jueves, 2 de mayo de 2013

Cuando la gestión sanitaria se olvida de lo humano


Trabajar como médico general o de familia y no poder ejercer como tal es desmoralizador. Me explico. Tener una plaza en el sistema público de salud y estar obligado a realizar actividades inútiles, incluso contraproducentes, en lugar de las sanitarias que redundan en un beneficio individual y comunitario, es frustrante. El desempeño público no debiera estar reñido con la autonomía decisoria del profesional.


Entre lo inútil y/o contraproducente de la actividad diaria de un médico de familia: objetivos descabellados, burocracia absurda, reduplicación de formularios, informes esperpénticos, partes de lesiones infumables, funciones de ordenanza… Si a tanto despropósito le unimos unas inflexibles isócronas y una robotización laboral, tenemos la evidencia de la negación de una especialidad sanitaria esencial.

Pues es indiscutible que si la dolencia prevalece sobre el paciente, obviando aquello de que “no hay enfermedades, sino enfermos”, y que lo humanístico que entraña el noble desempeño de la ciencia médica -que también es arte- es totalmente despreciado en favor de los “procesos”, introduciendo en la atención primaria un instrumento de gestión hospitalaria, la esencia del médico de cabecera es aniquilada.

Mala cosa que el control del gasto sanitario se aborde con rígidas estrategias y frías imposiciones descentradas de lo humano, sin considerar circunstancias, particularidades y variables. Podrán alcanzarse objetivos numéricos, ciertamente, pero nunca se logrará la satisfacción saludable. Al final habrá ahorro en lo económico, pero con pérdidas en lo profesional y, por ende, en lo social. Además, la aplicación en el ámbito primario de la gestión por procesos (hospitalaria), es cuestionable, por su razón de ser centrada en el individuo y no en la enfermedad.

No nos engañemos, trabajar a gusto, con alegría y entusiasmo, es necesario para conseguir buenos frutos. En el caso del médico de familia, también con orgullo y sin complejos. Por el contrario, hacerlo a disgusto, malhumorados y con apatía, no puede llevar a nada favorable. Los profesionales de la medicina no son máquinas. En consecuencia, no debieran los gestores olvidarse del factor humano, indispensable para alcanzar las metas que se proponen.

Los robots pueden tocar música, pero le faltará alma...



2 comentarios:

  1. Gracias amigo, Jose Manuel, por recordarnos lo que no se puede perder: las bases eticas de nuestra profesión
    Sirve tambien para que no perdamos el norte en estos tiempos de "nieblas o tinieblas".
    Aunque parezca que las palabras se las lleva el viento lo cierto es que tambien sirven que no nos sintamos "lobos solitarios".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Poco o nada se puede esperar de un país sin asentamiento ético, en el que quienes ostentan el poder supeditan lo humano a lo técnico. Imposible que se verifique un cambio benefactor sin que cambien las cabezas decisorias. Nada que no sepas, amigo Juan.
      Humanos saludos.

      Eliminar