martes, 28 de junio de 2016

El daño que puede producir la biometría



Nos detenemos a reflexionar sobre las alertas que suscitan los parámetros biométricos, per se, sin manifestaciones clínicas acompañantes. En la revisión de un artículo crítico sobre la urgencia hipertensiva, se hace hincapié en lo habitual de las medidas terapéuticas desproporcionadas. Cifras de tensión arterial de 180/110 mm de mercurio detectadas casualmente, e interpretadas como “urgencia hipertensiva” (asintomática, sin disfunción de órganos diana), no como “emergencia hipertensiva” (sintomática, con disfunción de órganos diana: dolor torácico, disnea, déficit neurológico), son a menudo tratadas inmediatamente mediante fármacos, y en ocasiones el paciente acaba siendo derivado al hospital. No es infrecuente que algún paciente llegue alarmado a un centro de salud desde una oficina de farmacia, a la que acudió para una medición rutinaria de su tensión arterial. El excesivo celo, no sólo en casos como éste, acaba convirtiendo al paciente en una víctima de salud. Pasa algo parecido con otros factores de riesgo cardiovascular detectados en pruebas de laboratorio, como el colesterol o la glucosa, que no pocas veces suscitan alarma infundada o sobrediagnóstico, que no hacen más que dañar al paciente, cargándolo de una excesiva preocupación o sometiéndolo a un tratamiento innecesario. También sucede con el PSA, o antígeno prostático específico, y con otras mediciones de laboratorio.

No son pocos los individuos que, angustiados o decaídos por el impacto de la biometría médica, acaban siendo adictos a psicofármacos (ansiolíticos, hipnóticos y/o antidepresivos), después de haberlos hecho extremadamente susceptibles o quisquillosos. Repetidamente se ha incidido sobre el exceso de intervenciones médicas y de mensajes sustentados en el temor, pero las llamadas a la sensatez parece tropezar con inmensos muros de irracionalidad o de interés (no por el bien del paciente, sino en beneficio de terceros). Es cierto que se emiten mensajes contradictorios y que hay desacuerdos sobre los protocolos médicos. Y desgraciadamente, también la administración sanitaria fomenta controles excesivos que generan un indeseable e innecesario gasto, del que luego se lamentan quienes primero los han propiciado. Cuántas pacientes no salen de las consultas preocupados por análisis de laboratorio rutinarios, solicitados por el facultativo o a petición propia, en los que los asteriscos marcados en la hoja de resultados señalan pequeñas desviaciones en algunos parámetros, totalmente irrelevantes o insustanciales, desligados de patologías concretas. Incluso tras explicarles que esas mínimas alteraciones carecen de importancia, se van cargados con el peso de la preocupación o solicitan interconsultas con especialistas hospitalarios.

Es preciso reflexionar sobre esta cuestión de la fría biometría, que lejos de mejorar los niveles de salud se afianza como un factor de riesgo para la salud mental y, por ende, como elemento favorecedor de infelicidad. Hallar el punto medio de equilibrio entre la angustiosa preocupación y el total abandono sería lo ideal. Pero ahora nos conformamos con no dañar con los excesos biométricos.

Es tiempo de verano y, como en todo tiempo, estamos a tiempo de no hacer daño...

Summertime - Ella Fitzgerald & Louis Armstrong

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