martes, 7 de abril de 2015

Estrés laboral en el sector sanitario



Puesta en cuestión la atención a la salud laboral de algunos profesionales, no está de más señalar la poca o nula importancia que le dan los dirigentes del sistema público de salud a los trabajadores sanitarios. Una enfermera competente y entregada se quejaba del estrés a la que estaba siendo sometida al asumir el trabajo del personal ausente añadido al suyo; la sacudida involuntaria de un párpado (mioclonía palpebral) se le revelaba como signo inequívoco de estrés laboral. «Necesitaría una baja larga, muy larga», decía, por el efecto de sobrecarga laboral con presión en el tiempo. Pero desde la jefatura de enfermería hacia arriba, nadie prestaba atención a su legítima queja. Sólo se atiende lo que repercute en los medios de comunicación a partir de un hecho grave o relevante. Triste, muy triste.

En una revisión del estrés laboral del médico (El estrés laboral del médico: Burnout y trabajo en equipo), se detecta la variable ansiedad en un 88% de profesionales (en un nivel medio-alto) y depresión importante en un 5%. El paciente es factor determinante con su insatisfacción y su sufrimiento. La Administración favorece el estrés laboral con su falta de apoyo, no facilitando la formación y no proporcionando el tiempo necesario para la atención. Y el propio desempeño profesional genera ansiedad/estrés al producirse errores en el tratamiento o en el diagnóstico. Lo ideal sería contar con una Administración competente, una respuesta adecuada de los pacientes y un absoluto control emocional del propio terapeuta, lo cual se nos antoja quimérico.

Lejos de ese ideal, como factores de positividad o que contribuyen a la satisfacción laboral, estarían: 1) la buena organización y el buen funcionamiento del centro sanitario, 2) el trabajo en equipo (habría que entenderlo como grupo armónico) y 3) las cordiales relaciones interpersonales con compañeros y jefes. Serían estos los elementos frente a la ansiedad, la depresión y el estrés laboral crónico (síndrome de burnout o del quemado en sumo grado) que habría que potenciar en lo posible. No restando importancia a la buena organización asistencial, condicionada por los gestores sanitarios, parece decisivo el contar con buenos compañeros. Por ello se nos antoja que antes que trabajar en un mal equipo sería mejor hacerlo en solitario, haciendo caso al dicho: «mejor solo que mal acompañado».

En cualquier caso, reconociendo la realidad del estrés  laboral en el medio sanitario cabe adoptar estrategias adaptativas de afrontamiento (interesante artículo AQUÍ), esfuerzos conductuales y cognitivos. Pero, por otro lado, cabe preguntarse: ¿les importa algo a nuestros gestores la satisfacción profesional, la sobrecarga asistencial, el buen funcionamiento de los servicios o el burnout médico? Si la respuesta es no, tampoco les interesa el bienestar de los pacientes. Entonces sólo cabe una respuesta gestora: es preciso revolucionar la gestión sanitaria para combatir el estrés en el sector sanitario.
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Notas.- 1. En un estudio sobre el estrés laboral en médicos de los servicios de urgencia, he hallado un interesante cuestionario acerca de su trabajo y sus sentimientos hacia él, cuya finalidad es medir su nivel de estrés laboral. A dicho estudio se pude acceder AQUÍ. 2. Se ha reconocido el síndrome de Groves (o "del paciente odioso"), que implica sentimientos negativos en el médico sin llegar al estado de trastorno psiquiátrico. Leer AQUÍ y AQUÍ


Estrés laboral
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(Una contemplación más amplia del estrés laboral)

6 comentarios:

  1. Los profesionales sanitarios están siendo machacados sin piedad. No entiendo esta inquina por parte de los políticos ni qué habremos hecho para merecer esto.

    Un saludo.

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  2. Yo tampoco encuentro explicación, willyfox. Pero habrá que aplicar el principio de Hanlon: «Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez».
    Un saludo.

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  3. Mi querido José Manuel: aunque llevo largo tiempo calladita (la vida no me da para más en estos últimos tiempos) no puedo por menos de mostrarte aquí mi apoyo. Tienes toda la razón. Mi hijo, R2 en el Gregorio Marañón, me cuenta esa realidad de primera mano y yo veo cómo se deja la juventud y las energías en una profesión maravillosa pero infravalorada y maltratada. Las políticas de recortes no son sino políticas de explotación. Solo espero que esta situación no dure por más tiempo porque podría desencadenar la desaparición de la vocación profesional.
    En fin. Echo de menos nuestras cibercomunicaciones.
    Te mando un enorme abrazo, meu amigo.

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    1. Aunque no te manifiestes, sé que estás ahí, querida Lola (yo también estoy en tu espacio). No quiero añadir más pesadumbre; prefiero creer igualmente en una mejora general que nos estimule a todos.
      Optimistas bicos.

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  4. Sin duda las profesiones asistenciales se encuentran entre las que más sufren burnout o estrés laboral. El contacto continuo con personas que necesitan asistencia, la implicación emocional de los profesionales –prácticamente inevitable- y, como bien indicas, las deficiencias en la gestión contribuyen enormemente a este problema. Precisamente esta última variable suele ser común a muchas otras organizaciones y profesiones con altos niveles de burnout, como la educación. ¿Por qué no extender esa revolución gestora que propones a toda la sociedad? Un saludo!

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    1. En el ámbito sanitario partimos, a mi entender, de una equivocada macrogestión empresarial que dificulta la mesogestión y condiciona la microgestión. Sucede en otros ámbitos profesionales, pero el de la salud es especialmente sensible a las deficiencias organizativas y a la presión en el tiempo, pues un error puede no ser subsanable. Por otro lado, el usuario, como miembro social, puede contribuir indebidamente a esa presión cuando, en su propio perjuicio (aunque pretenda un beneficio), no respeta las normas o no se atiene al sentido común.

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