viernes, 3 de junio de 2016

Centrados en el paciente



Es indiscutible la conveniencia de tener consideración y cortesía con los pacientes. El médico está obligado a ello, y los demás sanitarios también. En este enlace se recoge lo apuntaba Pedro Laín Entralgo en un ensayo dedicado a la figura de Gregorio Marañón: «Conviene recordar de cuando en cuando las nociones que a fuerza de consabidas se hallan en riesgo permanente de ser olvidadas». Nada que objetar a las recomendaciones del gran historiador de la medicina. Y desde luego, seguimos asumiendo los postulados del insigne y polifacético doctor Marañón, supremo representante de la hondura de lo humano, quien refiere en sus escritos cómo la cortesía con el enfermo era incluso premiada en otro tiempo, con una buena nota o calificación académica, por algún profesor o catedrático universitario.

Lo malo es que en esta época de mala educación o descortesía los buenos modales no se priman. Al contrario, y por desgracia, son a menudo vistos por la sociedad como algo retrógrado, rancio o desfasado. Quizás sea el modo de vida apresurado: la prisa no parece comulgar con la urbanidad. Lo cual nos obliga a recuperar ese humanismo propugnado por Marañón y manifestado en la comprensión, la generosidad y la tolerancia. Algo tal vez más difícil en la actualidad, trabajando, en general, exclusivamente en un ámbito público masificado y despersonalizado, pues como da a entender Laín Entralgo, antes el médico actuaba en varios ámbitos (“Ante la cama hospitalaria, en la intimidad de su consultorio privado, en el domicilio del paciente o dentro del ámbito semipúblico de una policlínica cualquiera”), y lo hacía en una sociedad diferente, obediente a los dictados paternalistas, menos demandante y menos consumista.

Por supuesto, la medicina estaba centrada el paciente, no en los sistemas, como sucede ahora. En fin, que los tiempos han cambiado y el esfuerzo se renueva, o se redobla, en un ámbito de la salud muy masificado y extremadamente medicalizado, que no satisface ni a profesionales constreñidos ni a pacientes empoderados.

Y sin entrar en consideraciones ideológicas, viene a cuento una reflexión marañoniana que me parece ilustrativa:
“Hay siempre muchos médicos entre los que elegir. Cada enfermo debe elegir el suyo. La socialización de la Medicina facilita hoy esta elección. Pero, una vez elegido, no debe discutírsele, y esto sí que lo ha empeorado la socialización de la Medicina.”
Con todos los inconvenientes, procuremos en lo posible una medicina centrada en el paciente. A pesar de la preponderancia de los sistemas favorecida por los gestores, de la masificación de las consultas, de las limitaciones en el desarrollo profesional y del controvertible empoderamiento del paciente. Procuremos una medicina humana, comprensiva, generosa y tolerante. Amén.

A veces es bueno escuchar los sonidos del silencio...

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada