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domingo, 10 de febrero de 2019

La India, según Blasco Ibáñez


El tomo III y último de La vuelta al mundo de un novelista (1924), de Vicente Blasco Ibáñez, está dedicado a India, Ceilán (Sri Lanka), Sudán, Nubia y Egipto. En los capítulos dedicados a La India de en este interesante libro de viajes, el escritor nos deja sus impresiones. Hemos de situarnos en los años 20 del siglo XX, cuando el subcontinente indio formaba parte del Imperio Británico, y cuando Gandhi había iniciado su lucha no violenta hacia la independencia. Blasco Ibáñez recorre las grandes e históricas ciudades: Calcuta, Benarés, Colombo, Goa, Kandy, Bombay, Delhi, Agra. Habla de religiones y ritos, de costumbres sociales, de las actividades de las gentes, de prestidigitadores y faquires, de palacios y templos, de plantaciones y montañas, de las castas, del Imperio Mogol, del dominio extranjero (por cierto, nos recuerda el dominio que tuvieron los portugueses en las Indias Orientales), de rebeliones, del amor y de la muerte, en una India que son muchas Indias. Con detalle, nos desgrana su paso en diferentes capítulos, que nosotros adaptamos o sintetizamos, y en los cuales no faltan los animales salvajes: cuervos, chacales, cobras, boas, tigres, elefantes, monos, buitres...


(Nota: Mapa con Estados de la India AQUÍ)

I. LA CAPITAL DE BENGALA (Calcuta). Compañía de las Indias, vacas sagradas, casamientos infantiles, budismo, brahmanismo e hinduismo, Siva (Shiva) y otras divinidades, encantadores de serpientes (sapwallas), faquires...

II. EL SAGRADO GANGES. La sagrada ciudad de Benarés; Gautama (Buda); el Sivarat (fiesta primaveral de Shiva); el baño de los peregrinos; los palacios; brahmanes, gimnastas y prestidigitadores.

III. LA SAGRADA BENARÉS. Frisos lascivos en una pagoda; las viudas de Benarés; las bayaderas o servidoras de los templos; el Templo de los MonosGandhi.

IV. LA ÍNSULA DE TAPROBANA. La India fría; el Himalaya; ferrocarril y medios de comunicación en general; la ínsula Taprobana (figura en libros de caballerías y El Quijote); hombres con peineta y faldas en Colombo; nativos descalzos.

V. POR EL INTERIOR DE CEILÁN. Los campos bajos de Ceilán; plantaciones de té, canela y caucho; jardín zoológico sin jaulas; elefantes que aran; jardines de Peradeniya; ciudad de Kandylago de KandyTemplo del Diente de Buda; procesión de elefantes; el arzobispo de Goa.

VI. LA OPULENTA BOMBAY. Los portugueses en la costa de Malabar; el almirante Alburquerque; los tesoros indostánicos; la ciudad de Goa; Bombay; las castas; los mercaderes; el algodón; las epidemias (cólera y peste bubónica); mujeres en jaulas.

VII. EL GRAN MOGOL. Delhi; los rajásTimur-Lank ("Cojo de hierro", Tamerlán; descendiente de Gengis-Kan); Enrique III de Castilla y sus emisarios; Rui González de Clavijo y su viaje a Samarcanda (visita a Tamerlán); "los marfiles"; los herederos de Tamerlán; palacios portátiles o campamentos movibles; el trono del Pavo Real; el brillante "Gran Mogol".

VIII. PALACIOS, TESOROS Y TUMBAS. El ruidoso movimiento de la calle central; riqueza y suciedad; los orfebres de Delhi; la Gran Mezquita; el palacio-fortaleza de los Grandes Mogoles; huida del último Gran Mogol; revolución de los cipayos; el minarete de Kutab; mausoleos; leyenda del rey Anang-Pal.

IX. EL TAJ MAHAL. Akbar "el victorioso" y su residencia de Agra; El Gran Mogol Shah-Jehan; riquezas del palacio de Agra; místico monumento del amor; la esposa Arjumand Banu; la ruinosa ciudad de Sikandra; prestigitadores, mercaderes y faquires; voces acuáticas en la noche (música del agua).

X. LAS TORRES DEL SILENCIO. Los parsis; Zoroastro y mazdeísmo (por la divinidad Ahura Mazda); el jardín de la muerte y las Torres del Silencio; Elefanta, la isla de los templos tallados en la roca; Templo de Ellora.


Tomo I: Estados Unidos, Cuba, Panamá, Hawai, Japón, Corea, Manchuria.
Tomo II: China, Macao, Hong-Kong, Filipinas, Java, Singapur, Birmania, Calcuta.
Tomo IIIIndia, Ceilán, Sudán, Nubia, Egipto.
Nota.- En La vuelta al mundo de un novelista, no faltan las incidencias a bordo del buque Franconia, en el que viaja Blasco-Ibáñez;  y entre ellas las médicas, con intervención del médico de a bordo.

La India
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Brahma, Dharma, Guru, Kali, Karma, Krishna, Vishnu, Mahabharata, Mantra, Maya, Nirvana, Shiva, Vedas, Vishnu, Yoga...

Escritor y político español nacido en Valencia, Vicente Blasco Ibáñez estudió derecho en Valencia e ingresó en el Partido Republicano. En 1894 fundó el periódico El pueblo, que sería su plataforma política, primero como portavoz del republicanismo federal liderado por Francesc Pi i Margall y después, cuando se separó de éste, para difundir su propio ideario político, que pasaría a ser denominado blasquismo. Exilado en París por cuestiones políticas [en 1893, por un alboroto anticlerical contra una expedición de peregrinos a Roma], entró en contacto con el naturalismo francés, que influiría en su obra. Ese influjo se hizo ya manifiesto en Arroz y tartana (1894), obra con la que inauguró su ciclo de novelas «regionales», ambientadas en la región valenciana, entre las que están también Cañas y barro (1902) y La barraca (1898).

Procesado, encarcelado y condenado de nuevo al exilio (1896) [esta vez por soliviantar a las masas contra la Guerra de Cuba], regresó a España dos años después y fue elegido diputado a Cortes en seis legislaturas, hasta que en 1908 decidió abandonar la política. Ese año escribió la novela Sangre y arena (1908), sobre el mundo de la tauromaquia. En 1909 buscó fortuna en Argentina, donde intentó llevar a cabo dos proyectos utópicos de explotación agrícola que acabaron en sendos fracasos. En 1914 partió hacia París y allí publicó la novela que le daría fama internacional: Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916). En 1921 decidió retirarse a su casa de Niza [región de Provenza-Alpes Marítimos-Costa Azul], donde escribió sus últimas novelas, más pensadas para gustar al público que las de sus años de más efectiva lucha política, en las que intentó reflejar las injusticias sociales desde una óptica anticlerical, dentro del más puro estilo realista, como sucedía en La barraca. En su finca de la Costa Azul se dedica a escribir novelas por encargo, por interés económico, y un día decidió realizar un viaje alrededor del mundo, del que extrajo también cuantiosos beneficios al escribir crónicas periodísticas sobre los lugares exóticos que va visitando que luego recopilará en un libro titulado La vuelta al mundo de un novelista, publicado en tres volúmenes entre 1924 y 1925.

Poco antes de iniciar su vuelta al mundo, en España se había instaurado la dictadura de Primo de Rivera (1923-1928), y cuando fue preguntado por un periodista sobre el pronunciamiento militar, contestó que se encontraba alejado de la política y que no iba a abandonar su proyecto —actitud duramente criticada por Manuel Azaña en un artículo—. Pero al volver dice estar decidido a combatir a la dictadura y declara: «Tengo energías suficientes para luchar otra vez». En París publicó folletos contra esa dictadura. Y cuando comenzaba una nueva novela que iba a ser el relato de su vida y que llevaría por título La juventud del mundo, falleció en Francia, en su residencia Fontana Rosa, en Menton –cerca de Niza–, el 28 de enero de 1928, un día antes de cumplir sesenta y un años, ​a causa de las complicaciones de una neumonía. Sus restos fueron trasladados a Valencia en 1933, tras la proclamación de la II República Española, como había sido su deseo.

Blasco Ibáñez un autor muy prolífico vinculado en muchos aspectos al naturalismo francés (movimiento literario que también afectó, aunque en menor medida, a Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas «Clarín»). Pero sus obras carecen de la escrupulosa documentación y rigor compositivo de Émile Zola. Por otra parte, la explícita intención político-social de algunas de sus novelas, junto al escaso bagaje intelectual del autor, lo mantuvo alejado de los representantes de la Generación del 98 (Pío Baroja, Azorín, Miguel de Unamuno). No obstante, su vigorosa imaginación y poder descriptivo hicieron de Vicente Blasco Ibáñez el último gran autor del realismo decimonónico. Su obra tuvo una gran proyección internacional, ampliada por las versiones cinematográficas de algunas de sus novelas, en especial dos versiones de Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Dividió su vida entre la política, el periodismo, la literatura y el amor a las mujeres. Se definía como un hombre de acción, antes que literato. Escribía con inusitada rapidez. Era entusiasta de Miguel de Cervantes y de la historia y la literatura españolas. Amaba la música tanto o más que la literatura; Wagner le apasionaba, su apoteósica música exaltaba su viva imaginación y soñaba con los dioses nórdicos y los héroes mitológicos como Sigfrido, nombre que le puso a uno de sus cuatro hijos.

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Enlaces de interés

Vicente Blasco Ibáñez (h. 1900], Antonio Fillol Granell

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