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martes, 18 de mayo de 2010

Nuevas reflexiones sobre la crisis económica


1. Las causas de la crisis y los temores

A parte de las causas que se consideran determinantes de la crisis económica global (hipotecas subprime en USA, restricción en el crédito, encarecimiento del petróleo, fuerte ajuste en el sector de la construcción o estallido de la burbuja inmobiliaria), con aumento de la inflación y del desempleo, no hay que olvidar las particularidades hispanas, algunas ya citadas, que han acarreado estas consecuencias indeseables y una fuerte disminución del PIB

En Hispania, nadie puede negar la importancia de otras causas que contribuyen al déficit público: despilfarro de fondos públicos, fraude fiscal, economía sumergida, corrupción política, picaresca ciudadana. Los honrados trabajadores asalariados y los legítimos pensionistas habrán de sufrir las malas consecuencias que otros, irresponsables, han provocado. Quienes viven al margen de la legalidad, disfrutan de prebendas, reciben subvenciones o subsidios injustificados, seguirán disfrutando de su situación ventajosa a costa de sudores ajenos.

El presidente del gobierno hispano había sido avisado de que debía reducir el déficit público. No hizo caso de las advertencias y a algunos analistas les pareció a que tenía un delirio de optimismo. Finalmente, se ha visto obligado por presiones externas, en especial del gobierno estadounidense, a realizar un recorte del déficit. Y apremiado e irreflexivo, el poder político ha decidido recortar por decreto salarios de trabajadores públicos y pensiones contributivas.

Una fácil e injusta decisión que ha sido criticada hasta por el sindicalismo no oficial, presuponiendo que se veía venir, censurando que los gobernantes se hayan dado demasiado autobombo en vez de recortar otras partidas y buscar ingresos donde el dinero abunda. Ciertamente, los ricos y poderosos no van a sufrir la crisis; los asalariados y los legítimos pensionistas seguirán siendo las víctimas propiciatorias. ¡Para sentirse orgulloso de pertenecer a un pueblo y trabajar por un país!

El gran temor es que la reducción del poder adquisitivo y el aumento de la inflación, favorecido por el incremento del IVA, provoque una disminución del consumo, que las empresas no vendan sus productos y se vean obligadas a reducir sus plantillas, con resultado de aumento del paro laboral, ya alarmante. De tal manera que los efectos de la crisis se convierten en causas, siguiendo un círculo vicioso, en este caso económico-financiero.

Salvo mejoras milagrosas de datos económicos que favorezcan el consumo (descenso del precio del petróleo, bajada de otros precios, disminución de tipos de interés, reducción de impuestos…) y grandes reformas estructurales, hemos de esperar lo peor. Tiempos difíciles ya presagiados por expertos en economía.

Los países de nuestro entorno están impulsando sus particulares planes estratégicos para afrontar la situación de crisis y emprender la recuperación económica. En el nuestro, de momento, todo parece concentrarse en la reducción del poder adquisitivo de sus ciudadanos. 

A falta de ideas inteligentes, sólo cabe esperar el milagro. 


2. Las propuestas anti-crisis

Ya hablamos aquí de la situación crítica (Crisis económica y consecuencias sanitarias), manifestando nuestro temor ante las medidas anti-crisis que se habían dispuesto. Frente a estas, se plantean otras alternativas. Unas propuestas por la oposición, otras propuestas por expertos en economía y otros sectores de opinión. (Vemos que de economía no sólo opinan los economistas.) Lo importante es reconducir la economía y ordenar este país (?), combatiendo sus tres grandes pecados definitorios: la chapuza, la improvisación y la picaresca
  • Eliminación de algunos ministerios.
  • Disminución general del tamaño de la administración pública.
  • Revisión de partidas de subvenciones.
  • Devolución de competencias autonómicas.
  • Reforma laboral.
  • Gravamen sobre grandes patrimonios.
  • Combate de la economía sumergida.
  • Lucha contra el fraude.
  • Liberalización de sectores: farmacias, estancos, administraciones de loterías.
  • Copago sanitario.
  • (…)
De lo propuesto, y recordando de paso que los servicios sanitarios se encuadran en el sector terciario de la economía (sector servicios), reflexionemos sobre tres drásticas medidas sanitarias para reducir el déficit:
  1. Liberación farmacéutica o, yendo más lejos, integración farmacéutica. Podría favorecer la racionalización del gasto farmacéutico, al desaparecer la inducción al consumo de fármacos desde las oficinas de farmacia.
  2. Establecimiento de copago. Aplicado con tino, podría evitar el abuso de los servicios sanitarios.
  3. Devolución de competencias sanitarias autonómicas. Con el objetivo de reducción de la Administración sanitaria y eliminación del sobrecoste autonómico.

Reflections - Wynton Marsalis Plays Monk

2 comentarios:

  1. El grave problema de la economía mundial lo genera la deuda, mi estimado amigo. Cuando compramos algo por decenas de veces su valor, y peor a un, con un crédito que nos endeuda aun más. Algo importante que debemos hacer es difundir el conocimiento sobre el verdadero costo de las cosas, donde se producen, cuanto cuestan sus materias primas, cuanto se paga a los pseudo esclavos que las arman.

    En la salud, debemos promover una relación más directa del médico con los pacientes. Se podrían realizar una especie de ferias, donde el común de las personas pueda dialogar, no digo consultar ni recibir una prescripción, si no simplemente dialogar sobre sus dolencias, y sobre sus dudas, especialmente en enfermedades crónicas. Eso ayudaría a implementar las medidas higiénico dietéticas aun más.

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  2. La deuda, amigo Tony, también puede generarse rescatando a discreción empresas privadas con dinero público que luego se vuelven ruinosas, de modo que lo "invertido" jamás se recupera. En nuestro caso ha derivado de un cúmulo de despropósitos emanados de irresponsables e incompetentes.
    Con la relación más directa médico-paciente, a modo de compadreo, tal vez se produzca en algún caso una especie de liberación y se genere confianza, pero la experiencia nos dice que el exceso de la misma deteriora el trato y, por ende, la susodicha relación.

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