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lunes, 3 de abril de 2017

Problemas inveterados de la medicina pública


Más vale tarde que nunca, pues nunca es demasiado tarde.
Shakespeare, "La fierecilla domada".

Todavía se sigue reclamando, aquí y allá, la resolución de problemas que siguen incrustados en nuestra medicina pública, y particularmente en la atención primaria. Entre ellos, más tiempo para atender a cada paciente, lo cual supondría limitar la asistencia (establecer un tope de pacientes por jornada); la desburocratización de la actividad diaria, que a pesar de las promesas no ha disminuido (o tal vez haya aumentado); la aplicación del principio de justicia bioético; etc. Por eso es necesario recordar, del mismo modo que se hizo con los inconvenientes del nivel hospitalario, algunas cuestiones, para procurar un poco de luz en medio de tanta oscuridad:

  • Existió una “Plataforma 10 minutos”, reivindicadora de ese tiempo mínimo de consulta que, desgraciadamente, nada logró. 
  • La agenda de citación es rígida, por isócronas fijas, lo que dificulta la asistencia cuando alguien no comparece (no acude a consulta). 
  • Hay que respetar el principio de autonomía. Puede que el paciente no demande consulta porque no quiere. 
  • Tristemente, muchos de los actos en atención primaria no son clínicos, sino burocráticos. La proliferación de formularios es inconcebible. 
  • Por desgracia, la atención médica está tan fragmentada que unos profesionales desconocen la actividad y los problemas de otros

Y sobre la alentadora voluntad de querer que los problemas se solucionen, frente a la odiosa simulación, se me ocurre este pensamiento dual:
El sincero deseo de que las cosas mejoren nos ennoblece; el aparentar cínicamente esa intención nos envilece.
I'm Lost - Sarah Vaughan

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