomando en consideración la calidad de vida obtenida con intervenciones y tratamientos, procurando no provocar más daño que beneficio (prevención cuaternaria: “primum non nocere”).

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada