martes, 17 de febrero de 2015

Una sociedad saludable y sonriente



Cada persona interpreta su realidad de diferente manera, estando sana o enferma. Si está perturbada por la enfermedad, aceptará su dolencia en mayor o menor grado, desde la asunción plena a la negación absoluta, pasando por diferentes niveles de aceptación o negación. Hablamos de adultos, con personalidad definida, porque en caso de niños en desarrollo pesarán más las circunstancias y la proximidad afectiva que la esfera intelectiva.

Pues bien, refiriéndonos a los adultos, sanos o enfermos, sabemos que hay quienes se conforman en todo momento con su (mala) suerte y quienes, en el otro extremo, siempre están disconformes, aunque se les brinden las mejores atenciones y se les muestre la mayor comprensión. Y entre estos dos polos, todos los niveles de respuesta que se puedan imaginar. Cada persona es un mundo, se dice, y cada paciente no digamos.

Uno tiene en mente a esos #admirablespacientes, que todo los soportan, que nunca dan por perdida una batalla vital. Y frente a estos individuos que despiertan nuestra admiración, aquellos otros (no despreciables, por supuesto), extremadamente quejicas y tiquismiquis, que no soportan el peso de un mosquito sobre su delicada piel, a los que podríamos etiquetar de susceptibles e insatisfechos pacientes (que con seguridad habrán de serlo también estando libres de toda dolencia).

Cada paciente es un mundo, sí; no hay enfermedades, sino enfermos. Pero es tan decisiva la formación educacional y las vivencias en el comportamiento personal, que cuando aquélla es deficiente y éstas son malas las consecuencias habrán de ser negativas. Respecto a la valoración de la salud, acercándose al grupo de los susceptibles e insatisfechos; tal vez por una deformación personal que entraña la pérdida del sentido común, que por cierto unas comunidades mantienen más que otras, a tenor de las diferencias socioculturales.

Deseo una sociedad en la que prevalezca el sentido común y que disponga de una buena  resiliencia, no otra hipersensible y sumida en la debilidad. Una sociedad equilibrada y relativamente dichosa, en vez de la vigente, depresiva e infeliz. Una sociedad de individuos vitales y enfermos más sanos, si se me permite el oxímoron. En fin, una sociedad optimista, saludable y sonriente. Casi nada.


Smile

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