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miércoles, 6 de abril de 2022

¿Por qué la música?


He tenido conocimiento de la existencia del libro ¿Por qué la música? por una entrevista a su autor, Francis Wolff, en Radio Clásica de RNE. 

Francis Wolff dice:
«Cuando era niño, aprendí «teoría musical» en pequeños libros de texto (no sé si todavía existen) divididos en dos: el folleto de preguntas verde y el folleto de respuestas rojo. La primera lección del primer año fue: ¿Qué es la música?; y en el librito rojo estaba escrito: «La música es el arte del sonido». Qué deslumbrado estaba, a los ocho años, cuando descubrí esta definición. No sé si esta fue mi entrada en la «teoría musical», pero creo que fue mi entrada en la filosofía. En esta declaración estaba todo el poder mágico de las fórmulas de definición. Concentró en pocas palabras el misterio de las cosas intangibles. Apenas cambié de opinión: la música es de hecho el arte del sonido».
Y en la promoción de la obra podemos leer:
A partir de esta definición banal, «la música es el arte del sonido», este libro extrae todas las consecuencias hasta lo más lejano. En el camino, responde las preguntas que nos hacemos sobre la música y las artes. ¿Por qué, donde hay humanidad, hay música? ¿Por qué la música nos hace bailar? ¿Y por qué a veces nos conmueve? ¿Qué expresa la música pura? ¿Representa algo? ¿Y qué es la belleza? ¿Está en las cosas o en nosotros? ¿Por qué todos los seres humanos hacemos imágenes, historias, música? ¿Qué nos dicen estos mundos imaginarios sobre el mundo real? Las preguntas más simples suelen ser las más profundas. Ningún libro sobre música o artes las posa con esta tranquilidad y originalidad.

¿Por qué hay música?
«La música es el arte más abstracto y el que más efectos concretos provoca»
—Historia de la música
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LIBROS GENERALES
–Historia de la música
Historia de la música en España (1920), Rafael Mitjana*
Una historia de la música (1969), Lucien Rebatet
Historia de la música (1986), VVAA* –Turner
–Ensayos técnicos, divulgativos y filosóficos sobre música
De lo bello en la música (1854), Eduard Hamslick*
El señor Corchea y otros escritos (1921), Claude Debussy*
Filosofía de la nueva música (1949), Theodor W. Adorno*
Música para todos nosotros (1964), Leopold Stokowski*
Guía para escuchar la música contemporánea (1977), Armando Gentilucci*
El maestro invita a un concierto (2006), Leonard Bernstein
¿Por qué la música? (2015), Francis Wolff

LIBROS ESPECÍFICOS
–Épocas de la música / Estilos musicales
La música de la época barroca: de Monteverdi a Bach (1947), Manfred Bukonfzer*
Los grandes compositores de la época romántica (1955), Adolfo Salazar*
La música en el Renacimiento (1952), Gustave Reese*
El estilo clásico (1986), Charles Rosen*
–Compositores concretos: biografías y autobiografías musicales
Mi vida (1813-1883), Richard Wagner*
Vida de Rossini (1823), Sthendal*
Memorias (1848-1869), Hector Berlioz*
Beethoven: las grandes épocas creadoras (1952-1958), Romain Rolland*
Mozart (1987), Jean y Brigitte Massin*
–Formas musicales
España, desde la ópera a la zarzuela (1967), Antonio Peña y Goñi*
El Lied romántico (1973), Federico Sopeña*

DICCIONARIOS DE MÚSICA
Diccionario Oxford de la música (1938)*
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*Recomendados en La biblioteca ideal (1994), Ed. Planeta.


Sonido, música, lenguaje musical, solfeo.
Ritmo, melodía, armonía.
Nota, acorde, arpegio, intervalo, escala, tonalidad.
Pentagrama, figuras, claves, armadura, compás.
 
Anexo: TEORÍA MUSICAL [v. Apreciación musical]
Teoría musical: campo de estudio de los elementos de la música (ritmo, melodía y armonía), entre ellos el desarrollo y la metodología para analizar, escuchar, comprender y componer música. Tres aspectos interrelacionados: 1) los rudimentos musicales (notación y armaduras, indicadores de compás, valores rítmicos, etc.), indispensables para el estudio de la armonía, el contrapunto y la forma musical; 2) los estudios de escritos musicales de la antigüedad hasta nuestros días (estética, notación, acústica, diseño de instrumentos musicales, prácticas interpretativas, etc.); 3) los estudios musicológicos: definición de procesos y principios generales de la música, tomando como punto de partida los materiales fundamentales que la conforman. La teoría musical suele describir cómo los músicos y compositores hacen música, incluyendo sistemas de afinación y métodos de composición.

El sonido es un fenómeno físico y la música es un arte. [Las cualidades del sonido: altura, duración, intensidad, timbre]*
La música es el arte de los sonidos... 
El lenguaje musical es un término amplio que engloba el estudio de las cualidades o elementos que forman la música. En muchas ocasiones lenguaje musical y solfeo son utilizados como sinónimos, pero el solfeo no es más que una parte del lenguaje musical que se dedica a la lectura, entonación y la escritura de la música.
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*La altura es la afinación de un sonido, determinada por la frecuencia fundamental de las ondas sonoras (permite distinguir entre sonidos graves, agudos o medios) medida en ciclos por segundo o hercios (Hz). La duración es el tiempo durante el cual se mantiene un sonido, está determinada por la longitud, que indica el tamaño de una onda, que es la distancia entre el principio y el final de una onda completa (ciclo); según esto, los sonidos pueden ser largos o cortos. La intensidad es la cantidad de energía acústica que contiene un sonido; equivale a hablar de volumen: un sonido puede ser fuerte o débil. El timbre es la cualidad (calidad del sonido) que permite reconocer la fuente emisora del sonido, por ejemplo, entre la misma nota (tono) con igual intensidad producida por dos instrumentos musicales distintos (cada cuerpo sonoro vibra de una forma distinta) o por diferentes voces; desde la física, depende de la cantidad de armónicos (sonidos secundarios) que acompañan al sonido fundamental y de la relación altura, duración e intensidad.
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Teoría musical –promocionmusical.es
La teoría musical es la forma en que los músicos explican y describen los fenómenos que se oyen en una composición.

Las bases de la teoría musical son: melodía, ritmo y armonía. La melodía es una secuencia lineal de notas (aspecto «horizontal»). El ritmo es una sucesión regular de sonidos (notas) fuertes y débiles. La armonía sucede cuando dos o más notas distintas suenan a la vez (aspecto «vertical»); se puede referir tanto al arreglo de las notas individuales en un acorde (en la partitura se escriben unas sobre otras) como a la estructura general de acordes en una pieza musical.

Una nota* es un sonido individual determinado por una vibración cuya frecuencia es constante. Un acorde son varias notas que suenan a la vez, de manera simultánea. Un arpegio (de arpa) son varias notas que suenan de manera sucesiva.
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*La distancia –en altura– entre notas se denomina intervalo. 

Fuente
[Ver también AQUÍ]

Un pentagrama musical consiste básicamente en cinco líneas trazadas horizontalmente y paralelas entre sí, separadas por la misma distancia, entre las se forman cuatro espacios; puede tener líneas y espacios adicionales. Su función es contener los símbolos que representan la música. Son elementos del pentagrama: las figuras musicales (notas y silencios) y los símbolos musicales (claves, armadura de clave, tiempo, compás, tempo...).
El pulso es la unidad básica del tempo, y marca el ritmo.
El tono es un conjunto de sonidos que se sostienen en una misma nota principal llamada tónica. La sucesión de las notas compone las escalas. La tonalidad designa cuál es la nota tónica, la nota dominante y la subdominante, en las que se apoyará la estructura musical. 

Fuente

viernes, 18 de mayo de 2018

Sonoridades clásicas


Qué difícil es vivir sin el placer de la música.

Si primero fue un libro sobre la parte médica, titulado Guía de HUMANIDADES MÉDICAS, ahora tocaba el libro que recogiese la parte melódica esencial de este blog (reparemos en el nombre: "Medicina y Melodía"), y lo hemos editado con el título de SONORIDADES CLÁSICAS. Como en el caso anterior, hemos realizado la edición eBook y la edición en papel. Y esta es nuestra descripción:
Las «sonoridades» recogidas en este libro pertenecen a los diversos lenguajes y formas musicales, en sus diferentes vertientes: tradicional –o folclórica–, clásica y urbana (el jazz aparte, con entidad propia), con un predominio innegable de la música clásica. Aunque las múltiples sonoridades integran el genérico mundo de la música.. ¿De las artes la más bella? Es opinable. Pero sin duda es la más etérea y capaz de hermosear a las demás. Desde la humana laringe o desde cualquier instrumento artificial parte su variable belleza. Sus notas se hacen dueñas del espacio, se combinan, sonríen, lloran, sosiegan, agitan, evocan, liberan, van y vienen como la marea.  
Con las sonoridades de la música, de la misteriosa forma del tiempo, del arte supremo que nace y muere de continuo en un pasar efímero (y, sin embargo, a veces eterno), hemos pretendido una división práctica en seis apartados, que tratan sobre: 1-las diversas sonoridades, 2-generalidades musicales, 3-la historia de la música, 4-las formas musicales, 5-la música y sus relaciones, 6-musicología y crítica musical. Podría haber sido otra estructura cualquiera. Pero lo importante es que estos escritos divulgativos sirvan, al menos, para despertar o incrementar el amor a la música. Para disfrutar más de toda la buena música. Porque la música nos hace mejores.
Un libro sigular

Tres claves:
  • La música: esa misteriosa forma del tiempo.
  • Diversos lenguajes y formas en diferentes variantes. 
  • Arte capaz de hermosear a las demás artes.

Desde este espacio médico-melódico esperamos que los lectores no se sientan defraudados con este trabajo, que enlazamos AQUÍ*. De antemano, les damos las gracias a todos los que se acerquen a su contenido. Y, por supuesto, tomaremos en cuenta las valoraciones críticas que cada cual considere, en uno u otro sentido. Habremos de aceptarlas con humildad, en aras de seguir mejorando.
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*Se puede ver el índice y leer varios capítulos.
 
An die Musik (A la música), Franz Schubert

jueves, 27 de julio de 2017

Jorge Drexler, lección escénico-musical

Fuente

Traemos hoy una lección escénico-musical protagonizada por Jorge Drexler. Este hombre polifacético, gran comunicador, poeta, actor y cantautor uruguayo, además de médico (¡músico médico!) sin especial orden, diserta sobre la décima (estrofa creada por Vicente Espinel, escritor y músico) y la milonga. Esta canción, con su ritmo musical 3-3-2 y acento característico, no es genuinamente rioplatense, sino que parece tener su origen ancestral en Oriente Medio. Incluso fue aprovechado por Astor Piazzolla, tras escuchar a emigrantes judíos de origen ucraniano en Nueva York, para transformar el tango de la segunda mitad del siglo XX, tocado en su bandoneón, un instrumento alemán del siglo XIX, creado para las iglesias que no se podían permitir tener un órgano; increíblemente, el bandoneón acabó asentándose en el Río de la Plata, convirtiéndose en el instrumento esencial de la milonga y el tango, junto con la guitarra española, instrumento al que el referido Espinel le agregó la sexta cuerda. Pero, mejor, escuchemos a Jorge Drexler.

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Anexo: Jorge Drexler habla sobre la guitarra
https://www.youtube.com/watch?v=D0U1V0i7IWk

Vicente Espinel

viernes, 21 de junio de 2013

La música como puente


Gracias al amigo Antonio Castillo, he tenido conocimiento de un vídeo que muestra la actividad musical de unos jóvenes paraguayos que han dado sentido a su vida a través de los armónicos sonidos. Sin medios para iniciarse en sus estudios musicales con instrumentos convencionales, han dado sus primeros pasos como luthiers, reciclando materiales de desecho. Se ha creado hasta una orquesta de instrumentos reciclados, gracias a la labor del director Luis Szarán, un músico inteligente y sensible, para quien la música es “la sonrisa del alma” y un elemento de transformación social. Tal es el poder de la música. Dice este maestro que la meta principal no es formar buenos músicos, sino buenos ciudadanos. La música como puente... Una meritoria lección de comunitaria creatividad que nos llega desde Paraguay. Enhorabuena a sus protagonistas, en el día de la música.

Orquesta de instrumentos reciclados

miércoles, 27 de julio de 2011

Música clásica para todos


Que la música clásica no es para todos lo intenta desmentir Benjamin Zander, director de la orquesta Filarmónica de Boston y miembro del Conservatorio de Nueva Inglaterra. Comprueben su capacidad de convicción en la charla-conferencia que les propongo y que me ha hecho llegar un músico profesional. Zander insiste en que la música clásica es para todos y no sólo para el 3% de la población a la que le gusta o que disfruta con ella, según han estimado los profesionales del arte sonoro. Merece la pena escuchar los veinte minutos que dura su exposición… con los ojos brillantes.

miércoles, 13 de julio de 2011

Apreciación de las sinfonías de Mahler


Para mí, escribir una sinfonía es como construir un mundo.

En una encuesta realizada por el tristemente desaparecido elcuervolopez, gran melómano y mahleriano, sobre las preferencias por alguna de las diez sinfonías de Gustav Mahler (1860-1911), el resultado se saldó con la victoria de la Sinfonía n° 2 “Resurrección”, seguida por la Sinfonía nº 5, la del famoso adagietto. Y como la menos preferida quedó la n° 7, superada incluso por la Décima, inacabada y completada tras la muerte del compositor, cuyo centenario se ha cumplido el 18 de mayo de este año. Para uno de los consultores de elcuervolopez, sin duda la Sinfonía n° 2 es la obra más popular de Mahler y la Quinta la obra más intelectual, o sea la mejor. Otro añade que no sorprende que la subtitulada «Resurrección», de atrayente perfección y belleza, sea la ganadora. “La sinfonía que Mahler propusiera casi como continuación de la Primera «Titán», y naciera del germen de un poema sinfónico que terminó constituyendo el primer movimiento, hipnotiza a propios y extraños”. La misma que encandiló al musicólogo y millonario impresor Gilbert Kaplan y al biógrafo del compositor en español, José Luis Pérez de Arteaga (si bien de éste yo he leído en una entrevista que su sinfonía preferida, de todas las sinfonías y no sólo de las de Mahler, era la Novena). Y el mismo consultor expone:
“Y es que a pesar de confirmar lo que usualmente es considerado un primer período creativo de Mahler, signado por los ciclos de versos Des Knaben Wunderhorn (sobre los que se inspiró para varias composiciones, hasta la Sinfonía nº 4), la Sinfonía nº 2 parece condensar con bastante fidelidad el genio compositivo del músico, con instantes de grave dramatismo (el «Totenfeier» inicial), una música para acompañar las efímeras alegrías de la vida (los movimientos 2 y 3), hasta recapitular reflexivamente (en el imponente Lied «Ulricht», que conforma el cuarto movimiento), y llegar a la salida optimista y a la vez tormentosa final, en el último movimiento, un movimiento que de algún modo es análogo al postrero de la «Titán», pero con voz humana. Para todo ese desarrollo, Mahler pone todo de sí: una instrumentación minuciosa y recargada, temas principales de enorme belleza, y partes cantadas a cargo de solistas (una mezzosoprano o una contralto y una soprano) y de un coro mixto. Es, creo yo, esa riqueza de recursos (que para el caso, tiene también la Sinfonía nº 3, pero ésa se constituye tradicionalmente como «más difícil» de escuchar, y de interpretar) la que termina conviertiendo a la Sinfonía nº 2 como una de las obras de Mahler que mayores preferencias consigue entre los escuchas. Puede que, como opinamos muchos, haya obras en las que Mahler se muestra aún más elevado (en la Sexta) y más innovador (en la Novena, en el Adagio de la Décima), otras en las que dé muestras incluso más acabadas de su capacidad de instrumentación (como en la Octava), pero es la Segunda la que acaso junto con Das Lied von der Erde, ofrece todo ello con una carga más diáfana de emoción (…) Es junto a la Séptima de Beethoven, la Primera de Brahms, la Cuarta de Bruckner y la Segunda de Sibelius, una de mis cinco sinfonías favoritas de todos los tiempos.”
Mahler: Sinfonía nº 2 (Final)
Sheila Armstrong, soprano; Janet Baker, mezzo-soprano; Edinburgh Festival Chorus; London Symphony Orchestra; Leonard Bernstein, conductor
[Vídeo post., por eliminación del previo]

Por cierto, el sinfonista Mahler recibió la influencia de Beethoven, Brahms, Wagner y Bruckner (éste también constructor de sinfonías colosales, de catedrales sonoras), si bien los detractores del compositor (entre otros, Richard Strauss, Sergiu Celevidache y Arturo Toscanini) lo acusan de excesivo, grandilocuente, trivial y disperso.

Dejando al margen las descalificaciones y teniéndose hoy por un digno creador sinfónico, puede que la mayoría tenga razón y que, si no la mejor, la Segunda sinfonía sea la más atrayente. Por su parte, elcuervolopez se queda con la Sexta “Trágica” y la Novena; al parecer la Sexta era también favorita de Alma, la mujer del compositor. Yo coincido con la apreciación del excelso bloguero (¡qué fascinante complejidad la de la Sexta!, ¡qué arrebatador arranque el de la Novena!), aunque cada sinfonía tiene su momento, desde la Primera “Titán” (sorprendente inicio de un milagroso ciclo sinfónico) a la inconclusa Décima, pasando por la Tercera (un himno a la Naturaleza), la engañosamente infantil Cuarta, la poco exitosa Séptima y la desmesurada Octava "De los mil" (precisa una inmensa orquesta, ocho solistas, dos coros mixtos y coro infantil). Sin embargo es comprensible entregarse a los encantos de la Segunda sinfonía, cuyos ecos de su grandioso final todavía resuenan en mis asombrados oídos, esclavos de la magia sonora.

Las sinfonías de Mahler son creaciones densas, de gran hondura psicológica, que nos zarandean emocionalmente, no empalagosas, poco predecibles, con las que el músico pretendía abarcar el mundo. En general no son fáciles en una primera escucha, pero su modernidad constructiva resiste el paso del tiempo. Si nos atrapan, ya no podremos dejarlas.

Mahler: Sinfonía nº 9
Wiener Philharmoniker, Leonard Bernstein
[Vídeo post., por eliminación del previo]
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Gustav Mahler: personalidad y popularidad
«Era un hombre poco sociable para ser realmente popular. La ciudad imperial [Viena] jamás ha reaccionado favorablemente ante los hombres duros, así sean genios de la altura de Mahler. Este era invariablemente amado o detestado».

Soy apátrida por triplicado: nativo de Bohemia en Austria, austríaco entre los alemanes y judío en todo el mundo. Siempre un intruso, nunca bienvenido.

Sólo compongo cuando tengo experiencias intensas. Y sólo cuando compongo tengo experiencias intensas.

Mi tiempo llegará.

jueves, 18 de marzo de 2010

Estudios folklóricos, cancioneros y archivos

Los estudios folklóricos se iniciaron en el siglo XIX, con los folkloristas románticos. En España, el movimiento folklorista dio comienzo con el ilustre musicólogo Felipe Pedrell (1841-1922), pilar decisivo en la concienciación de las raíces propias, a quien habrían de seguir Albéniz, Granados, Falla y Turina. En su faceta de recopilador de canciones folklóricas, con la inestimable ayuda de colaboradores, su Cancionero Musical Popular Español (1919-1922), editado en cuatro volúmenes, supuso el culmen de sus desvelos.


El de Pedrell es una buena muestra de los cancioneros, colecciones de cantos folklóricos que vienen publicándose especialmente desde el Romanticismo hasta nuestros días (aunque hay buenas muestras de recopilaciones de canciones y villancicos procedentes del Renacimiento: C. de Palacio, C. de la Colombina, C. de Upsala, C. de Medinaceli). Otras colecciones de piezas del folklore hispano fueron editadas aquí y allende nuestras fronteras. De las publicadas en nuestro territorio, basten dos buenos ejemplos: el Cancionero Musical de la Lírica Popular Asturiana (1920), de Eduardo Torner (1888-1955), y el Cancionero Musical de Galicia (1942), de Casto Sampedro (1848-1937).

Desde el comienzo de los estudios folklóricos musicales se realizaron grandes esfuerzos por recoger y grabar cánticos de cada pueblo antes de que se extinguiesen para siempre. En este campo han destacado notablemente los países escandinavos y rusos, además de Alemania, Austria, Bohemia, Hungría, Rumania, Bélgica, Holanda e Inglaterra, creándose archivos folklóricos como los de Upsala, Lund –ambas ciudades de Suecia–, Helsinki, Copenhague, Oslo y Dublín, para el adecuado almacenamiento del legado documental referente a la música tradicional; vendrían a ser equivalentes a los más conocidos archivos históricos.

¿E Hispania? En este apartado, como en otros, el país con el mayor patrimonio folklórico musical de Europa parece haberse quedado bastante descolgado, a pesar de los esfuerzos en investigación.


La investigación de la música tradicional o etnomusicología (originalmente denominada “musicología comparada”) es una disciplina apasionante. Considero la busca y recuperación de tesoros desaparecidos del folklore musical una labor encomiable, envidiable y benefactora: el esfuerzo placentero de desenterrar, transcribir y divulgar sonoridades del pasado para enriquecer sonoramente el futuro. La diversidad descubierta podrá ser entendida por propios y extraños, siendo el lenguaje musical universalmente asimilable a través de lo sensible.

Por lo tanto, convendrá difundir y compartir los propios tesoros, la particular belleza sonora comúnmente comprensible. Porque aunque cada país considera las canciones folklóricas como patrimonio nacional, parafraseando a Edwin J. Stringham podemos afirmar que la canción popular trasciende las fronteras, tiene la sencillez y universalidad que resume la experiencia humana en unos cuantos rasgos, y va directa al corazón en un lenguaje que todo el mundo puede entender.
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Esta es una parte de un ensayo publicado en Filomúsica (revista electrónica de música culta), al que puedes acceder si te interesa el tema:
Nota. El Cancionero de Palacio también es conocido como Cancionero de Barbieri, porque fue el compositor y musicólogo Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894) quien lo estudió y lo transcribió a finales del siglo XIX.

martes, 2 de marzo de 2010

Instrumentos musicales


Si dejamos a parte la voz humana, nuestro instrumento natural, el primer instrumento musical (“objeto compuesto por la combinación de uno o más sistemas resonantes y los medios para su vibración”, Wikipedia) propiamente considerado habrá sido alguno de percusión, quizás una clave primitiva, y el segundo una flauta, cuya presencia se ha podido constatar en todas las civilizaciones en alguna de sus variantes. Desde los primeros tiempos hasta nuestros días, multitud de instrumentos nos han llegado con mayor o menor éxito en su difusión o adopción por instrumentistas y grupos instrumentales.

Los instrumentos musicales constan al menos de un oscilador o vibrador y muchos de ellos también de un resonador. En la guitarra, las cuerdas son el elemento oscilador y la caja de resonancia el resonador; en ella el oscilador es activado por el dedo o por una púa (en el violín por un arco y en el piano por un martillo). Las castañuelas, por otro lado, sólo constan de elemento oscilador, generando sonido por sí mismas mediante el entrechoque.

¿Cómo se clasifican los instrumentos musicales? Simplemente, en tres grupos: a) de viento, b) de cuerda y c) de percusión. O atendiendo a sus propiedades físicas, en cinco categorías: 1) idiófonos, que vibran por sí mismos, como la campana, las claves o el xilófono; 2) membranófonos, de sonido generado por la vibración de una membrana, como el timbal, el tambor o el tan-tan; 3) aerófonos o instrumentos de viento*, como la flauta, el clarinete o la trompeta; 4) cordófonos o instrumentos de cuerda, como el violín, la guitarra, el arpa o el piano (éste de cuerda percutida); 5) electrófonos, de sonido generado por medios electrónicos, como el sintetizador.

*Los instrumentos de viento se dividen a su vez en: de viento-madera (flauta, oboe, clarinete...) y de metal (trompeta, trombón, trompa...).

Fuente

Un vídeo ilustrativo de instrumentos musicales de cuerda, de viento y de percusión.

[Vídeo post. por eliminación del previo]

[para niños, post.]
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Enlaces interesantes:
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ANEXO. Frases sobre instrumentos musicales.
  • Un violín es la venganza llevada a cabo por los intestinos de un gato muerto. Ambrose Bierce
  • El clavicordio suena como si dos esqueletos estuviesen copulando en un tejado de hojalata. Thomas Beecham
  • las gaitas son el eslabón perdido entre la música y el ruido. E. K. Kruger
  • La guitarra tiene cuerpo de mujer.

edufichas

miércoles, 14 de octubre de 2009

Musicología vs. Musicografía


Trataré de sintetizar dos conceptos musicales, que en la práctica se funden en uno, siguiendo una idea de Baltasar Gracián: Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

El estudio de todos los fenómenos relacionados con la música es el cometido de la musicología. Se reconoce también como ciencia de la música y a quienes la estudian, a los versados en musicología, se les considera musicólogos. Se imparte en importantes universidades de todo el mundo y en los conservatorios superiores, y comprende diferentes campos o especialidades: historia de la música o musicología histórica, teoría de la música, etnomusicología, etc. La carrera dura entre 3 y 5 años, dependiendo de planes de estudios, países e instituciones (4 años en la Universidad Autónoma de Barcelona).

Puede haber confusión con el término musicografía, en cierto modo equivalente a musicología, sin una distinción clara. Sin embargo, parece aceptarse que la labor musicográfica tiene una intención divulgadora –de temas generales o monográficos–, sin el rigor y la metodología de la musicológica. Entre los elementos musicográficos estarían las referencias literarias y las sociológicas. Es evidente que los temas musicales tratados en este blog corresponden, en general, al ámbito de musicográfico, y en este sentido quien los escribe estaría adscrito al grupo de los musicógrafos. Entrar en más detalles ya no es función de este modesto divulgador.
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Enlaces relacionados

jueves, 24 de septiembre de 2009

Preservación de la música clásica (4)


A pesar de los logros sociales –que han propiciado el acercamiento de la cultura al ciudadano– y de los teóricos avances educativos, se ha alertado sobre la progresiva pérdida de audiencia, criticándose además la profusión de orquestas sinfónicas sin crecimiento proporcional en la demanda de un público interesado. Hemos pasado en pocos años de una sequía casi absoluta a una abundancia tal que, al decir de los más tremendistas, podría hacer morir de éxito a la gran música. En otra dimensión, podrá afirmarse que vale más estar ahítos que con el panorama desolador de otro tiempo, pero encontrar las salas de conciertos medio vacías –o medio llenas– obliga a replantearse el futuro.

Puede que sean las programaciones, quizás la escasa difusión de los acontecimientos, tal vez los precios de las entradas, acaso otros argumentos que impliquen diferentes intereses o invoquen al mismo Cronos. Estudios foráneos apuntan hacia factores sociológicos, ligados al trajín contemporáneo derivado, en suma, de la competitividad y de la manipulación de las conciencias. Lo cierto es que la oferta supera en mucho a la demanda y de seguir así se haría difícil, o imposible, mantener el actual número de orquestas; las menos sostenibles estarían tristemente abocadas a la desaparición.

Se habla de audiencias envejecidas, de la falta de interés de los más jóvenes. Y volvemos a implicar cuestiones de índice social: el mudar de los tiempos, los nuevos hábitos de consumo, la indolencia extrema, la pérdida de valores que parecían inquebrantables. Esperar que un cambio de moda coloque a la música clásica en situación ventajosa es una frivolidad. Al contrario, pronosticar su desaparición es una necedad; supondría el final mismo de nuestra cultura.

Preservar viva la música culta requiere el esfuerzo de quienes la aman y, desde luego, de los organismos e instituciones implicados. Es de lamentar la que se ha perdido por desidia o por olvido; más todavía la que ni siquiera ha nacido porque, desgraciadamente, nunca ha llegado a estrenarse. ¡Cuántas dificultades encuentran las nuevas composiciones para salir a la luz! Fruto de un inmovilismo inexplicable que conlleva la reiteración de un manido repertorio; preservar la música no significa detener su curso evolutivo, sino todo lo contrario. Y pensar que múltiples bazofias se difunden por doquier, puestos a su servicio los mayores avances tecnológicos…

Habremos de mantener un deseable optimismo que nos dé en afirmar que siempre existirá la gran música, porque siempre habrá intérpretes que le den vida y sensibles receptores del arte supremo. Aunque sólo supongan una loca minoría.
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Este artículo es la última parte del publicado en Filomúsica (revista música culta):

Digamos como conclusión que la preservación ha de venir fundamentalmente por la educación, y que la aproximación y la divulgación inciden decisivamente en ésta, por lo que entroncamos el presente escrito en la etiqueta de educación musical.

Enlace a un estupendo blog de educación musical:

Enlace a un encantador blog sobre inglés y música para niños:

martes, 11 de agosto de 2009

Preservación de la música clásica (3): Divulgación musical


La difusión de la música clásica, mediante la palabra viva (conferencias, seminarios, cursos), libros y revistas especializados (en soporte de papel u on-line) y, desde luego, a través de grabaciones y del poderoso alcance de las ondas, viene a ser una parcela más de la educación general a la que debe aspirar el hombre –y la mujer– sapiente. Y tiene su interés la relativamente reciente creación de foros en la red, donde se discute sobre el valor intrínseco de obras musicales y se hacen valoraciones interpretativas. Se aprende mucho de comunicadores anónimos que, no en pocos casos, demuestran un buen conocimiento de la materia que tratan.

Los medios, atentos a los índices de audiencia y a los lógicos beneficios, en general ayudan poco a una música que no mejora la cuenta de resultados. Una apuesta arriesgada para los entes privados, un lujo que sólo se puede permitir la empresa sufragada con el dinero de los contribuyentes. Y aun aplicándole el teórico demérito, es de encomiar la labor divulgadora de la radio pública, en particular, a través del programa Clásicos Populares* de RNE - Radio Clásica. Un verdadero clásico de la radiodifusión, que comenzó con lo más básico o asimilable por el público no versado y que acabó adentrándose en creaciones musicales más complejas. Eso sí, con una audiencia fiel que ha ido madurando a través de los años.

Sobre la popularización de la música clásica puesta en práctica por directores de orquesta e intérpretes, vocales o instrumentales, existen posturas encontradas. Las reelaboraciones o “arreglos” consiguen acercar algunas obras a oyentes de oídos poco adiestrados, aligerando las partituras a costa muchas veces de desvirtuar la esencia de la propia música. Si esto sirve como paso previo para afrontar las grandes composiciones en estado puro, no debiera ser mirado con recelo. Si el medio se convierte en fin y lo vulgar prevalece sobre la obra artística, habrá que desaprobar tales prácticas de divulgación o acercamiento a las masas.

Lo cierto es que el tiempo se impone como decisivo. La buena música lo exige y la sociedad de la prisa, del agobio, dificulta los sosegados acercamientos placenteros al arte supremo. Las obras serias son más largas que las canciones comerciales de consumo y en consecuencia más exigentes en la escucha; cierto que los lieder pueden tener la brevedad de las cancioncillas intrascendentes, o menos incluso, pero generalmente exigen una mayor atención. Y una sinfonía requiere mantener el hilo del discurso para entender la unidad de su construcción.

Bienvenidos sean los proyectos que procuren la desaceleración del ritmo social y, sobre todo, los destinados a difundir por el orbe la gran música que, desde cualquier rincón del planeta, el ser humano ha creado.

* El mítico programa Clásicos Populares llegó a su fin en 2008, tras 32 años de emisión.
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Este artículo es una parte del publicado en Filomúsica (revista de música culta):

Como muestra divulgadora: Gustavo Dudamel y la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela interpretando, en los Proms de Londres, las "Danzas sinfónicas" de West Side Story, de Leonard Bernstein.

[Vídeo post., por eliminación del previo]

lunes, 27 de julio de 2009

La tos en los conciertos


Desde siempre me ha intrigado la génesis de la tos en los conciertos de música clásica. Por qué en el momento mismo de comenzar los músicos a tocar, los cantantes a entonar o el director de orquesta a dar la entrada, surge alguna tos que ya no se acalla, que incluso incita a otras toses a mezclarse con las armónicas sonoridades hasta quebrantarlas. A veces una tímida tos marca la pauta y otras, más o menos discretas, se le unen como por contagio. No pocas veces toses en verdad estrepitosas surgen extremadamente molestas y alarmantes, haciendo pensar en fumadores empedernidos, acatarrados severos, bronquíticos crónicos o tuberculosos activos. Si las respiraciones jadeantes ya son bastante molestas, nada peor en un concierto que la expulsión violenta de aire de los pulmones por la contracción espasmódica de los músculos torácicos.

¿Y si no se debieran a ninguna irritación tabáquica, ni a patología broncopulmonar o de las vías respiratorias altas? No es posible que acudan a las salas de conciertos tantos adictos a la nicotina con carraspera y afectados por enfermedades respiratorias. Pudiera ser que el aire enrarecido irritase las mucosas de los oyentes; no así la de los intérpretes, porque entonces se produciría el caos. Tal vez la emoción, la tensión previa a las cautivadoras melodías y a los apasionantes ritmos, desencadenase esos espasmos estruendosos; un exceso de bienestar produciendo inquietud, expresada como tos nerviosa. Quién sabe si diversos conflictos psíquicos se manifestasen en forma de tos irreprimible, incontrolable. Se me daba por pensar si era inevitable tanta tos en los auditorios musicales, cuando por la calle, en el supermercado, en una cafetería llena de humo o, incluso, en las salas de teatro y de cine no se tosía tanto, o yo no tenía esa apreciación.


Hallé un artículo -extraído de un libro- en el que se reflexionaba sobre el ¿por qué tose la gente en los conciertos?, en el que además de especulaciones semejantes a las apuntadas se decía, en broma, de la existencia de una Academia de Tos, dedicada a impartir técnicas de control de los impulsos tusígenos (un nuevo aspecto de la educación musical), así como del proyecto de reparto de pastillas para la garganta y jarabes, a modo de preventivos del carraspeo, a la entrada de las salas de conciertos. Y es que si la medida educativa falla, o no es suficiente, sería bueno disponer estrategias terapéuticas para escuchar en paz, placenteramente, sin que nos perturben los sonidos broncos y disonantes de las poco melódicas toses; podría bastar un simple masaje en el cuello, un caramelo, una cucharada de miel u otro remedio natural. Pues nada mejor para el goce, y la salud del alma, que escuchar los silencios en respetuoso silencio.

Concierto de Tos (Cough Concert)
[Vídeo añadido con post.]

martes, 14 de julio de 2009

Preservación de la música clásica (2): Aproximación musical


Se han venido citando tres elementos para la comprensión de la música clásica: nivel socioeconómico, educación y sensibilidad. Si bien el primero pudo –o puede todavía– conllevar al segundo, la sensibilidad es patrimonio individual e independiente. Ahora bien, si no hay para comer, menos habrá para educar; y por mucha sensibilidad innata que se tenga, poco se podrá hacer para aprovechar ese don del cielo. Es ineludible salvar el escollo de la supervivencia antes de aspirar a cotas de satisfacción espiritual.

Con esta premisa biológica, convendrá poner los medios para desligar a la música culta del elitismo de antaño, favoreciendo la estabilidad económica, dando oportunidades a los desfavorecidos y despertando el interés por lo bueno, mediante estímulos apropiados. Entonces será posible alcanzar las metas esperadas: profesionales de la música mejor formados y convencidos y auditorios más educados y sensibles. Restará acercar la música en vivo a los ciudadanos.

En nuestro medio, desde el punto de vista del disfrute musical, la situación ha mejorado enormemente en los últimos años, con proliferación de salas y orquestas sinfónicas. Ahora es más fácil el acceso a conciertos, próximos y asequibles para casi todos los bolsillos, en ocasiones incluso subvencionados. No obstante, continúa habiendo teatros de élite –especialmente en grandes capitales–, distantes para la mayoría y reservados para ciertos elegidos, no necesariamente de oídos más refinados.

Por otro lado, tengamos en cuenta que las especializaciones son múltiples y que uno no puede abarcar todo el corpus musical. Habrá quien tenga querencia por la música medieval, o renacentista, o barroca, o clásica, o romántica, o contemporánea en cualquiera de sus vertientes. Habrá quien muestre eclecticismo y trate de sumergirse en diferentes aguas sonoras, pero siempre con limitaciones impuestas. De modo que, inevitablemente, existirán diferentes grupos, con sus particulares afinidades, minorías al fin y al cabo, ni mejores ni peores, que podrán ser tildados de elitistas por no alcanzar a la mayoría.

Desde las piezas más almibaradas hasta los más indigestos ladrillos musicales, la música nos muestra su extensa gama de colores y perfumes; sin pretensiones extramusicales o con supuesto mensaje intelectual, directa al corazón o incomprensible en su simbolismo, muy fácil o extremadamente difícil de aceptar y entremedias todas las posibles variantes. Queramos o no, parte de la música estará destinada a una minoría o, mejor, será asimilada por unos pocos. Lo que no debe impedir la permanente aproximación musical a la mayoría, para que en todo momento conozca, discierna y elija.
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Este artículo es una parte del publicado en Filomúsica (revista de música culta): 

lunes, 8 de junio de 2009

Preservación de la música clásica (1): Educación musical


Gradus ad Parnasum (Ascenso al Parnaso)

No todo el mundo aprecia los valores artísticos de la misma manera, por lo que no debemos extrañarnos de las diferentes sensibilidades: lo que a unos emociona o subyuga, a otros espanta o deja indiferentes. Esto es bueno, porque hace posible la diversidad creadora. Si todos tuviésemos el mismo gusto y siguiésemos la misma línea sensible, permaneceríamos en un tedioso inmovilismo monocorde.

Sin embargo, también la inclinación hacia el “buen gusto” musical se verá facilitada por el aprendizaje. La enseñanza de la música en las escuelas habrá de favorecer desde una temprana edad el entendimiento de las grandes creaciones, y su conocimiento podrá despertar la sensibilidad en los jóvenes escuchantes. La educación en este ámbito es importantísima para la consecución de la apreciación musical.

Tras asistir a un debate sobre periodismo y crítica musical, esta idea se afianzó en quien esto subscribe, impulsándolo a la recreación escrita como Sinfonía Crítica (Filomúsica, nº 84, 2007), estructurada en cuatro movimientos virtuales; el último recoge expresamente este sentir general que, evidentemente, es el propio.

Teniendo un temprano conocimiento del legado musical, muchos niños que de otro modo habrían de permanecer en la ignorancia, serán impulsados a profundizar en sus estudios, bien en escuelas de música o en conservatorios (*). La enseñanza les muestra el camino, pues enseñar es orientar a quienes, carentes de experiencia, permanecen inmóviles y expectantes o andan desconcertados. Los buenos maestros y educadores, a parte de la familia y demás agentes educativos, pueden ser decisivos al respecto.

Con una buena orientación y adecuados estímulos, algunos alumnos que de otro modo habrían de seguir por otros derroteros, dirigirán su vida hacia la melódica senda. De poco valdrá la capacidad innata, la aptitud connatural del individuo, sino se le espolea para que adopte una actitud conveniente. Porque, como diría mi abuela, nadie ha nacido sabido
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(*) Un hecho anecdótico: los hermanos Rubinstein (Antón y Nikolái) fundaron, respectivamente, el Conseervatorio de San Petersburgo y el Conservatorio de Moscú, y por ello fueron muy criticados, porque existía la idea generalizada de que la fundación de un conservatorio, al expender diplomas de acreditación profesional, podría acabar con la proliferación de talentos que había hasta ese momento (como el famoso Grupo de los Cinco), que eran casi todos autodidactas.
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Este artículo es una parte del publicado en Filomúsica (revista de música culta):

Dejo enlaces a dos estupendos blogs de educación musical:

Y otro enlace a un encantador blog sobre inglés y música para niños:
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Anexo. Para la educación musical son necesarios los educadores musicales, y como una de sus cumbres cabe recordar a Nadia Boulanger (1887-1979), que fue considerada «la pedagoga musical más importante que jamás existió».

jueves, 14 de mayo de 2009

La tradición del Jazz


Se ha hablado mucho sobre los orígenes del Jazz, música surgida en el siglo XX en Estados Unidos, como resultado de la asimilación de los elementos esenciales de la música clásica europea a la que se le añadió un idioma rítmico derivado del africano. Martin Williams en su libro La tradición del Jazz se acerca a las figuras del Jazz que considera decisivas (*). Me quedo con las ideas generales de este autor sobre la originalidad del Jazz, y a continuación las expongo con algunas variaciones.

  • En el Jazz lo fundamental es el ritmo. En todo caso, la relación entre ritmo, melodía y armonía es completamente nueva, original, no existente antes en la música europea ni en la africana.
  • En el lenguaje musical afro-americano por excelencia la improvisación es un elemento fundamental.
  • En cuanto a valoraciones de su estética, es decisiva la influencia ejercida por Louis Armstrong, el gran trompetista y vocalista. Tras este monstruo sagrado, se cita la importancia de Duke Ellington, el compositor por excelencia, y a Charlie Parker, el revolucionario del saxo.
  • Antes del gran Louis Armstrong, la figura de Jelly Roll Morton supone una síntesis de experimentaciones previas concretadas en un nuevo lenguaje sonoro.
  • La capacidad de evolución rítmica, con sus diferentes complejidades, es la base del desarrollo estilístico del Jazz. Cada instrumentista desarrolla su capacidad rítmica según su propio estilo, diferenciándose de otros.
  • No se puede formular una teoría absoluta sobre la evolución del Jazz, sólo son válidas las aproximaciones.
  • El Jazz es una música desarrollada por negros de EEUU y, en general, sus mejores intérpretes son negros.
  • El Jazz no sabe de absolutos: no existe la mejor manera de interpretar un tema.
  • Ninguna música depende tanto de lo individual como el Jazz.
  • El Jazz contiene una profunda paradoja: es capaz de equilibrar la alegría y el dolor, de ser a la vez banal –incluso grotesco– y grandioso (la esencia del arte de Armstrong).
(*) King Oliver, Jelly Roll Morton, Sidney Bechet, Louis Armstrong, Bix Beiderbecke, Coleman Hawkins, Billie Holiday, Art Tatum, Duke Ellington, Count Basie, Lester Young, Charlie Parker, Thelonious Monk, John Lewis y Modern Jazz Quartet, Sonny Rollins, Horace Silver, Miles Davis, Sarah Vaughan, Charlie Mingus, John Coltrane, Ornette Coleman.

Bibliografía:
Martin Williams. La tradición del Jazz. Taurus, 1990.

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Enlaces de Jazz [Jazz –Wiki]
Historia y Jazz –LaFaro Jazz Institute
Historia del Jazz –DoctaJazz

Los historiadores coinciden en que la aparición del jazz fue consecuencia directa de la conjunción de diversos elementos históricos, raciales, sociales, religiosos y musicales que se dieron en la Nueva Orleans (estado de Luisiana) de fines del siglo XIX. Allí nació y se desarrolló la cultura del jazz, por los habitantes de raza africana, más tarde llamados afroamericanos. Ya desde el siglo XIX, existían bandas y músicos que tocaban de una forma “hot” música compuesta por himnos, marchas o valses, destinada a un público formado por afroamericanos, en buena parte recién llegados del campo. 
Libros de Jazz –Tomajazz


[Imagen post.]
Standard. Canción que ha conseguido resistir la prueba del tiempo
y que permanece en los repertorios de sucesivas generaciones de músicos.

Sitios de Jazz