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miércoles, 3 de julio de 2024

Leyenda futura


[Relato]

Año 2101. Vigo es una ciudad autónoma. En los últimos treinta años ha alcanzado un desarrollo inimaginable. Es una gran urbe, próspera y hermosa, que atrae a gente de todos los rincones del planeta. Su población ya supera los cuatro millones de habitantes. Tiene una tasa de paro mínimo y la mayoría de sus ciudadanos se declaran felices. Siendo un logro colectivo, el mérito principal es de su último regidor, que en estas tres décadas ha puesto todo su empeño y su admirable talento. Un alcalde inteligente y entusiasta. Su nombre: Posibilitino Audaz. Un hombre de acción, no de falsas promesas, intrépido y complaciente con todo aquél que llama a su puerta.

—¡Adelante! —repite una y otra vez, después de escuchar atentamente.

Desde el monte de O Castro contempla la esplendorosa ría y el futuro, un futuro magnífico. En ese histórico enclave, donde ha establecido la Casa Consistorial (recuperando el viejo sueño del arquitecto Antonio Palacios), su optimismo crece día a día. No le falta presupuesto, lo cual ayuda mucho. La ciudad genera suficientes recursos económicos y, por si fuera poco, se acaba de descubrir petróleo a pocas millas de las Islas Cíes, con reservas estimadas para siglo y medio; un buen yacimiento de combustible fósil, todavía usado en época de electrificación y energías renovables. La industria es boyante; los astilleros no dejan de recibir pedidos, las dos fábricas de automóviles mantienen una producción continua, se han recuperado conserveras y la mayor parte de los negocios, grandes, medianos y pequeños, van viento en popa. En ello repara Posibilitino, que, solo o acompañado, mueve la cabeza de arriba abajo, afirmando sonriente, y exclamando cortés lo que todos esperan:

—¡Adelante!

La ciudad respira energía y salud desde Teis a Saiáns, desde Candeán a Valadares. Los barrios de Bouzas y Lavadores parecen miniciudades, y el centro es un emporio, por el florecimiento del comercio, de las finanzas y de las artes. Nada que envidiarles a míticas metrópolis, se llamen Nueva York, Londres o Tokio. Pero Posibilitino no se conforma, quiere superarlas a todas. Tiene motivos. Con tanta riqueza, y sin atisbo alguno de corrupción, el nivel de desarrollo es más que saludable. Vigo dispone de un sistema de transporte impresionante, con vehículos autoabastecidos energéticamente y polivalentes. Además de deslizarse a ras de tierra, son anfibios y voladores. El del máximo mandatario, lo recoge diariamente en su casa particular y lo lleva hasta la casa consistorial atravesando las calles, o la ría cuando tiene que desplazarse a los distritos del norte, y alza el vuelo si precisa ir al encuentro de alcaldes de otras ciudades. Consciente de lo que ha conseguido y de los planes, presentados por los entendidos, que están en sus manos, Posibilitino llora de alegría sin dejar de pronunciar lo acostumbrado.

—Juan, Perico, Andrés, Carmen, Teresa, Lola… ¡Adelante!

***
Mientras se desplaza, Posibilitino se congratula con lo logrado en su querida ciudad. Primer puerto del mundo en todas sus facetas. Dos estaciones de ferrocarril punteras, parejas a las de autobuses, que más bien parecen de aeronaves espaciales. Aeropuerto multiplicado por cuatro en su capacidad. Urbanismo revolucionado, ampliadas las calles otrora raquíticas, Avenida de Madrid con ocho carriles en cada sentido. Naturaleza preservada: espacios verdes por doquier (más allá de Castrelos o A Guía), playa de Samil en su estado original de inmensas dunas, espléndido jardín botánico, gigantesco acuario. Éxitos culturales y deportivos son señas de identidad: el Celta campeón de liga de fútbol de manera continuada desde hace quince temporadas, la ciudad de Vigo candidata a organizar los próximos Juegos Olímpicos, los tres grandes teatros siempre abarrotados, la Orquesta Sinfónica de Vigo amplificando su fama mundial… En fin, una localidad atractiva para deportistas, actores y músicos; también para científicos, inversores, pintores, escultores, arquitectos…; para todos aquellos que tengan algo que aportar a su grandeza y para los desamparados, pues por encima de todo es solidaria.

El triunfalista alcalde se siente el hombre más feliz del mundo; no cabe en sí de gozo, como se suele decir. La sonrisa no abandona nunca su cara. Está rodeado de buenos concejales y asesores. Mujeres y hombres en quienes confía ciegamente. Si le presentan una idea, un proyecto, un plan, él da por hecho que tiene que ser brillante. Y, sin variación, responde exclamativamente con la misma palabra de ánimo:

—¡Adelante! 

Un día entró en su despacho el concejal de Obras y le presentó un proyecto.

—Propongo dos nuevos puentes sobre la ría, unidos entre sí de forma circular. Este sistema garantizaría un tráfico más fluido y nos permitiría la ampliación provisional de cada uno de ellos si el otro estuviese inutilizado, por obras o desperfectos. Cohesionaría más las dos orillas. ¿Qué le parece, don Posibilitino?

—Por supuesto que sí… ¡Adelante! 

En otra ocasión, las concejalas de Cultura y del Mar le aportaron al unísono otra idea. Creían que sería bueno establecer un festival Martín Codax de manera permanente. 

—Reivindicando a nuestro trovador, atraeríamos a escritores y poetas nacionales e internacionales —dijo la de Cultura.

—Pondríamos en funcionamiento antiguos barcos de vela para hacer paseos instructivos sobre las aguas que loó el músico-poeta medieval —añadió la del Mar—. A bordo se recitarían sus versos y se cantarían sus canciones en este entorno marítimo inigualable. Vendrían miles de personas a este reclamo turístico. ¡Y sería tan enriquecedor…!

—¿Qué opina, don Posibilitino? —preguntó la de Cultura, asistida con un gesto condescendiente por la del Mar.

—¡Adelante! —sentenció el alcalde.


Cualquier concejal que expresaba su deseo y los asesores no rechazaban, recibía esa respuesta favorable. Pero, sorprendentemente, la última propuesta del concejal de Transportes lo ha dejado dubitativo: una red de metro a diferentes niveles y con trenes configurables. Algo único, tecnológicamente nunca visto. Ideados para no dañar a los pasajeros, en caso de accidente o de catástrofe, y para salir a la superficie por un mínimo espacio (dispondrían incluso de tuneladora de emergencia para abrirse paso). Esto ya le parece ciencia ficción, sueño de Julio Verne.

—¡Despacio! 

Sin embargo, acaba consintiendo con una condición.

—Yo haré el viaje inaugural conduciendo la primera máquina de tren configurable —dice mientras se le clavan muchos ojos pasmados. 

Tras un murmullo y un silencio, así se acuerda. Y pronuncia la palabra clave.

—¡Adelante!

***
Llegado el día, Posibilitino, junto a un maquinista instructor, se pone a los mandos del peculiar tren subterráneo; un tren que, aparte de automoldeable, alcanza altísimas velocidades, como un tren bala de superficie. Respira hondo, se concentra como nunca y escucha una voz profunda, que cree la del maquinista y es la suya propia: «¡Adelante!».

Y la máquina sale como una exhalación, embalada, misteriosamente sin su convoy y dejando atrás al experto acompañante, yendo sola con el señor alcalde como conductor. Un evento no previsto, inconcebible, casi sobrenatural.

Por fortuna, después de recorrer varios kilómetros, los técnicos consiguen detener la máquina, justo en la estación dedicada a Carlos Oroza (autor del poema «Prohibido el paso»; como si fue un chiste); y enseguida miembros de Salvamento Subterráneo rescatan a don Posibilitino, sano y salvo.

¿Lo imagináis ansioso, tembloroso, muerto de miedo?

Nada de eso.

El osado alcalde, para quien nada es imposible, se apea contento; saluda a los asombrados asistentes y responde campechano a las preguntas de los periodistas. Finalmente, cede el paso al verdadero maquinista, pálido del susto, casi cadavérico. Lo tranquiliza, le da una palmadita y le dice que ahora el tren es todo suyo. Y proclama como de costumbre:

—¡Adelante!

Posibilitino Audaz, genio y figura... El responsable de esta leyenda futura.

[2023, 6 abr.]

El mundo en 2050

viernes, 8 de septiembre de 2023

Relieve costero: bahía, ría, ensenada

Ría de Vigo. Panorámica desde A Peneda,
con la Isla de San Simón (una isla con historia) en primer plano
y el Puente de Rande detrás.
Autor: Gonzalo Mariz
[v. también AQUÍ]

Relieve costero: golfo, bahía, ensenada, ría, fiordo.

☑️ BAHÍA. Entrada natural del mar en la costa (menor dimensión que un GOLFO, y denominada FIORDO cuando es de origen glaciar).

☑️ RÍA. Ídem debida a la sumersión de la parte próxima al litoral de una cuenca fluvial. Las rías de Galicia (Rías Altas y Rías Baixas) son buenos ejemplos.

☑️ ENSENADA. Ídem de menor tamaño formando un seno (si pequeña: CALA).

Rías y fiordos

miércoles, 28 de junio de 2023

Noche melódica


[Relato]

En medio de acordes y arpegios, buscaba personajes singulares para componer mi relato. Mujeres fatales, hombres con aura refulgente o niños insaciables de aventura. En su defecto, animales fuera de lo común que se confunden con algún humano, fenómenos naturales capaces de mudar las conciencias u objetos que cobran vida ante los ojos fantasiosos, dignos de aplicarles la prosopopeya. Elegido el tema, de melódico trazo, ámbito local y universal esencia, faltaban los protagonistas y los ingredientes necesarios: creación de un ambiente, adecuado tono, tensión suficiente, magnetismo expectante (la droga que engancha al lector) y final impactante, sorprendente o inesperado. Desesperado, lloré en silencio mi desgracia, celoso del talento ajeno. Y adormecido en la borrascosa negrura, bajo el antagónico cielo estrellado de la ciudad de Vigo, frente al glorioso Teatro García Barbón, anhelando un rayo perdido de chispeante inspiración, hallé por fin lo que anhelaba en la misma oscuridad profunda y plácida...

Apareció el concertino después de que la brillantísima coda coronase la sublime pieza. Los integrantes de la orquesta y el director se habían ido, hecho que el primer violín comprobó con extrañeza. Sin despegar mis atribulados labios, recibió mi mensaje: «¿Cómo expresa usted ese misterio con tanta fuerza y sin aparente esfuerzo?». Sorprendido, miró en derredor y con una leve sonrisa, encantadora como su intangible arte, algo femenil, que no blandengue, me respondió largamente con inequívoco timbre varonil. Conseguir deslizar el arco por las cuerdas y mover los dedos con tal naturalidad, como si fuese un juego reposado, le había supuesto un enorme sacrificio. Tanto que, cuando lo pensaba más de lo debido, se arrepentía. La fortuna, su exitosa carrera, compensaba las incontables horas de práctica. «Y usted, ¿también es músico?», me clavó expectante una mirada plena de genio y afectuosidad. Dejando volar el pensamiento al monte de O Castro, y vislumbrando el Conservatorio de Música, respondí con aire coloquial, casi como un niño renacido a los cincuenta y pico, a una edad madura y sosegada.


El implacable Cronos me había liberado de obligaciones y trataba de llenar el ocio sobre la mesa de mi estudio, escribiendo con pulso tembloroso. Me hubiese gustado entregarme a las sonoridades exquisitas, o sino a plasmar la luz con los pinceles, pero ocupaba las horas preñando papeles de palabras. Palabras que se repiten para no decir más que lo que ya está dicho, por activa y por pasiva, o, en el peor de los casos, para no conseguir explicar lo que se piensa. ¡Palabras! Donde acaban éstas, da comienzo la música. ¡Oh!, misteriosa forma del tiempo... Solo este arte, el más etéreo y sublime, capaz de hermosear a las demás artes, sabe explicar lo que no puede la lengua. Y la del hábil violinista replicó tan presta como su arco en un allegro vivace. «Me niego a creerlo. Sé reconocer un alma sensible entre cientos de vulgares, y la suya sabe sentir como pocas», afirmaba con la certeza de quien cree que nunca se equivoca. Decía tener la capacidad de detectar a un individuo como yo entre miles, como un sabueso la de seguir un rastro impensable. «Puedo asegurar que sabe hacer correr la pluma sobre el papel con la soltura de una gacela en la sabana. Es usted un digno destinatario de la crème del lenguaje más universal. Llamaré al director y al resto de los músicos para brindarle en exclusiva lo mejor de nuestro arte», pronunció el virtuoso instrumentista sin respirar apenas.

Llegó el director con aire alegre y reparé en su noble rostro de artista, mago de la batuta de mostachos dignos de un Monteux, vetusto domador de fieras de inequívoca dulzura, y con un aire que recordaba a Karajan, ante todo por el peinado y los gestos. «Señor director, le presento a...», introdujo los formalismos Nicolás Sate, que así se llamaba el concertino, y oportunamente apunté nombre y apellido. «Encantado de conocerle», dijo el maestro. Era Heriberto Chorima, conocido en el mundillo musical como Maestro Chorimauer, por afortunado acierto de un clarinetista. «¡Fíjese!, ni que fuese teutón, yo que nací en esta periférica ciudad galaica, alejada de los ambientes musicales centroeuropeos». Ligada su niñez con O Berbés, se sentía vigués hasta la batuta. Me presentó a los miembros de la nocturnal orquesta y los fui saludando. Me llamaron la atención el grueso barbudo de la tuba y el escuchimizado pelirrojo del oboe. Y sobre todo la rubia de la flauta, de perfectas líneas de diosa griega, digna del Olimpo y apta para el Walhalla. «¡Mucho gusto!», correspondió a mi reverencia y acarició mis oídos su voz de terciopelo. Permanecí atónito mientras marchaba, como los demás, a tomar su puesto.


Dio la entrada don Heriberto y los músicos se pusieron en acción. Primero violonchelos y contrabajos, iniciando un discurso grave, casi siniestro; después el resto de la cuerda, añadiendo el contrapunto de luminosidad; los instrumentos de viento madera anunciaron el protagonismo de Sate, que entró seguro y contundente, obedeciendo la indicación de Chorimauer. La encantadora flautista movía los dedos con soltura. ¡Qué maravilla! Las violas gemían melancólicas, los timbales resonaban entusiastas, las trompetas irrumpían victoriosas. Al final, todos fundidos en un feliz abrazo.

(Aplausos del oyente.)

Iba a escribir el relato y se desdibujaban mis personajes musicales, lo mismo que las estrellas sobre el gran Teatro de Vigo. Aquel armónico conjunto, coordinado por la mano sabia de Heriberto Chorimauer, se parecía ahora más a una sociedad revuelta, mal dirigida por un presidente incapaz. Apenas pasaban instrumentistas sin rostro, sin personal identidad y de manera anárquica; ya no conseguía definir al grueso tubista barbado ni al oboísta esmirriado de pelo rojo. Sólo aquella hermosura de nórdica palidez, equilibrada y serena, permanecía como luminoso faro orientador del navegante nocturno perdido en sus asuntos. ¿La mujer fatal que en un principio no pretendía? Silbo mis dudas. Sus cabellos al viento, sus labios anhelantes y su vigoroso cuerpo anunciaban un espíritu ávido de caricias y ternuras. Quien esto escribe lo piensa sin razón, se deja llevar por su masculina simpleza y la imagina sirena embelleciendo la hermosa ría, mientras trata de recordar el nombre de la valquiria. ¿Ingrid? ¿Sigrid? ¿Solveig? 

No llegué a saberlo exactamente; fueron los saludos tan efímeros... Pero puedo hacer a la bella flautista protagonista de mi cuento. La llamaré Lauta (perdonad la cívica vulgaridad), la que toca la flauta.


Todos se han perdido, excepto ella, la preciosa visión. Real y perdurable desde la melodiosa noche inexistente de un loco fantaseador. Sí. Sólo he de cubrir con su negrura la silenciosa hoja en blanco. Y entonces será bellamente sonora.

[2003, 18 jun., Sueño musical]

Mendelssohn: Scherzo de Sueño de una noche de verano - Solo de flauta 
[Flautista: Clara Andrada]

martes, 15 de noviembre de 2022

Recuerdos dulcísimos

terrones de azúcar


RECUERDOS DULCÍSIMOS


AZÚCAR 

¡Un nombre pronuncia bien alto en la calle!
La señora Elvira sale a su balcón,
en el tercer piso de una casa antigua;
mira desde lo alto al niño que espera,
lindo parvulito allí abajo ansioso
—las manos abiertas: palomas atentas—,
y lanza azucarillos que él recoge al vuelo
para relamerse de gusto, goloso.
Para siempre Elvira… y el dulzor tan blanco.

II
OBOE

El niño ha crecido y el mundo le asombra.
Su padre lo lleva por calles y parques,
le dice los nombres de muertos ilustres,
saluda a la gente que cruza a su paso;
ascienden el castro; hacia el mar descienden;
caminan en llano, ponen rumbo al puerto;
después de escuchar el viento y las olas,
música de banda al hijo enmudece...
Aquel dulce oboe aún suena en su mente.

[2022, 4 nov. Recuerdos de infancia]

Recuerdos Op. 71 n.º 7 de Piezas líricas de Grieg

Anexo: El oboe y sus partes.

Oboe
Instrumento musical aerófono o de viento (viento-madera)

domingo, 14 de noviembre de 2021

Miradores de Galicia

Mirador de A Curotiña
(Vista de la Ría de Arosa)

El paisaje como parte de la naturaleza habitada por el hombre tiene en Galicia representaciones singulares, de una intensa belleza que lleva a la emoción, que impresiona y sobrecoge. Y los muchos miradores naturales de su territorio, del interior y de la costa, merecen nuestra atención y nuestro cuidado. Cuando la mano humana no los ha dañado, ni lo que ofrecen ha sido perturbado, nos llevan a considerarlos verdaderos paraísos terrenales. Disfrutemos, pues, de ellos, y cuidémoslos como tesoros de incalculable valor que deben ser preservados, para disfrute de los que ahora viven y de cuantos habrán de venir.

Mirador de Cabo do Mundo, Ribeira Sacra (Galicia)
Mirador de Naraio
(Vista de Monte Louro, laguna y playa Area Maior)
O Castro
(Vista de la ría de Vigo y las islas Cíes)
***
Cantiga Finisterrae: «O límite increado do mundo»
de Juan Durán-Miguel Anxo Fernán-Vello
***
Tú dices: Galicia es bien pequeña. Yo te digo: Galicia es un mundo.
Vicente Risco

Enlaces relacionados
Un paisaje es un territorio o un lugar humanamente sentido; también la representación del mismo. Según el paisajista francés Michel Linot, el paisaje es una forma del espacio, fruto de la interacción entre sociedad y naturaleza, y fuente de emoción.
50 miradores imprescindibles –Turismo de Galicia
Santa Trega (desembocadura río Miño), O Castro (Vigo), A GuíaO Facho (+ Cabo Home: Donón, Cangas do Morrazo), Xaxán, CororredondoA Curota/Curotiña (Pobra do Caramiñal, Barbanza: Ría de Arousa), Monte Naraio (Praia Area Maior e Monte Louro: Ría de Muros-Noia), Ézaro (desembocadura río Xallas, Dumbría), Herbeira (Serra da Capelada), O Coitelo (Loiba, Ortigueira), San Roque (Viveiro), Balcones de Madrid (Ribeira Sacra), Cabo do Mundo (íd.)...

Pórtico da illa de Monteagudo, Juan Durán
Obra escrita por encargo del Ayuntamiento de Vigo y estrenada en 2015, dentro de los actos para conseguir la declaración de las Islas Cíes como Patrimonio de la Humanidad. Monteaagudo es la isla Norte del archipiélago de las Islas Cíes

Mapas de Galicia
1
Mapa de Galicia
2
Rías Altas
3
Rías Baixas

De todo lo que he visto en el mundo, las Rías Baixas me parecen un lugar privilegiado en tierra, mar y aire. Amancio Prada

lunes, 18 de diciembre de 2017

Retorno delirante

Santa Maria

Los que allá vayan, han de ir sanos, válidos, y las mujeres, con sus ojos alumbrando y su dentadura completa... 
EMILIA PARDO BAZÁN, Las medias rojas

[Relato]

        La noche sin luna lo envolvía todo. A bordo, los niños ya dormían a esas horas. Yo aguantaba despierto por ser más que un niño. Estaba sentado, sin el vigor de otros pasajeros que paseaban por la cubierta o charlaban apoyados en la baranda del barco. Eran los más alegres o insomnes. Acaso también enamorados. No tenía ganas de plática (tampoco me convenía) y menos de soñar despierto con amores huidos o imposibles. Bueno, lo último cabe matizarlo. Por agotado que estuviese, jamás podría olvidar el gran amor que me fuera arrebatado. Pero ahora el sueño desnudo se imponía, sin ensueños; atenazaba mi voluntad fugitiva, a la espera del inverso amanecer soñado. 

Al fin, tras muchos días de navegación mecido por las olas, mis ojos adquirían otro brillo. ¡Qué espléndida la ría de Vigo frente a las esperanzadas pupilas! Allí estaban las tres islas que conforman el archipiélago de las Cíes. En un mar en calma, la luz matinal les daba por la sonriente cara opuesta. Sentí entonces que mi pasado quedaba atrás, como la blanca estela, en una oscuridad aborrecible. Sabiendo que el tiempo de reír se había esfumado, confiaba en el nuevo itinerario existencial. Con treinta y cinco años no se me podía negar otra oportunidad. Quería rehacer mi vida con la conciencia liberada, distanciado de perseguidores, protegido de peligros, alejado de la injusticia. No era un santo pero tampoco un criminal; dejémoslo en aspirante a bienhechor. 

Amanecer en la Ría de Vigo

Gozaba de aquella fascinación natural y a la vez pasaban por mi mente imágenes de una pesadilla. Aún me producía escalofríos el recuerdo cercano... 

Doris, mi amor, asesinada sin piedad por el malvado Johnny Varissi, un mafioso con aureola de empresario. Al desearla sin ser correspondido, tomó venganza como un criminal sin escrúpulos. No se manchó las manos, utilizó a un sicario; y continuó con sus negocios como si nada. Mi sangre hervía. Y la sesera detenía el ímpetu que me embargaba. Sin tiempo de llorar (luego vertería dolorosas lágrimas), tracé fríamente mi plan. Tomé las necesarias precauciones y acabé con él. Sin piedad. 

Cuando pienso en el ojo por ojo, acabo despreciándome. No obstante, la bala que le entró por la sien fue una justa ejecución de sentencia. De mi sentencia, claro. ¿Qué podía esperar de la ley que se aplica a conveniencia? Escéptico, trataba de centrarme en el presente, ilusionado con un porvenir en la ciudad que abandonara con solo diecisiete años. Alocada aventura... Pasé los controles médicos y de seguridad en Ellis Island, la isla maldita, y alcancé la ciudad que nunca duerme. ¡New York, New York! Me adapté a otras costumbres, aprendí otra lengua, estudié y, como agente especializado en el mercado del arte, triunfé. En definitiva, cumplí mi sueño americano. Y después de dieciocho años, ¡lo digo con horror!, fui cruelmente derrotado.


En medio de la ría, rodeada por montes que, a juicio de un escritor renombrado (1), semejan dinosaurios dormidos, tenía a babor la península del Morrazo y a estribor la ciudad deseada. ¡Vigo, Vigo! Inolvidable. Siempre esperé una canción a la altura de sus virtudes. Llegué a sentirme neoyorkino de adopción sin dejar de ser vigués de corazón. ¡Ah!, este noble órgano se lo entregara antes de irme a mi primer amor adolescente: Teresa. Sin ella, al menos mi viuda madre y mi hermana Julia me aguardaban; avisadas de antemano, seguramente contactarían con otros familiares; y tal vez recuperase la amistad de antiguos compañeros de infancia. Mi cabeza bullía. Volvía a mi ciudad y adivinaba mi paso por sus calles. El monte de la Guía, a lo lejos, y el monte del Castro, en la cercanía, eran dos puntos de referencia distintivos. 

Si Doris pudiese contemplar toda esta maravilla... 

Íbamos a casarnos y proyectáramos venir acá, a la tierra que me vio nacer, en viaje de novios. «Deseo tanto conocer a tu familia, Martín», me decía con su peculiar ternura. Planeamos tener hijos. Éramos felices. Ya me imaginaba de su mano recorriendo lugares con encanto: calle del Príncipe, plaza de la Constitución, plaza de Compostela, calle de los cesteros... Me veía con ella sobre la arena de una hermosa playa viguesa, suspirando al contemplar inigualables puestas de sol, enseñándole palabras de mi lengua materna. Pero el maldito Varissi segó nuestro amoroso proyecto. El dulce corazón con los nombres «Doris & Martín» en azucarado relieve no se pudo materializar por su culpa. 

***
Y mientras evocaba a mi bella amada, un alboroto me sacó de la abstracción. 

Sin saber qué pasaba, antes de la maniobra de atraque nos convocaron a los pasajeros de tercera clase (viajaría en primera si no tuviese una identidad circunstancial). De pronto supuse que venían a detenerme; no era de extrañar que la Interpol siguiese mi rastro, tras señalarme como criminal, homicida, causante de la muerte del respetable Johnny. Pero el verdadero asesino era él, yo simplemente me tomara la justicia por mi mano, más por comprensible arrebato que por ilícita represalia. La frente me ardía, el sudor me cegaba, todo mi cuerpo temblaba. Ni la linda voz de una mujer que entonaba la melodiosa Negra sombra conseguía relajarme. Me restregué los ojos, creyendo estar dormido. Y no; parecía un delirio... Una barcaza venía a recogernos. Nos iban a llevar a la isla de San Simón. Allí nos harían un exhaustivo reconocimiento. ¿Igual que en Ellis? ¿Lo mismo que en la bahía de Nueva York? Los interrogantes se clavaban en mi testa.
Como ganado, nos transportaron a la referida isla.

Nos inspeccionaron de pies a cabeza, sin omitir dientes ni genitales, y nos hicieron test de inteligencia. Algunas personas lloraban, rechazadas por motivos físicos (caries, dermatitis, escoliosis...) o por considerarlas cortas de inteligencia –idiotas sin rodeos–. Aquello era una nueva pesadilla. O alucinación, viendo las tornas invertidas.

Entre los afortunados, me hacía cargo de la tristeza de quienes no superaran los exámenes de entrada. Con todo, y sin egoísmo, debía alegrarme por mi suerte. Me esperaban en el puerto de Vigo las dos mujeres más allegadas. Quizás alguien más. A lo mejor Teresa, la rapaza de la que me despedí un día con la promesa de volver. Este pensamiento, justificado por la presión, sí era egoísta, aparte de estúpido. ¿A qué mujer que no fuese una Penélope se le ocurriría aguardar tantos años por un hombre? 

***
Al pisar tierra, el desconcierto fue mayor. Nadie me aguardaba. 

Con la mirada, recorrí en arco la parte del Casco Viejo que podía alcanzar. Poco había cambiado en apariencia, y sin embargo esta parte de la ciudad se me hacía extraña. Anduve sin demasiada convicción, dudando entre hacer una llamada telefónica o dirigirme directamente al hogar materno. Y sin haberme movido de la zona portuaria, escuché a mis espaldas una voz grave. Me detuve, y al girarme comprobé que provenía de un hombre corpulento de aspecto fiero, que venía acompañado de otro alto y delgado de simpática faz. Se identificó como inspector de policía, y el otro como su ayudante. 

No pude negar mi verdadera identidad: Martín Codesido (2), marchante. 

¡Dios mío, qué extrema confusión! Había perdido la libertad en un país libre y venía supuestamente libre a otro sin libertad. Me marchara en 1951 y retornaba el año del mismo siglo de numérica connotación erótica. Y pese a todo, llegaba con la ingenua ilusión de un infante. Un día de marzo de 1969, tranquilo y soleado, a punto de entrar la primavera. Pero me sentía más solo que nunca. Mamá y Julia se vieron privadas de mi presencia, y yo de la de ellas. Les prohibieran ir a recibirme. ¡Qué crueldad! Como delincuente reclamado por un estado amigo (¡vaya hipocresía!), fui extraditado. 

El resto se puede suponer... 

Van diez años y sigo encarcelado. Condenado a cadena perpetua, de aquí no saldré vivo. Me consuelo pensando en Doris y con los pocos amigos que mitigan mi soledad. No dejo de frotar los párpados para ratificar la realidad. Y en mi celda sueño un cuadro imposible. Un formidable trasatlántico surca las aguas de la bienquerida ría bajo un cielo añorado. Y yo alegre en la proa saludo a los de tierra, que agitan pañuelos en señal de bienvenida.

[2017, 15-16 mayo]
____
NOTAS 
(1) Ernest Hemingway. Leemos en Hemingway y el mar de Galicia, de Carlos Casares: "La ciudad [Vigo] le impresiona… porque las montañas llegan hasta el mar, y le parecen grandes dinosaurios dormidos". 
(2) Un guiño a Martín Códax, el trovador de Vigo.
–Topónimos resaltados en azul.

Galicia emigrante
***
Anexo: Música tradicional gallega recogida por un estadounidense
Alan Lomax (1915-2002), importante etnomusicólogo estadounidense, uno de los más grandes recopiladores de canciones populares del siglo XX, grabó canciones folklóricas españolas, y entre ellas gallegas: The Spanish Recordings: Galicia


El autor del blog
oportunamente floreado

viernes, 19 de mayo de 2017

Áreas biosaludables


Mens sana in corpore sano. Juvenal

Una de las decisiones acertadas en las ciudades ha sido la instauración de las denominadas “áreas biosaludables” (o “parques biosaludables”), espacios para el ejercicio, más o menos verdes, que invitan a romper con el sedentarismo habitual del asfalto. Están destinados a adultos, no a niños, y en especial a personas mayores de sesenta años. Aunque, desde luego, pueden ser usados por cualquiera que tenga quince años o más (catorce años es el límite de edad en áreas de juego o parques infantiles). Son como gimnasios al aire libre, que disponen de diferentes aparatos, como nos dicen aquí, permiten mantener la forma física y prevenir o tratar diferentes dolencias o lesiones concretas, pues nos ayudan a mejorar la movilidad, aumentar la flexibilidad y tonificar la musculación de todo el cuerpo. Desde luego son muy útiles, pero hay que tener un mínimo de sentido común para usarlos, yendo de menos a más, y tomando las necesarias precauciones para no lesionarse.


En cada área biosaludable podemos hallar diferentes elementos. En el ejemplo que traemos (zona de adiestramiento para mayores de 15 años), del ayuntamiento de Vigo, tenemos los siguientes, agrupados en parejas o aislados: 

-Bicicleta estática + Banco de abdominales 
He comprobado que la bicicleta estática es el elemento más demandado, por razones obvias: permite una postura cómoda y relajada, en sedestación, y marcar un ritmo propio sin apenas riesgos. Por el contrario, el banco de abdominales ya precisa de una buena forma y un hábito gimnástico previo, por lo que se usa menos. 
-Corredor aéreo + bicicleta elíptica 
El primer elemento permite el movimiento de piernas, en aspa, y el segundo el movimiento combinado de brazos y piernas, como pedaleando de pie intentando subir una cuesta.  
-Torsión corporal + Ejercicios de elevaciones 
El primero permite tranquilos movimientos giratorios de cintura, al ritmo que uno quiera, y el segundo ya precisa de un mínimo de fuerza para levantar el cuerpo a pulso con los brazo, si bien la barra central puede servir de apoyo para los pies. 
-Ejercicios de elevación 
De modo diferente –y complementario– al anterior, apoyamos los brazos en sus dos barras paralelas para realizar elevaciones de las rodillas o del cuerpo. 
-Rueda de estiramientos 
En este elemento, con dos asas para agarrar las manos, realizamos movimientos giratorios de los brazos, alternativamente hacia un lado y otro, a izquierda y derecha. 

Es una pena que a veces se vean vacías estas áreas biosaludables, incluso con buen tiempo. Por otro lado, es preciso un mínimo de respeto entre los usuarios y con los elementos que se nos brindan. Son presas fáciles de los vándalos. No hace tanto ni existían; ahora las tenemos a nuestro alcance en muchos municipios. Desde luego precisan cuidados y mantenimiento. Aprovechémoslas, saquémosles partido y cuidémoslas. Al fin y al cabo, se costean con nuestros impuestos.

(Fotos del autor del blog)

Para ilustrar este texto, traemos vídeo de un parque biosaludable colombiano, pues no hemos hallando ninguno aceptable sobre uno hispano.

Parque biosaludable de Bogotá

martes, 21 de marzo de 2017

Escrito para el mejoramiento de la atención primaria


Los médicos de familia y pediatras de Atención Primaria del Área de Gestión de Vigo asistimos con preocupación al deterioro de la atención sanitaria que se presta en los últimos años en el primer nivel asistencial de nuestra área. Situación que se ha agravado particularmente en el último año coincidiendo con la apertura del Hospital Álvaro Cunqueiro.

Asistimos perplejos a que nuestros pacientes estén a la espera de consultas presenciales de especialidades hospitalarias entre 6 meses y un año y medio. Esperas que se realizan en buzón sin fecha e incluso con citas pendientes sin figurar en ningún registro, lo que se agrava con la eliminación de las citas urgentes y preferentes para el 2º nivel. Esto nos obliga a derivar a urgencias hospitalarias a todos aquellos pacientes que no puedan esperar tanto tiempo.

Ante esta situación, queremos trasmitir nuestro malestar por las condiciones en las que desempeñamos nuestro trabajo. Condiciones entre las que destacan el tiempo insuficiente para atender a los pacientes, la burocracia interminable, las teleconsultas cada vez más complejas de elaborar y muchas veces poco operativas, la ingente cantidad de informes solicitados (muchos de ellos desde instancias oficiales con muy poca utilidad práctica), las derivaciones a especializada que deben realizarse a través de una infinidad de sistemas diferentes, a cada cual más complejo, y que parecen elaborarse de forma dispersa a gusto de los diferentes servicios sin tener en cuenta nuestra opinión y en muchas ocasiones ni la de los compañeros del 2º nivel.

Por otro lado, acompañamos a los pacientes al hospital dejando a medias la consulta para luego reanudarla, vemos los pacientes de los compañeros ausentes que se suman a nuestras ya sobrecargadas agendas y atendemos, tanto en el centro como en domicilio, las numerosas urgencias que surgen a lo largo del horario de consulta, todo lo cual impide una consulta ordenada.

Ante esta situación solicitamos:

1.  La realización en el 2º nivel asistencial de aquellas tareas burocráticas que le correspondan, y no sobrecargar con ellas a los médicos de AP (Instrucción 16/2007):

1.1.  Activar e inactivar cuando corresponda las prescripciones por el tiempo que sea necesario hasta el máximo que permita el sistema (en este punto solicitamos una solución informática que permita la agilización del proceso de inactivación).

1.2.  Hacer las peticiones de analíticas y las solicitudes de transporte sanitario no urgente así como las recetas que correspondan a los tratamientos al alta hospitalaria. Es función de la Dirección hacer cumplir la normativa.

Entendemos que los procesos iniciados en el hospital deben acabar en el hospital y no en atención primaria. Las citas de revisión deben darse en el hospital y no en AP como primeras consultas.

2. Queremos revisar el funcionamiento de las teleconsultas de manera conjunta con el 2º nivel para mejorarlas. Entendemos que esta debe ser un modo de consulta con especializada y en su caso de priorización y no un método de derivación. Las respuestas deben hacerse en un tiempo razonable, que exista siempre la opción de consulta presencial y que la respuesta sea respetuosa con el profesional que la solicita. En el caso de la teledermatología, deben realizarse las fotografías cuando estas aporten valor a la solicitud y no en todos los casos.

3. La realización de cuestionarios como el de la apnea del sueño nos ocupa un tiempo del que no disponemos, a no ser que se nos libere de otras tareas que aportan menos valor a nuestro trabajo.

4. Unificar todas las derivaciones en el gestor de peticiones.

5.  Acceso al 2º nivel sin que el paciente se vea en la necesidad de pasar por el servicio de urgencias cuando no sea necesario.

6.  Informe del especialista radiólogo en las radiografías solicitadas desde AP.

7. Limitar el número de pacientes/día atendidos en cada consulta, utilizando para ello el procedimiento que se considere más oportuno. La carga de trabajo que puede abarcar un Médico manteniendo cierto grado de calidad asistencial no puede ser ilimitado.

8. Estudiar soluciones para la atención urgente que surja a lo largo de la jornada ordinaria para evitar en lo posible la interrupción de las consultas.

Solicitamos celebrar una reunión con la Dirección de Procesos y Gerencia del área de Vigo para plantear los problemas expuestos y tratar de encontrar soluciones a los mismos.
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Este es un escrito para el mejoramiento de la atención primaria elaborado por médicos de atención primaria del área de Vigo (Pontevedra). Se pueden cuestionar sus carencias o sus imperfecciones, pero supone un primer paso de unión profesional, aunque sea mínima, y por ello hemos de aplaudirlo. Se va a dirigir a la Gerencia (Xerencia) y a la Consejería de Sanidad (Consellería de Sanidade) con el propósito de alcanzar mejoras que redunden en la calidad asistencial y, por consiguiente, en el bienestar de los pacientes y de la ciudadanía en general.

A ver si de una vez llega a la Primaria un hermoso amanecer...

Alborada de noite e de luz - Juan Durán
(con reminiscencias de la clásica Alborada de Pascual Veiga)