miércoles, 24 de junio de 2015

La incierta medicina: una reflexión gradual



Solo sé que no sé nada (ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα, hèn oîda hóti)
Sócrates, según Platón.

LA ELECCIÓN. La medicina es una ciencia incierta y sin final. Ya cuando se elige esta opción profesional o de vida, se plantean interrogantes. ¿Por qué quiere uno hacerse médico? ¿Por inexplicable vocación, por espíritu humanístico, por afán de servicio…? Muchas veces no se encuentra una clara respuesta a ese porqué.

EL APRENDIZAJE. Ya metidos en el estudio, iniciada la carrera universitaria, uno puede disfrutar más o menos, según las circunstancias y los docentes que le han tocado en suerte.  La teoría se impone a la práctica y las fuentes de conocimiento son inagotables, hasta el punto de que pueden surgir temores y dudas.

LA LICENCIATURA. Con el título bajo el brazo, uno puede estar en disposición de entregarse a su arte, a la práctica clínica o quirúrgica, a la docencia sanitaria o incluso a la gestión. No siempre se puede elegir lo que se quiere. Y en ocasiones, después de tantos años de esfuerzo (quizás diez) puede llegar la tardía renuncia.

EL EJERCICIO. Al final, con mayor o menor satisfacción, comienza la vida profesional, probablemente en el sistema público de salud, como médico de familia, pediatra, cardiólogo, dermatólogo, neurocirujano, psiquiatra, ginecólogo… Con muchos años por delante de alegrías y decepciones e iniciales limitaciones.

EL BALANCE GLOBAL. Ya con una experiencia sobrada, o al borde mismo del retiro, uno se da cuenta de una verdad filosófica: que nada sabe. Habrá de reconocerlo con humildad, sabiendo de la gran incertidumbre: lo que ayer se daba por cierto, hoy se acaba derrumbando ante tantas inestables evidencias.

Y aunque uno elija con acierto, estudie con aprovechamiento, se licencie con júbilo, ejerza con entusiasmo y, como buen médico, nunca deje de aprender, todo puede volverse demasiado brumoso...

Misty

lunes, 22 de junio de 2015

Chelista por la polio


Acababa de escuchar una vez más el maravilloso Concierto para violonchelo y orquesta de Dvorak, en interpretación de Pierre Fournier (1906-1986), con la Orquesta Filarmónica de Berlín y George Szell a la batuta. Me había ido después, no sé si por azar, al magnífico poema sinfónico Don Quixote de Richard Strauss, por la misma orquesta bajo la dirección de Herbert Von Karajan, en la que Fournier da vida en las "Variaciones fantásticas sobre un tema de carácter caballeresco" a la voz del violonchelo, que no es otra que la del protagonista de la inmensa novela de Cervantes. Y curioseando la biografía de este gran intérprete francés, llamado el "aristócrata de los violonchelistas", compruebo que comenzó tocando el piano, teniendo a su madre como maestra, pero sufrió una poliomielitis* (parálisis infantil o polio) de moderadas consecuencias, perdiendo la destreza en los miembros inferiores, lo cual le dificultaba el uso de los pedales del piano. Fue entonces cuando comenzó a tocar el violonchelo, llegando a alcanzar con este instrumento de cuerda una inmensa maestría. No sabremos a lo que habría llegado Pierre Fournier como pianista, pero podemos decir que la cruel polio hizo que surgiese un portentoso chelista.

* Nota
La poliomielitis, parálisis infantil o polio, es una enfermedad viral que puede afectar la médula espinal causando debilidad muscular y parálisis. No tiene tratamiento especifico, pero puede ser prevenida mediante vacunación. Información sucinta y fiable puede ser consultada AQUÍ.


Final de Don Quixote, de Richard Strauss
Pierre Fournier (cellist), Berliner Philharmoniker and Herbert von Karajan (cond.)

martes, 16 de junio de 2015

Botiquín para navegantes



A través de un paciente he sabido de la obligatoriedad de llevar a bordo un botiquín en las embarcaciones de recreo. Y buscando en la Red he hallado información sobre la exigencia del botiquín y del material sanitario en el barco, con una mayor o menor composición dependiendo de las zonas de navegación, según se realice en aguas costeras o en alta mar, con diferentes gradaciones hasta la navegación oceánica (de 500 o más millas en alta mar). 

En esta página de Seguridad Marítima se puede consultar la composición del botiquín en embarcaciones de recreo:


Y en esta otra de la Seg. Social información genérica sobre el botiquín a bordo:

http://www.seg-social.es/ism/gsanitaria_es/indice_cap5.htm

Lo que no he podido determinar es qué organismo proporciona los medicamentos y el material sanitario exigido. Algo falla en la comunicación intersanitaria... Y por eso he lanzado a la Red esta cuestión.


Habanera de Marina, de Arrieta
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Nota.- Nuestra amiga Ana, administradora del blog "Postura Sana en el Conser de Gijón", me ha enviado una jugosa información que un amigo suyo le ha proporcionado y que nos saca de toda duda. A continuación la reproduzco, con mi agradecimiento a ella y a su amigo David. 
El botiquín de a bordo hay que comprarlo, no lo proporciona ningún estamento de manera gratuita (pasa igual con el resto de las medidas de seguridad obligatorias -bengalas, cohetes, botes de humo, extintores, cubos, radio VHF, balsas salvavidas, chalecos, aros...-. Todas estas medidas de seguridad (que caducan y hay que renovar cada cierto tiempo) son las que encarecen la "afición". El botiquín tiene que tener una homologación (no vale la lata de galletas danesas con unas tiritas, mercromina y aspirinas...). Tiene que tener unas medidas, resistencia, color... Además, debe tener unos compartimentos internos y los medicamentos colocados de forma específica dentro de ellos. Eso es para que, cuando pase algo, tú llames al servicio radio-médico (hay un procedimiento radiofónico estándar que hay que conocer), ellos no te hablen en términos médicos/químicos/oscuros que seguro desconoces y, en el fragor de la batalla/nervios por el accidente, no sepas por dónde andas... Ellos te dicen "coge la pastilla del compartimento X, aplica la pomada que encontrarás en el cajón Y, saca lo que hay en la cajita Z...". El botiquín trae algunos elementos, pero hay que completarlo comprando los medicamentos que no pueden estar en él mientras esté en un escaparate esperando a ser vendido porque caducarían. Además, hay que estar atento para colocarlos en el sitio correspondiente. Se pueden comprar en tiendas de efectos navales. También hay tiendas online que los venden. Si tiene dudas sobre cómo completarlo (o de cualquier tipo), puede acercarse a Capitanía o algún club náutico. 

jueves, 11 de junio de 2015

¿Quién le pone el cascabel al ga(s)to farmacéutico?



Cuando uno lee la última noticia sobre el Foro Iberoamericano de Entidades Médicas (FIEM) referida a la política de medicamentos, con recomendaciones que supuestamente se les envían a los responsables de la política sanitaria (que incluye la de farmacia), no deja de quedarse perplejo por lo que tanto se repite, una y otra vez, sin que se resuelva el problema de fondo ni se ataje lo que se ha convertido en una espiral de consumo que parece imparable. 


Consecuencias de la medicalización
(Pinchar imagen para ampliarla)

Si la medicalización de la vida conlleva la masificación de las consultas y ésta a la frustración de los profesionales, que comprueban la merma progresiva de la calidad asistencial, no es menos cierto -y tanto o más importante- que la secuencia de inconvenientes redunda en perjuicio de los pacientes y, por encima, es generadora de gasto sanitario creciente e inútil. Pero ¿quién frena esta cadena de despropósitos? ¿Quién le pone el cascabel al ga(s)to farmacéutico?
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Y como esta entrada es la 1001, y pienso en una lámpara maravillosa que cumpla nuestros deseos, me remonto a las otras tantas noches de la mano de la cuentacuentos Scheherezade y el mago orquestal Rimsky...

Scheherzade, suite de Rimsky-Korsakov - IV movimiento
Fiesta en Bagdad. El barco de Simbad naufraga al precipitarse contra un acantilado