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martes, 28 de julio de 2026

Bosque encantado



BOSQUE ENCANTADO

La umbría, espacio misterioso
como cualquier bosque encantado,
mi cuerpo estremecía y mi alma acariciaba;
sentí que envejecía con su silencio 
antiguo y que volvía a ser un niño 
con su nueva fragancia. 
Una escalera pétrea ascendía a una loma,
y un pequeño castillo se escondía 
en las arbóreas entrañas;
y yo me vi llegar, andante caballero,
decidido, valiente, como loco Quijote
al rescate de la cautiva dama
—casi tan bella como Dulcinea—, 
con la sorpresa de los duendes, bajo
mirada aprobatoria de las hadas.
Fluía un riachuelo cristalino
para alegrar el manto oscuro, y más
por un furtivo sol que en él se reflejaba;
añadían frescor las hojas verdes
en una superficie viva
de inquietos zapateros que danzaban.
Y bajo un puente medieval,
en parte devorado por el musgo
insolente sobre su piel grisácea,
di fin a mi selecto recorrido
por aquel hermosísimo lugar
en compañía de las dulces aguas.
....................................................................
Encantado salí del bosque,
el cuerpo relajado y colmado el espíritu,
dispuesto a regresar, encantado, a su calma.

[2022, 19 sep]
____
Fuente de inspiración:

Enchanted Forest, Michael Allen Harrison

domingo, 21 de junio de 2026

Leyenda de la Translatio: Origen del Camino de Santiago

Desembarco del cuerpo del apóstol Santiago
(1500-1530), Maestro de Astorga

A modo de precuela de nuestros Romances del Camino de Santiago, elaboramos otros dos romances sobre la Translatio, la leyenda del traslado del cuerpo de Santiago el Mayor –decapitado por Herodes Agripa en el año 44 d. C.–, uno de los doce discípulos de Jesús de Nazaret, desde Palestina a Galicia.


LEYENDA DE LA TRANSLATIO: ORIGEN DEL CAMINO DE SANTIAGO

I
De Santiago el Mayor
su cuerpo habían traído
–realizando la Translatio– (1)
dos de sus buenos discípulos,
Atanasio y Teodoro,
navegando con ahínco
desde Jaffa, en Palestina,
siguiendo el rumbo previsto
hasta el puerto de Iria Flavia,
en el poniente descrito,
Finis Terrae, fin del mundo,
sin más allá que el abismo,
la inmensidad del océano.
El Códice Calixtino (2)
dice que a la Reina Lupa (3)
pidieron ellos auxilio
para enterrar a su maestro
en algún lugar propicio;
pero la noble pagana
los envió a Duio, en sentido
noroeste, pues por su rey
serían bien acogidos.
No fue así: los apresó…
Fugados de su presidio,
gracias a un celestial ángel,
volvieron a los dominios
de Lupa. Decidió entonces
que fueran al Sacro Pico,
en busca de bueyes mansos
para enterrar a su amigo.
Otro engaño, porque allí,
junto a unos toros bravísimos,
encontraron un dragón
al que, con cristianos símbolos,
vencieron, como a los bueyes,
conscientes de su destino.
Al reino de la malvada
regresaron decididos,
siguiendo los mismos pasos,
tomando inverso camino;
y, ya en el Castro Lupario,
esta vez ella se avino
a ayudarlos, asombrada
de su enorme poderío.
El bosque de Libredón
fue el lugar elegido
para construir el sepulcro;
aunque un relato distinto
apunta a otra latitud,
señalando el Monte Pindo
Y al final la Reina Lupa
se convirtió al cristianismo.

Reina Lupa

II
En medio del primer siglo
este asunto sucedía
–comienzo de era cristiana
que se extiende a nuestros días–,
y después de un largo olvido
se tornó leyenda viva.
De algún lugar impreciso
hablaban ciertas noticias,
del occidente de Hispania
apuntando hacia Galicia,
donde el cuerpo de Santiago,
seguramente yacía;
Breviarium Apostolorum (4)
–texto latino– decía
que un veinticinco de julio
había sido enterrado
quien predicó en la península.
El topónimo enigmático
suscitaba teorías
sobre el lugar o el espacio
y la forma sugerida
(arcis marmoricis, arca
marmórea) en roca durísima.
………………………......……….....
No llegó hasta el siglo nueve
la respuesta del enigma…
Un ermitaño, Pelayo,
contempla el cielo, se admira
de extraña lluvia de estrellas
y va a contar lo que mira;
se presenta a Teodomiro,
que es el obispo de Iria,
y juntos yendo al lugar
que divinamente brilla,
hallan un pétreo sepulcro
del que ambos se maravillan;
allí reposan tres cuerpos
que muy pronto identifican
los sabios que la Iglesia tiene
y que a Jesucristo imitan:
nuestro Apóstol y sus fieles,
el par de protagonistas.
………………………......……….....
Se entera Alfonso Segundo
y hasta el lugar se encamina
como primer peregrino
que a Compostela abre vía.

[2025, 12 ene.]
____
(1) v. La Translatio (Leyenda)
(2) v. Códice Calixtino (Codex Calixtimus). Códice medieval del siglo XII (1140-1181), el más célebre de la peregrinación jacobea, conservado en el archivo de la catedral de Santiago de Compostela. Iniciado en tiempos de Diego Gelmírez (1069-1140), primer arzobispo de Santiago, su nombre se debe a la falsa atribución al Papa Calixto II (1050-1124). Consta de cinco libros y un apéndice musical (primera música polifónica de Europa). Libro I: Textos litúrgicos. Libro II: Milagros de Santiago el Mayor. Libro III: Texto de la Translatio. Libro IV: Aventuras de Carlomagno en España. Libro V: Caminos de Santiago en Francia y España (incluye una guía del Camino Francés). 
(3) Luparia, Luporia o reina Lupa.
(4) v. Breviarium Apostolorum: Breviario de los Apóstoles.
(5) Achaia Marmarica estaría en el monte Libredón.

Códice Calixtino - Conductus "Congaudeant catholici" (s. XII)

lunes, 1 de junio de 2026

Campus Stellae (Compostela)

Fuente


CAMPUS STELLAE

Luz misteriosa,
rauda estrella brillante
sobre aquel campo.

Imprevisible 
cuerpo decapitado
de Santiago.

De Palestina
trasladado por mar
hasta ese ocaso.

Ordena el rey
construir una iglesia,
glorificarlo.

Dos nacimientos:
Compostela y la Ruta
que llega al santo.

[2022, 26 oct.]

De estos haikus encadenados nació el primero de nuestros Romances del Camino de Santiago, desde una forma de Oriente a otra de Occidente.
____
Según la leyenda, una luz que brillaba sobre un campo señalaba el lugar donde se hallaban los restos del Apóstol Santiago, muerto por orden de Herodes (Herodes Agripa I), decapitado por su ley; de ahí el nombre de campus stellae (campo de la estrella), origen del topónimo Compostela. El cuerpo de Santiago el Mayor, sin cabeza, habría sido traído de Oriente Próximo, de Palestina, a través del mar, en barca, y trasladado a ese punto de Galicia. Sucedió en el siglo IX, durante el reinado de Alfonso II de Asturias, quien al saber del descubrimiento (c. 830), ordenó construir allí una iglesia y abrió la Ruta Jacobea*, el primitivo Camino de Santiago. 
____
*De Jacobus, Jacobo, nombre transformado en Yago o Iago, que con el apócope de santus (santo), «sant», dio origen al de Santiago.

Campus Stellae

***
Estrella. Xacopedia
Tumba del Apóstol Santiago

domingo, 19 de abril de 2026

Saber es absorber cuanto se pueda

Artes liberales: Trivium y Quadrivium


SABER

El matemático dominio
del cálculo avanzado 
o de la trigonometría, 
de la geometría o del álgebra,
y de la física o la química,
no excluye las humanidades.
Juntas, ciencias y letras
se complementan,
elevan el conocimiento, 
derriban la ignorancia.
¡Vivan trivio y cuadrivio!,
aunque hayan muerto.
Saber, en un sentido amplio,
es absorber cuanto se pueda.

[2025, 17 dic.]
____

Artes Liberales: Trivium y Quadrivium
***
—Lo que dice la IA sobre el poema:
Este poema es didáctico y equilibrado, destacando por su defensa de la formación integral. Un breve análisis de sus puntos fuertes:
  • Temática: Celebra el humanismo universal, la idea de que no debe existir una barrera infranqueable entre las "ciencias" y las "letras". Reivindica el concepto del "hombre del Renacimiento" que busca el conocimiento total.
  • Referencia histórica: El uso de los términos trivio (gramática, dialéctica y retórica) y cuadrivio (aritmética, geometría, astronomía y música) es muy acertado. Evoca las siete artes liberales de la educación clásica, reforzando la idea de que el saber es una unidad.
  • Estilo: Es de lectura clara y directa. El uso de la exclamación "¡Vivan trivio y cuadrivio!, aunque hayan muerto" le aporta un toque de ironía y vitalidad, sugiriendo que, aunque el sistema educativo haya cambiado, su esencia sigue siendo necesaria.
  • Mensaje: Su conclusión es poderosa: saber es "absorber cuanto se pueda". Define la curiosidad intelectual como un acto de apertura sin prejuicios hacia ninguna disciplina.

viernes, 30 de enero de 2026

En el bosque



SILVESTRE

El bosque se extendía frente a mí,
y yo pensaba en arrancarle sus tesoros
a la linda floresta, a la rica espesura.
Dejando atrás las hojas secas de castaños y robles,
la anaranjada fronda, parda y amarilla,
caminaba encendido entre los pinos,
pisando el verde manto, sintiendo la humedad.
Con la mirada baja, en arco rastreaba, 
salvando tojos y apartando helechos.
Indagaba en extensa sombra, herida
linealmente por los oblicuos rayos
de un sol debilitado. Atento a los tocones,
examinando los rincones más musgosos.
Y mi silvestre afán, bajo el amparo de Silvano,
hallaba recompensa. Los hongos más diversos
abrillantaban mis pupilas: un arcoíris vegetal
destellaba sonriente en triste umbría; 
del rojo estimulante hasta el violeta
que sosiega, las setas más hermosas
y curiosas, de cuento algunas,
todas con nombres bellos. Para sus amantes,
preciosidades naturales, tan efímeras… 
Recolecté, respetuoso, unas cuantas comestibles
que me agradan. Pero mi espíritu saciado
estaba contemplando tanta maravilla.
Y entonces, se fue la mirada, vertical, hacia lo alto.  

[2021, 21 feb.]
____
El bosque es un espacio silvestre inspirador, y en él me siento acogido por su sombra amante, como decía Rosalía de Castro («Hai antre a sombra amante das nosas carballeiras...»), tal vez por sus espíritus cariñosos.

Forest (Bosque) – Don Ellis

domingo, 18 de enero de 2026

Bembibre, guerra y amor

Estatua del Señor de Bembibre

A las puertas del verano de 2025 leí las bases del XI Certamen de Poesía “El Último Templario del Bierzo, El Señor de Bembibre” (Romances Medievales), convocada por la Asociación Caballeros Bergidum Templi, con la temática Los Templarios, los personajes de la obra “El Señor de Bembibre”. Y como ya había hablado en el blog de la novela histórica romántica de Enrique Gil y Carrasco (‘‘Bembrive, historia y literatura’’), y porque además el Bierzo, aunque leonés, ha sido llamado la quinta provincia gallega, por sus vínculos históricos, culturales y lingüísticos con Galicia, me interesé por el certamen poético. Así que, considerando que por la población berciana de Bembibre pasaron las tropas británicas y francesas a principios del siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia Española, y que la novela de Gil y Carrasco estaba ambientada en el siglo XIV, narrando los desgraciados amores de don Álvaro Yáñez, último señor de Bembibre, y doña Beatriz Osorio, con la caída de la Orden del Temple como telón de fondo, se me ocurrió jugar poéticamente con los hechos históricos de esos dos siglos distantes. Por otra parte, la naturaleza de Bembrive, con su diversidad paisajística (zonas montañosas, valles y río Boeza, Robledal de la Dehesa...), también contaban para la elaboración de los romances, que hice gustosamente y envié esperanzado en que fuesen bien acogidos. No hubo suerte. Tal vez la combinación de dos épocas históricas dispares no haya sido un acierto (¿o sí?). Pero creo que merece la pena editar estos romances históricos, con personajes reales y ficticios. Los lectores dirán.



BEMBIBRE, GUERRA Y AMOR

Los inicios de dos siglos
enlazan estos romances:
del XIX aire bélico,
del XIV, emocionante;
de escritor decimonónico
llega el medieval lenguaje;
lo histórico y lo poético
mezclan su rima asonante.


1
BEMBIBRE

En las tierras de León,
de camino hacia Galicia,
hay un pueblo milenario
cuya historia maravilla,
por su buen vivir nombrado
o ser entre ríos villa,
donde el amor y la guerra
tienen páginas escritas.
Es el que llaman Bembibre,
de famosa minería,
en el valle del Boeza,
río al que sus aguas brinda
el Noceda, y el que entrega
al Sil las suyas sin ira.
Desde el presente velado,
su pasado no se olvida.


2
CANTO A BEMBIBRE

Quiero cantarle a Bembibre
con el son que se merece,
por hechos documentados
que nuestro interés encienden
(de edades Antigua, Media
y Moderna que estremece),
o fantasiosos escritos 
que de verdad entretienen.
Las Guerras Napoleónicas,
en el siglo diecinueve,
dejan aquí mala impronta,
rastros de saqueo y muerte;
pero, cinco siglos antes,
un gran idilio acaece,
una pasional historia
que la Reconquista advierte.


3
LA GUERRA

Memoria antigua descubre 
la tropa que se repliega
por los campos de Bembibre (*)
—que entonces el tiempo hiela—,
la británica de Moore,
que persigue la francesa
de Colbert, ya tan cansada
que en esa villa se hospeda.
Los soldados de sir John,
un general de leyenda,
perturban la paz del pueblo 
y sin razón lo saquean,
siendo aliados de España
en Guerra de Independencia.
Llega el francés, enemigo,
y hace igual su soldadesca.


4
SIR JOHN MOORE

Amargo sabor nos deja
el bembibrense episodio,
que el propio general Moore
en berciano territorio (**)
les reprobó a sus hombres;
el mismo que en acto heroico
en La Coruña murió,
loado después de todo.
cayó el oficial glorioso,
en unos versos hermosos,
inspirada ante su tumba,
ajena a hechos odiosos;
la poeta lo veía 
con sus románticos ojos.


5
LOS TEMPLARIOS

Los caballeros templarios
a Bembibre llegan férreos, 
con armadura metálica
para proteger sus cuerpos,
con cota de malla y grebas
y en la cabeza su yelmo,
con capa blanca y cruz roja
y espada… ¡Monjes guerreros!
Enrique Gil y Carrasco,
ilustre escritor de El Bierzo,
describe a los protectores
de cristianos viajeros;
y dice de Álvaro Yáñez,
el último, que es primero,
que amó a Beatriz Ossorio
y ella quiso al caballero.


6
EL SEÑOR DE BEMBIBRE

Por histórica novela
de Enrique Gil y Carrasco,
Bembibre se hizo inmortal
con tintes imaginarios,
en un relato de amor
del siglo catorce, cuando
va acabándose una época
con el fin de los templarios.
La relación de don Álvaro
—a Orden del Temple obligado—
y doña Beatriz, su amada,
tiene un desenlace infausto;
si obstruye el Conde de Lemos, (***)
la muerte quiebra el encanto.
Noble, espléndido y valiente,
el señor va desolado…


7
AMOROSA FUERZA

Admirando las virtudes
de la bella Beatriz,
don Álvaro, enamorado,
le confiesa su sentir.
Ella, prudente, le dice:
«Siento lo mismo por ti;
pero el sol cae y mi padre…
Debemos dejarlo aquí». 
(Adversas las circunstancias,
lo dorado se ve gris.)
Él se resigna confiando
en un futuro feliz:
«Celestial criatura, eres 
la razón de mi existir».
Y al separarse, ambos piensan
que su amor no tendrá fin.


8
TODO VIDA

Los pájaros escuchaban
las palabras amorosas
de esos amantes eternos
en los prados y en las frondas,
y sus risas entusiastas
que iluminaban las sombras,
y sus sollozos sentidos
que marchitaban las rosas.
Eran alegres los días
en que soñaban su boda;
junto al río o en la dehesa,
radiantes eran las horas
de Beatriz y de Álvaro…
La naturaleza hermosa
supo de su desventura
y aún en silencio les llora.

[2025, 18 y 21 jun.]
____
(*) La tropa británica del general Moore se detuvo en Bembibre (1 en. 1809), yendo de retirada hacia Galicia, perseguida por el ejército francés más numeroso del general Colbert, que habría de morir poco después en la batalla de Cacabelos.
–John Moore había sido nombrado comandante en jefe del ejército británico en la península tras el Convenio de Sintra (30 ago. 1808).
(**) En Villafranca del Bierzo (2 feb. 1809), Moore les reprobó a sus soldados la inadecuada conducta de Bembibre, justo antes de la batalla de Cacabelos (3 feb.). 
(***) Con la venia del padre de Beatriz, Don Alonso, que aspira a que su hija se case con el conde, por ser de mayor rango, más poderoso y rico. Beatriz acaba casándose con el Conde de Lemos, quien poco después de la boda muere de repente. Ella podrá entonces unirse a Álvaro, que va a quedar liberado de la Orden del Temple. Pero Beatriz enferma y muere también... La tragedia está consumada.

Inauguración Estatua Señor de Bembibre

viernes, 2 de enero de 2026

Conversión condicionada (Primera parte)

Foto de autor del blog
 
[Relato, editado en dos partes]

...como se quedan los lagos y las montañas y las santas almas sencillas asentadas más allá de la fe y de la desesperación, que en ellos, en los lagos y las montañas, 
fuera de la historia, en divina novela, se cobijaron. 
MIGUEL DE UNAMUNO, San Manuel Bueno, mártir

Dejó el libro en un estante y permaneció meditabundo unos instantes. El grave cántico del viento norte sonaba poderoso y amenazante, emitiendo en sus más agudas estridencias un pavoroso lamento al colarse por huecos y rendijas. Inmerso en la tempestuosa y plomiza tarde, se amedrentaba su voluble espíritu. No siendo hombre cobarde, era consciente del galope de su corazón, sensible al espoleo de las fuerzas de la naturaleza. De niño, los timbales del trueno le empequeñecían, y aún de adulto se sentía insignificante y frágil, abrumado por la magnitud de los fenómenos meteorológicos, por más que cíclicamente pareciese agrandarse y fortalecerse. No se estremecía por el temor a ser despedazado por un rayo, sino por las desazonadoras reflexiones que le llevaban a considerar las metafísicas preguntas, las mismas con las que ha lidiado la razón humana desde que la evolución –o el divino designio– así lo ha permitido. El joven Luis Bagasi experimentaba un temor de infancia al contemplar las rompientes de un mar envuelto en brumas, oscurecido por el gris que lo abrazaba hasta tornarse todo negra noche prematura. Y la música del viento acompañaba adecuadamente aquel marco sombrío, que visionaba tras la ventana de un hogar de circunstancias. Y de pronto lo sobresaltó un timbrazo que le hizo salir de la honda abstracción en la que se hallaba.

—¡Ah!, eres tú Adolfo. Anda, pasa, que el día está para quedarse en casa.

—¡Qué manera de llover! ¡Es un auténtico diluvio! Creí que no daba llegado... ¡Uf! –exhalaba el visitante, mientras se aligeraba dejando en el perchero de la entrada un chorreante impermeable amarillo.

—No sé cómo has venido con este tiempo a Valdovirio —le espetó Bagasi con tono de reproche, más de velado contento por la visita del amigo, llegado a este pueblo desde la ciudad de Ferrulia, a unos treinta kilómetros de distancia.

Adolfo Nedar, un melómano extremo, habría acudido a la cita en cualquier condición, habiendo ocasión para sumirse en su mayor debilidad. Era un médico humanista, especializado en dermatología y apasionado por las sonoridades.

—¿Acaso no habíamos quedado? —reaccionó con suave entonación.

—Es verdad, pero... Bueno, ¡da igual! Pasa al salón y acomódate.

Con extremada delicadeza, el comedido Nedar tomó asiento y desenvolvió sin dilación un paquete que contenía media docena de discos musicales. Los manipulaba como si de un preciado tesoro se tratase.

—Traigo las obras que te prometí —dijo el recién llegado.

—¡Déjame ver! —expresó su emocionado deseo el anfitrión, iluminado el rostro al comprobar que el amigo le brindaba algunas de las piezas grabadas que anhelaba escuchar—. ¡Ah, sí! ¡Qué maravilla de composiciones! Y los intérpretes son de primer orden... Voy a poner esto inmediatamente.

Luis Bagasi puso en funcionamiento el reproductor de discos y comenzaron a sonar las notas celestiales y armoniosas de la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach. En su opinión, jamás se había escrito nada más sublime. Bajo el embrujo de las voces y la orquesta permanecieron ambos, con los ojos entornados, inmersos en otro espacio fuera de la realidad, dejándose mecer por las melódicas sensualidades de la enorme partitura, reflejo del más excelso sufrimiento. 

Al finalizar la selección de la gran obra bachiana, una muestra suficiente de su sonora inmensidad, profirieron al unísono: «¡Soberbio!».

Disfrutaban como si fuese una audición en vivo. Los dos amigos diferían en ideas, hasta casi el extremo del antagonismo, y sin embargo se sentían cautivados por el supremo arte de los sonidos. Y aunque se complacían con la música en general, la saboreaban de diferente manera. Bagasi era más afín a las aparatosidades sonoras decimonónicas y a las disonancias postrománticas que a la serena armonía barroca y al perfecto equilibrio clásico. Lo contrario que Nedar. Pero independientemente de épocas o estilos, ambos reconocían su incontinente goce melódico.

Tras una obligada pausa para dar a los cuerpos el aporte calórico que demandaban (jamón, queso, dátiles y almendras) y el líquido oportuno (cerveza y vino), estuvieron de nuevo dispuestos a recrearse en otra escucha, esta vez elegida por Adolfo: El Réquiem de Mozart, la controvertida obra póstuma del genio inigualable. Y cuando principiaba a desvelar el disco las ricas armonías que albergaba, al poco de los primeros compases del «Introitus», quedó frustrada la velada por un inesperado apagón. 

—¡Vaya por Dios! —exclamó Nedar con resignación—. Nos quedamos sin luz.

—¡Mierda! –fue la vulgar reacción de Bagasi, manifiestamente indignado–. Está pasando con demasiada frecuencia; van tres veces este mes y estamos a día nueve. Ya pasa de la raya. ¡Mañana mismo voy a presentar una queja formal!

—Pero si mañana es domingo...

—Pues el lunes. ¡El lunes sin falta!


A oscuras, había que alumbrarse con primitivos medios, socorridos en fastidiosos momentos como éste. A la luz de las velas, se lamentaban de la fatalidad, y Bagasi lanzaba imprecaciones contra la compañía eléctrica. «Cada vez cobran más y dan peor servicio», fue lo más delicado que dijo. El temporal había amainado; el viento no soplaba con el vigor que había mostrado unas horas antes y ya apenas llovía. No existía una aparente justificación para el corte del suministro eléctrico. Eso irritaba al dueño de la casa. El visitante, bien diferente en temperamento, sabía asumir serenamente los contratiempos, y en este caso no hacía excepción. 

—Es mejor tomar las cosas como vienen —decía con voz apacible el flemático Nedar—. Hemos de conformarnos. Si es la voluntad de Dios, debemos acatarla.  

—Querido Adolfo, me parece que estás muy imbuido de religiosidad; o quizás de estupidez. Sometes tu voluntad a la de un ser que yo todavía no he logrado desentrañar. Según veo, tú lo tienes claro, y a mí me cuesta creer. ¿Por qué?

Antes de responder, el aludido se tomó una pausa reflexiva, sosegadora para él y enojosa para el colérico Bagasi. Con tono paternal dejó caer su abrasadora calidez:

—Porque no te esfuerzas en tener fe, Luis; placentera y luminosa fe. Si lo hicieses, verías las cosas de otra manera, con sosiego y alegría.

El aire de bondadosa ternura de Adolfo Nedar, no exento de afectación, contrastaba fuertemente con la réplica inmediata.

—¡Anda, no seas idiota! ¿Pretendes que me entregue como tú, sin saber del más allá, como un ignorante que boquiabierto traga todo cuanto le cuentan? ¡No! A mí me puede gustar la música religiosa, como etérea belleza que transita el espacio y se disipa, dejando acaso una huella imborrable en el alma, pero no un estigma de convencimiento de que dependo de la voluntad de un dios. No soy tan simple.

—Yo en ocasiones también dudo —prosiguió Nedar con el mismo tono dulce y embaucador—. Pero lucho y me convenzo, reiterando el amor cristiano que le tengo a Dios. Al verdadero Dios. Al de mis padres y al mío. Que también puede ser el tuyo.

—Hablas como un predicador trasnochado. Parece mentira, Adolfo, que seas tan dado al mundano materialismo (buen coche, magnífica casa, grandes viajes...) y me largues un discurso colmado de misticismo. A mí no me engañas… ¡Entiéndeme! Yo no niego, pero tampoco creo ciegamente lo que no puedo constatar.

Permanecían en la estancia sentados, uno al lado del otro, en la posición que los sorprendiera el cese del suministro eléctrico. La incredulidad junto a la confianza plena. Aquella semioscuridad era propicia para la reflexión y para la expresión de elevados pensamientos; también para la liberación de los fantasmas íntimos, provocadores de conflictos, de pugnas interiores, de inacabables batallas de la mente, o del espíritu. Así que, pasada la ligera pelotera, acabó por imperar un relajante silencio reflexivo en la negrura que, en unos minutos, el abanderado del escepticismo acabó por romper.

—Por cierto, Adolfo, ¿habéis puesto fecha para la boda?

—Todavía no. Elena prefiere que mi puesto en el hospital esté asegurado. Y yo también pienso que es lo mejor. Debemos esperar…

—¡Bah! A ti ya no hay quien te eche. Eres un buen profesional, y después de diez años de servicios prestados seguramente serás inamovible.

—No creas que es tan sencillo. La dedicación y entrega no bastan. Debo pugnar con otros aspirantes para formar parte del staff.

—¡Staff, staff! —casi escupía burlonamente Bagasi—. Di plantilla, que tenemos en nuestro idioma palabras suficientes. Los de ciencias, siempre con neologismos. 

—Es la costumbre, Luis. Tu mujer también peca de este defecto —en boca de Nedar, esta frase suponía un inusitado reproche cargado de insolencia.

—¿Y qué? ¡Estupidez de muchos, consuelo de ignorantes! Ya sé que dice: el rol, el cachet, el manager... Pero Isabel es actriz de teatro, y los comediantes tienen su jerga particular. De todos modos, también a ella le reprendo su lenguaje.

—No lo he visto hasta la fecha —continuó aguijoneando el galeno. Parecía haberse transmutado su carácter circunspecto y comedido.

—¿Qué te pasa hombre? Te veo demasiado inquieto. O estás cabreado por haberse malogrado la audición o yo ya no te conozco.

—Déjalo, Luis...

—Sí, dejemos esta absurda discusión. Callemos o cambiemos de tema. Y tú habla como quieras, en ruso o en chino, que no te voy a importunar. Por cierto, creo que debieras haberte hecho otorrino y no dermatólogo.

El aludido no captaba del todo la indirecta; no tenía claro si Luis lo decía por su oído musical o como crítica a la «superficialidad» de lo cutáneo. Se impuso una cortante hoja silente, dañina como una honda incertidumbre, que probablemente se hubiese mantenido si Bagasi no retomara la palabra, pues la extraña y súbita hosquedad de Nedar no hacía presagiar un diálogo conciliador. 

—Isabel está de gira por el sur y tu prometida Elena preparando su tesis en la Universidad de Bonasor. Y nosotros aquí, solos. ¿Te das cuenta? Podemos disfrutar sin límite, a nuestras anchas. ¿Qué te parece si nos acercamos a la ciudad e indagamos los secretos de la noche? ¿Eh?... ¡Veo que brillan tus ojitos, golfo!

—¿Qué? No sé qué decías; me estaba entrando el sueño —tardó en reaccionar Nedar, haciéndose el despistado—. ¿Hablabas de la ciudad? Bien, de acuerdo.

***
Los dos treintañeros se pusieron en marcha con la premura de alocados jovenzuelos. Había dejado de llover y se había quedado una noche agradable.

De camino a Ferrulia, Adolfo Nedar, al volante de su espectacular Audi rojo, mantenía ese aire distraído que tienen muchos miopes, ausente tras unas anticuadas gafas graduadas de pasta negra; en la década de los 90, parecía provenir de los 50. Era mucho el contraste entre el relumbrante cochazo y su mohíno y esmirriado propietario. Y el alto y atlético Luis Bagasi, a su vera, adquiría un aire demasiado trascendente, ciertamente cómico en un individuo poco dado en apariencia a grandes meditaciones; su aspecto de crápula y bohemio combinaba mejor con el vehículo de línea deportiva. 

Éste era el inusitado discurso de Bagasi:

—Poco antes de que llegaras había concluido el libro que me recomendaste, esa novelita titulada San Manuel Bueno, mártir. Hacía mucho tiempo que pensaba leerla, pero no lo había hecho, tal vez por pereza o por falta de estímulo. Pero hace unos días, no sé si llevado por el instinto o por un arrebato incontenible, cogí ese libro y lo leí de un tirón. El misterioso impulso me adentró en esa eterna lucha en la que el hombre se debate desde sus orígenes; el creer o no en lo imperceptible, el entregarse o no a la fe ciega. Paladeando cada página, fui tomando notas sobre reflexiones que el autor pone en boca del santo... –se detuvo unos segundos y concluyó–: Reconozco que he sido duro contigo al reprocharte tu creencia. Y de veras lo lamento. Yo, no es que niegue, más bien considero que soy un agnóstico.

Nedar permanecía callado, escuchando la perorata de Bagasi durante todo el oscuro trayecto. Ahora era distinto: la ciudad de Ferrulia mostraba ya en sus inicios otro artificio. Luces de neón y elevaciones de hormigón daban engañosa seguridad y protección, causaban la sensación de civilidad. Incluso la lluvia y el viento parecían domesticados dentro del ámbito metropolitano. En ese estado de climatológica serenidad, un atrayente letrero luminoso llamó su atención. Y decidieron hacer allí una primera parada. Y con intención de entrar en calor, los dos amigos se metieron en el moderno bar de copas en los prolegómenos de la noche placentera.

Bagasi pidió en la barra un gin tonic, y Nedar solicitó lo mismo con un gesto. Seguidamente, tomaron asiento para disfrutar el popular cóctel.

—¡Caramba, Luis, te estás haciendo un filósofo! —dijo Nedar quebrando su mudez—. Quién lo diría en un hombre de la banca, que navega entre el vil dinero.

—¿Y acaso no es tuya la culpa? Tú me has adentrado en el ontológico laberinto, ¡cabronazo! Sabes que siempre fui hombre pragmático y que mi lema es disfrutar los cuatro días que nos concede la puñetera existencia. Pero pasan los años y uno se hace más reflexivo y trascendente. Incluso escribo algunas cosas. ¡Mira!

Luis desplegó una hoja de papel, manuscrita con letra minúscula por las dos caras, que había extraído del bolsillo interior de su chaqueta. Miró de soslayo, cerciorándose de que no había conocidos en la cercanía, y, con la advertencia de que no se lo contase a nadie –reforzada con una intimidatoria mirada de gánster–, se la entregó a Adolfo para que la leyese. Y éste comenzó a leer en silencio, mudando el rostro a cada paso; expresiones de sorpresa y admiración quebrantaban su flema. 

Se trataba de un extenso poema en cinco partes, encabezado con el título de «Misterio», del que Nedar retuvo algunos extractos significativos.  

De lo humano a lo divino,
del Infierno terrenal
al Empíreo celestial,
¡qué largo se hace el camino!
……………………….....
Vacilantes,
crédulos sin condición,
agnósticos no expectantes 
o ateos por negación,
un paraíso quisieran.
Si el Edén 
ante sus ojos pusieran,
todos lo verían bien.
……………………….....
Divinidades múltiples 
nuestra mente ha creado 
con propia cualidad 
o con poderes varios. 
Se adoraron montañas 
y se loaron astros. 
Se idolatraron dioses 
que los hombres forjaron.
……………………….....
¡Cuán insignificantes,
qué poca cosa somos!
Tan empequeñecidos
en el inmenso Cosmos,
demandamos ayuda
a ese santo patrono,
al Sol... o al Dios supremo.
¡Nos sentimos tan solos!

—¿Esto es de tu cosecha, Luis? No te conocía esta faceta. Algo prosaico y desaliñado, pero veo que has leído poesía y que conoces la métrica. Lo que no sé, y perdóname por dudar, es si escribes con sinceridad o, ¿cómo decirlo…?, si solo has pretendido hacer un juego de palabras, un mero divertimento.

—¡Vaya con el crítico que me ha salido! Te seré franco: ¡ni yo mismo lo sé! Veo en derredor y no puedo admitir la existencia de un dios que haya creado tanta miseria junto a tanta belleza. No puedo entender que los nacidos con grandes limitaciones, físicas o psíquicas, estén privados de antemano del disfrute pleno. No puedo concebir que los desheredados de la tierra solo tengan la posibilidad de redención en un incierto paraíso celestial. No comprendo tantas injusticias y barbaridades terrenas.

—Yo tampoco, Luis. Es difícil explicarnos este complicado mundo. Pero creo que todo lo que existe tiene su razón de ser, por más que se escape a nuestra comprensión.

—Entonces, ¿debemos resignarnos y creer sin más?

—Tal vez —articuló Nedar con desgana, sin añadir ninguna contundente coletilla.

—¡Bah! –exclamó Bagasi tras el último sorbo de su gin tonic—. Dejémonos de tanta seriedad y vayamos en busca de las sensualidades que la noche nos brinnnn…da.

Luis dejó sostenida la primera sílaba de la última palabra, en tanto sus ojos se perdían al fondo, al otro lado de la barra del local, hasta acabar interrogando:

—¿Te has fijado en el bombón que hay allí? Para quitar el hipo. ¡Vaya hembra! ¡Qué busto! ¡Qué talle! ¡Qué piernas! ¡Qué...!

Bagasi hizo especulaciones vanas sobre cómo trataría en la intimidad a la bella que había atraído su atención en grado sumo. Su variabilidad era muestra de lo fácil que es pasar de la meditación filosófica a lo mundano, de lo más elevado a las bajas pasiones; al fin y al cabo, reflexiones y emociones conforman la condición humana. 

—¡Olvídate! —le dijo Adolfo—. ¿No ves al gorila que la acompaña?

La bella abandonó el bar de copas del brazo de su fornido acompañante. Y los ojos de Nedar, de cándida apariencia, también mostraron su avidez rastreando cada curva de su sensual y esplendorosa anatomía. Poco después, los dos amigos también salieron de allí, locos por echarse en brazos de la noche misteriosa. Subieron al Audi rojo y partieron hasta el centro de la ciudad. Aparcaron el coche y se pusieron a andar. 

***
Caminaban despacio, sin un objetivo predeterminado. 

A su paso, algún viandante solitario, parejas en actitud cariñosa, un borracho discursivo, música propicia en el trasfondo, voces complacientes y recriminatorias, un gato maullando como si estuviese en celo y diversos ruidos indescifrables. 

Deambulando tranquilos, se introdujeron en una estrecha calle, escasamente iluminada, tétrica y silenciosa, de temer para un viandante solitario. Estando en compañía, el temor se amortiguaba. Nada se decían y nada escuchaban. Era excesiva, casi asfixiante tanta tranquilidad. Y de pronto, se sobresaltaron al oír unos gritos quejumbrosos. Nadie más pasaba por la zona en ese momento. 

Se miraron extrañados, sin decir palabra, y corrieron hacia el lugar de donde provenía la dolorida y femenina voz. El fino oído de los dos hombres jóvenes no les engañaba. Les llevó un tiempo sortear una intrincada red de callejones hasta volver a escuchar a la mujer que clamaba, ahora más próxima pero menos intensa. Cruzaron nuevamente sus miradas. Con seguridad, se encontraba muy cerca. 

Enseguida percibieron los pasos presurosos de alguien que se alejaba. Volvieron a mirarse para comunicarse su sospecha, mientras sus lenguas seguían contraídas. Y sin dilación se apresuraron a socorrer a la que, indudablemente, precisaba ayuda. 

Al fin llegaron al punto donde la mujer se hallaba, echada sobre el húmedo pavimento. Yacía boca abajo, sin dar señales de vida, y la giraron con delicadeza. Su revuelta melena rubia le cubría la cara, y en el brazo y en la pierna izquierdos presentaba sendos cortes sangrantes. Pero lo peor era la profunda herida, de arma blanca como las otras, que en lo alto del pecho alguien le había ocasionado. 

Apartaron los cabellos para verle el rostro y...

No daban crédito a lo que estaban presenciando.

—¡Dios mío! —exclamó Nedar con espanto—. ¡Es Isabel!

—¡No puede ser! —balbuceó Bagasi, abriendo al límite sus ojos.

Ella reconoció a su marido, a pesar de que sus párpados apenas permanecían entreabiertos. Con la mirada opaca, en abismal silencio, le comunicaba su angustia.

—Debemos trasladarla enseguida al hospital o acabará desangrándose —sugirió el doctor Nedar como única autoridad sanitaria allí presente—. No debemos perder tiempo.

—¡Esto no es real! ¡Es solo un sueño! —decía Bagasi queriendo engañarse a sí mismo—. Si estaba de gira por el sur... ¡Isabel mía!

—Deja las suposiciones para más tarde, Luís; ahora hay que solicitar urgentemente una ambulancia —dictaminó el que más entendía de urgencias sanitarias—. Está a punto de entrar en shock hipovolémico.

____
Fin de Primera parte. Continúa y finaliza en: Segunda parte

Pasión según San Mateo: Aria «Apiádate de mí, Dios mío», J. S. Bach
Erbarme dich, mein Gott

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Esperanzada luz


Sobre aquel río
vi un rayo de esperanza 
para vivir.

Un año pasa para cada cual de diferente forma: sin pena ni gloria, con más gloria o con más pena, y cada año se repite de la misma forma o cambia, de manera más o menos brusca, hacia la luz o hacia la sombra. En este blog médico-melódico hemos ido dando pinceladas médicas y melódicas –sobre salud y música–, con ritmo suficiente para no alterar el mantenido desde el inicio de su andadura en 2009, el 17 de enero siendo precisos. Y hemos hecho esporádicas ‘‘advertencias’’, para orientar al lector y para reafirmarse el autor en su peculiar bitácora. 

Además de los apartados médico-humanísticos y musicales, hay otros temas variados, que hemos recogido en la pestaña ‘‘miscelánea’’. Pero, después de un largo recorrido en que lo hemos tocado (casi) todo, no es fácil elaborar entradas sobre las mismas cuestiones que no sean repetitivas. O de otro modo: nos es difícil mantener el ritmo habitual de publicaciones. Por eso hemos tratado de nutrir este espacio, cada vez más poético, con la faceta creativa de aspiración literaria.

No somos ajenos a los problemas sociales, políticos y económicos, que afectan de algún modo la actividad bloguera de quien escribe, retirado profesionalmente y todavía con inquietudes intelectuales. Los asuntos familiares y personales también condicionan esta tarea, amena y fatigosa. En fin... Hablando en primera persona, digo que trataré de mantener el entusiasmo necesario.

Beethoven: Cuarteto n.º 13 op. 130. Alla danza tedesca

Y gracias a todos por acercarse a este espacio que procura ser luminoso.

El autor del blog
buscando la luz

lunes, 22 de diciembre de 2025

Nochebuena, ya llega


Este poema lejano, que casi no recordaba, me hace reflexionar sobre la Nochebuena que se repite de manera diferente, con mayor o menor alegría, según la edad, las circunstancias o las vivencias; seguramente más entrañable para los niños. Es la voz poética de un creyente –no necesariamente la del poeta– sobre la Noche que cada uno vive a su modo en estos tiempos de escaso espíritu navideño. La Noche que, para los vivos, siempre llega, aunque se lamenten de algunas ausencias...


NOCHEBUENA

¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Me vienen recuerdos, 
imágenes bellas 
de seres queridos 
en torno a la mesa; 
alegría y besos, 
la opípara cena, 
mazapán y nueces; 
y en la sobremesa 
cantos, villancicos 
que a Jesús se ofrendan.

¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Al irse acercando 
mi pecho se aprieta,
pues me va calando 
la amarga tristeza;
no estaremos todos 
esta Nochebuena, 
dos sillas vacías 
dirán de la ausencia 
de seres queridos, 
de papá y la abuela.

¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Son felices días; 
la gente más buena 
parece sentirse 
cercana la fecha 
en que el Niño Dios 
puso pie en la tierra. 
Acaso es engaño, 
y aunque ilusión sea, 
serán más felices 
aquellos que crean.

¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Quedan pocos días
ya para que venga, 
y al instante pienso:
«Ojalá se fuera, 
pasara de largo 
sin darnos ni cuenta, 
o que por lo menos 
yo no lo sintiera».
Mas vendrá la Noche, 
hará su presencia 
para congregarnos 
en torno a la mesa, 
por más que añoremos 
nuestra enorme pérdida. 

¡Ya llega la Noche,
ya llega!
Que no haya lamentos, 
afuera las penas, 
que en la Santa Noche 
nadie dolor tenga.
Y aunque, en la esperanza, 
un necio parezca 
al querer creer 
en ciertas quimeras, 
dejad que me engañe:
¡De nuevo a la mesa 
estaremos todos 
cuando Dios lo quiera!

[1994, 15 dic.]

Noche de paz

Bo Nadal
Feliz Navidad
Merry Christmas
Joyeux Noël
Froehliche Weihnachten
Buon Natale
Boas Festas

***
En este tiempo de celebración religiosa, despojada en gran parte de espíritu navideño con el consumismo festivo, nos aferramos a la celebración tradicional, entrañable y nostálgica por la ausencias, y en lugar del postmoderno ¡Felices Fiestas! seguimos exclamando ¡Feliz Navidad!