viernes, 4 de marzo de 2016

Educar y aprender: binomio no siempre concordante


Solo se aprende de verdad lo que se enseña con amor. Gregorio Marañón

Los médicos creemos que cuando educamos a nuestros pacientes éstos se van con la lección aprendida. Y no siempre, o acaso casi nunca, es así. Valga como ejemplo una anécdota con la que el profesor José Antonio Marina suele referir en sus charlas sobre la calidad del aprendizaje para ilustrar la vinculación entre enseñar y aprender, intentando hacer ver que no siempre se produce una relación de causa-efecto. Yo se la he escuchado en directo el año pasado, hablando a propósito de su polémico Libro Blanco de la Profesión Docente (elaborado por encargo del ministro de Educación, ha suscitado interrogantes), y vale tanto para el ámbito educativo en general como para el sanitario en particular. 
Me gusta contar la historia de un profesor americano de Pedagogía que el primer día de curso dice a sus alumnos, futuros docentes: «He dedicado este verano a enseñar a hablar a mi perro. Está ahí fuera. ¿Quieren que pase a darles una demostración?». Los alumnos asienten entusiasmados. El profesor introduce al perro que se tumba delante de la mesa. Pasan cinco minutos y el perro no dice nada. Pasan diez minutos y el silencio continúa. Al fin, un alumno exclama: «Señor profesor, su perro no habla». El profesor contesta: «Espero que esto les sirva en el futuro. Yo he dicho que había enseñado a hablar a mi perro, no que mi perro hubiese aprendido». Su profesión no es enseñar, es conseguir que aprendan.
De manera que hemos de intentar mejorar la educación sanitaria para lograr nuestro objetivo: que los pacientes asimilen lo que les queremos transmitir. Y por otro lado, aproximarnos a esa enseñanza deseable, que Marañón propugna.

En el caso de los niños pequeños no hay nada mejor que aprender cantando...

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