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lunes, 28 de noviembre de 2016

Diálogos político-sanitarios (12): Certificados médicos


Conversación entre el Dr. Abré, médico de familia, y el Dr. Encantado, secretario general del colegio médico de su provincia:

DR. ABRÉ.- Antes, el galeno que emitía un certificado médico oficial, percibía un pequeño honorario del colegio médico por la responsabilidad que conlleva. 

DR. ENCANTADO.- Eran otros tiempos, en los que el médico del sistema público todavía no estaba proletarizado. Ahora la situación es muy distinta. 

D. A.- (Con sumisa mirada de extrañeza.) En cambio el médico con ejercicio privado cobra libremente por los certificados. 

D. E.- (Con el cinismo de quien está en buena posición.) En realidad no cobra por cubrir el certificado, sino por la exploración previa que realiza. 

D. A.- ¿Y el facultativo de la empresa pública, ni por una cosa ni por otra? La mayoría de peticiones son inútiles o absurdas, pero siempre comprometedoras. 

D. E.- Así es, querido Abré. En mi consulta particular, si alguien solicita un certificado, se lo cobro. (Con una sonrisa maligna.) Tú en cambio, lo haces gratis. 

D. A.- Ya, por amor al arte. Con similar capacitación y pagando igualmente mis cuotas colegiales, pero sin beneficiarme. ¿Le parece normal, doctor Encantado? 

D. E.- No, y sé que en otros lugares no es así; tengo constancia. Es que aquí tenemos una ética distorsionada… Queremos ser más papistas que el Papa. 

D. A.- Sin embargo, se benefician de la venta del papel el estanquero y, últimamente, el farmacéutico. Quisiera yo una prebenda del colegio farmacéutico. 

D. E.- Desde luego, no la espere. Entiendo que se aprovechan de esfuerzos y responsabilidades ajenas. Si estuviera en mi mano cambiar esta injusta situación... 

D. A.- Me parece más limpio lo que había antes: parte del coste del papel oficial repercutía en el emisor. ¿Hoy de qué se beneficia el médico proletario colegiado? 

D. E.- (Sonriendo igual que antes.) De nada. Regala su ciencia y su arte. 

Aunque parezca increíble, unos ganan simplemente por vender impresos de certificados médicos (estanqueros, farmacéuticos) y médicos colegiados, que les dan valor con su conocimiento y asumen una responsabilidad al firmarlos, los cubren gratis. ¿Acaso por el hecho de haberse proletarizado? No sé, pero me parece un disparate, el mundo al revés. Hay que reconocer que los médicos de familia sienten (sentimos) cierto pudor al hablar de este tema, como si se avergonzasen por obtener una legítima ganancia o fuese algo antiético. Es cierto también que se piden certificados médicos desde todos los ámbitos y de forma injustificada o absurda, con la rutina exclusiva de un país de pandereta, y que por lo tanto deberían emitirse muchísimos menos. Es así por la aceptación general que mantiene la inercia ("Siempre se han pedido..."), convirtiendo  un procedimientos serio, de índole legal, en una frívola costumbre. “Total, solo tiene que echar una firma”, dicen algunos que los solicitan con hispano desparpajo. Pues no. Emitir un certificado médico exige conocimiento y acarrea una responsabilidad. Y eso debe ser valorado.

Certifico que la música que viene a continuación es percusiva.

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