El dilema del médico(The Doctor's Dilemma, 1906) es una obra de teatro de George Bernard Shaw que aborda los dilemas morales derivados de la escasez de recursos médicos y el conflicto entre las exigencias de la medicina privada como negocio y como vocación. Ficción que no se aparta de la realidad.
Resumen argumental:
Un médico, en concreto un prestigioso cirujano llamado Sir Colenso Ridgeon, ha desarrollado una nueva cura para la tuberculosis. Debido a la limitación de personal y recursos, solo puede atender a diez pacientes a la vez. A regañadientes, decide tratar a un paciente más, pero debe elegir entre atender a un colega médico altruista o a un artista de gran talento con convicciones amorales. La decisión del médico se complica porque está enamorado de la esposa del artista y se ve tentado a dejar morir al paciente para poder cortejar a su viuda.
El médico es en realidad un prestigioso cirujano, llamado Sir Colenso Ridgeon, quien se enfrenta con el dilema de decidir a quién salvar: a un colega que ofrece sus servicios a los pobres o a un engreído artista casado con una mujer bella que cada vez que la ve le nubla su juicio moral como doctor.
Un importante problema bioético supone este dilema...
La importancia del médico en el sistema sanitario es indiscutible; es tanta que cuando cualquier ciudadano habla del uso que hace de la sanidad pública suele decir: «Fui al médico», «Voy al médico», «Tengo que ir al médico»... Porque el médico asume la responsabilidad del diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento clínico del paciente.
Una incuestionable aseveración sobre la cual dice la IA:
Esa metonimia —donde el médico representa a todo el sistema— refleja no solo una costumbre lingüística, sino la base misma de la atención sanitaria por varias razones:
El rostro de la confianza: Para el paciente, el sistema no es un conjunto de protocolos o infraestructuras, sino una relación personal. El médico es quien valida su dolor, da un diagnóstico y ofrece esperanza.
La puerta de entrada: En la mayoría de los sistemas, el médico de familia es el "gestor" de la salud del ciudadano, decidiendo quién necesita pruebas, especialistas o medicación.
Responsabilidad última: Aunque el sistema es un trabajo en equipo (enfermería, celadores, técnicos, administrativos), el médico suele ser quien asume la decisión clínica final, lo que le otorga ese peso simbólico.
Es curioso cómo, a pesar de la digitalización y la burocracia, la figura humana del doctor sigue siendo el eje sobre el cual el ciudadano construye su seguridad vital.
Valga como contrapeso frente a quienes en la actualidad minusvaloran la figura del médico, teniéndolo como igual a cualquier sanitario o no sanitario con muchísima menos preparación y responsabilidad. Porque el tango Cambalache sigue vigente.
Una falla que concreta el hartazgo médico, valenciano e hispano.
Una falla justificada por problemas de los médicos en el sistema público de salud.
(sobrecarga asistencial en Atención Primaria, guardias de 24 horas extenuantes, falta de relevo generacional, fuga de talentos y pérdida de poder adquisitivo).
frente al Estatuto Marco del personal estatutario.
Los médicos reclaman un estatuto propio frente al Estatuto Marco. ¿Está justificado? El Estatuto Médico está justificadísimo, por la particularidad asistencial y máxima responsabilidad que recae sobre el galeno. En el sector educativo o en el judicial nadie cuestiona que profesores o jueces tengan un estatuto propio. En el sanitario, sí. Probablemente por haberse entregado el profesional de la medicina con un espíritu vocacional que casi equivale a un sacerdocio. Y sin embargo, hoy se le mira con recelo, como un privilegiado, cuando en realidad es un pringado, sobre todo en atención primaria. No olvidemos que el paciente acude con su problema al médico, siempre a un médico, para que se lo resuelva (*). Y tal es el hartazgo en la profesión médica, que no es descabellado pensar que en un futuro no muy lejano ya no tenga médico, mujer u hombre, en la sanidad pública al que dirigirse. Triste, muy triste. Es conveniente más comprensión ciudadana y menos animadversión hacia unos profesionales con unas condiciones laborales que los hacen enfermar, física y psíquicamente, y los conducen a un queme indeseable para la población a la que asisten y cuidan. Y aunque del Ministerio de Sanidad, y de los Servicios de Salud, poco cabe esperar en cuanto a mejoras, habría que confiar en el apoyo ciudadano. En fin..., queda soñar con un futuro en el que reine la sensatez.
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(*) Es evidente que el médico es la figura clave del sistema sanitario: puede asumir funciones de otras categorías sanitarias de menor cualificación, pero ninguna de ellas puede asumir la suya. Por ello ya se justifica un estatuto médico.
VETE. Compañero médico. Compañera enfermera:
Coge la maleta y vete. Lárgate pronto de aquí. Agarra tu fonendo, tu inglés, tu alemán, tu portugués, tu inigualable expediente académico, tu carísima formación… y vete. (...) Vete, médico huelguista. Déjate ya de huelgas que sólo consiguen incrementar la enemistad de la gente con los médicos, no con los políticos (…) Vete, médico huelguista. Déjate ya de huelgas que sólo consiguen que el público se ría de tus problemas, que te digan a la cara que eres un privilegiado, que robas al erario público porque trabajas legalmente también en la privada, que has de aguantar las putadas de tus jefes por la simple vocación, porque te lo has buscado, porque para eso hiciste Medicina. Vete. Deja que los políticos se coman con patatas el marronazo que tienen. Deja que pongan en tu puesto de médico a las enfermeras; y en el lugar de las enfermeras, a los celadores; y en el lugar de los celadores, a los taxistas que aparcan en la puerta del hospital. Deja que pongan en tu lugar a sanitarios procedentes de Gambia, de Corea del Norte, de Senegal, de Afganistán. Deja que convaliden sus títulos sin MIR o sin especialidad, y que sean estos nuevos compañeros quienes nos diagnostiquen, nos cuiden y nos operen en condiciones esclavas. Vete ya, pordióbendito. Deja que la lista de espera de enfermería se ponga en cinco semanas; la del médico de cabecera, en cinco meses; la del otorrino, en cinco años; y la lista para operarse, en diez. Deja que, para hacerse un lavado de oído o tratarse una apendicitis, quienes ahora te culpan a ti del desastre sanitario (en lugar de a los políticos) tengan que sacar su tarjeta de crédito en lugar de la tarjeta sanitaria.
Pero tú, vete. No te lo pienses más. La vocación no paga la luz, ni el agua, ni la hipoteca de tu casa, ni los disgustos diarios, ni te devuelve la salud, ni compensa los desprecios.
Vete. Haz lo que ya han hecho decenas de miles de médicos y decenas de miles de enfermeras españolas. Haz lo que este año, y los siguientes, harán muchísimos miles más.
Vete, y mándanos a todos a la mierda. A mí, el primero.
Firmado:
Juan Manuel Jimenez Muñoz.
Escritor en activo y médico jubilado del Servicio Andaluz de Salud.
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Leo este amargo escrito del doctor Juan Manuel Jiménez Muñoz, y digo:
Hago mía esta reflexión, o revisión de una reflexión previa en la misma linea. Porque nada ha cambiado; o peor: la situación de los profesionales de la medicina no ha dejado de empeorar desde hace décadas. Y hay ahora tal hostilidad hacia los médicos en general, desde arriba, desde abajo y desde los flancos, que se hace insoportable ejercer con el mínimo deleite y la suficiente calma, salvo excepciones, quizá en ciertos lugares del ámbito rural. Marcharse hacia mejores horizontes es lo sensato, aunque duela; porque nadie se va por gusto y hay gente normal que merece atención médica, pero hay también un círculo de incomprensión, desprecio e incluso y agresividad –al menos en las RRSS– hacia los galenos, que incita a huir de esta tierra de duelos a garrotazos. Quienes están en su último tramo, tendrán que aguantar, acaso a costa de su salud. Quienes están comenzando, que no lo piensen y se vayan. Es lo más sensato. Aquí confunden vocación con esclavitud y te dicen que las condiciones laborales* no son tan importantes, por lo que no tienes ni derecho a la huelga. En fin, no sé si hay que entonar un lamento o ya un Réquiem sanitario...
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*Las condiciones laborales de los médicos están determinadas por la política sanitaria, redundan en la salud laboral y no pueden desligarse de la vocación.
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Aunque duele leer comentarios como este: Pero que no se olviden de los padres agradecidos por curar a sus hijos. De las parturientas que encontraron la calma en sus palabras. De los ancianos que aliviaron no sólo sus dolores, sino también su soledad conversando apenas unos minutos con ellos…
El profesional puede sentirse libre o asfixiado...
El NHS confía. El SNS desconfía. Confianza vs. Desconfianza.
Dos sistemas sanitarios opuestos, porque su gestión parte de principios contrarios, que condicionan la relación entre administración, profesionales y pacientes.
El NHS (Reino Unido), el modelo basado en la confianza, se ha estructurado sobre la autonomía profesional; el GP (General Practitioner, médico de familia), actúa con independencia, gestionando su propio presupuesto y personal, confiando la administración en el compromiso del profesional, en que cumplirá con los estándares de calidad a cambio de flexibilidad administrativa.
El SNS (España), el modelo de control, tiende a una estructura más burocratizada y jerárquica, de ‘desconfianza’ institucional hacia la autonomía profesional; con gestión rígida, los profesionales tienen escasa o nula capacidad de maniobra sobre los recursos sanitarios y la fiscalización administrativa supone un control absoluto sobre el gasto farmacéutico y las derivaciones, basado en protocolos inflexibles.
Esta visión, más sintética que el análisis lejano ‘‘NHS vs. SNS’’, nos hace tener más claro el porqué de la insatisfacción profesional del médico del SNS.
[Esto no presupone contento profesional en el NHS, pero el factor confianza es un pilar fundamental para la satisfacción profesional.]
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NHS: National Health Service.
SNS: Sistema Nacional de Salud.
Beethoven: Sonata para piano n.º 8. I. Grave - Allegro di molto e con brio
Sobre la dificultad de afrontar el ejercicio de la medicina en todo tiempo y, por supuesto, en los tiempos que corren, nos hace reparar en el alma de médico. Porque para ejercer la profesión médica con la necesaria dignidad y la entrega que va más allá de cualquier ganancia material, es necesario un compromiso ético que no todos están dispuestos a asumir. Y para eso hace falta un espíritu especial. No valen la debilidad ni la inquietud; son precisas una fortaleza interior y una paciencia infinita. Pensamos en esto como tantas veces, de la misma forma y de diferente manera, en un mundo cambiante que no lleva un rumbo claro.
Joseph Haydn: Cuarteto op. 76 n.º 3. II: Poco adagio; cantabile
Hay muchos médicos de familia, mujeres y hombres, entregados a su oficio, entusiastas en grado extremo, que creen en lo que hacen y mantienen su entereza, a pesar de obstáculos y sinsabores que, a diario, dificultan o entorpecen su camino.
La labor del médico de familia es exigente, y cada vez más, en medio de desafíos permanentes y dificultades crecientes. La sobrecarga de trabajo y la precariedad laboral son parte de sus adversidades. Por encima, la infravaloración de su labor es la norma. Pero, aun con todos los inconvenientes de su ejercicio profesional, no llega a quebrarse su espíritu vocacional... De modo que el médico de familia entregado merece reconocimiento. Sí, un gran reconocimiento.
Hay algo en esas lápidas y retratos que detiene el tiempo. Son rostros que sonríen congelados en un instante que ya no existe. Algunos me miraban desde el mármol como si aún esperaran mi última visita como médico; otros parecían descansar al fin, en una paz deseada.
(…)
Mientras caminaba entre aquellas tumbas, comprendí que el cementerio, para mí, es un lugar de memoria. Es casi un mapa de mi propia historia médica y humana. Allí están los que me enseñaron a escuchar, los que me dieron las gracias con una sonrisa, los que me hicieron dudar, mis errores, los que me mostraron que curar no siempre es salvar… y que acompañar también es una forma de medicina.
(…)
Pensé que quienes descansan allí siguen, de alguna manera, acompañándome. Y que, tal vez, cada vez que los recuerdo, los resucito un poco. Los que yacen en el camposanto no se han ido del todo. Recuerdo sus nombres, siguen conmigo en mi memoria, en mis manos, y me ayudan como médico en cada decisión que tomo.
...en el que refleja su sentir en una visita al cementerio de su localidad.
Un texto revelador y conmovedor. Apropiado para el día de homenaje a los difuntos, que despierta profundos sentimientos en los vivos. A fin de cuentas, los muertos nos hacen sentir lo que seremos.
Un médico de familia*, competente, entregado a su labor profesional, pero sobrepasado por el número de citaciones que, lógicamente, ocasionan demoras en la atención, le dice a cada usuario que se extraña por la necesidad de espera:
Atiendo a todas las personas que tienen cita previa, veo de inmediato todas las emergencias que llegan y asumo las urgencias que me derivan, previamente priorizadas, desde las consultas de acogida de enfermería. También acudo a los avisos o visitas domiciliarias —ya sean programadas para personas inmovilizadas o solicitadas—, acompaño en ambulancia hasta el hospital a pacientes inestables y, si el tiempo me lo permite, intento resolver problemas administrativos. Todo esto, siempre dentro de mi horario laboral.
No se trata de un robot o un semidiós infatigable, que no precisa alimentarse ni descansar, sino de un ser humano que hace lo que puede y más, pero que tiene sus limitaciones. Y sus pacientes deben comprenderlo.
Hablamos de las diferencias entre los médicos de los dos niveles asistenciales en «Médico de familia vs. Médico hospitalario». Pero ahora queremos reflejar un hecho que sirve para ilustrar el diferente grado de dignificación del médico de atención primaria y del médico de hospital, de ambos profesionales de la medicina en el sistema público de salud. Veamos, pues, su diferente realidad.
Si un paciente llega tarde a la consulta con un especialista hospitalario, debe hablar con su auxiliar para que se lo comunique, por si puede atenderlo. Si sucede lo mismo con un médico de familia, que no cuenta con auxiliar, irrumpe en su consulta para decírselo, presuponiendo que lo atenderá aunque haya llegado tarde.
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Nota. Otra diferencia importante entre el médico de atención primaria y el médico hospitalario es la forma de citación en la agenda médica.
La medicina, en España, se ha convertido en una profesión de desgaste. La vocación, aunque poderosa, no es infinita y se agota cuando no hay reconocimiento y se rompe cuando no hay esperanza de mejora.
Javier Quintero
La profesión médica exige unas cualidades y una entrega personales difíciles de medir con números. Y del mismo modo que el necio confunde valor con precio, podríamos decir que el valor del médico se puede confundir con sus notas o calificaciones estudiantiles. De esto y de la medicina como carrera de obstáculos trata el artículo «Cuando la sanidad cada vez cuesta más, pero el médico vale menos», del psiquiatra Javier Quintero. Valgan algunos extractos significativos.
Ser médico se ha convertido en un acto casi heroico. No solo porque exige una entrega personal absoluta, sino porque el sistema parece diseñado para poner obstáculos en cada etapa del camino.
El acceso a la carrera de Medicina exige unas notas de corte absurdamente altas. Reducimos el acceso a una profesión profundamente humana, a una cuestión exclusivamente numérica.
Una vez dentro, el estudiante se enfrenta a una carrera universitaria de seis años, exigente, técnica y compleja, que le va a requerir largas horas de estudio.
La presión no cesa, y se instala el miedo al MIR, ese examen que determinará no solo el acceso a la especialidad, sino también dónde vivirá, qué hará durante los siguientes cinco años y, en buena medida, el futuro profesional.
La residencia es otra etapa de altísima exigencia, con la falsa promesa de un futuro mejor. El residente no es un estudiante, sino un médico en formación que asume responsabilidades, atiende pacientes... Sin embargo, sus condiciones salariales…
Tras los cinco años de residencia, el médico se convierte en “facultativo especialista”, accediendo con suerte a una plaza interina en el sistema público de salud.
El artículo habla también del borrador de un nuevo Estatuto Marco (general para todos los profesionales sanitarios, no específico para los médicos), que no resuelve los problemas estructurales y, para colmo, introduce nuevas limitaciones administrativas y agrava la rigidez del sistema. De modo que no sorprende la emigración de cada vez más médicos españoles a países donde son valorados. Y concluye que la medicina no puede seguir siendo una vocación castigada, porque algún día los enfermos se encontrarán solos, sin nadie que los cure.
En fin, un médico necesita muchos años de formación, entra tarde al mercado laboral, le cuesta adquirir una plaza estable en el sistema público de salud y su remuneración en España es ridícula para su categoría profesional y grado de responsabilidad, de modo que no extraña que muchos galenos se vayan al exterior.
La huelga es un derecho de los trabajadores, una medida de presión que puede ser útil para alcanzar determinados objetivos, pero que tiene sus limitaciones. Y hay una singular forma de protesta denominada huelga de celo, prohibida por ley. Centrándonos en el ámbito de la salud, nos preguntamos sobre este tipo de huelga y recurrimos a la IA para acceder a información precisa...
Una huelga de celo, también conocida como huelga blanca o trabajo a reglamento, es una forma de protesta laboral en la que los trabajadores siguen estrictamente las normas y reglamentos, sin realizar ninguna acción adicional o voluntaria. En el contexto de la sanidad, esto podría traducirse en un cumplimiento riguroso de los protocolos, lo que podría ralentizar o incluso afectar la atención al paciente, ya que se evitarían acciones como la atención fuera del horario establecido o la realización de tareas que no estén explícitamente indicadas en los protocolos.
...incluyendo el por qué de su prohibición, que pudiera parecer chocante.
La huelga de celo, en el ámbito sanitario como en otros sectores, se considera generalmente una huelga ilegal o ilícita en España, según el Real Decreto-ley 17/1977.La huelga de celo está prohibida en España porque se considera una forma de acción laboral abusiva, que busca perjudicar a la empresa mediante la ralentización intencionada de la producción, lo que afecta negativamente la productividad y la prestación de servicios. Se considera una forma de ‘‘huelga encubierta’’.
En definitiva, se prohibe trabajar a conciencia, empleando el tiempo necesario con cada paciente, basándose en protocolos establecidos. No deja de ser chocante.
“Un documental que alerta sobre cómo la organización del sistema sanitario impacta en la salud de quienes están al frente” [Verkami]
Dra. María Montoya: “Lo que impulsó la creación del documental fue la necesidad de visibilizar la situación que está viviendo ahora mismo el gremio médico y que le está llevando a una grave crisis” [Médicos y Pacientes]
“El objetivo principal es visibilizar este problema y que las personas que ejercen la Medicina y que están pasando por situaciones similares a las que se cuentan en el documental dejen de vivirlas en soledad”
En un debate sobre las guardias médicas, se decía que cuando se planificó la atención médica urgente, fuera de la jornada laboral ordinaria, dicha atención era escasa, porque la demanda era mínima. Por eso las horas de guardia se consideraban como “expectativa de trabajo”, y como tales se pagaban. Pero esa demanda fue aumentando progresivamente y, sin embargo, esas horas nunca pasaron a considerarse como extras. Y al hacerse referencia a las guardias hospitalarias, alguien recordó que las guardias extrahospitalarias todavía son peores, porque se atienden multitud de banalidades y no se dejan de atender accidentes ni procesos agudos graves, en un continuum agotador, inhumano.
Al hilo de este debate, hicimos las reflexiones oportunas. Ciertamente, no se ha considerado la evolución de la demanda urgente, que, desde lo esporádico, ha ido en progresivo aumento. Por diferentes causas, que competen a usuarios, profesionales y administración. Se descuidó el problema durante décadas (dudamos que haya sido analizado por el ministerio de sanidad o por los servicios de salud), y ahora lo lamentamos. En cuanto a la atención a banalidades, cabe decir que es fruto de un cambio social, de la falta de autocuidados, de la pérdida del sentido común... y de un buenismo pernicioso. Y el estar para todo sin justa compensación, ya es consecuencia del permanente trágala de los profesionales de la medicina.
Creo que ninguna huelga de médicos ha tenido tanta repercusión mediática como la de hoy, viernes 13 de junio de 2025, con reivindicaciones justas y necesarias. ¿Qué se pide? Garantizar los derechos laborales del médico y protección de su salud, limitando la jornada laboral para evitar una sobrecarga dañina. Y la reforma del Estatuto Marco de Sanidad –ley que regula las condiciones laborales de los profesionales de la salud– no les garantiza nada de esto.
Médicos van a huelga nacional para mostrar su rechazo
al Estatuto Marco propuesto por Sanidad
¡Necesidad de un Estatuto Marco propio para el profesional médico!
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ESTATUTO MARCO. Una Ley tardía y controvertida que pretende regular las funciones de todo el personal sanitario, sin distinción de categorías. Llegó tarde, mal y para establecer mil controversias.
La importancia del médico en el sistema sanitario es indiscutible; es tanta que cuando cualquier ciudadano habla del uso que hace del sistema sanitario suele decir: «Fui al médico», «Voy al médico», «Tengo que ir al médico»...
Reflexión anexa 1: Médicos hoy y hace cincuenta años
Los médicos están hoy peor que hace 50 años, si consideramos que entonces la mayoría eran profesionales liberales –con o sin ejercicio público compatibilizado– muy valorados socialmente. En la actualidad, vemos el desencanto y la frustración del profesional de la medicina, sobrecargado laboralmente y con una gran responsabilidad no reconocida como se merece.
Reflexión anexa 2: Trienios del médico
Además de la remuneración salarial, habría que revisar los trienios médicos al alza, considerando la duración de la carrera de medicina y la diferencia en su cuantía tan poco significativa con enfermería e incluso con categorías inferiores. Cuando un médico hace un trienio, otras categorías profesionales ya van por dos o tres.
Reflexión anexa 3 (post.): Triste realidad
La huelga médica tradicional es ineficaz, o poco eficaz, incluso perjudicial para el profesional. La huelga de celo o trabajo a protocolo sí sería eficaz, pero, paradójicamente, es ilegal. Entonces, quedan otras estrategias de lucha legítima: la 'huelga de burocracia', la alianza con el paciente... y, finalmente, el 'éxodo', la retirada del sistema o la búsqueda de otros horizontes.
Por un artículo del Dr. Sergio Minué sobre las causas del sufrimiento de los profesionales clínicos, hemos conocido un análisis de la Dra. Caroline Engen, médica noruega, originado en el suicidio (*) de una joven residente, presionada por las malas condiciones de trabajo que venía soportando (incluyendo tareas burocráticas inútiles), y que nos habla de un entorno laboral noruego insoportable.
(…) el exceso de trabajo, la sobrecarga, la falta y presión del tiempo, incluso para atender necesidades vitales tales como ir al baño. Todo ello generaba un intenso grado de sufrimiento, capaz de llegar al suicidio. (…) Engen observó que no era sólo una cuestión de “cantidad” de trabajo, sino fundamentalmente de su “calidad”. (…) Engen señala dos aspectos clave que ayudan a entender de forma mucho más profunda las causas reales del sufrimiento de los profesionales sanitarios: la visión del trabajo como un empleo complementario al resto de intereses vitales y la transición de la medicina a la ingeniería. (…) la ausencia de médicos, la desmotivación de los médicos y su sufrimiento tiene causas profundas ancladas en la sociedad emergente…
Un análisis foráneo que nos hace pensar en el medio sanitario hispano.
Reflexión anexa: Sufrimiento médico y sensibilidad gestora
Jamás un gestor sanitario le ha preguntado a un médico hispano si tenía algún problema, alguna necesidad o alguna preocupación laboral. Lo cual significa absoluta deshumanización en las relaciones laborales en el ámbito de la salud.
De un artículo periodístico sobre la propuesta de exclusividad de los jefes de servicio en la sanidad pública, es decir, que no puedan ejercer en el ámbito privado (planteamiento que el articulista rechaza, por posible renuncia de los mejores, y que otros aplauden, entendiendo que hay un conflicto de interés entre lo público y lo privado), rescato lo esencial de un comentario anónimo –no sabemos si profesional de la salud o no– que me parece interesante, porque, yendo más allá de su conveniencia o no, ahonda en los problemas del sistema sanitario, en concreto los retrasos en la atención y las listas de estera.
La gran mayoría de los problemas sabemos que son multicausales. Y más cuando se trata del estado de la sanidad española, otrora joya y hoy un poco menos valiosa si la comparamos con una década atrás. Por eso es sorprendente ese párrafo que comienza con «Nada de eso [retraso en citas, listas de espera] es achacable al personal sanitario».
Un conjunto heterogéneo [el personal sanitario], en el hay personas muy brillantes y trabajadoras, personas que simplemente cumplen y hasta quienes se aprovechan del sistema público para mejorar sus cuentas en el privado. Hay de todo. Negarles su cuota de responsabilidad significa que no se quiere abordar a fondo el problema.
Se ha privatizado la sanidad en España mucho y mal; tanto, que hoy funcionan peor los seguros privados; hay atascos, listas de espera, sobrecostes inexplicables, endeudamiento, fracasos y una sanidad primaria agobiada por las listas de espera donde la prevención de la enfermedad ha pasado a un segundo plano, si no tercero. Muchos centros actúan sólo a demanda, pues por desidia o falta de medios no pueden abordar preventivamente la salud de sus pacientes. Pruebas que tardan semanas o meses y consultas de escasos minutos que hacen imposible una evaluación adecuada. Y si de todo eso excluimos la responsabilidad del conjunto de los profesionales mal empezamos.
La gestión de la sanidad en España es autonómica, pues está transferida en un porcentaje altísimo, lo que significa que ningún partido se ve libre de culpa en los resultados. Pero el camino no es bueno. La comercialización de la salud puede acabar en una medicina de ricos, que pueden pagarse las pruebas a tiempo, y otra de menos ricos, que tendrán que soportar con sus impuestos las listas de espera.
Buscando una clara definición de profesión de riesgo, que no hallamos, a tenor de varias lecturas, podemos decir que es cualquier actividad profesional que implica elevado riesgo de enfermedad*, lesión* o incluso de muerte para el trabajador que la desempeña. Y viendo el listado de profesiones de riesgo en el mundo y las profesiones de riesgo en España (de las que están excluidos cuerpos de seguridad: Guardia Civil y Policía Nacional), susceptibles de compensaciones o beneficios (entre ellos la jubilación anticipada), nos preguntamos si se deberían incluir a otros profesionales, por ejemplo médicos. El debate está abierto.
Y traemos algunas consideraciones al respecto.
Hay trabajos que suponen un riesgo evidente para la salud de quienes los desempeñan. Por norma general, este riesgo atañe a la salud física y en muchas ocasiones la vida de los empleados se pone en juego. [Profesiones de riesgo –Mapfre]
Las profesiones de riesgo en España incluyen trabajos que presentan altos índices de morbilidad o mortalidad debido a su peligrosidad, toxicidad o condiciones insalubres.
La medicina es una profesión que implica un alto grado de riesgo debido a la exposición a agentes biológicos, agentes físicos, agentes químicos, riesgo ergonómico y psicosocial. Sin embargo, en España, aún no ha sido oficialmente reconocida como una profesión de riesgo. [La Medicina es una profesión de riesgo –AMYTS]
Cada vez hay más médicos con problemas de salud mental: una profesión de riesgo. [El Economista]
Si bien la medicina no es en principio profesión de alto riesgo para el profesional que la ejerce (podría serlo para los pacientes que tratan: hay intervenciones médicas o quirúrgicas de alto riesgo), por estar sometido a exposiciones potencialmente dañinas –y en los últimos tiempos también a agresiones –, que pueden menoscabar su salud, cabría considerarla profesión de riesgo.
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*riesgo de enfermedad orgánica (física) o mental (psíquica).
**Las lesiones se producen a consecuencia de accidentes laborales, que pueden ser traumáticos (caída, atrapamiento...) o no traumáticos (infarto, derrame cerebral).
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Pero valga el humor para aligerar esta entrada tan seria...
La medicina es como profesión excelsa, pero como ciencia humildísima, y hay que aceptar esta insuficiencia y esta humildad en gracia a esta excelsitud.
Gregorio Marañón
La medicina tiene sus limitaciones, y su limitación máxima es impedir el envejecimiento progresivo y la mortalidad humana...
La medicina ha triunfado en los tiempos modernos, transformando los peligros del parto, las lesiones y las enfermedades de angustiosos a manejables. Pero cuando se trata de las realidades ineludibles del envejecimiento y la muerte, lo que la medicina puede hacer a menudo va en contra de lo que debería.
(...) Los asilos de ancianos, dedicados sobre todo a la seguridad, se enfrentan a los residentes por los alimentos que se les permite comer y las decisiones que se les permite tomar. Los médicos, incómodos al hablar de las ansiedades de los pacientes sobre la muerte, recurren a falsas esperanzas y tratamientos que en realidad acortan las vidas en lugar de mejorarlas.
Atul Gawande, un cirujano en ejercicio, ha revelado sin miedo las dificultades de su profesión. Ahora examina sus limitaciones y fracasos más importantes (en su propia práctica y en la de otros) a medida que la vida se acerca a su fin. Y descubre cómo podemos hacerlo mejor.
Las dificultades de la profesión que señala el Dr. Gawande aconsejan que el médico tenga humildad, la que propugnaba el Dr. Gregorio Marañón y a la que ya se había referido el Dr. William Osler, que junto a la honestidad, humanidad y humor configuran sus «4H», necesarias para el buen ejercicio de la medicina, en el que la buena relación médico-paciente es esencial. A ellas nos referimos al hablar de las limitaciones de la medicina, que obligan a adoptar esos principios; humildad (frente a soberbia), sabiendo de nuestra mortalidad, que no somos infalibles, que cada paciente es único y que no hay verdades rotundas; honestidad, aceptando los principios éticos que conducen a obrar en conciencia y con justicia; humanidad, haciéndonos cargo de las personas que sufren, mostrándonos empáticos y compasivos; y humor, porque es terapéutico, para el paciente y para el propio médico. Y hemos de hablar de la muerte con naturalidad, sin que sea tabú, reconociendo nuestra perecedera existencia de seres mortales. Así que bienvenidos los libros que enfocan la vida humana con su deterioro inevitable hacia una muerte segura, considerando la mejor manera de atender a los ancianos, favoreciendo que tengan una vejez saludable y una muerte digna en la medida de lo posible. En este blog ya hemos girado mucho alrededor de la vejez...
Coda del Cisne Negro, pas de deux en Act III – El lago de los cisnes, Tchaikovsky