lunes, 19 de junio de 2017

Discrepancia improcedente



Finalizamos la actuación musical con el famoso «Coro de Esclavos». Cuarenta licenciados en Derecho con licencia para cantar, en esta actividad sin honorarios. Entre las sopranos, Victoria, mi pareja, y un servidor entre los tenores. Nuestras voces se fundieron armoniosas y la Coral del Colegio de Abogados recibió prolongados aplausos. ¡Todo un éxito! La noche se alargó en celebración, bailamos y bebimos, y nosotros regresamos a casa cansados pero alegres. Y al llegar, qué susto llevamos… ¡Habían okupado nuestro hogar! –¿Qué hacemos, Rodrigo? –¡Echar a ese intruso por la fuerza! Entonces surgió la discrepancia entre letrados. Victoria consideraba los derechos del okupa. Por mi parte, recordaba los lindes de la libertad, mostrando tolerancia cero. Ella comprensiva; yo como un Cid decidido a batirse en la arena. Su cabeza dispuesta a investigar; la mía a condenar... Cuando descubrimos el error, cantamos locamente «Va, pensiero». Nos habíamos confundido de vivienda.


"Va, pensiero" de Nabucco, de Giuseppe Verdi

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