jueves, 7 de marzo de 2013

La gente compra esperanza

Vendedor de humo


Antes la gente tenía miedo a lo desconocido, ahora a lo conocido. Creo haber cogido esta certera frase al vuelo. No cuesta imaginar la intranquilidad que uno puede sentir en medio de la noche en un bosque extraño, en un viejo caserón deshabitado, al explorar un territorio incierto… Lo mismo que un niño al descubrir por primera vez en la gran pantalla a gigantescos dinosaurios, al ser amenazado con el desconocido hombre del saco, el sacauntos o sacamantecas, o al figurarse el cuarto de los ratones con que lo atemorizan o atemorizaban en otras épocas no lejanas. En cualquiera de estas situaciones intrigantes, los humanos experimentaban temor en otro tiempo. Hoy la angustia se genera más por lo sabido, por la predicción de un fenómeno natural que vaticina un desastre, por el anuncio de un crac financiero que nos afecta, por la certeza de una enfermedad de mal pronóstico…

Y por el miedo nos dejamos engañar con falsas expectativas, o con productos milagrosos de los vendedores de humo. De otro modo: la gente compra esperanza. Un argumento que también he escuchado, no sé dónde, y que me parece igualmente acertado. Compramos esperanza y pagamos lo que sea por ella, por cualquier cuento que venga a mitigar nuestro temor o a consolarnos de algún modo. La gente compra esperanza, mientras puede, claro. ¡Qué buen negocio para quienes desprecian la ética! ¡Y qué mala inversión para los incautos! 


Verde que te quiero verde

5 comentarios:

  1. Y los médicos, amigo mío, es pavoroso: antes la gente salía más tranquila y serena de la consulta, ahora los médicos pareciera que su principal labor es amedrentar a la gente, infundirles temor magnificado al riesgo, alimentarles la hipocondría...
    Un confiado saludo.

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    1. Ciertamente, querido Lizardo, nada peor que alimentar el temor. Habría que fomentar la comunicación adecuada.
      Esperanzados saludos.

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  2. No sólo los pacientes tienen miedo y sin consuelo, los médicos también tienen miedo y sin consuelo. Y desde los miedos todos terminamos comprando esperanzas. La relación, bien entendida, entre médico y paciente es la excepción. Y la relación entre médico y médico también es la excepción, porque cada vez hay menos colegas y más competencia. Para los médicos compartir su trabajo con compañeros de ruta es una bendición y son oportunidades que no deberían perderse.

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    1. Siempre hay lugar para el consuelo, Laura. Si el médico no puede curar ni aliviar, al menos puede y debe consolar. Pero es cierto que egoísmo y competencia nos oprimen.
      Saludos y gracias por tu comentario.

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    2. Gracias José por tu respuesta, claro que siempre hay lugar para el consuelo y para el alivio. Darnos cuenta con quien podemos compartir una taza de té es salvífico. Saludos, y buenas noches.

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