miércoles, 12 de junio de 2013

Antipsicóticos atípicos, de precio desorbitado


La paciente entró por la puerta, tras pedir cita urgente, con un estado de abatimiento y somnolencia extrema. Era el efecto evidente del tratamiento establecido por el psiquiatra de cupo para un estado depresivo, que yo podía atribuir a su adversa situación socio-laboral. Se le había pautado Ketazolam, ansiolítico hipnótico, cada 8h (es de suponer que por error y , acertadamente, la paciente sólo estaba tomando una cápsula de noche), y Asenapina, antipsicótico atípico de segunda generación, de precio elevado (más de 150 euros), indicado en trastorno bipolar del que se sospechaba sin demasiada base clínica. Era un añadido a lo que ya tomaba: Venlafaxina, antidepresivo inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina y noradrenalina (ISRSN); y Alprazolam, ansiolítico del grupo de las benzodiacepinas (no recuerdo si le habían prescrito otros psicofármacos). El interés de la paciente era retirar el nuevo hipnótico y volver al que tomaba, Zolpidem, un análogo de las benzodiazepinas que no le provocaba somnolencia diurna. Como llegara al final de la consulta y yo tenía tiempo suficiente (el deseable en todo momento, pero imposible en consultas aceleradas), tuvimos oportunidad de departir largamente y hacer psicoterapia de primera mano. Al final, se fue sonriente y más despierta, lamentando estar sin su trabajo de traductora y echando de menos su estancia de un lustro en Gran Bretaña. 

Es evidente que la palabra es la mejor terapia, con coste cero, que los gestores debieran tener en cuenta para racionalizar de una vez la asistencia en este país en el que se valora la cantidad y se desprecia la calidad. Mucho mejor que prescribir a discreción antipsicóticos atípicos sin justificación, a más de veinticinco mil pesetas de antes por envase y mes de tratamiento (y los hay de precio más desorbitado en uso extrahospitalario). 

Es ésta una reflexión y un deseo, que estoy seguro que caerá en saco roto. Y seguiremos corriendo en las consultas y despilfarrando, hasta que ya no haya remedio, sin un céntimo en la caja central.

Time - Pink Floyd

2 comentarios:

  1. Pues no cayó en saco roto la valiosa intervención que ejecutaste con la paciente, amigo mío, desde luego. Qué pena, sin embargo, que la psiquiatría del triste cuño que relatas esté triunfando en tantos lares para pesar de nuestros pacientes. Un cordial saludo.

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    1. Afortunadamente, amigo Lizardo, ésto no es la generalidad, pero ese "triste cuño" ha ido en aumento en los últimos tiempos, y no sólo en el ámbito de la psiquiatría.
      Gracias por tu siempre oportuno aporte.

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