miércoles, 6 de febrero de 2013

Propuestas para el buen uso de las urgencias

El buen samaritano
“Mucho han cambiado las cosas desde que aquel buen samaritano socorriese al judío apaleado que encontró en su camino, le vendara las heridas, lo subiera en su burro y lo llevara a una posada cercana donde poder atenderlo mejor (San Lucas. Parábola del buen samaritano). Entre aquel sencillo acto, que muchos consideran el relato de la primera prestación de ayuda extrahospitalaria urgente recogida en la literatura, y la compleja respuesta que a día de hoy se da a la necesidad de asistencia sanitaria urgente, media un abismo.” Óscar Miró.

La masificación de las urgencias hospitalarias parece un hecho establecido desde el inicio de la década de 1980. En las urgencias extrahospitalarias tampoco creo que se haya llegado a un uso racional, al contemplarse como un medio para obtener una rápida respuesta, aunque no sea adecuada. Se ha debatido mucho sobre sus causas y se han planteado soluciones, pero no se han obtenido mejoras significativas, quizás por no haberse aplicado. Se ha argumentado que la masificación de los Servicio de Urgencias Hospitalarias (SUH) se debe a deficiencias en la Atención Primaria (AP), en la Atención Especializada (AE) y en la coordinación entre ambos niveles asistenciales. Es cierto que la AP es poco resolutiva, por estar ahogada en tareas no médicas, que en AE hay tiempos de demora para consulta inadmisibles y que nunca se ha logrado la integración asistencial. Pero también es verdad que las urgencias son utilizados de manera espontánea como vía de consulta rápida de problemas menores, por usuarios que acaban perjudicando a otros que presentan patologías graves.

Las propuestas de soluciones se han abordado desde cuatro perspectivas por Peiró S y cols. (1999):
  1. Intervenciones sobre los factores de la demanda, como la educación sanitaria. Escaso  éxito, excepto si la intervención se hace sobre grupos seleccionados, como “grandes frecuentadores”.
  2. Mejora de la accesibilidad a la atención primaria. No reduce la utilización de los SUH e incrementan la utilización de los servicios de AP.
  3. Intervenciones barrera como el copago. Solo reducen la utilización en casos leves y no existe evidencia sobre la seguridad de estas políticas
  4. Clasificación de los pacientes y rechazo de los no urgentes. No hay evidencia de seguridad. La realización de cribado seguida por atención de médicos de AP o derivación a “salas rápidas” a pacientes no graves,  parece mostrarse adecuada.  
En definitiva, sería el abordaje de cuatro cuestiones, con reservas: educativa, de acceso, penalizadora y racionalizadora. Creo que no hay que obviar otras dos cuestiones: organizativa e informativa. De modo que las claves serían: organización, información, educación, facilitación, racionalización y, acaso, penalización. A este respecto, se ha hablado de acabar con el uso abusivo de las urgencias por causa de ese mal que es el aburrimiento. Todo por una atención adecuada (de calidad), resolutiva y humana.

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2 comentarios:

  1. La caricatura del final es sobrecogedora, amigo José Manuel, yo que trabajo en un Servicio de Emergencia vengo a reparar en que sí, sin duda hay prójimos que más o menos así deciden visitarnos, qué barbaridad.
    Un abrazo.

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    1. Esperpéntico, pero real, amigo Lizardo; el tedio es causa de muchos males. Cuando trabajaba en el medio rural, una tarde de guardia que pasaba en el centro de salud entró una señora, y al preguntarle qué deseaba me respondió: "Nada en particular. Pasaba por aquí, vi la puerta abierta y me dije que a lo mejor me podían poner una inyección” (sic).
      Por acá hay una particularidad sociológica, que tal vez nos diferencia: la del ambulatorio como lugar de encuentro o medio para matar el aburrimiento. Y las "urgencias", te las puedes suponer.
      Un abrazo.

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