domingo, 13 de marzo de 2016

Un sueño neoyorkino



Desde la isla de Ellis, donde pasé los controles médicos y de seguridad, llegué por fin a la ciudad que nunca duerme. Respiraba aliviado en Central Park, convencido de que tendría éxito. Antes de cruzar el océano, mi padre me había dado consejos y las señas de un abogado amigo, de su mismo pueblo. Podría necesitarlo. Me dijo que trazase un plan de vida, mientras mi madre lloraba por mi partida hacia el Nuevo Mundo. Ella hubiese deseado que me deportasen. Y a punto estuvieron las autoridades de expulsarme cuando, a poco de llegar, la policía me detuvo por no pagar un perrito caliente. ¡Me habían robado el poco dinero que llevaba! Recurrí al paisano de mi padre y me sacó del apuro. Nunca podré agradecérselo suficientemente... Ya sin fecha de vencimiento en el visado, me dije: “Prosperaré, triunfaré y satisfaré a mis viejos”. Y así fue. ¡Dichoso sueño lejano!

Desde la general ficción a la particular realidad —en esta otra parte del océano— de que cae un año más en la vida de uno...

New York, New York
Frank Sinatra

4 comentarios:

  1. Qué bonito, José Manuel. Para bien y para mal, el tiempo no perdona. Felicidades por ese año que te ha regalado (hay que verlos como regalos, jejeje)
    Moitos bicos, mi querido medicotenor

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    1. Gracias, amiga Lola. El tiempo es imparable, sí, pero cada año hay que verlo como un nuevo regalo.
      Cantarines bicos de este "medicotenor".

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