Páginas

martes, 16 de abril de 2024

Quema de muñecos sanitarios

Fuente: Europa Press Andalucía

Traigo unos fragmentos de la reflexión de un médico de familia (en este enlace el texto completo) suscitada por una manifestación popular*, en la que la furia ciudadana por los problemas de la sanidad pública se ceba con sus profesionales, como si fuesen los culpables de la mala planificación y desorganización sanitarias, como una variante de matar al mensajero que trae una mala noticia.
Y a ti, médico, te aconsejo lo siguiente: vete de España ya. Vete. Coge la maleta y vete. Lárgate pronto de aquí. Agarra tu fonendo, tu inglés, tu alemán, tu portugués, tu inigualable expediente académico, tu carísima formación MIR… y vete. (...) Pero deja la bata en el consultorio donde te han amenazado, donde te han grabado con el móvil, donde te han insultado, donde te han pegado, donde han hecho estallar un petardo en tu cabeza de trapo. Vete, médico joven. No aguantes más. Y si eres mayor, prejubílate. Esto no tiene remedio. (...) Vete, médico. No mires atrás. Olvida a las decenas de miles de políticos españoles que, acaso con el graduado escolar como mérito académico, te gobiernan, te mangonean y ganan más salario que tú. Vete. Aléjate de los millones de derechos que tienen los pacientes y de los millones de deberes que tienes tú. Vete. Olvida los hipócritas aplausos de la etapa del COVID. Olvida los malos modos en la consulta, los móviles sonando mientras exploras, el insolente tuteo de las adolescentes para exigir una receta, la altanería con que te obligan a firmar una derivación que no procede, o un fármaco que no se necesita. Vete. Olvida las reclamaciones que te han puesto por llevar cierto retraso en la consulta (a quién se le ocurre entretenerse con los pacientes más de los cinco minutos reglamentarios). Y olvida las reclamaciones por las listas de espera a los especialistas (como si tú tuvieses la culpa). Vete. Aléjate de los gestores tóxicos que responden en tu contra, sistemáticamente, las puñeteras hojas de reclamaciones, esos hijos de puta que han convertido la asistencia sanitaria en un infierno de papeleo, de objetivos a cumplir, de burocracia, de ordenadores que fallan, de sustitutos que no llegan, de botones antipánico escondidos bajo las mesas, de agresores reincidentes a los que no hay manera de expulsar. Vete. No te lo pienses. Haz lo que ya han hecho decenas de miles de compañeros. Haz lo que, en lo que va de año, han hecho varios miles más. Vete. Ganarás más dinero, tendrás contratos estables y no quemarán tu efigie ni harán estallar petardos en tu cabeza de trapo.

Esta reflexión desoladora, con una carga de asqueo más que justificada, no tiene desperdicio. Entristece el desprecio de profesionales de la salud que están al servicio de la ciudadanía, sobre todo la menos pudiente, que si tuviese que pagar las consultas sería menos demandante de atención médica o tendría que privarse de muchas cosas. Una pena. Y sí, es adecuado el mensaje dirigido a médicos jóvenes para que se vayan fuera, en busca de mejores horizontes, y a los veteranos para que abandonen en cuanto puedan. Así unos y otros respirarán mejor al alejarse de esos gestores tóxicos que no los aprecian, que si pueden los machacan. En fin, en un tiempo no lejano habremos de escuchar quejidos por lo perdido y no cuidado.

¿Quedará un resquicio de esperanza?

Final del ‘‘Adagio’’ (IV mov.) de la Sinfonía n.º 9 de Mahler

2 comentarios:

  1. Muy, muy triste. Políticos y gestores tóxicos . Población que no abre los ojos ni tiene espíritu crítico, aunque la machaquen por todos lados: educación cada vez más deficiente, necesidades básicas ( comida, electricidad, etc) cada vez más caras, sanidad ni que contar, ciudades cada vez más inseguras.....Yo no soy ni joven ni estoy para jubilarme...intento aguantar con el apoyo y arrope de mi família, amigos y pacientes que me respetan. Gracias por este post. Aunque sea duro es la pura realidad

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Realmente triste. El respeto, en general, aquí se ha perdido hace mucho tiempo. Es parte de la deriva social y del fracaso educativo. Pero sí, es preciso aguantar y mantener en lo posible el entusiasmo con el apoyo de los allegados y el estímulo de los pacientes respetuosos.
      Un saludo y gracias por tu comentario.

      Eliminar