lunes, 27 de febrero de 2017

En busca de una tranquila existencia



¿Acaso no hemos deseado alguna vez huir de la ruidosa civilización que nos oprime, en busca de un lugar de silenciosa paz que nos proporcione el necesario reposo? Quizá entonces hayamos sentido como nuestros los versos que Fray Luis de León escribió como una oda a la vida retirada, cuyo comienzo es tan conocido:

¡Qué descansada vida 
la del que huye el mundanal ruido 
y sigue la escondida 
senda por donde han ido 
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Ya en estos tiempos más agitados que los del poeta, hemos sabido que Dewey Bunnell, miembro del exitoso grupo de folk rock America, dijo que su popular canción Un caballo sin nombre era la metáfora de un vehículo alejándose de la confusión de la vida y yendo hacia un lugar tranquilo y pacífico. Al fin y al cabo parece haber sentido la misma necesidad, expresándola de otro modo.

In the desert you can remember your name 
 'Cause there ain't no one for to give you no pain 

En el desierto, no puedes recordar tu nombre, 
porque no hay nadie para hacerte daño. 

Aunque en el seno de la sociedad hay muchas labores que hacer, es comprensible el impulso de huida que cualquiera puede llegar a sentir...

A horse with no name - America


Y el mismo Caballo sin nombre muchos años después:

jueves, 23 de febrero de 2017

El valor de la vida



Déjense mecer por el dueto "Belle nuit", también conocido como Barcarola, de Los cuentos de Hoffmann, de Offenbach, y seguro que sentirán en su espíritu el maravilloso placer de vivir. ¡Escuchen con atención! ¿Quién se puede resistir a semejante belleza melódica? ¿Quién no se deja envolver por la serenidad que transmiten las humanas e instrumentales voces? ¿Quién, con un mínimo de sensibilidad, se atreve a desdeñar el atractivo del fugaz arte supremo? ¿Quién puede dudar ante el influjo de estas sonoridades del poder de la musicoterapia? Podrían haber traído cualquier otros ejemplo de deliciosa música acariciadora y energética.

Aun en el dolor más hondo, el adecuado fluir de las mágicas notas musicales habrá de dejar su relajante impronta y acaso haga aflorar una sonrisa.

¡Deléitense en la escucha de la música vivificadora!

Déjense arrobar por el femenino dueto: mezzosoprano y soprano...

Y después de escuchar a Elīna Garanča y Anna Netrebko, dispóngase a afrontar una conmovedora reflexión en imágenes, que quizá ya conozcan, sobre el drama del enfermo oncológico. El de una enferma a la que le comunican el diagnóstico de un cáncer terminal, con todo lo que entraña la comunicación de un diagnóstico potencialmente fatal. Un difícil trago para el terapeuta y un duro golpe para el doliente que se enfrenta a su grave enfermedad. Ante ella, una inesperada vereda hacia la muerte, a través de la cual ha de afrontar, con fortalecido espíritu, el doloroso deambular, mientras llegan algunos ecos de esperanza. Una humana tragedia contra el tiempo, en la que la comedia de la vida se realza y, aun en el sufrimiento, el humor se hace necesario. Una historia ejemplar que muestra la fragilidad de los mortales, válida para iluminar un poco la terrena oscuridad que envuelve nuestras almas, incluso las alegres o extrovertidas. Una angustiosa soledad, entre tantas soledades, terapéuticamente torturada, que precisa del calor humano más cercano, de los allegados y del propio personal sanitario.

Si la música necesita de silencios, aquí los silencios son música.

Silencios cuyo vacío acoge el acariciador sonido de una flauta o el estruendo de un golpe de timbal; toda la gama sonora tiene cabida en ellos.

Asistan, pues, a la valerosa lucha de una mujer (¿sería del mismo modo la de un hombre?), necesitada de amor, del cariño de sus semejantes y del calor de una medicina compasiva. Traten de ponerse en su lugar y si, con solo suponer que se hallan en ese trance, les causa desazón, déjense aliviar por la terapéutica barcarola.

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Película completa subtitulada en español AQUÍ.

lunes, 20 de febrero de 2017

Comunicar una enfermedad fatal

-¿Que tengo, doctor?  
-Tiene usted un cáncer...

Cuando hablamos de la toma de conciencia de muerte, reparamos en la cuestión de la comunicación de las malas noticias en medicina: ¿es mejor callar y ocultar una enfermedad grave? Decíamos que varios estudios confirman el hecho de que se hace más daño callando (o mintiendo) que comunicando la verdad al paciente. Y objetábamos que puede condicionarnos el temor a una mala reacción de afectado y a sentirnos culpables, lo cual no debiera bloquearnos. Si el enfermo llora, el médico no debe sentirse culpable; es más tiene derecho a jactarse de la confianza depositada por su paciente. Además, por muy grave que sea su proceso, no hemos de quitarle la esperanza, teniendo en cuenta que el enfermo sufre en el curso de su dolencia una alternancia cíclica de esperanza y desesperanza. 

Con todo -apuntábamos- hay dos posiciones. Una mantiene que comunicar el diagnóstico o el mal pronóstico de una enfermedad fatal es una inútil crueldad. Otra defiende una relación basada en la franqueza y la confianza. La primera postura está reforzada a veces por la familia que, en una conspiración de silencio, intenta auto-protegerse y proteger al paciente, evitándole malestar y sufrimiento y previniendo un intento de autolisis, si bien la segunda no parece entrañar el teórico peligro. Vuelvo a decir que soy de los que piensan que debemos individualizar cada caso; no habiendo verdades absolutas, habrá que tomar en consideración la personalidad del enfermo y las circunstancias. Y nos reafirmamos en que, ante todo, es preciso habilidad y tacto al comunicar una mala noticia.

Valga como complemento esta secuencia de una película de Akira Kurosawa.

sábado, 18 de febrero de 2017

Relajando la musculatura cervical

Lagartija inclinada


A diario acuden a las consulta de médico de familia pacientes aquejados de dolor y rigidez cervical, acompañados o no de mareos, mayormente derivados de sobrecargas, malas posturas o estrés laboral. No pocas veces el dolor de cuello (igual que el dolor de espalda) es causa de incapacidad laboral transitoria, incluso permanente a la larga. Se suele recurrir a analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares, pero la terapia física puede ser más apropiada, siendo además atóxica. Como orientación veamos a continuación un vídeo muy didáctico desde el apropiado enfoque de la fisioterapia, donde se muestra un auto-masaje para relajar la musculatura cervical, muy útil para aliviar los dolores de cuello y para relajar la tensión muscular que provoca la rigidez cervical. ¡Sáquenle provecho!

Auto-masaje para liberar la tensión del cuello y de los hombros

martes, 14 de febrero de 2017

Sobre el periodismo sanitario



Hacemos hoy un acercamiento al periodismo sanitario...
...profesionales de distintos medios de comunicación nacionales y autonómicos han coincidido en señalar el valor de la especialización para comunicar bien en salud.
Es lo que se señala en un artículo periodístico intitulado “La especialización, clave en el periodismo sanitario”. Una recomendación que también es aplicable al periodismo político, al deportivo o al del corazón. En este sentido, ningún descubrimiento. En dicho artículo también se recuerda que “la credibilidad es el patrimonio, la bandera de un periodista”, abogando por la información contrastada, rigurosa, transparente y adaptada al medio, nunca creadora de falsas expectativas. Porque al fin y al cabo, la información en salud es educación sanitaria.

Comprobamos que se ha propuesto una guía del periodista sanitario, en consonancia con el aumento progresivo de la información relacionada con la salud. No descubrimos nada cuando afirmamos que la salud es lo que más preocupa a la sociedad. ¿O alguien lo dudaba? Hecho este recordatorio, cabe resaltar una cuestión técnica que la referida guía recoge. Y es que la forma de presentar la información de salud en los medios informativos se puede dividir en tres grandes áreas:
  • política sanitaria
  • divulgación científico-médica
  • sucesos de índole sanitaria
Por otra parte, en nuestro particular léxico médico ya hemos dado una definición reflexiva de los medios de comunicación, aplicable al ámbito sanitario:  
Instrumentos que difunden información mediante técnicas de transmisión, impresas, orales o visuales. Respecto a la sanitaria, útiles cuando son serios; inconvenientes y perjudiciales cuando transmiten sin adecuado asesoramiento. El mayor peligro está en que lo perverso vende más que lo salubre; por desgracia, la prensa y los demás medios, tienden cada vez más hacia el sensacionalismo, ya que un periodismo responsable y cauto no resulta demasiado rentable. A menudo refuerzan la idea de que la medicina puede solucionar todos los problemas de la humanidad, contribuyendo así a la “medicalización” de la vida, y no pocas veces sus mensajes producen efectos negativos en la relación médico-paciente.

El periodismo sanitario ya ha sido sometido a debate, sobre él se sigue debatiendo y en el futuro no habrá de dejarse de debatir sobre una cuestión que interesa y preocupa especialmente a los profesionales de la sanidad, asombrados muchas veces por noticias poco rigurosas o incluso alarmantes que publican los medios, y en consecuencia preocupados a su vez por los pacientes que reciben la información. Se les previene de las noticias que les llegan; se les aconseja que adopten una visión crítica, en la que debe primar más la sensatez que la desconfianza; se les alerta de la consulta con el doctor Google, en cuanto a un uso adecuado, contemplándolo como herramienta orientativa y no infalible. En fin, los pasos del periodismo sanitario, en sus vertientes clásica y digital, debieran conducirnos por la senda de la objetividad, del rigor y del fundamento científico, lejos de la otra de subjetividad, charlatanismo y tremendismo. Así sea, con el objetivo de una buena información en salud.

Periodismo sanitario
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Entrada relacionada en blog:
Información deformada y exceso de información

domingo, 12 de febrero de 2017

Para la isla desierta: Amor de poeta de Schumann



Cuando en una larga entrada nos referimos al compositor Robert Schumann (1810-1856) como "el poeta de la música", manifestamos que su corpus de canciones, unas 250 piezas, le bastaría para asegurarle la gloria. Consiguió que el Lied romántico adquiriese un nuevo y esplendoroso brillo poético, adentrándose en los textos, creando obras de gran intensidad lírica y dominando la técnica del ciclo o “Liederkrais”. Ninguna de esas composiciones es desdeñable. Pero si nos viésemos obligados a elegir entre sus obras magistrales, nos quedaríamos con su ciclo de canciones Dichterliebe (Amor de poeta), Op. 48, 16 Lieder sobre poemas de Heinrich Heine. Las emociones suscitadas por los poemas de Heine y los diferentes estados de ánimos son expresados sonoramente por Schumann gracias a su capacidad compositiva y a su inmensa sensibilidad. El resultado es una insuperable conjunción de poesía y música a la que no nos podemos substraer. Es un discurrir continuo de emocionante belleza. No se lo deben perder.

Respecto a la patobiografía del compositor, ha quedado reflejada en la entrada enlazada arriba sobre su figura como creador y como ser humano (apartado "Especulaciones sobre la enfermedad mental de Robert Schumann")

Si es posible, disfruten de esta obra digna de la isla desierta.


Robert Schumann, Dichterliebe op. 48
Christophe Prégardien, voz & Andreas Staier, piano

jueves, 9 de febrero de 2017

Osler y la Aequanimitas



La práctica de la medicina es un arte, no un comercio; una vocación, no un negocio; una vocación en la que tu corazón debe ejercitarse tanto como tu cabeza. W. Osler

Dice el doctor Walter Ledermann en un editorial de la Revista Chilena de Pediatría: 
Bajo el término aequanimitas, que no puede traducirse simplemente por “ecuanimidad”, Sir William Osler expresaba la cualidad fundamental exigible a un médico, definida como imperturbabilidad, frialdad y presencia de ánimo en todas circunstancias, que quien se muestra azorado y nervioso en emergencias ordinarias pierde rápidamente la confianza de sus pacientes
Una cualidad que un neurocirujano conocido de Ledermann sintetizó diciendo que “el médico debe tener la cabeza fría”, y que el propio Osler le recordaba a cada alumno a la cabecera del enfermo pronunciando: “Aequanimitas, muchacho, que emociones perturben tu juicio no permitas”. 

Por otro lado, en la nota introductoria al libro Aequanimitas de William Osler, dice nuestro recordado traductor, el cardiólogo Manuel Fuster Siebert

El núcleo del mensaje que proclama es claro, compasivo y actual, expresado de un modo que llega al alma de cualquier médico. Exhorta a la organización del tiempo, del trabajo y del estudio, a la laboriosidad, a conservar la calma, a respetar a los demás, a la compasión, a anteponer el interés de los enfermos, y a seguir estudiando y aprendiendo de la propia experiencia durante toda la vida. Sus alusiones y evocaciones literarias, a veces oscuras, parecen una envoltura, un adorno algo barroco, pero van con intención: el médico debe ser culto y aficionado a la literatura. (…)  
El saber científico-técnico es imprescindible, pero no llega; el enfermo tiene una psique, unos sentimientos, una biografía. Hace falta el arte de la medicina. Osler enseñaba ambas cosas cuando pasaba visita por las salas del hospital; en el momento de pronunciar las conferencias que figuran en Aequanimitas lo que venía a cuento era insistir en el arte sin olvidarse de ensalzar la ciencia. 
El ejercicio de la medicina clínica tiene un gran componente literario. El dominio del lenguaje es imprescindible: menos la fase de observación, el resto es lenguaje, comunicación. Escuchar al enfermo y comprenderlo, hablar haciéndose entender, reflexionar, redactar historias e informes, comunicarse con los colegas: todo exige soltura, flexibilidad y precisión en el manejo de las palabras. Para comprender las emociones, los temores, las preocupaciones y los conflictos emocionales de los enfermos a veces no hay mejor fuente de información que la literatura. (…) 
Sobran razones para explicar el éxito de Osler en vida y la persistencia de su fama e ideario tras su muerte. Pero uno de los factores que merecen ser destacado es su habilidad para acuñar frases cargadas de significado, sensatez y utilidad, fáciles de recordar y oportunas cuando uno quiere orientar a los jóvenes. Abundan en Aequanimitas, han sido recogidas y clasificadas en The Quotable Osler. Ciencia y arte, técnica y lenguaje, precisión médica y complemento literario… 
Hay suficientes razones para leer a William Osler, aprender de su experiencia, empaparse de su humanidad y recrearse en sus aforismos. El humanismo médico del “padre de la medicina moderna ha ido avanzando de su sabia mano.

Sir William Osler (1849-1919): The Father of Modern Medicine
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WILLIAM OSLER: APUNTE BIOGRÁFICO
William Osler (1849-1919), fue un médico canadiense, profesor universitario y jefe de Medicina Clínica, reconocido por sus grandes contribuciones en el campo de la medicina. Hay signos clínicos y enfermedades que llevan su nombre (epónimos): signo de Osler (falsa lectura de hipertensión arterial debida a arterioesclerosis), nódulos de Osler (nódulos subcutáneos secundarios a endocarditis), enfermedad de Rendu-Osler-Weber (telangiectasia hemorrágica hereditaria), etc. Fundador de instituciones médicas, docente extraordinario y médico humanista, es considerado el padre de la medicina moderna, siendo su influencia notoria. Su obra magna Los Principios y Práctica de la Medicina (The Principles and Practice of Medicine), publicada en 1892, supone el primer gran tratado de medicina. 

Interesante artículo sobre su figura: 

lunes, 6 de febrero de 2017

La enfermedad desde la óptica estética

Fuente: Dr. Eduardo Lauzurica


Los médicos, sobre todo los más apasionados por la investigación, contemplan las enfermedades desde un punto de vista estético. Dicho así, son comprensibles los gestos de extrañeza. Pero que nadie se escandalice... Aunque pueda parecer chocante, incluso cruel, los galenos tienen una forma peculiar de referirse a los trastornos de cierta relevancia. Discuten sobre esas interesantes dolencias, realizan revisiones bibliográficas, hacen estudios, convocan sesiones clínicas y, si merece la pena, publican los resultados o las conclusiones que alcanzan. 

Al referirse a una afección que los tuvo en vilo o que, por su complejidad o escasez de datos clínicos, tardan mucho tiempo en diagnosticar, dicen con placer: «¡Un caso muy bonito!». Es como si se relamiesen por haber atinado con el patológico misterio, igual que si estuviesen ante una obra de arte o hubiesen alcanzado la plenitud de una lectura intrigante, olvidándose por completo del sufriente (algo imperdonable si no fuese eventual) y ateniéndose tan solo a los síntomas y signos que lo tenían preocupado, y acaso lo sigan preocupando de por vida. 

Proyectando diapositivas de tumores cutáneos, es habitual que el ponente se refiera a «preciosas imágenes», de un determinado tipo de melanoma u otra neoplasia maligna, resaltando su morfología o su colorido, como si hubiesen sido creadas por las hábiles y sensibles manos de un escultor o un pintor. Lo mismo sucede con otros procesos corporales, o de la mente. Desde un linfoma a una esquizofrenia, pasando por un reumatismo peculiar, un trastorno neurológico curioso o una alergia extraña. Es un pecado profesional que se les ha de perdonar a los galenos, siempre y cuando no dejen de preocuparse por lo más importante: los enfermos.
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Nota.- Había manifestado a final de año mis dudas sobre la continuidad del blog. Creo que ha sido un arrebato pasajero, como sospechaba nuestra amiga Lola Mu, porque, como dice la canción, pasaba por aquí y no me he podido resistir...

Pasaba por aquí - Luis Eduardo Aute