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lunes, 28 de diciembre de 2020

Esperando a los alienígenas


En un día inocente se me ha ocurrido un poema burlesco basado en otro famoso, sobre la caída del Imperio Romano... y los males sociales.

ESPERANDO A LOS ALIENÍGENAS

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esa gente, al fin y al cabo, era una solución. 
CONSTANTINO CAVAFIS, Esperando a los bárbaros

—¿Qué esperamos en esta enorme plaza?
Que lleguen nuestros salvadores alienígenas.

—¿Por qué los gobernantes no gobiernan?
¿Por qué los ciudadanos no trabajan?
Porque hoy llegan los alienígenas,
que habrán de legislar como los dioses mandan.
Es el final de los estúpidos legisladores.

—¿Por qué no duerme nuestro presidente?
¿Es su propia inutilidad lo que le preocupa
o un milagro inminente el que lo inquieta?
Espera la llegada de los alienígenas,
igual que los demás. Y él más que ninguno,
porque es el anfitrión terrícola que le dará
la bienvenida a aquel homólogo que los lidera.

—¿Por qué nuestros ministros, más que nunca,
están engalanados y —ellos y ellas— muestran 
una actitud amable, que no viéramos,
y en sus ojos un brillo extrañamente ilusionante 
y en sus labios una sonrisa no fingida 
y en sus manos un ansia de generosa acogida.
Porque hoy llegan los alienígenas 
y desean causarles una sublime impresión.

—¿Por qué no acuden los habituales oradores
con sus discursos demagógicos?
Porque van a llegar los alienígenas 
y podrían dejarlos ¡ay! en evidencia.

—¿Por qué hay ahora tanta confusión
en esa gente que veía esperanzada?
¿Por qué las calles y las plazas se vacían
y todos se retiran con los rostros apenados?
Porque se ha puesto el sol y no llegaron.
Trajo alguien la noticia que los ha desengañado: 
«¡Los alienígenas no existen!».

¿Y qué podemos esperar sin alienígenas?
Ellos eran la solución a nuestros males.

Cerca de las estrellas – Los Pekenikes

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