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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Toma de decisiones en Atención Primaria


Sabemos que en la toma de decisiones médicas influyen condicionantes propios (conocimientos, barreras del terapeuta, asertividad…), del paciente (creencias, comprensión, barreras físico-psíquicas…) y del medio (espacio, insonorización, agenda…). De manera que la entrevista clínica pocas veces se produce en buenas condiciones, y no digamos en Atención Primaria, con el factor añadido de la presión asistencial desmedida. El médico más capaz, más seguro, más empático y más hábil comunicador, puede verse desbordado, mentalmente descentrado o incluso bloqueado, convertido transitoriamente en un ignorante, un inseguro… y un irracional. Seguramente hará sobre-diagnósticos, establecerá terapias inadecuadas o derivará injustificadamente, espoleado por un lícito mecanismo defensivo.

En su función de agente educativo, el médico se ve igualmente limitado, y cada vez más, por la escasa disponibilidad temporal y por perniciosas influencias externas (intereses ajenos, medios, publicidad engañosa…). La autonomía del paciente permanece como un concepto teórico discordante con la cruda realidad. Los servicios de atención al paciente funcionan como meras “oficinas de reclamaciones”, en las que no se dan respuesta a los problemas importantes ni se procura la mejora de la calidad asistencial. Por supuesto que el médico general/de familia es clave, como elemento integrador que ve al paciente en su conjunto, a un individuo que sufre y que no siempre puede ser etiquetado de enfermo.

Al final, el paciente es una víctima social, un esclavo de los “chequeos” fomentados de manera interesada. El exceso de información conlleva inevitablemente confusión e incertidumbre, que a su vez producen miedo irracional y, en consecuencia, exceso de demanda ansiosa. Se constata en una Atención Primaria cada vez más saturada. Por eso el médico de cabecera tiene, día a día, mayores dificultades para la toma de decisiones.
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Exceso de información, confusión e incertidumbre, miedo irracional y exceso de demanda ansiosa, es lo que está pasando con la pandemia de gripe A (H1N1)v. La llamada urgente a la racionalidad no puede hallar eco en una sociedad poco educada como la hispana, y no sólo sanitariamente. En la coyuntura gripal, sólo cabe establecer medidas de choque muy concretas y, a medio o largo plazo, esforzarse en modificar inadecuados comportamientos.

Nota.- He realizado estas consideraciones tras la lectura del resumen "de autor" (Juan Gérvas) del tercer Seminario de Innovación en Atención Primaria 2009: 

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