martes, 18 de marzo de 2014

Érase una vez la viruela


La viruela, enfermedad infecciosa grave, potencialmente mortal, causada por el variola virus, se tiene hoy por una plaga del pasado, pues la OMS la considera erradicada del mundo desde 1979 (el último caso se registró en Somalia en 1977). Proveniente del latín varius (variado, variopinto), su nombre se refiere a abultamientos en la cara y el cuerpo que presentan los individuos infectados. Un nombre que infundía terror, que provocó epidemias devastadoras y una alta tasa de mortalidad. Se transmitía por gotitas de saliva, como otros virus, por fluidos corporales u objetos contaminados. La vacunación supuso una bendición, hasta suspenderse con su erradicación.

Fotografía de heridas por viruela

Los primeros síntomas de la viruela consistían en fiebre, malestar, cefalea, dolor corporal y vómitos. Después aparecían máculas rojas en la boca (lengua y mucosa oral) que se ulceraban y una erupción cutánea que se extendía desde la cara y las extremidades a todo el cuerpo, en forma de abultamientos (pápulas, nódulos), que acababan llenándose de líquido espeso y turbio, constituyéndose vejigas purulentas (pústulas) que presentaban una depresión central, al liberarse el líquido se formaban costras y como secuela quedaban cicatrices residuales. [Nota.- No hallando una completa descripción convincente, he tratado de hacer una síntesis que no sé si es la más apropiada]

La viruela se presentaba en dos formas clínicas: viruela mayor, la forma grave y más común (a su vez con cuatro variantes: común, modificada, lisa y hemorrágica); y la viruela menor, menos común y mucho menos grave. No había tratamiento curativo.

Tras algunas experimentaciones previas, fue Edward Jenner (1749-1823), un médico rural inglés, quien desarrolló la vacuna antivariólica en 1796, a partir de un ensayo: tomó una muestra de pus de una pústula de la mano de una vaquera y se la inoculó a un niño de 8 años, que presentó malestar durante unos días sin desarrollar la enfermedad; demostró así el efecto protector de la vacuna (nombre proveniente de las vacas como animales decisivos en el descubrimiento). De este modo Jenner abrió las puertas a otras vacunaciones, por lo que su figura es muy relevante en la Historia de la Medicina.

Robert A Thom_Jenner-smallpoxlg 1919
 Edward Jenner inyectando la primera vacuna contra la viruela al niño James Phipps en 1796. 
Robert A. Thom (1915-1979)

Primeramente cada país desarrolló sus propias campañas de vacunación contra la viruela. Y en 1959 la OMS aprobó una propuesta de campaña global para erradicar la enfermedad, que entonces afectaba a cerca de dos millones de personas cada año. Acabó dando su deseado fruto, pues se logró el objetivo previsto. Pero aún hubo que lamentar una muerte accidental en 1978, la de una mujer médico en un laboratorio de Gran Bretaña, por mala manipulación del virus. Por otra parte, hay cierta preocupación por mantenerse criogenizadas dos muestras del virus, una en Rusia y otra en Estados Unidoso. Y aunque se ha propuesto eliminar dichas muestras oficiales, ante el riesgo de liberación del virus (tengamos en cuenta que los seres humanos ya han perdido la inmunidad al virus y la memoria genética), y sobre todo por temor al terrorismo biológico, se preservan para futuras investigaciones, por haber quedado incompleta la comprensión de su ciclo biológico.
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El poeta Curros Enríquez hace referencia a la viruela en su poema ¡Ai! (¡Ay!), que el compositor José Baldomir musicó en forma de lied -o melodía gallega- con el título ¿Cómo foi? (¿Cómo fue?). En el poema, un padre se lamenta de la muerte de un hijo, víctima de la viruela, de las negras vejigas (“negras vixigas”). Mayor es el dramatismo cuando se sabe que el padre es el propio poeta y la víctima su pequeño hijo.

Como foi - José Baldomir

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