miércoles, 26 de noviembre de 2014

Obesidad, un problema mayor




Preocupados por el problema de la obesidad, el señor Crítico y el doctor Decepcionado hablan de las medidas de prevención que habría que haber tomado en cada momento y, desgraciadamente, no se tomaron.

SR. CRÍTICO.- Hace ya muchos años se alertaba sobre la habituación y dependencia a las drogas, no se adoptaron medidas preventivas y nos pusimos a la cabeza en consumo y problemas derivados. Con su alto coste, claro. ¿Qué falló?

DR. DECEPCIONADO.- Falló eso, la previsión. Mucho bla, bla, bla, y no se hizo nada. Y ya con la epidemia, se dejó en manos de entidades privadas para que sacasen provecho. Bueno, es mi opinión.

SR. CRÍTICO.- Yo también lo creo así. Tengo conocimiento de personas que fueron de centro en centro y que, siendo jóvenes, acabaron prematuramente envejecidas, como parásitos sociales y sin esperanza vital.

DR. DECEPCIONADO.- Es duro decirlo así, pero esa es la realidad.

SR. CRÍTICO.- Después se dijo que la obesidad iba en aumento y que se presagiaba como la epidemia del siglo XXI, y fuimos ascendiendo posiciones hasta alcanzar a los de cabeza. Hay demasiada gente con obesidad mórbida.

DR. DECEPCIONADO.- Según la OMS, la obesidad es el problema de salud más importante a nivel mundial en países desarrollados y en vías de desarrollo. No somos los únicos, pero en problemas de salud hemos avanzado muchas posiciones.

SR. CRÍTICO.- Como siempre, ganamos en lo malo...

DR. DECEPCIONADO.- Yo he asistido a varios congresos de nutrición en los que se advertía sobre un problema inminente de graves consecuencias, sobre todo diabetes y morbilidad cardiovascular. La obesidad no es una cuestión estética, sino de salud.

SR. CRÍTICO.- ¿Y las autoridades sanitarias qué hicieron?

DR. DECEPCIONADO.- Supongo que adivina mi respuesta. Lo de siempre: bla, bla, bla, y hasta que la epidemia se expandió de modo alarmante, no se dispararon las alarmas. Y en estos casos siempre es mejor prevenir que curar. 

SR. CRÍTICO.- Pero aquí parece ser más barata la cirugía bariátrica... ¿Decepcionado con nuestra Sanidad?

DR. DECEPCIONADO.- Usted que es tan crítico, ¿qué cree? Si no me equivoco, Hispania, que es impulsora de la idealizada dieta mediterránea, va a la cabeza de Europa en obesidad infantil, solamente superada por Chipre.

SR. CRÍTICO.- Siempre nos sucede lo mismo, que no predicamos con el ejemplo. Comprendo que se sienta decepcionado. ¡Ay!, seguimos siendo un país de coña, de charanga y pandereta.

DR. DECEPCIONADO.- De charanga desafinada y pandereta rota...


Grados de obesidad
según Indice de Masa Corporal (IMC)
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Enlaces

Obesidad: un problema de salud pública
Un reportaje sobre la obesidad en Panamá

sábado, 22 de noviembre de 2014

Consulta médica telefónica plus


He aquí una reflexión dramatizada sobre la consulta médica telefónica, hace poco implantada en la Atención Primaria del sistema público de salud. Sí, sólo en el primer nivel asistencial, que no en la Atención Especializada u hospitalaria.

Se anunció a bombo y platillo, sin explicar sus limitaciones…



–La próxima semana comienza la consulta telefónica comunicó el galeno.
–Podría explicármelo, doctor Telesforo, que no sé bien de qué va la cosa le preguntó una usuaria del servicio de salud.
–Verá, señora Felicia, el paciente solicita cita telefónica y el médico de cabecera tiene que llamarlo a la hora prevista.
–Y qué hay de malo en eso?
–En principio nada. Al contrario, se pueden evitar desplazamientos innecesarios, lo que beneficia sobre todo a los habitantes del medio rural. Pero…
–¿Pero qué?
–Iré por partes. Primero, en la agenda del médico, o sea, en la lista de pacientes, figuran estas consultas... digamos que a distancia, de manera aleatoria (una aquí y otra allá), no agrupadas.
–¿Y?
–Pues verá, señora Felicia. Trabajando sin auxiliar, no se necesita un gran esfuerzo para que me imagine a mí, o a otro galeno, haciendo la llamada correspondiente mientras otros pacientes, con citas presenciales, aguardan en la sala de espera.
–Pues que esperen, doctor Telesforo. Que tengan paciencia, que yo también la tengo cuando me toca esperar.
–Ya, ya. Pero la gente puede pensar que su médico está ocioso, o que se ha quedado dormido, porque tarda en llamarlos. ¡Vaya usted a saber lo que pensarán algunos!
–La gente no es tan mal pensada. Bueno, yo no creo que lo sea.
–Hay de todo, señora Felicia…
–Entonces, ¿piensa usted que la consulta telefónica no es buena?
–No, no quiero decir eso.  Me explicaré con claridad. La consulta telefónica sólo es adecuada para dos cuestiones: renovar recetas electrónicas de enfermos crónicos y resolver una duda concreta.
–¿Para nada más, doctor Telesforo?
–Pues no. Por teléfono es imposible hacer una exploración; ni siquiera inspeccionar la cara del paciente. Decidir sin verlo tiene demasiado riesgo. La consulta telefónica no puede suplantar a la ordinaria, con médico y paciente frente a frente. 
–Tiene usted razón, no había caído. Para otras cosas tendrían que tener los médicos facultades adivinatorias. Cuando pida una consulta telefónica será para recetas o para que me aclare alguna duda. ¿A cualquier hora, no?
–Sí, puede pedir para cualquier momento; dentro del horario, claro. Pero en mi opinión los usuarios de este tipo de consulta deberían estar agrupados en una franja horaria determinada, para evitar suspicacias e interferencias.
–Usted conoce mejor su trabajo y ahí no me meto.
–Si yo le contara las anécdotas con estas consultas donde ya han empezado. Si yo le contara, señora Felicia.
–Cuénteme, cuénteme, doctor Telesforo –dijo la paciente con humana curiosidad.

Y el galeno le fue refiriendo a la paciente anécdotas e informándole de llamadas improcedentes y peregrinas que superaban lo anecdótico. Algunos no cogían el teléfono, aun reiterando la llamada. Otros abrían la puerta de la consulta porque se habían equivocado al pedir cita y estaban presentes en la sala de espera. A veces entraba el contestador automático, invitando a dejar un mensaje o informando de que tal número telefónico no existía. En ocasiones salía un familiar y decía no saber nada del paciente en cuestión. Otras preguntaban por decisiones o por "errores" de especialistas (con los que no había posibilidad de consulta telefónica). También solicitaban información sobre trámites administrativos, como renovar la tarjeta sanitaria. Incluso habían preguntado por el horario de autobuses en la zona del centro de salud. En fin, mil y un asuntos generados por la teleconsulta para esclerosar las arterias más flexibles.


Comunicando
Arturo Millán

domingo, 9 de noviembre de 2014

Arquitectura sanitaria: Hospital de Jornaleros de Antonio Palacios



El antiguo Hospital de Jornaleros u Hospital de Maudes, es uno de los testimonios de Antonio Palacios (Porriño 1876 - Madrid 1945), probablemente el mayor arquitecto gallego, en la ciudad de Madrid, habiendo tenido como colaborador en esta obra -al igual que en otras- al arquitecto vasco Joaquín Otamendi. En cierto modo, la colaboración Palacios-Otamendi me recuerda otra unión inspiradora de índole músical, concretamente zarzuelística y galaico-valenciana: Soutullo-Vert (Reveriano Soutullo y Juan Vert).

Entre obras de Antonio Palacios en Madrid debemos recordar: el Palacio de Comunicaciones (también junto a Otamendi), el Círculo de Bellas Artes, el primer Edificio en Paseo de la Castellana, la Casa Matesanz en la Gran Vía y el Banco Español del Río de la Plata, además de su contribución al Metro de Madrid (diseño de interiores de primeras estaciones, organización de los accesos, estética de primeras líneas y logotipo en forma de rombo).

Y fuera de Madrid, cabe citar algunas construcciones del arquitecto galaico: la Casa Consistorial de Porriño (su localidad natal), el Teatro García Barbón en Vigo, el Templo Votivo del Mar en Panxón-Nigrán, la Iglesia de la Vera Cruz en O Carballiño, El Edificio de Viviendas del Paseo de Sagasta en Zaragoza, diversos edificios en Málaga… (ver enlace abajo)
Pero centrémonos en el Hospital de Jornaleros o de Maudes.

Se trata de un conjunto de edificios ubicado en el distrito de Chamberí y construido en la antiguoa aldea de Maudes. La idea de su construcción partió de Dolores Romero y Arano, viuda del empresario ferretero Curiel y Blasi, que creó en 1906 una sociedad benéfica en honor a San Francisco de Paula. Comenzó su construcción en 1909 y finalizó en 1916, estando destinado desde entonces a dispensar asistencia sanitaria gratuita a jornaleros. El conjunto arquitectónico presenta fachadas de piedra caliza y recubrimientos decorativos de cerámica, siendo evidente la hermosura de su aspecto.

Un hospital de beneficencia edificado con la dignidad arquitectónica de un palacio. No podía ser menos con el formidable arquitecto de apellido palaciego. Compárese la obra de Palacios con los bodrios modernos de hormigón financiados por todos los contribuyentes. No hay palabras. No. Pues no en todo hemos mejorado, ni mucho menos.

Después de cumplir su cometido, de ser utilizado como hospital de guerra durante la contienda civil, y de servir de hospital militar tras ella, cayó en el abandono a finales de la década de 1960, llegando incluso a amenazar de derribo. Perdidas totalmente sus funciones, afortunadamente fue salvado y declarado Monumento Nacional en 1976. Una de tantas paradojas decisorias. Rehabilitado y restaurado, el edificio que había sido hospital alberga hoy la sede de la Consejería de la Comunidad de Madrid de Transportes e Infraestructuras. 

Es una suerte haber salvado el Hospital de Jornaleros, aunque recuperado para una función completamente diferente parezca una burla a la historia.
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Obras de Antonio Palacios

La fantasía de Palacios


Antonio Palacios, arquitecto de Madrid
Un paseo por las obras que dejó en la capital hispana el arquitecto galaico, 
a quien los madrileños parece que quieren hacer suyo
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Anexo:
El Hospital de Maudes cumple 100 años (2016)
Fotos del autor del blog

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Compromiso ético del médico



Supuestamente acogidos al juramento hipocrático, e incluso a la oración de Maimónides, la necesidad de expresar el propio compromiso hace que algunos profesionales de la medicina expongan además su propio ideario ético.

Veamos como ejemplo el de un médico de familia bloguero, que manifiesta:
Trataré a mis pacientes haciendo de su atención el centro de las cosas que me importan profesionalmente y respetando, de manera escrupulosa, su dignidad, su autonomía y su intimidad. Los atenderé con calidez, estima y cortesía, esforzándome por comprender sus emociones y mantener la serenidad en los momentos difíciles. Les daré información clara y sincera sobre sus problemas de salud, las opciones de tratamiento, los riesgos y beneficios previsibles y mi consejo, teniendo en cuenta sus necesidades, preferencias y creencias. No actuaré precipitadamente, sin disponer de la información adecuada y no recomendaré intervenciones o tratamientos poco probados, de dudosa utilidad o seguridad o que originen más riesgo que beneficio. Trataré a todas las personas con el mismo interés y procuraré hacer un buen uso de los recursos de que dispongo en beneficio del conjunto de los ciudadanos. Procuraré mantener actualizados mis conocimientos, consultando las mejores evidencias disponibles o a otros profesionales de confianza cuando sea necesario, evitando siempre que otros intereses personales alteren este compromiso. Los valores que guían mi práctica profesional son pues: DEDICACIÓN, RESPETO, PROXIMIDAD, LEALTAD, PRUDENCIA, EQUIDAD y HONRADEZ.
Como vemos, un preámbulo y siete valores éticos que el autor dice haber tomado del Grupo de Bioética de la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria. Una declaración de intenciones a la que sin duda habrá de sumarse cualquier médico que ejerce su oficio, para no quebrantar los principios deontológicos y, sobre todo, para no defraudarse a sí mismo. Aunque aceptar un compromiso es una cosa (no requiere esfuerzo) y cumplirlo es otra, pues ya entraña voluntad.


Doctor Groucho: ética médica y reconocimiento surrealista
Hermanos Marx - Un día en las carreras

lunes, 3 de noviembre de 2014

Alcibíades: general, estadista, orador… ¿músico?




Según parece, el estratega, político y orador ateniense Alcibíades Clinias Escambónidas (c. 450–404 a. C.) era nieto, sobrino o primo de Pericles -según versiones- y discípulo de Sócrates, junto al que aparece como enamorado en El Banquete de Platón. Por lo que se cuenta en algunas crónicas de la época era una persona muy coqueta y narcisista. Su narcisismo llegaba al extremo de tocar sólo la lira; se negaba a tocar instrumentos de viento porque entendía que deformaban el rostro y sobre todo la boca de los músicos. A tenor de este juicio, podríamos deducir que Alcibíades era un buen observador. 

Aparte de estos detalles amorosos, narcisistas y musicales, a este militar, gobernante y orador se le hace protagonista de una curiosa anécdota perruna. Dicen que Alcibíades compró en cierta ocasión un magnífico perro por la elevada suma de 7.000 dracmas. Después de pasearlo por toda la ciudad para que todos los ciudadanos pudieran admirarlo ordenó que le cortasen su hermosa cola, con el fin de que todos continuasen hablando de su perro y dejasen de hablar de su mal gobierno. Así, con la frase de "el perro de Alcibíades" se hace referencia a los actos de los personajes famosos o públicos, sobre todo políticos, que hacen algo para desviar la atención sobre temas más importantes, alguna estrategia o maniobra de distracción. ¿No les suena?

En razón de lo dicho, no sé si Alcibíades sería músico, pero sí que era un experto engañador. Y de engañadores estamos hoy en día sobrados.
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Enlaces:
Alcibíades (personaje de ficción) -Wikipedia 
El perro de Alcibíades


The Lyre (La lira)


La lira de la Antigüedad Clásica