jueves, 6 de julio de 2017

Duro deber profesional



El presidente de un importante banco, con quien de niño un servidor solía jugar, falleció súbitamente tras una pequeña intervención dental. La familia presentó una denuncia en el juzgado, contrató los servicios de un abogado de renombre y yo, que soy médico internista, fui designado para verificar la causa del fallecimiento. Sintiendo la muerte del amigo de infancia, no la del experto en ahorro e inversión, reparé en la obviedad de la vida fugaz. 

El dictamen del forense, una imprevisible trombosis cerebral coincidente, eximía al dentista de toda responsabilidad. 

Mi deber era actuar como perito judicial, evaluando el caso y emitiendo el correspondiente informe técnico. No podía escabullirme ni esconderme cobardemente en un refugio. Debía peritar. Después el juez resolvería si el odontólogo había actuado correctamente, conforme a la lex artis, o cometido un error. 

Sorpresa la mía al constatar la dorada obstrucción de sus arterias... ¡Eran de oro puro!

The call of duty song

2 comentarios:

  1. Primera vez que oigo: Embolia por oro? Bajo que forma? Coloidal? Muy raro, no!

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    1. Es un relato, Silvia, y me permito fantasear con el oro como símbolo de riqueza.

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