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jueves, 13 de enero de 2022

Lágrimas y sonrisas


No son pocos los médicos que se están jubilando anticipadamente, hastiados de un trabajo insatisfactorio y agotador. Se van después de muchos años con un mal sabor de boca. Y me temo que sin gesto alguno de preocupación por parte de los gestores, ni por supuesto de afecto. Pero incluso médicos jóvenes acaban renunciando al doloroso ejercicio de la medicina.

En el ámbito sanitario el optimismo se hace necesario para mantener un buen estado de ánimo con el que poder hacer frente a tantas adversidades. Un médico optimista, lo mismo que un enfermero optimista, sea hombre o mujer, dispone de mayor fuerza terapéutica que otro desilusionado, por muchas aptitudes técnicas que posea. Y la medicina es seguramente el más digno oficio.
Reflexión alegre (Optimismo sanitario)

Más de uno ya se habrá percatado de que el título de esta entrada es la inversión del de una famosa película musical en su versión española: Sonrisas y lágrimas. Por lo demás, nada que ver con el séptimo arte. Nuestro enfoque se dirige a la expresión emocional de tristeza y alegría de los médicos respecto a su vida laboral. Cada profesional de la sanidad tiene su personalidad, sus circunstancias y su modo particular de contemplar su espacio de desempeño de su actividad diaria. Hay quienes lo ven todo blanco, o negro, o en una variopinta escala de grises. 

Destacando los extremos, reproducimos manifestaciones contrapuestas de algunos facultativos que hemos recogido de las RRSS.

Dice un veterano galeno quemado:
—Queridos aspirantes al MIR: probablemente dentro de 30 años os encontréis con vuestra vida personal y familiar arrasada y preguntándoos si ​realmente ha merecido la pena el esfuerzo. Eso por no hablar de que vuestra salud física y mental estará tocada y tal vez seáis adictos al alcohol o alguna otra droga y/o necesitéis tratamiento con psicofármacos. Y a la empresa, pública o privada, le va dar igual si os ocurre algo. Al día siguiente, habrá otra persona haciendo vuestro trabajo.

Dice un joven galeno entusiasta:
—A pocos meses de hacer el MIR, tengo claro que quiero ser médico de familia. Soy un tío con las cosas bastante claras y siempre he tenido la especialidad de familia entre mis prioridades, pese a saber de la excesiva carga de trabajo, el desprestigio y las mil y una carencias a las que tienen que enfrentarse diariamente estos especialistas. Pese a las opiniones en contra de familiares y amigos.

Un tercer galeno experimentado corrobora:
—Somos muchos los que hicimos lo mismo hace muchos años, elegir esta maravillosa profesión. Cerca de la jubilación, te confirmo que no me arrepiento y que he visto satisfechas mis ambiciones profesionales y sociales.

Un cuarto galeno rodado critica la gestión de los RRHH en el sistema sanitario:
—Hace años me esforzaba en cumplir objetivos, todo lo que me trazaban; quería ser un buen chico, apreciado por la organización. Pero nunca nada parecía suficiente, nunca nada estaba bien hecho y nadie valía lo suficiente. Algo falla; algo falla por ahí arriba, donde gestionan —o manejan— los recursos humanos. Porque no podemos ser todos unos mediocres, unos vagos, unos incompetentes... ¡Tengo cicatrices de esta prolongada guerra llamada vida profesional!

Y galenos de atención primaria refieren las bondades de elegir medicina de familia:
—Vemos al paciente como un todo... Te permite diariamente sorprenderte, ilusionarte y emocionarte... Solucionamos muchos problemas de los pacientes... Medicina de Familia no es una especialidad, es LA ESPECIALIDAD.

Médicos de atención primaria o de atención hospitalaria, enfermeras, auxiliares..., de cualquier nivel asistencial, pueden verter lágrimas por su infortunio. O, por el contrario, exhibir sonrisas de satisfacción por el servicio que brindan y caras alegres por su realización personal. Y aunque algunos se sientan profesionalmente crucificados, cabe ver la parte buena de la vida y, en vez de llorar, cantar y silbar.

Always Look on the Bright Side of Life​ (Mira siempre el lado bueno de la vida)
***
REFLEXIÓN ANEXA
En un escenario calamitoso, muchos sanitarios son incapaces de sonreír y se plantean dejar la profesión. Los telediarios lo repiten. Las malas condiciones laborales y, en atención primaria, la burocracia aplastante (hasta la gestión de las bajas por covid-19 que sufre el médico de familia nos distancia de otros países de Europa), son factores decisivos. También hay un descontento hospitalario que está llevando a un desgaste profesional e incluso al abandono del ejercicio, sobre todo en especialidades con mayor presión asistencial. Y sin embargo, esta grave cuestión de la «huída» de nuestros profesionales no parece ser merecedora para los políticos ni de una triste sesión parlamentaria. Así que nos tememos que lleguen más lágrimas, aunque nos quede en el fondo el deseo inmenso de lucir sonrisas.

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