martes, 14 de julio de 2015

Medicina de calidad al menor coste posible



De un artículo periodístico titulado Recursos sanitarios y responsabilidad política”, del ginecólogo Javier Martínez Pérez-Mendaña, extraigo tres frases categóricas que a continuación trataré de analizar sucintamente.

Tres determinantes caracterizan la medicina actual: eficacia, elevadísimo coste y demanda incesante

Incide el articulista en tres parámetros decisivos que hablan del éxito de la medicina (eficacia), del importante gasto que supone (coste) y de la respuesta de la población (demanda), consecuencia de aquél y causa de éste. Entiende la demanda creciente como algo paradójico, pues "si tenemos más salud y vivimos más deberíamos demandar menos". Y sin embargo, podríamos interpretar esta realidad como algo natural: cuanto más se ofrece, más se demanda. Un hecho preocupante si pensamos que el progresivo gasto sanitario de los servicios de salud que integran el sistema sanitario, nuestro peculiar –por múltiple– sistema nacional de salud, no deja de producir un progresivo endeudamiento, que exige medidas correctivas (sensatas, no cicateras) que suponen decisiones políticas de alto nivel. De modo esquemático, la secuencia sería: eficacia → demanda → coste. ¿Y cómo actuar sobre el resultado final sin merma de calidad? ¿Reduciendo los recursos? ¿Abaratando los procesos? ¿Actuando sobre la demanda? He ahí la cuestión.




Ni existe ningún modelo de salud que garantice una asistencia sanitaria ilimitada, ni todo deseo o comodidad asistencial es una necesidad médica o un derecho de los usuarios

Aquí nos enfrentamos a una dualidad: las necesidades reales y los requerimientos superfluos; serían éstas las demandas innecesarias que llegando a un extremo podríamos calificar de "caprichos". Porque una cosa es la exigencia legítima (atención sanitaria adecuada o de calidad) y otra la petición abusiva (solicitud reiterada de consultas o de pruebas innecesarias). Más no es mejor; puede incluso ser inconveniente: la cantidad puede oponerse a la calidad. Se hace por lo tanto necesario establecer límites razonables que eviten la desmesura asistencial. Por ello el doctor Pérez-Mendaña considera que "es responsabilidad de cualquier administración sanitaria establecer y aplicar criterios de distribución para garantizar un sistema de salud justo que asegure la atención universal de todos los usuarios con calidad, seguridad y eficacia". Visto desde el lado contrario: sería una irresponsabilidad no actuar en favor del bien general, impidiendo la degradación, la inseguridad y la ineficacia asistenciales.

Nunca es exigible en justicia lo que no tenga probada eficacia y seguridad por lo que la medicina de complacencia debe ser denostada

Sobre esta cuestión se ha incidido hasta la saciedad, sobre todo en la financiación de nuevos medicamentos, especialmente en aquellos que siendo mucho más caros no aportan ninguna mejora sobre los precedentes. Pero también en el exceso de pruebas diagnósticas (analíticas, radiológicas, anatomopatológicas) que no mejoran los resultados y, en ocasiones, producen daño o provocan más inquietud en los pacientes. No podemos obviar tampoco la realidad de una medicina defensiva, que ha ido in crescendo, como causa de actuaciones desproporcionadas. El temor de los profesionales no se ve remediado por las administraciones sanitarias (¡ojo a la multiplicidad de competencias autonómicas!, en un sistema sanitario para nada cohesionado), poco dadas a darles amparo, de modo que han de ser ellas las que actúen, y como dice el articulista y ginecólogo son ellas las que "están obligadas a establecer criterios racionales para eliminar lo que es injusto gastar". 


En resumidas cuentas, el objetivo principal sería conseguir una medicina eficaz y eficiente, una medicina de calidad al menor coste posible


Dreamer - Roger Hodgson

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