lunes, 11 de enero de 2016

Una visión sanitaria



Los resúmenes semanales de Miguel Ángel Máñez en su blog Salud con Cosas, que sigo desde hace mucho tiempo, son siempre orientadores y estimulantes. Son el reflejo impagable de un inteligente y atento observador. Leyendo el último resumen, en el que se enlaza la entrada sobre despilfarro de medicamentos editada en este blog médico-melódico, son sustanciosos enlaces ajenos los que me sirven para hacer una reflexión general en este desconcertante comienzo de año. Entonces, lo que pueda haber de aprovechable en este texto es mérito de otros.

Veamos...

Los médicos deberían trabajar a gusto y sin agobios, porque en malas condiciones y sobrecargados no pueden atender a sus pacientes como se merecen. Convertida la actividad médica en una carrera de obstáculos, la situación ha empeorado con la moda de la “gestión clínica”: se piensa más en temas de gestión que en medicina. Los médicos luchan contra el sistema, en lugar de recibir su apoyo, no viendo posibilidades de mejora profesional. Los de atención primaria no hacen aquello para lo que han sido formados y la burocracia maquinal (impuesta por un gerencialismo basado en el paradigma empresarial) condiciona su labor, automatizándolos e impidiendo que puedan dar lo mejor de sí mismos.

Los pacientes deberían ser corresponsables en el tratamiento, porque es bueno para ellos y para la comunidad. Valga como ejemplo la indicación a un paciente de un tratamiento antibiótico en una infección respiratoria cuando la expectoración no es purulenta: se le puede prescribir el fármaco e indicarle que lo tome sólo en caso de que el esputo cambie, que de transparente o blanquecino pase a tener un color amarillento o verdoso. Interesa evitar el inadecuado autoconsumo de medicamentos y promover una automedicación responsable, en la que siguiendo unas indicaciones se haga uso de determinados medicamentos minimizando riesgos y, según el ejemplo, disminuyendo resistencias antibióticas.

La Administración Sanitaria debería propiciar un ambiente grato, porque el bienestar de profesionales y usuarios mejora los resultados. Los sanitarios que se sienten a gusto son más eficaces y eficientes; bien valorados y recompensados, como en cualquier profesión, mejora su rendimiento; no olvidemos que el mejor efecto placebo es el del propio médico, mediante su buena interacción con el paciente, y para ello se precisa un medio adecuado; además, el tiempo disponible condiciona la decisión terapéutica y, en consecuencia, la calidad y el gasto. Los usuarios bien informados serán más responsables y, al final, estarán más satisfechos; los recursos no son ilimitados y la mejor forma de preservar el sistema sanitario es promover el buen uso de los servicios.

Los ciudadanos deberían mejorar en lo posible su educación sanitaria, porque dejándose influenciar por mensajes inadecuados sufren en vano. Los medios envían a menudo información nociva que hace sentirse enfermos a quienes están sanos, favoreciendo la medicalización esclavizadora; las redes sociales son herramientas de dos filos, de las que hay que hacer uso con mucha prudencia. Los ciudadanos bien informados y con una mínima capacidad crítica, pueden estar en disposición de autogestionar su salud, eludir los inconvenientes que les reportan los múltiples bombardeos publicitarios que sólo tienen como objetivo la incitación al consumo y, sobre todo, dedicar más tiempo a ser felices, que es lo más importante.

¡Ah!, todo esto parece una quimera; lograrlo sería como ir hacia el cielo...

Stairway to Heaven - Led Zeppelin

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