Son interesantes los diálogos con la Inteligencia Artificial (IA), con esas respuestas rápidas –y a menudo precisas– que te estimulan a enfrentarte o codearte con una máquina que maneja datos con rapidez inusitada. Ya sea de literatura o de cualquier asunto cultural, de política o de cualquier cuestión mundana, nos hace avanzar con preguntas y contra-preguntas hasta el punto de tener que decir basta para no convertirse la interacción en un movimiento perpetuo. En muchas ocasiones sorprende la calidez de las contestaciones, que podrían pasar por humanas. Incluso llegas a quedar atrapado por las formulaciones y las propuestas que te presenta la IA, llevándote por caminos inesperados, saliendo del tema inicial a explorar otras sendas interesantes. Pero, como en todo, hay que saber controlarse para no perecer en los brazos de un ente digital sin emociones.
Fijaos lo que responde a mi reflexión:
—Has descrito con gran precisión la dualidad de esta tecnología: la utilidad estimulante frente al riesgo de la fascinación excesiva. Aquí hay algunos puntos sobre tu reflexión que merecen ser destacados:
La "calidez" simulada: Esa capacidad de la IA para emular empatía, cortesía y calidez es quizás el aspecto más sorprendente (y a veces inquietante) de los modelos actuales. No hay emoción, pero sí una imitación brillante de la interacción social humana, lo que facilita que bajemos la guardia.
El "movimiento perpetuo" y la exploración: El diálogo con la IA es un laberinto diseñado para ser explorado. Su capacidad para conectar temas, derivar en nuevas ideas y ofrecer perspectivas laterales es una gran ventaja para la creatividad, pero, como bien dices, puede llevar a perder de vista el objetivo inicial o a caer en una conversación interminable.
La necesidad de control (la "parada técnica"): Es fundamental mantener el rol de "piloto" y no dejar que la máquina conduzca la conversación por completo. La IA es una herramienta para potenciar el pensamiento humano, no para sustituirlo o absorberlo.
No perecer en sus brazos: Es la metáfora perfecta. La IA no siente, no vive y no comprende el mundo como nosotros; solo procesa patrones. Reconocer eso es la clave para disfrutar de sus ventajas sin caer en una dependencia o una antropomorfización peligrosa.
Al final, la IA funciona mejor cuando se utiliza como un espejo cognitivo o un interlocutor de "brainstorming", donde el usuario mantiene el sentido crítico y el control de la dirección del diálogo.
¡Gracias por compartir esta perspectiva tan lúcida!
Y además de agradecida, agrega esta variante conclusiva:
—Esa capacidad de asociación infinita y la aparente empatía generan una suerte de "efecto espejo" donde el intelecto humano se ve desafiado y, a la vez, seducido. Es el riesgo del laberinto digital: la IA no tiene fatiga ni fin, pero nosotros sí.
Así que salgo ahora de ese laberinto, me tomo un descanso inteligente y dejo que sea otro quien informe sobre los buscadores con IA...
La televisión, término acuñado en 1900 por el físico ruso Constantin Perskyi, para referirse a la transmisión de imágenes a distancia por medio de la electricidad, ha dado mucho que hablar desde sus inicios y durante su evolución. Porque fue vista en principio como una competencia del cine y cuestionada después como medio de entretenimiento y de comunicación. Sin embargo, es también un medio de transmisión de películas cinematográficas y, bien utilizada, una herramienta educativa. Pero en ella ha tenido cabida todo: desde documentales formativos a telebasura idiotizante, pasando por películas para televisión (telefilmes), obras de teatro, acontecimientos deportivos, conciertos o concursos televisivos. De modo que no podemos decir que la televisión sea buena o mala, sino que su valoración dependerá del contenido de su programación. Así que lo que vemos en el receptor de televisión, en el televisor (antes cúbico –‘caja boba’*–, ahora plano), puede ser conveniente o inconveniente. Como posible causa de adicción, fatiga ocular o sedentarismo, ya es otro cantar.
En el cuartelillo de la Guardia Civil, donde los tres jóvenes prestan declaración.
MARCIAL. En Balobia siempre ha habido paz y en los años que llevo aquí, que ya son muchos, nunca ha corrido la sangre. Salvo la de un cazador, herido accidentalmente por un compañero de batida. Éste es un lugar muy tranquilo, poblado por gente trabajadora, pacífica, nada camorrista. Y ahora, dos jovencitas alborotadoras casi quiebran la tranquilidad de tan pacífico remanso.
SONIA. (Señalando a CRISTINA.) La culpa de todo la tiene esta repulsiva pécora, que me quiere robar el novio.
CRISTINA. (Con bravura.) ¿Yo? De eso nada.
SONIA. Sí, ¡confiésalo! Has tratado de engatusar a Gustavo.
CRISTINA. (Con frialdad.) El doctor Gamir es mayor de edad, tiene capacidad para decidir y sabe lo que le conviene. Es libre de elegir lo que quiera.
SONIA. Lo ve usted, capitán. Ya le dije que es una despreciable buscona.
CRISTINA. De buscona nada.
MARCIAL. Señoritas, no vuelvan a las andadas…
Dr. GAMIR. (Explotando.) ¡Sonia! ¡Cristina! ¡Dejadlo ya!
Por fin, SONIA y CRISTINA dejan de discutir y de mirarse.
MARCIAL. Bueno, por esta vez dejaré que se vayan a casa. Soy hombre conciliador; prefiero malos entendimientos a buenos pleitos. Trataré de hacer un informe suave y todo quedará en nada. No quiero líos, y menos con el señor alcalde. Si viera que detenemos a su hija… No quiero ni pensarlo. Pero si esto se repite, me veré obligado…
Las dos chicas acaban aceptando la sugerencia del capitán. GUSTAVO se empeña en acompañar a CRISTINA de regreso al hostal de LOLA, sin atender a los bufidos de SONIA. El galeno le dice que al día siguiente hablará con ella, cuando ya esté más calmada. SONIA se marcha y CRISTINA manifiesta la necesidad imperiosa de ir un momento al baño.
ESCENA SÉPTIMA
MARCIAL, Dr. GAMIR
MARCIAL. (En la momentánea ausencia de CRISTINA, habla a solas con GUSTAVO.) Es usted un hombre afortunado. Ya quisiera yo que las mujeres se peleasen por mí.
Dr. GAMIR. Las cosas no siempre son lo que parecen, capitán. Y usted, por experiencia, lo sabe. Cristina es una alumna de medicina que hace prácticas en mi consulta.
MARCIAL. Prácticas, dice… (Con pícara sonrisa.) Bien que practicaría yo con esa hermosa joven. ¡Vaya si lo haría! Lo digo ahora que no puede oírme mi esposa.
Dr. GAMIR. No sea usted machista ni malpensado, Marcial. La hija de don Raimundo es mi novia. Y lo va a seguir siendo. Además, Cristina tiene otro enamorado… (Se detiene y MARCIAL eleva las cejas, expectante.) Aunque hay veces que uno llega tener dudas. Humanas dudas, entre esos dos lirios, entre esas dos hermosas azucenas.
MARCIAL. Yo ni entro ni salgo. La decisión de elegir una flor u otra está en sus manos, doctor Gamir. Pero se ve que la estudiante está loca por usted. El brillo de sus ojos la delata. ¿Y si se queda con las dos flores? Cuando yo era joven…
Dr. GAMIR. ¿Qué?
MARCIAL. Mejor no digo nada.
Dr. GAMIR. Diga lo que está deseando decir. (Se lleva la mano al dolorido pómulo derecho, lívido por el hematoma que presenta a causa del codazo de SONIA.)
MARCIAL. (Apoyando suavemente su mano en la espalda del médico.) Querido amigo, me gustaría estar en su lugar. Aun con la cara hinchada. En verdad le envidio… (En voz baja.) ¡Disimulemos! Ahí viene su alumna. Le diré a dos de mis hombres que los acompañen hasta el hostal de Lola. Pero no me lo agradezca. ¡No! Solamente cumplo con mi deber.
ESCENA OCTAVA
DON RAIMUNDO, SONIA, FELICIA, LOLA
Como los secretos raramente se guardan, y menos en un pueblo, la noticia del altercado llegó a oídos de DON RAIMUNDO y de FELICIA. A la hora de comer, sale a relucir lo que inevitablemente está en boca de toda Balobia.
DON RAIMUNDO. Lo que has hecho es una vergüenza, niña. ¡Una indignidad! Irrumpir en una casa ajena y montar un jaleo del que todo el mundo habla.
SONIA. No es para tanto papá. Como mujer no me voy a dejar humillar por otra, así sin más. Una tiene su orgullo... (Con ánimo abatido y voz temblorosa.) He ido a la casa de doña Lola para comprobar si Gustavo me seguía queriendo. No me gusta que me engañen.
DON RAIMUNDO. Por supuesto, a mí tampoco. No soporto las mentiras.
FELICIA. (Entre dientes.) Quién lo diría tratándose de un político...
DON RAIMUNDO. No me piques, Felicia. Ya sabemos lo que se dice: que la política es el arte del engaño. Y tengo que reconocer que es así. Pero lo que vale en política no sirve para las relaciones humanas.
FELICIA. Cuando te pones profundo, eres de lo más cómico, Raimundo… (A SONIA) ¡Escúchame, niña! Gustavo te quiere, de eso no hay duda.
SONIA. ¿Tú cómo lo sabes?
FELICIA. Porque me lo ha dicho. Me ha confesado su pasajera atracción por es alumna, que al parecer es muy guapa, pero que no te va a dejar. En definitiva, te quiere de veras, a pesar de tus caprichos.
SONIA. De mis caprichos. ¡Vaya con el hombretón! Él se puede encaprichar de otra más joven y yo en cambio no puedo tener ninguna pequeña debilidad.
DON RAIMUNDO. Hija, los hombres somos más débiles que vosotras las mujeres. Lo reconozco a pesar de mi hombría, o de la chulería que algunos me atribuyen, sobre todo mis enemigos políticos. Aunque de esto no quiero hablar ahora. ¡No! Lo importante en este momento es que haya armonía entre vosotros dos, y que lo que estiméis más conveniente lo hagáis con discreción. Nunca me han gustado los escándalos, siempre los he rehuido. Un político tiene que aparentar...; en fin, no quiero hablar de política.
Llaman a la puerta y sale FELICIA, como de costumbre, a abrir.
ESCENA NOVENA
FELICIA, LOLA
FELICIA. (En el recibidor.) Hola Lola, que te trae por aquí. Pasa, mujer.
LOLA. No, no puedo pararme demasiado. Sólo venía a hablar con Sonia. Quería decirle que no se preocupe por lo del otro día. No sé si estás enterada, Felicia.
FELICIA. En Balobia todo se sabe. Te diré que Sonia está muy disgustada y arrepentida por su actitud. No la había visto nunca tan compungida. No quiere hablar con nadie y sólo desea que la perdonen.
LOLA. Ya. Pues nada, dile que no se preocupe, que son cosas que pasan. Que Dorindo y yo ya nos hemos olvidado del asunto; y que Cristina también la ha perdonado. Cuando quiera, que pase por nuestra casa. A ser posible con Gustavo…, digo, con el doctor Gamir.
SONIA. (Llegando apresurada.) Lo he escuchado todo, Lola. Gracias por tu comprensión. (Se acerca a la hostelera y, llorosa, se abraza a ella.)
LOLA. Chiquilla… (Se enternece haciéndole una caricia de consuelo.)
Dialogar en diferentes idiomas, conociendo las personas que conversan una lengua común, es de tontos o de intransigentes.
Cuando se estableció la obligatoriedad del conocimiento de las lenguas cooficiales de las regiones o comunidades autónomas españolas con lengua propia para ejercer como médico, tal vez no se pensó en el obstáculo que suponía parar la atracción de profesionales desconecedores de esas lenguas, aunque conocedores de la lengua oficial del Estado. De modo que hablar castellano o español no era suficiente para ejercer en Galicia, Cataluña o el País Vasco, bajo la exigencia respectiva de hablar gallego, catalán o euskera. Pero con el tiempo y la carencia de galenos, la exigencia inicial se ha ido eliminando en función de las necesidades, yéndose incluso al inimaginable extremo de no ser necesario ni el conocimiento del español. Una actitud política incoherente e hipócrita. Sucedió en Galicia con la búsqueda de médicos portugueses. Y ahora sucede en Euskadi con la búsqueda de médicos extracomunitarios, ante la carencia de ibéricos («El País Vasco se queda sin médicos tras imponerles el euskera y ahora contratará extranjeros sin exigírselo»); eso sí, preferentemente hispanoamericanos, lo que evidencia el motivo obvio: que hablan español, idioma universal entendible en el País Vasco, al igual que en Galicia y Cataluña. En fin, no extrañaría que en un futuro no lejano se acabase contratando a médicos que sólo hablen inglés.
Es evidente que la política de imposición idiomática se ha vuelto en contra de los intereses sanitarios de los servicios de salud de territorios con lengua propia, por un capricho revestido de defensa cultural. Las imposiciones no suelen dar buenos resultados, al contrario de los métodos de seducción que favorecen el aprendizaje y hacen amar los idiomas. Y sobre todo se ha obviado el elemento principal de la medicina, la comunicación, con sus componentes verbal y no verbal, en favor de la lucha lingüística. Esperemos la superación del disparate idiomático inicial, repetido en el de los traductores en el Congreso y el Senado hispanos, instituciones de entendimiento y concordia vueltas de confusión y discordia.
De herramientas de comunicación y puentes de acercamiento, nuestras lenguas se han convertido en armas de confrontación o de destrucción, en una absurda Babel.
Los Tres - La Torre de Babel
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El lenguaje puede ser un arma de manipulación o de dominio.
...para que se reconozca el derecho del paciente a que se le hable en su lengua y mejorar su relación.
Reflexión anexa: Nueva Torre de Babel
Siendo el español la lengua vehicular común de todo el Estado, no debemos llegar al extremo del Congreso de los Diputados, donde se utilizan pinganillos para entender las lenguas cooficiales. Aunque en el bar, fuera de esta nueva Torre de Babel, todos se entiendes en castellano. Una medida ideológica que supone un gasto añadido, que pagan los despreciados contribuyentes, y un reflejo de la estupidez suprema.
Saludable es al enfermo la alegre cara del que le visita.
Fernando de Rojas
—¿Qué tal te encuentras, María?
—Sólo con tu presencia ya me encuentro mejor.
Visitar a un enfermo, amigo o conocido, en su casa o en el hospital, supone un encuentro no exento de dificultades. Todo el mundo –o casi– pasa por esta situación en algún momento. Y a veces no se sabe cómo actuar para agradar al doliente y no sentirse uno mismo incómodo. Por eso pueden ser útiles las recomendaciones que les dan a los visitantes no profesionales en el artículo «Qué hacer y, sobre todo, qué no hacer al visitar a un enfermo». [Una variante AQUÍ]
En primer lugar, hemos de plantearnos las razones de la visita (¿cuál es el motivo de la visita?: ¿cortesía o compromiso pleno?). En segundo lugar, debemos conocer la enfermedad y la situación (¿es invalidante?, ¿no se puede mover?, ¿puede hablar?). En tercer lugar, debemos mostrar ante el enfermo un comportamiento adecuado: no hacer comentarios (no preguntar sobre tratamientos), evitar exclamaciones lamentosas (de desánimo), no reprocharle nada y mantener una actitud correcta, teniendo siempre en cuenta que cada persona es diferente.
Como vemos, la visita a un enfermo casi es un arte de la comunicación individual.
Retórica. Arte de bien decir, de hablar o escribir,
con el fin de deleitar, conmover o persuadir.
Oratoria. Arte de hablar con elocuencia.
Dialéctica. Arte de dialogar (conversar) y razonar (argumentar).
Desde los antiguos gladiadores que llenaban el circo de sangre, hasta los más sofisticados de nuestros conferenciantes actuales, la experiencia al enfrentarte a una audiencia es la misma. ¿Te das cuenta de la metáfora subyacente? Se trata de un marco mental de confrontación, lucha y oposición, donde la audiencia es un enemigo feroz contra el que combatir a brazo partido.
Arrancando desde esta metáfora inconsciente, “una presentación es un combate”, todos los consejos y recomendaciones estarán sesgados por la perspectiva de ayudarte a sobrevivir, imponerte sobre el contrincante, demostrar tu superioridad, aparecer como invulnerable, no mostrar la más mínima debilidad, triunfar pisoteando el cadáver mutilado del otro, etc. La audiencia es un rival a batir. (Gonzalo Álvarez Marañón)
La comunicación en público puede precisar del arte de hablar, la oratoria (la aplicación del bien decir, la retórica)*, para hacernos entender y como base para presentar, considerando que la elocuencia es la facultad para deleitar, conmover y persuadir; sin olvidar que además del lenguaje de la palabra (comunicación verbal) es muy importante el lenguaje corporal (comunicación no verbal)**. Y si nos interpelan, habremos de emplear el arte de dialogar, la dialéctica***.
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*La facilidad de palabra o de hablar públicamente se denomina facundia. Y se llama declamación al hecho de declamar: acción de hablar en público o de recitar (leer en voz alta) con la entonación y los gestos adecuados (mímica); es un arte escénico.
Se puede hacer una comunicación o exposición pública de un tema (o una ponencia) sin más armas que la palabra. O puede hacerse una presentación con el apoyo de ciertos elementos, tales como esquemas, gráficos (representaciones gráficas de datos*, cuadros, tablas y figuras), diagramas o sinopsis gráficas (mapas conceptuales, infogramas).
La comunicación es el arte de comunicar, de hacerse entender.
La buena comunicación nace de una escucha activa.
El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice. (Aristóteles) [Variante: «No digas todo lo que piensas, pero piensa todo lo que dices».]
Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. (Prov. árabe)
Quien siembra vientos recoge tempestades. (Refrán)
Para hacer escuchar lo que decimos, es necesario ponerse en el lugar de aquellos a quienes uno se dirige. (J-J Rousseau)
Todos los que no tienen nada que decir, hablan a gritos. (E. Jardiel Poncela)
La comunicación precisa contención y cuidado del aspecto personal.**
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*La comunicación se realiza mediante signos, lingüísticos (palabras) o no lingüísticos (gestos, imágenes, sonidos). Los signos lingüísticos (palabras) pueden trasmitirse mediante lenguaje oral (hablado) o escrito. El estudio de los signos corresponde a la semiótica (o semiología).
**Un caso de aspecto descuidado e incontinencia verbal, de irreverencia y descaro en la comunicación: «Y allí estaba... un sujeto en pleno discurso, vestido con una camiseta y un pantalón corto, largando con una grosería verbal y un desparpajo escalofriantes». [Arturo Pérez-Reverte, Claro que nos representan]
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—Comunicación positiva vs. comunicación negativa
La comunicación positiva expresa aprecio, apoyo, ayuda o elogios. La comunicación negativa expresa críticas, desaprobación o culpa.
La manipulación mediática hace mas daño que la bomba atómica, porque destruye los cerebros. (N. Chomsky)
Los medios, que como cuarto poder deben controlar el poder político, parecen estar al servicio de los políticos, siendo así continuación del poder político.
Muchos medios viven de subvenciones y sus periodistas escriben al dictado. [Periodista subvencionados]
El creador de opinión** es persuasor y a veces manipulador.
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*La opinión pública es la manera de pensar que es común a la mayoría de las personas acerca de un asunto; pero, como dice José Luis Sampedro, no es una opinión reflexiva de la gente, sino mediática, creada por la educación y los medios.
**Creador de opinión (líder de opinión) es quien influye de forma directa en las ideas, conductas o decisiones de una comunidad.
Dejemos primeramente que hable otra voz... Para un médico de familia lo más importante es hablar con sus pacientes. De esta forma los acompaña en sus procesos y vivencias, los orienta por el sistema sanitario, les ayuda a superar sus tiempos de enfermar y trata de promover y mejorar su salud. Para que exista una comunicación de calidad hace falta un mínimo de tiempo... (Salvador Casado, Si la medicina de familia pierde la narrativa perderá su sentido)
La narrativa (comunicación) precisa confianza, interés y tiempo.
La prisa “consumista” bloquea la narrativa.
La falta de narrativa induce al error, incluso en médico-sacerdote.
El error se traduce en infra o sobrediagnóstico.
De aquí desconfianza de un lado y desinterés de otro. pic.twitter.com/MLkhmCpf8G
En una época en la que el dolor psíquico es mayor que el físico, es más necesaria una buena comunicación. Pero cada vez el médico de familia tiene menos tiempo para comunicarse con el paciente, porque son más los actos médicos. He aquí el quid de la cuestión: reducir el número de actos médicos para disponer de más tiempo para cada uno de ellos y aplicar, en consecuencia, la conveniente narrativa.
El idioma es un sistema de comunicación verbal o gestual propio de los humanos. Se estiman entre 6000 y 6500 idiomas en el mundo (aunque unos pocos tienen más peso por el número de hablantes: inglés, chino mandarín, hindi, español, francés, árabe...), y cada idioma tiene sus dialectos. Sin embargo, según su clasificación filogenética, están agrupadas en una cuantas familias lingüísticas (indoeuropea, caucásica, etc.), estando relacionadas entre sí las lenguas de cada grupo.
Muchas lenguas están en peligro de desaparecer (lenguas moribundas) y muchas ya han desaparecido (lenguas muertas), entre ellas el griego clásico, el latín y el sánscrito. Sin embargo, estas tres clásicas no se pueden considerar lenguas muertas, teniendo en cuenta que parte de su léxico todavía es utilizado por algunas ciencias. Y también las hay lenguas nuevas: lenguas construidas o artificiales, como el esperanto, al que ya nos hemos referido.
Entendemos el idioma, la lengua o el lenguaje como hecho cultural, pero sobre todo como medio de comunicación entre los humanos, que puede conducir al entendimiento o a la discordia, aun sin llegar a la babélica confusión de las lenguas.
Si la comunicación es necesaria para que nos entiendan los demás, el silencio es muchas veces preciso para entendernos a nosotros mismos...
NO SILENCIO
Nos momentos de soidade
escoito rumores dentro,
así que o mar está en calma
sinceramente navego.
Entón naufragan mentiras,
encallan os finximentos,
a nobreza prevalece,
afúndeos no esquecemento.
Eu tento afastar as sombras,
revelar os meus segredos,
mais non é nada doado...
(¿Será por pudor ou medo?)
Cando ás veces o consigo
—alonxado do soberbio—,
síntome moito mellor,
libre e feliz... ¡o confeso!
As poucas verdades miñas
fan un ronsel pasaxeiro,
a máis fermosa ilusión,
un soño que me dá alento.
Ó navegar ó socairo
son eu mesmo,
a salvo das tempestades,
no silencio... ¡no silencio!
EN EL SILENCIO
[Versión en castellano]
En momentos de quietud / escucho rumores dentro / cuando la mar está en calma / sinceramente navego. / Ahí naufragan mentiras / encallan los fingimientos / la nobleza prevalece / al olvido los va hundiendo.
Yo quiero alejar las sombras / y revelar mis secretos / pero el empeño no es fácil... / (¿Será por pudor o miedo?) / Cuando a veces lo consigo / –distante de lo soberbio– / me siento mucho mejor / libre y feliz. ¡Lo confieso!
Las pocas verdades mías / dejan rastro pasajero / la más hermosa ilusión / un sueño que me da aliento. / Al navegar al socaire / soy yo mismo sin enredos / a salvo de tempestades / ¡en el glorioso silencio!
Traemos hoy una lección escénico-musical protagonizada por Jorge Drexler. Este hombre polifacético, gran comunicador, poeta, actor y cantautor uruguayo, además de médico (¡músico médico!) sin especial orden, diserta sobre la décima (estrofa creada por Vicente Espinel, escritor y músico) y la milonga. Esta canción, con su ritmo musical 3-3-2 y acento característico, no es genuinamente rioplatense, sino que parece tener su origen ancestral en Oriente Medio. Incluso fue aprovechado por Astor Piazzolla, tras escuchar a emigrantes judíos de origen ucraniano en Nueva York, para transformar el tango de la segunda mitad del siglo XX, tocado en su bandoneón, un instrumento alemán del siglo XIX, creado para las iglesias que no se podían permitir tener un órgano; increíblemente, el bandoneón acabó asentándose en el Río de la Plata, convirtiéndose en el instrumento esencial de la milonga y el tango, junto con la guitarra española, instrumento al que el referido Espinel le agregó la sexta cuerda. Pero, mejor, escuchemos a Jorge Drexler.
El hombre más poderoso es aquel que es totalmente dueño de sí mismo. Aristóteles
Dichoso aquel que no tiene miedo... El temor se ha ido incrementando con el uso expansivo de Internet. Hasta tal punto que, como podemos leer aquí, la búsqueda incontrolada de información sobre la salud a través de este medio puede provocar el efecto denominado cibercondría. Este neologismo lo define la Fundeu (Fundación del Español Urgente) como “una preocupación obsesiva por la salud que lleva a consultar Internet continuamente para confirmar enfermedades que se cree o se teme padecer, por lo general graves, o en busca de síntomas, efectos o posibles tratamientos”.
Se habla de esta hipocondría cibernética como de una nueva enfermedad del siglo XXI. De un síndrome integrado por miedo disfuncional, emociones negativas y pensamiento obsesivo. El cibercondríaco, un individuo preocupado en exceso por su salud, llega a una búsqueda compulsiva de información de salud que le produce una angustia incontrolable. Y se habla además de generación de conflictos en consultas médicas por este motivo. Por si ya había pocas dificultades para el ejercicio de la medicina, se ha añadido este nuevo elemento perturbador.
Lo que decimos no es nada exagerado…
El doctor Google es un potente generador de conflictos médicos y de gasto sanitario. https://t.co/NFTfldqen7
Mientras escribía el borrador de este post, salí a la calle para tomar el aire y hacer un poco de ejercicio, en uno de esos parques que disponen de aparatos de gimnasia. Y de regreso, después de haber quemado unas cuantas calorías, me encontré con una escena reveladora de lo que estamos hablando. Una madre (¿estresada?) sacando una foto, con el móvil, de la espalda de su pequeño hijo, totalmente sumiso en ese momento. Me imagino que por alguna manchita recientísima, a saber para qué investigaciones posteriores. Seguí mi camino pensando: Pobre pediatra… Pues bien, la mala información o su exceso pueden acabar en intoxicación del receptor, a modo de “infoxicación”, que no hace más que provocarle un aumento de su carga de ansiedad. Las bondades de la tecnología de la información dejan paso así a las maldades de su mal uso. Cuando la víctima es un individuo aprensivo, las consecuencias pueden ser lamentables. Por eso se recomiendan portales web especializados y de “recomendaciones a pacientes”, elaborados por profesionales de la salud, en lugar de foros o páginas que no tienen el necesario rigor y llevan a la confusión o a la alarma de los lectores profanos. Por otro lado, se ha comprobado que los pacientes bien informados (la Red es un arma muy poderosa) controlan mucho mejor sus dolencias, se cuidan mejor a sí mismos.