miércoles, 18 de noviembre de 2015

Sobre tensiones y malentendidos entre sanitarios



Escrito de un psiquiatra de Unidad de Salud Mental al jefe de servicio de un centro de salud:
Te ruego le transmitas a ese individuo que firma como [nombre del médico de familia] que existe una normativa, en toda el área, de que los volantes que pongan "urgentes" han de remitirse al [nombre de hospital de referencia] en donde les atenderá el psiquiatra de guardia. (…)
Respuesta del jefe de servicio del centro de salud:
Estoy de acuerdo contigo, pero la educación también incluye llamarle individuo a un compañero que aunque haya obrado de forma improcedente merece todo el respeto. La presión asistencial la sufrimos todos.
Contestación del psiquiatra:
La palabra individuo no me parece un insulto (…) La cuestión que me parece se abre con este caso es hasta dónde llegan nuestras obligaciones. Si el usuario va al médico diciendo que no piensa tomar nada porque no cree en las pastillas, ¿debe el médico continuar la consulta, o no sería más correcto decirle que mi criterio es otro, por lo tanto dejo de ser su médico? Es un asunto cada vez más frecuente. Por lo demás, hay otras ocasiones en que el Dr. [nombre del médico de familia] deriva correctamente a los pacientes y con motivos razonados, lo que no está en nuestra mano es la urgencia o la lista de espera.
Respuesta del médico de familia señalado al jefe de servicio [tras enviarle diálogo electrónico]:
Prefiero no entrar en debates absurdos (...) En el apartado Subjetivo [del episodio de la historia clínica electrónicase dejó escrito: "Le dijeron al paciente que llevase volante urgente o lo citarían muy tarde". Jamás se me ocurriría hacer una derivación urgente al psicoterapeuta. Y las urgencias psiquiátricas son derivadas al hospital [siguiendo la normativa del área de salud]. Es más, si hay que acompañar al paciente vamos los sanitarios de atención primaria, no personal específico de la Unidad de Salud Mental. (…) Si un especialista de la mente, pierde los estribos, ¡cuánto esfuerzo no ha de hacer el médico de primaria para no perderlos!, ante tantas dificultades diarias con las que tropieza.
El médico de familia reconoce su ingenuidad al creer al paciente y, por otro lado, no puede evitar su preocupación por la virulenta reacción del psiquiatra, que se expresa mediante el correo electrónico en un tono de desesperación e impotencia que solo parece atemperarse al final de su discurso. Tampoco entiende que el jefe de servicio (antes coordinador) le dé la razón sin argumentos. Llega a pensar que, haga lo que haga, su actuación siempre es incorrecta, por la insatisfacción del usuario o por la disconformidad el profesional del segundo nivel. Cree que no merece la pena responderle a éste, puesto que ni siquiera se ha dirigido a él personalmente, y se pone en guardia ante las decisiones futuras. Y harto de hostilidades y de injurias, en un medio sanitario público en permanente tensión, sueña con otro ámbito muy diferente en el que reina la confianza y la cordialidad.



Este es un ejemplo, entre otros muchos, de una relación tirante entre especialistas de nuestro sistema sanitario. Que el psiquiatra no se dirija directamente a quien acusa ya dice mucho respecto al nivel de confianza existente. Aun sin conocerse, la presión asistencial ocasiona tensiones y malentendidos entre profesionales sanitarios que solo redundan en perjuicio de los pacientes. De que esta situación debe ser corregida no cabe la menor duda. De que es difícil (o imposible) en el corto plazo también. Pero no podemos dejar que la degradación sea absoluta. 

¡Ah!, quién pudiese trabajar en un grupo armonioso...


Upper Manhattan Medical Group
Duke Ellington & His Orchestra

2 comentarios:

  1. En torno al respeto, unas pocas palabras oídas hace unos días en un vestuario.

    - Oiga, un respeto. - Dice uno, que se siente aludido por una frase del otro que no dirigida hacia él.

    - Oiga, usted, joven, - contesta el otro, un hombre veterano, - el respeto hay que ganarlo, el respeto no se regala y no se compra en las rebajas. Mire usted, algún respeto se adquiere con la edad, pero no siempre. Y, tenga muy claro que usted ha olvidado el respeto que ofrece nuestra edad. Nuestra conversación, no le atañe.

    El aludido calló, se giró y continuó su tarea de vestirse. No ha vuelto por la piscina. Por lo menos, al mismo horario.

    Jose M.: en unos tiempos en que la veteranía ya no es un grado, la juventud se lo ha quitado, es muy difícil hacer que la urbanidad, la cortesía, los modales,... recuperen el lugar que tenían.

    Al comportamiento social le ha ocurrido como al lenguaje : se han perdido las formas.

    Y, francamente, hay quien encuentra relajante dejarse la irritación en cómodos arrebatos verbales.

    Un abrazo:
    Martin(Tarragona)

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    1. En efecto, Martin, se han ido perdiendo las formas, en el comportamiento y en el lenguaje. Y no es preciso señalar a la ira como pecado capital, pero sí como "breve locura", que dijo Horacio; pues nunca ha de entenderse como relajante desahogo.
      Un plácido saludo.

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