miércoles, 9 de enero de 2013

Uso de medicamentos, entre evidencias y modas

Fuente

Sobre medicamentos de prescripción muy frecuentemente usados, y en particular a cuatro apartados terapéuticos (AINES, IBPs, Ansiolíticos y Analgésicos opiáceos), se suscitan los siguientes comentarios.

1. ANTIINFLAMATORIOS NO ESTEROIDEOS (AINES). Indicados para el alivio del dolor con componente inflamatorio, reumático y de otro tipo, el uso de AINES (Ibuprofeno, Diclofenaco y otros) es manifiestamente abusivo en nuestro medio. No están exentos de complicaciones, y no sólo gastrointestinales, tan frecuentes; también renales y cardiovasculares, siendo reseñable la hipertensión arterial. Si sus beneficios no son discutibles cuando se emplean en tandas cortas, su uso continuo hará aumentar el riesgo de complicaciones. Por ello, convendría alternarlos con otras medidas para combatir el dolor (físicas y de relajación) y/o analgésicos simples.

2. ANTIULCEROSOS, en particular INHIBIDORES DE LA BOMBA DE PROTONES (IBP). Indicados para la enfermedad ácido péptica (úlcera péptica) pero usados más frecuentemente como “protectores de estómago” y por ello tan ligados a los AINES, los IBP, cuyo primer representante es el Omeprazol, no son “protectores” de cualquier medicamento, como mucha gente cree. Además, su uso se ha asociado a reducción de la efectividad de los antitrombóticos, mayor riesgo de sufrir infecciones de origen bacteriano e incremento de fracturas en mujeres postmenopáusicas. Por lo tanto, hemos de ser prudentes con los IBP y emplearlos cuando corresponde: en caso de riesgo de riesgo de gastropatía por AINES y en la enfermedad ulcerosa péptica.

3. ANSIOLÍTICOS, y particularmente BENZODIACEPINAS. Son los psicofármacos más usados, junto a los ANDIDEPRESIVOS, para los trastornos de ansiedad. El uso de ansiolíticos ha crecido enormemente en los últimos años, al emplearse en trastornos de adaptación leves para los que no están indicados, que sólo precisan de un mínimo apoyo psicológico. Tienen su riesgo: disminución de reflejos, embotamiento mental, somnolencia… incluso dependencia y probable demencia en tercera edad, que pueden acarrear malas consecuencias, desde caídas en ancianos por pérdida del equilibrio hasta accidentes de tráfico por pérdida de la concentración, pasando por agravación de procesos respiratorios en asmáticos y bronquíticos crónicos. De ahí la necesaria precaución en el consumo de estos  fármacos.

4.  ANALGÉSICOS, y particularmente OPIÁCEOS. Están indicados para aliviar el dolor, agudo y crónico, de diferente graduación (leve, moderado y grave). Los más potentes analgésicos opioides (morfina y derivados) estarían justificados en el dolor grave (especialmente oncológico), equivalente al nivel 3 de la Escala Analgésica de la OMS, y sin embargo comprobamos habitualmente su uso inadecuado, por defecto o por exceso. Con indicación preferente en el “dolor oncológico”, asistimos muchas veces a su empleo más allá de las teóricas indicaciones; suelen ser prescripciones de las Unidades del Dolor, que en estos casos reciben la cruda crítica de “matar moscas a cañonazos”.

2 comentarios:

  1. Alguna vez un estudiante nos dijo, sorprendido, que los psiquiatras recetábamos benzodiazepinas como si fuesen caramelos, y es claro que los prescriptores somos los primeros llamados a reflexionar sobre la liberalidad con que indicamos determinados fármacos...
    Gracias por recordárnoslo, amigo José Manuel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te agradezco especialmente este comentario, amigo Lizardo. Es importantísimo minimizar la iatrogenia farmacológica.
      Saludos cordiales.

      Eliminar