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martes, 7 de diciembre de 2010

Enfermedad mental y creatividad musical


Si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco.
Piotr Ilich Tchaikovsky.

El genio es compañero de la locura.
Anton Chéjov

De entrada, creo necesario señalar dos interesantes conclusiones –ya apuntadas en el final de la serie “Grandes compositores y desequilibrio emocional”– de un estudio sobre la relación entre creatividad y enfermedad mental (*): 1) Es mayor la frecuencia de enfermedades mentales en músicos que en la población general, pero menor que en otros campos artísticos; y 2) La enfermedad mental grave no va ligada a la creatividad sino que la interfiere. Dicho lo cual, no es lícito deducir por simple asociación la relación entre genialidad y locura, aunque la existencia de ésta preceda a la creatividad.

(*) Delgado Calvete C, Pérez Bravo A. Relación entre creatividad y enfermedad mental. AN. PSIQUIATRIA 2006; 22 (3): 120-132.

Esta revisión bibliográfica concluye que de los estudios analizados “se deduce la existencia de argumentos en apoyo de la relación entre creatividad y enfermedad mental, con diferente grado de importancia en la evidencia que aporta cada uno de ellos”. Dicha relación parece esencialmente establecida con el trastorno bipolar, en sus formas más ligeras, en base a diferentes interpretaciones, destacándose que la mayor sensibilidad del individuo a los estímulos ambientales podría dar respuesta a una superior actividad creativa. Se advierte una polarización de los estudios en los escritores, siendo escasos respecto a los artistas plásticos y casi nulos en cuanto a los compositores. En este importante artículo de revisión aparecen referidas tres amplias revisiones de biografías de artistas que apoyan una cierta asociación entre relación entre creatividad y enfermedad mental:
  • Juda A. The relationship between highest mental capacity and psychic abnormalities. Am J Psychiatry 1949; 106:296-307.
  • Ludwig AM. Creative achievement and psychopathology: comparison among professions. Am J Psychother 1992; 46: 330-56.
  • Post F. Creativity and psychopathology. A study of 291 world famous men. Br J Psychiatr 1994; 165: 125-34.

No obstante, sabemos de músicos mentalmente perturbados, o emocionalmente desequilibrados, que con su creación musical consiguieron realizarse y mantener un equilibrio que contrasta con sus dramáticas existencias. Baste recordar cuatro nombres significativos del mundo clásico: Schumann, Wolf, Tchaikovsky y Mahler. De algún modo, la creación musical supuso su salvación vital. ¿A dónde habrían llegado estos creadores sin su música? Solamente al pensar en el epistolario de Tchaikovsky y en su frase definitiva, que encabeza este artículo, ya me conmuevo.

En la obra clásica Grandes Músicos. Sus vidas y sus enfermedades, del médico alemán Dieter Kerner (1923-1981), de la que he bebido como otros en busca de datos fiables, se evidencian las grandes limitaciones en el conocimiento de las enfermedades de la mente, con posible causa o confluencia orgánica, y máxime tratándose de creadores que vivieron antes de la psiquiatría moderna o en sus inicios. Veamos algunas consideraciones de este autor sobre los cuatro compositores referidos y otros argumentos añadidos.


De Robert Schuman (1810-1856), Kerner refiere antecedentes familiares de inestabilidad psíquica, un comportamiento hipersensible desde la infancia, una melancolía por la insuperable desproporción entre el hombre y la vida, introversión, alucinaciones auditivas, ciertas fobias, tentativas de suicidio, su reclusión final en un centro psiquiátrico y los análisis que durante un siglo se hicieron sobre su posible enfermedad (parálisis progresiva, esquizofrenia, neurosífilis, psicosis maníaco-depresiva, hipertonía esencial), un enigma difícil de dilucidar por los documentos existentes, poco fiables o incluso falseados, acaso por exageraciones románticas y sin duda por el exiguo conocimiento en su época de las enfermedades de la mente.

Schumann compuso su concierto para violín y orquesta entre septiembre y octubre de 1853, meses antes de su intento de suicidio arrojándose al Rin y su ingreso en el manicomio de Endenich, cerca de Bonn, en febrero de 1854. La obra no fue publicada inicialmente y no se interpretó hasta 1937, quedando excluida en la edición de sus obras completas a su muerte, porque el violinista Joseph Joachim la valoró como producto de su locura y como música "enfermiza", llegando a convencer a Clara Schumann de la conveniencia de ocultarla. En su última etapa, de “locura”, el músico escuchaba voces y ruidos que le perseguían y se transformaban en música suprema; la nota “La” le martilleaba sin cesar y le producía “maravillosos sufrimientos”. Atrapado en sus delirios y tras su propósito suicida, ingresó voluntariamente en el hospital de Endenich, donde habría de permanecer hasta su muerte, dos años después, el 29 de julio de 1856, en compañía de Clara y Johannes Brahms.

Es probable que Robert Schumann haya padecido un trastorno bipolar (antigua psicosis maníaco-depresiva), complicado en los últimos años con una afectación neurológica difícil de diagnosticar. Y si bien las composiciones de este gran músico no son frutos de la locura, hay suficientes datos biográficos para no dudar demasiado de su inestabilidad emocional.

La figura de Robert Schumann y su obra musical ya fueron tratadas en: 

Escuchemos el juguetón scherzo de su segunda sinfonía...

Schumann – Sinfonía Nº 2: Mov. 3 Scherzo

Hay quien argumenta que la producción de Hugo Wolf (1860-1903) es anterior a su cuadro clínico psiquiátrico, con lo que es imposible afirmar si su labor compositiva ejerció algún efecto modulador en su personalidad”. Pero el compositor era emocionalmente inestable ya desde muy joven, un individuo extremadamente nervioso, sobreexcitado y exaltado, que caía periódicamente en estados de abatimiento; a una fase de euforia le seguía otra de postración, volviendo después a la anterior y así sucesivamente, en una alternancia maníaco-depresiva definidora de un trastorno bipolar. Situación que no le impidió componer cerca de 300 lieder, de una sencillez expresiva comparable a Schubert y de una intensidad semejante a la de Schumann, antes de fallecer en un psiquiátrico, muy menoscabado por una neurosífilis.

Hugo Wolf nos dejó joyas ineludibles del Lied: Canciones sobre poemas de Möricke (56), Canciones sobre poemas de Eichendorff (20), Canciones sobre poemas de Goethe (51), Spanisches Liederbuch (Cancionero español, 44 canciones), Italienisches Liederbuch (Cancionero italiano, 46 canciones).

Disfrutemos del hermoso lied "Kennst du das Land" (¿Conoces el país?)...

Wolf - "Kennst du das Land"

En la semblanza de Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893), queda en el aire la respuesta sobre la causa de su muerte durante una epidemia de cólera, tras beber un vaso de agua contaminada: ¿accidente o suicido? No han de eludirse los desencadenantes ni los conflictos interiores del compositor ruso, que pudieron llevarle a una muerte voluntaria a los 53 años. Su discutida inclinación homosexual, su intento de suicidio en 1877 (se metió en las heladas aguas del río Moscova con el propósito de agarrar una pulmonía), tras su fracasado matrimonio con Antonina Miliukova, una alumna del conservatorio, y su distante relación con su mecenas y confidente, la rica viuda Nadeshda von Meck, forman parte del misterio tchaikovskiano. Una nueva hipótesis sostiene el suicidio con arsénico, en base a un escándalo amoroso del compositor con el sobrino de un aristócrata, cuya única salida habría sido poner fin por una cuestión de honor. Ciertamente su madre –con quien se sentía muy vinculado– falleció treinta y nueve años antes a causa de esa enfermedad infecciosa, hecho que debió influir en su conducta vital. Su vida tuvo mucho de patética, como su última y extraordinaria sinfonía.

Entre las obras orquestales más conocidas de Tchaikovsky, todas ellas rebosantes de fuerza melódica y poderosa orquestación, se hallan: Romeo y Julieta (obertura-fantasía), Concierto para piano nº 1, Concierto para violín, El lago de los cisnes (ballet), La bella durmiente (ballet), El Cascanunces (ballet), Serenata para cuerdas y sus 6 Sinfonías, en especial las tres últimas (nº 4, nº 5 y nº 6 “Patética”). Para quienes busquen sus creaciones más formales, serenas o equilibradas: Las estaciones (piano), Cuarteto para cuerdas nº 1, Recuerdo de Florencia (sexteto) o Variaciones sobre un tema rococó (violonchelo y orquesta). Cualquiera de estas obras es adecuada para sumergirse en el inigualable gozo tchaikovskiano. Y aquellos que quieran disfrutar de su música vocal, deben escuchar sus canciones, sus óperas (Eugenio Oneguin y La dama de picas entre ellas) o su Liturgia de san Juan Cristóstomo, impresionante composición coral a capella.

Dejemos que hable su maravillosa serenata para cuerdas...

Tchaikovsky – Serenata para cuerdas: Mov. 1
[Vídeo post. por eliminación del previo]

Se tiene la impresión de que Gustav Mahler (1860-1911) haya sido condenado por su viuda, Alma, al afirmar que “ha estado siempre enfermo”, un argumento aprovechado para justificar su supuesto trastorno psíquico. También cabría la posibilidad de un complejo de Edipo no superado, de ser cierta la conclusión de Sigmund Freud en su entrevista: “usted busca en cada mujer a su madre”. Se ha escrito de Mahler que era difícil de tratar y que estaba lleno de manías, achacándosele rasgos de carácter como la brusquedad, la rigidez, la intolerancia y la vehemencia; se nos revela como un hombre atormentado y anhelante, que no encontraba el equilibrio y, por ello, la paz interior. Según las investigaciones del Dr. Carlos Delgado Calvete, psiquiatra amgio que ha publicado artículos sobre la música y la enfermedad mental, Mahler era un obsesivo, como se refleja en su exigencia y meticulosidad como director y en sus escasas y elaboradas obras. Razones tendrán otros autores para decir que el músico padecía un trastorno bipolar, enfermedad atribuida, por otra parte, a muchos famosos compositores, hasta el punto de que se llega a considerarla fuente de creatividad. Pero su muerte fue debida a una afección valvular cardíaca causada por fiebre reumática (Recomiendo la lectura de un artículo del Dr. Francisco Doña: “Las enfermedades de Gustav Mahler”)

En la música de Mahler hallamos la confesión de sus tormentos y anhelos espirituales –hacia Dios, la Naturaleza, la belleza, la pureza–, la tragedia humana en suma, expresada por medio de inmensas sinfonías que, en palabras del compositor, debían abarcar el mundo; es reflejo de la complejidad del hombre y del artista. Su obra, escasa pero densa (se autodefinía como compositor de verano, al estar ocupado el resto del año en la dirección orquestal), está centrada en el sinfonismo y el Lied.

Estas son las obras principales de Mahler: 10 Sinfonías –la última inacabada–; Das Lied von der Erde (La canción de la Tierra), híbrido de Lieder-sinfonía, sobre poemas chinos antiguos; Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones del camarada errante), ciclo sobre poemas del propio compositor, para voz y piano u orquesta; Des Knaben Wunderhorn (El muchacho de la trompa mágica), ciclo para voz y orquesta; Kindertotenlieder (Canciones de los niños muertos), ciclo para voz y orquesta. Composiciones grandiosas y emotivas.

Deleitémonos con el impresionante final de su segunda sinfonía "Resurrección"...

Mahler – Sinfonía Nº 2 “Resurrección”, Final
[Vídeo post., por eliminación del previo]
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Bibliografía
  1. Brea Feijoo JM. Consideraciones sobre dos artículos críticos musicales. Cadernos de Atención Primaria 2009;(16): 260-262. Disponible en:  http://www.agamfec.com/pdf/CADERNOS/VOL16/n_3/PDF_WEB_CAD_16_N3/10_Cartas_ao_director_4.pdf
  2. Delgado Calvete C, Pérez Bravo A. Relación entre creatividad y enfermedad mental. AN. PSIQUIATRIA 2006; 22 (3): 120-132.
  3. Kerner D. Grandes Músicos. Sus vidas y sus enfermedades. Ed. Mayo. Barcelona, 2003.

5 comentarios:

  1. Éste es el "artículo" (porque lo es) que estaba esperando, amigo José Manuel. El otro día me preguntaba mi hija, que estudia 4º de Medicina, por músicos que hubieran sufrido algún tipo de enfermedad mental. Lo había pedido el Catedrático de Psiquiatría. La remití a tu blog, por supuesto; pero, en cuanto hable con ella, le recomendaré esta entrada (quiero decir "artículo") a mi hija... y al Catedrático. Ambos disfrutarán, de paso (él, estoy seguro, porque le conozco bien; ella, que siga a Letamendi...) de la magnífica selección musical que nos ofreces. Nada menos que Schumann, Wolf, Tchaikowski y Mahler, juntos pero no revueltos. ¡Gloria pura!
    Entre tanto genio, y con citas al Dr. Delgado Calvete, modestamente, no puedo más que agradecer la deferencia que me haces mencionándome. No quiero, tampoco, dejar de agradecer, una vez más, tu amable y apreciado comentario en el aniversario de "Tiempo para la memoria". Gracias, amigo. Y un abrazo muy fuerte.

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  2. Me alegro de que esta actividad bloguera pueda ser útil a otros, y en este caso a tu hija, querido Francisco. El Dr. Carlos Delgado Calvete me ha servido de gran apoyo en el artículo del que proviene esta entrada. Tiene varios trabajos sobre música y enfermedad mental (algunos se los está publicando en una nueva revista viguesa de música, en gallego), pero como bien sabes no es fácil dar cauce a los contenidos culturales, a no ser en medios como éste que nos fascina a ambos y nos roba tanto tiempo. Por otra parte, soy yo quien debe agradecerte el comentario y las recomendaciones.
    Un fuerte abrazo.

    P.D. No sé qué te habrá parecido el final de la “Resurrección” de Mahler. ¡Vaya solistas, coro y orquesta! ¡Y cómo lo vive Bernstein!

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  3. José Manuel; como puedes imaginar - y como ya te he dicho en alguna ocasión - este tema, interesantísimo, me resulta muy atractivo. A tenor de lo que expones en este artículo (y en otros que hemos podido leer), la relación entre razón y creación o la influencia del equilibrio emocional- o desequilibrio, claro - en el proceso creador parecen obvias y, si me lo permites, un poco inquietantes. Sin embargo y pese a lo dramático de las situaciones concretas de todos esos compositores, está claro que el resultado final ha sido maravilloso y sobrecogedor; prueba de ello son esas audiciones que nos has propuesto y que no podían haber estado mejor elegidas. Lastima no poder decirles a todos esos genios que su sufrimiento mereció la pena ¿verdad?
    Muxos bicos.

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  4. Considerada de manera simple y cruda, la relación creatividad-locura sí es inquietante, querida Lola. Pero los límites de la normalidad son discutibles, los ponen los humanos, en cada tiempo y en cada cultura. Todo es relativo; locura y cordura se confunden en una misma figura. Y una pizca de locura parece conveniente, incluso necesaria. Además sabemos de la limitación del lenguaje, que no puede retratar enteramente el alma de los genios creadores, ni la de cualquier otro mortal. Por eso el dicho: “donde acaban las palabras, comienza la música”... ¡Vivan los genios locos! ¡Viva la loca música!
    Moitos bicos.

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  5. No se acuerdan de Ian Curtis?
    Lider de la enigmatica banda Joy Division
    Para mi fue el cantante y compositor mas grande que haya existido.

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