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lunes, 19 de septiembre de 2016

Cuestionamiento de la sanidad pública

Viñeta de Mónica Lalanda
 
QUERIDA EXPLOTACIÓN LABORAL: TE DEJO, NO CUENTES YA CONMIGOEstoy en la calle. He renunciado a mi contrato de guardias. He renunciado a la explotación laboral sangrante y despiadada. He renunciado a la esclavitud de un sistema sanitario absurdo que trata a sus profesionales como basura. He renunciado al pisoteo de un jefe que, como tantos otros en la medicina española, maneja su servicio […]  
Ese es el precio que tienen que pagar los médicos españoles por vivir de “lo público”. Le recuerdo a usted, señora, que su gremio es de los más activos en la lucha por dar poder a esas cadenas que a usted le han atado. También le recuerdo que los ciudadanos estamos obligados a pagar, a punta de pistola, las cadenas que a usted le oprimían y que a los ciudadanos nos quitan la libertad de pagar sólo a quienes sean buenos médicos. Admiro su valentía personal por negarse a vivir esclavizada, pero la solución al problema no es aflojar las cadenas que a usted le oprimían, la solución al problema es dejar de robar a los ciudadanos y permitir que paguen con su dinero al médico que quieran y no a quien un burócrata diga.
Una respuesta que cuestiona la sanidad pública, a la que se obliga a contribuir por supuesta solidaridad, y con la que no todos están de acuerdo. Es una opinión respetable, adoptada por quienes abogan por la libertad de elección. Tampoco olvidemos que perviven los Regímenes especiales de funcionarios (MUFACE, MUGEJU, ISFAS), con opción de provisión sanitaria, pública o privada, y prestaciones complementarias (odontológicas, oftalmológicas y otras), junto al Régimen General de la Seguridad Social, sin opción de elegir atención privada ni prestaciones complementarias. Es decir, hay una gran desigualdad prestacional. Se puede coincidir, con o sin matices, o se puede discrepar, pero lo cierto es que no todo es blanco ni negro. La duda circunda nuestra mente cuando comprobamos la desconcertante situación, creo que generalizada, de convenios y conciertos con la sanidad privada, muestra de que no existe una sanidad pública ‘‘pura’’, sino contaminada por intereses espurios, una ‘‘sanidad concertada’’ (como sucede con la enseñanza, pero que no todos pueden elegir), bajo el envoltorio de una gestión sanitaria flexible impulsada por los responsables de la política sanitaria hispana. Y la duda se acrecienta al constatar que personas con una profesión científico-humanista, entregadas plenamente a lo público pero subordinadas a la sanidad privada, trabajan -por imperativo organizativo- como si fuesen máquinas.

Welcome To The Machine - Pink Floyd

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